El objetivo de este artículo es desarrollar la intuición de que tal vez 1998 fue el último año bueno. El verdadero último año del siglo XX, el último año exitoso para el Consenso de Washington en su versión criolla. Es decir, punto máximo alcanzado durante el apogeo menemista, a la vez que último año bueno del siglo. Quizá en otros países tienen otros años favoritos pero creo que, en el caso argentino, el '98 es paradigmático.
Tengo algunos argumentos a explorar. En primer lugar, fue el último año de crecimiento del PBI durante la década menemista; luego meseta y debacle en 2001. El PBI per cápita de 1998 recién se recuperaría en 2010. El modelo ya estaba agotado, no había continuidad política ni tercer mandato y ya había acaecido el "Efecto Tequila". Después de los piquetes de Cutral Co, el modelo casi agotado de privatizaciones para pagar la deuda contraída, la desocupación en alza y el asesinato de José Luis Cabezas, el '98 se iba a despedir a lo grande. El 20 de mayo se suicidó Alfredo Yabrán (allegedly), marcando techo del bull market, y luego solo una caída controlada hacia el bajo duhaldismo de principios de este siglo.
La convertibilidad se mantenía cual mandamiento escrito en las tablas de la ley, y la sociedad argentina esperaba que con la Alianza entre Chacho Álvarez y Fernando de la Rúa se pudiera corregir el principal defecto del modelo, según la percepción de entonces: la corrupción. Si se dejaba de saquear al erario público, el modelo encontraría su punto de estabilidad. Todavía faltaban tres años para el 2001.
Con la economía al borde de tocar su mejor momento para luego iniciar un veloz descenso al infierno, también existían otros índices, signos o señales de maduración cultural. Hablamos de libros, espectáculos deportivos, discos y, especialmente, videojuegos.
Haciendo un breve repaso, ese año fue el mundial de fútbol de Francia 1998. La Selección Argentina encaraba su primera Copa del Mundo sin Maradona desde el '78, donde incluso estuvo cerca de ir. Pasamos la fase de grupos de forma holgada venciendo a Japón, Jamaica y Croacia. Sufrimos para derrotar a Inglaterra por penales en octavos de final y quedamos afuera en cuartos de final contra Holanda, 1-2 con gol fatídico de Dennis Bergkamp en los últimos minutos, después de que Ariel "El Burrito" Ortega se hiciera expulsar tras meterle un cabezazo al arquero Edwin van der Sar. En defensa del burrito: le habían pegado todo el partido.
Así nos quedaríamos afuera en cuartos de final, inaugurando una maldición que no se rompería hasta Brasil 2014 –no así la de perder contra Alemania–. Si me apuran un poco, sostengo que el mundial de Francia 98 es el último mundial grande, y basta con mirar el registro fílmico para entender la afirmación. Repasemos: país y estadios, 10 puntos; mascota, 10 puntos; videojuego, 10 puntos; pelota, 10 puntos; cantidad de equipos, 10 puntos; jerarquía de las selecciones, 10 puntos. La final entre Brasil y Francia fue, además, una lucha entre la potencia bestial de Ronaldo (que llegó a media máquina) y la clase magistral de Zinedine Zidane, en un partido que tendría su segunda parte en Alemania 2006. El triunfo del local añade punto de grandeza, dado que se respeta la tradición del campeón organizador (Uruguay, Italia, Inglaterra, Alemania y Argentina).

Ese mismo año, Michael Jordan ganó su último anillo de la NBA, con el último tiro del último partido de la última serie contra Utah Jazz, logrando así su segundo triplecampeonato (1991-1993 y 1996-1998) y llevando a lo más alto de la historia a un equipo que antes y después de Jordan permanecería ignoto: los Chicago Bulls. Es algo para tener en cuenta a nivel simbólico, que precisamente sea la ciudad de Chicago el hogar de la escuela económica de nombre homónimo encabezada por Milton Friedman, que se convirtió en la economía hegemónica liberal después de la caída del muro de Berlín. Y el toro, símbolo de los mercados al alza.
En Argentina, se corría el último Gran Premio de F1 bajo nombre Marlboro. Lo ganaría Michael Schumacher, no exento de polémica al haber tocado a su rival en la competencia y quien finalmente saldría campeón ese año: el finlandés Mika Häkkinen, un nórdico simpaticón que parece completar el trío de personas muy parecidas entre él, Vladimir Putin y Dave Mustaine.
Por el lado del fútbol, Carlos Bianchi llega a Boca e inaugura la etapa más gloriosa del club, gana su primer campeonato y Martín Palermo mete 20 goles en 19 fechas.
Se inaugura el Shopping Abasto, que se convertiría en un símbolo dado que reinterpretaba un espacio típicamente porteño (el Mercado de Abasto) como un ícono del consumo de la clase media porteña, siendo una especie de síntesis entre un legado en extinción y un nuevo paradigma en auge. Marca también el punto cúlmine de la primera ola de shoppings en Buenos Aires y alrededores.
Los Rolling Stones tocan en el estadio de River Plate en el marco de la gira de Bridges to Babylon, Bob Dylan oficia de telonero y el conflicto en Kosovo escala para sostener el orden internacional, mientras José Saramago y su ateísmo globalizado ganan el premio Nobel de Literatura.
1998 en videojuegos

Pero, sin duda alguna, 1998 sería el año bisagra para la industria de los videojuegos. El nivel de calidad se iría por las nubes, combinando clásicos de todos los estilos y géneros, pero principalmente impulsados por la consolidación de la quinta generación de consolas y el ocaso de los 16Bits. Como pasaría con muchos de los ítems que van a aparecer en este artículo, no fue algo que se haya notado en el momento, sino que esto tiene que ver con una organización en retrospectiva. Cuando empezás a indagar fechas y te encontrás con las coincidencias, ahí surge el asombro.
StarCraft, Age of Empires: The Rise of Rome, Commandos: Behind Enemy Lines, Fallout 2, The Legend of Zelda: Ocarina of Time, Half-Life, Metal Gear Solid, Grim Fandango, Resident Evil 2, Baldur's Gate, Banjo-Kazooie, Crash Bandicoot 3: Warped, Mario Party, la llegada de Pokémon a Occidente, Caesar III, Colin McRae Rally, Dance Dance Revolution (1ra edición), Gex: Enter the Gecko, Marvel vs. Capcom: Clash of Super Heroes, Need for Speed III: Hot Pursuit, Xenogears, Sonic Adventure.
La lista es realmente abismal. Hablamos del mejor Zelda y posiblemente el mejor juego de todos los tiempos; del Half-Life que empezó lo que hoy es Steam; StarCraft el mejor RTS de todos los tiempos; Pokémon porteado a Occidente; la primera entrega del Age of Empires, Mario Party, Marvel VS. Capcom, el Sonic Adventure que marcaría la salida de SEGA de los 16 bits y el lanzamiento de la Sega Dreamcast –un sueño que duró poco pero que recordamos con la intensidad de lo real– y el Grim Fandango, primera aventura gráfica de la era post Scumm de LucasArts y, posiblemente, el canto de cisne de las aventuras gráficas.
Es imposible escapar a la idea de pico de civilización y declive, que aparece una y otra vez en las expresiones artísticas creadas en este período. Pienso en Half-Life como símbolo precisamente de la idea de fin del Siglo XX. Un juego que en un año de puntos altísimos marcaría el inicio de la industria de los videojuegos tal como la conocemos hoy. A la par de SEGA, que llegaba casi a morir después de alcanzar su madurez técnica. Pienso también en el Encarta 98, en Microsoft haciendo una enciclopedia del carajo, digital, antes de internet y no se me ocurre nada más Francis Fukuyama que esto. Cada videojuego del año '98 merece su propio artículo en 421. Ah, y se fundó Google.

Discos de 1998
Pero no solo fue un año increíble en videojuegos –tal vez el mejor– sino que también fue un año muy bueno para la música. Tanto para la Argentina, que dejó joyas de época, como para la internacional. En el caso de la extranjera, es muy distinto lo que sonó en el año '98 de los discos que ahora escucho y resultan ser del año '98 también.
Acá tuvimos discos que marcaron época, canciones que marcaron época, consagraciones de años previos y lanzamientos hacia lo que se venía. El Aguante de Charly García, Resaka de Flema, Libertinaje de Bersuit Vergarabat, A 15 cm de la realidad de Kapanga, El camino real de Todos tus Muertos, Poder latino de ANIMAL, Arriba las manos, esto es el Estado de Las Manos de Filippi (que contiene el original de "Sr. Cobranza"), Otras canciones de A77aque, ¿Para qué? de Las Pelotas, el epónimo de La Renga, Azul de Los Piojos, Gol de mujer de Divididos, San Cristóforo de Spinetta y los Socios del Desierto, Último bondi a Finisterre de Los Redondos y, por último, Almafuerte de Almafuerte.
En el plano internacional, el panorama fue demoledor. El disco quizá más importante del año fue Ray of Light de Madonna, que marca el inicio de su segunda etapa en la música, un giro en su búsqueda estética y para mí una consolidación de este concepto del '98 como último año bueno. Lo que vendría después sería algo más crudo incluso en su clave pop. Shakira lanzaría su debut con ¿Dónde están los ladrones?, álbum que la pondría en el mapa y marcaría su senda como estrella internacional. Insólito que Valve y Shakira compartieran año de consagración. Interesante correlación para seguir de cerca.

Aquemini de Outkast, Follow the Leader de Korn, Mezzanine de Massive Attack, Americana de The Offspring, Hillbilly Deluxe de Rob Zombie, Hello Nasty de los Beastie Boys, Moon Safari de AIR, Queens of the Stone Age de Queens of the Stone Age, Believe de Cher, Yield de Pearl Jam, Garage Inc. de Metallica, You've Come a Long Way, Baby de Fatboy Slim (discazo), Nightfall in Middle Earth de Blind Guardian, Walking into Clarksdale de Page & Plant, el debut epónimo de System of a Down y mis favoritos: Frank Black and the Catholics de Frank Black and the Catholics y The Sound of Perseverance de Death.
No sé si hay algo más cierre del Siglo XX que el último álbum de estudio de Jimmy Page y Robert Plant, grabado en los estudios de Steve Albini, y el último disco de estudio de Death, pioneros y creadores del Death Metal. Chuck Schuldiner moriría, irónicamente, en diciembre de 2001.
Películas de 1998
Como si todo esto no fuera suficiente, queda aún listar las películas más significativas del año. En Argentina tenemos una selección que muestra, precisamente, la dualidad del agotamiento y a la vez pináculo del ciclo menemista: Un argentino suelto en Nueva York con Guillermo Francella y Natalia Oreiro; Dibu 2: la venganza de Nasty, secuela de la película de la serie animada made in Argentina; El Faro, multipremiado drama de Eduardo Mignona que junta a toda la crema actoral del momento (Darín, Norma Aleandro, Marrale, Boy Olmi y Jimena Barón), que funcionaría como una clara dirección para el drama argentino (ver El hijo de la novia); y, por útlimo, Pizza, birra, faso, de Bruno Stagnaro y Adrián Caetano, que se convertiría en un símbolo del Nuevo Cine Argentino, una puesta en escena del otro lado del modelo menemista y puntapié inicial para dos de los directores más importantes del Siglo XXI. Los sumamos a Valve, Shakira y SOAD.
En el plano internacional, fue un año a todo ojete. Arrancamos con el top ten de recaudación: Armageddon con Bruce Willis y Liv Tyler, que se llevó el año en taquilla, tuvo unos temazos de Aerosmith y además le ganó la pulseada a Impacto profundo, con Elijah Wood, una película casi igual estrenada el mismo año. Uno de esos casos como Los otros y Sexto Sentido del Hollywood de antes, donde se copiaban las ideas o las vendían dos veces, una joyita. Le sigue la mejor o más influyente película de ese año: Rescatando al soldado Ryan, film canónico que redefinió cómo se filma el cine bélico de la Segunda Guerra Mundial, le hizo ganar todo a Spielberg, tuvo dos spin-off en series de televisión y además creó la estética de los primeros juegos de la saga Call of Duty.
También Godzilla, de Roland Emmerich, tremendo flop pero dejó un gran disco e introdujo al Rey de los Monstruos en occidente; Loco por Mary, con Ben Stiller y Cameron Díaz, clásica película que también se ganó el mote de "nueva comedia". Aunque ese año también salieron BASEketball de Matt Stone y Trey Parker (creadores de South Park), una comedia del recontra carajo y te diría que canónica, y además salió Half Baked, comedia fumona de culto con Dave Chappelle y Jim Breuer.
Seguimos: Bichos de Pixar Animation Studios y su hermana medio monga Antz –vuelve a repetirse el efecto de las dos películas iguales; en este caso a la buena le fue bien–. Mulan de Disney, Shakespeare enamorado con Gwyneth Paltrow y ganadora del Óscar a la mejor película. Y acá la cosa se pone buena: Arma mortal 4, última de la saga que consagró a Mel Gibson y Danny Glover; El crimen perfecto, con Michael Douglas, Snake Eyes con Nicolas Cage, La delgada línea roja de Terrence Malick (otro peliculón de la WWII y con la maldición del gemelo exitoso), Vampiros de John Carpenter (la primera media hora es una fiesta), Pánico y locura en Las Vegas de Terry Gilliam, American History X, la del Edward Norton neonazi, Ronin con De Niro, Jean Reno, Sean Bean y guión de David Mamet, y The Truman Show de Peter Weir con una actuación legendaria de Jim Carrey.
Esto no para, y sigue con lo que llamo la "trilogía conspiración": The X-Files llega al cine y cierra con la imborrable escena de la nave en la Antártida, Estado de sitio con Bruce Willis y Denzel Washington presenta una serie de atentados terroristas en Nueva York que desembocan en un general imponiendo el estado de sitio, y Enemigo público, con Will Smith y Gene Hackman dirigidos por Tony Scott, la primera película donde escuché el concepto de "Jaula de Faraday".
Y, para cerrar, Pequeños guerreros, Una noche en el Roxbury, Corre Lola corre, La máscara del Zorro, ¿Conoces a Joe Black?, Un ángel enamorado y por último, pero para nada menos importante, Blade, cazador de vampiros, con Wesley Snipes.
Ah, y la primera película de Pokemon, que básicamente es Akira + Pikachu. Bueno, y Wag the Dog, el peliculón de David Mamet con De Niro y Dustin Hoffman sobre una guerra ficticia en los Balcanes para tapar el escándalo del presidente de Estados Unidos y una becaria de la Casa Blanca. La película se estrena el mismo año que el caso Lewinski sale a la luz, durante los últimos años de gestión de Bill Clinton, que coinciden con la guerra en los Balcanes.
Habiendo recolectado esta información anecdótica, creo que es suficiente como para argumentar que el año '98 fue el último gran año del siglo anterior, previa irrupción de la crisis que nos catapultaría al siglo XXI tanto a nivel internacional (el 11 de Septiembre) y, a nivel local, el 19 y 20 de Diciembre de 2001.
Ah, y me olvidaba, ese año salieron las expansiones icónicas de Stronghold, Exodus y la Urza's Saga, uno de los sets más rotos e icónicos de Magic: The Gathering. Las cartas son tan poderosas que el juego queda al borde de romperse, en lo que se conoce como el "Combo Winter". Jon Finkel gana todo. Pero es tema para otro artículo.
Y corto acá porque realmente no se termina más.