Bibliotecas: un altar en tu casa
"Nada de cuanto allí se lee puede ser repetido sin riesgo; pero nadie que la ha visitado puede ya olvidar lo que ha vislumbrado entre sombras y manuscritos prohibidos."
(Leopoldo Lugones, La Biblioteca Infernal, 1906)

Una biblioteca puede ser un mueble hermoso de roble carísimo, un edificio, unos tablones sobre unos ladrillos –como la que hacía Homero Simpson en el capítulo donde va a la universidad– o el piso de una habitación. Una biblioteca también puede ser un altar de sabiduría, una colección de objetos, un lugar prohibido como en el cuento de Lugones o un patio de juegos. En sí, por definición, una biblioteca no es un mueble o un edificio, sino un espacio donde guardar libros. Y con el tiempo, a esa definición se le sumó la ampliación de formatos por diferentes tecnologías y la idea de un sistema de archivo.

Ese espacio donde se acumulan archivos, entonces, es un ente con aura propia que en un momento nace en tu casa, vive entre el caos y el orden, y lo alimentás. Pero existen muchos tipos de bibliotecas que se crean por diseño o por casualidad. Por diseño me refiero a una colección, curaduría o un concepto. Y por casualidad, bueno, antes por el colegio, por herencia o por azar se iban acumulando libros en casa. Por esas cosas, creo que existe un espíritu especial en estos lugares.

Tuve la suerte de que en la casa de mi infancia hubo una biblioteca con textos de historia, ciencia ficción, enciclopedias y cosas raras. Antes de internet, el primer acercamiento al mundo comenzaba con el material que podías encontrar dentro de las paredes de tu hogar. Discos, VHS, libros, ropa, objetos y etcéteras que pertenecían a tus viejos, abuelos u otros familiares. Si eras curioso como yo, estabas buscando en cada hueco algo nuevo con qué jugar, y uno de mis lugares favoritos eran las bibliotecas de mi casa y de lo de mi abuelo Bernardo.

En mis primeros años me fueron regalando libros: cuentos, los de ¿Dónde está Wally? o la colección de la biblioteca Billiken, que tenía colgada sobre mi cama y un día –no sé, a mis 7 años, ponele– cayó directo sobre mi cabeza mientras dormía. Tuve una formación de lo que era tener una biblioteca, cómo cuidarla y ese toc de querer armar colecciones. Pero cuando crecí y conocí más gente, empecé a entender ese mueble como algo más: por un lado, una presentación a los intereses y obsesiones de esa persona; por otro, un símbolo de estatus para algunos que quieren demostrar lo que saben por lo que leyeron, lo que aparentan haber leído.

El caos crece en un rincón de mi casa
El caos crece en un rincón de mi casa

Entonces, ¿qué es una biblioteca?

"Una biblioteca es un organismo vivo, no es algo estático ni solo un mueble con objetos adentro. Es algo que tenemos que alimentar y cuidar", dice Nadia Buckmeier, bibliotecóloga de la Universidad Nacional de La Plata. Este concepto me gustó mucho y tiene que ver con eso que decía de un espacio con aura propia que se puede buscar y crear, o solo aparece por la acumulación.

Los libros son lo que da vida a ese concepto de organismo vivo. Nuestra biblioteca puede mutar inconscientemente a través de los textos que curamos y atesoramos, tomos que nos regalan esperando que nos gusten, o la rotación de los que nosotros regalamos o vendemos. Una biblioteca, entonces, es esa definición académica de archivo, un organismo vivo y un corte transversal a tu cerebro para mostrar lo que, por lo menos, te parece interesante. El archivo es importante para seguir entendiendo quiénes somos, y aunque hoy sea digital, poder mantener y pelear por lo físico es una postura política.

En el cuento de Leopoldo Lugones, la biblioteca es un espacio de conocimientos prohibidos, que son preservados pero también censurados y ocultos. Esa idea me parece interesante. Ya hablé en distintas ediciones de la Colección 421 sobre cómo vincularse con el coleccionismo, y uno de los temas que quería destacar es la faceta de curador. Hace un tiempo que mi acercamiento a juntar colecciones cambió. Ya no me interesa tener mucho (todo) de algo, ni lo más caro o exclusivo. Hoy mis selecciones tienen que ver con algo tan caprichoso como el gusto pero también con que los objetos que sumo tengan una historia para contar, ya sea del objeto en sí o de cómo llegué a él.

Una de mis bibliotecas en estado salvaje
Una de mis bibliotecas en estado salvaje

Bajo esta idea, mi biblioteca mutó en los últimos años. Ya no están más los libros clásicos que leí ni el bulk de historieta, ya no me interesa tener decenas de cómics en formato cuadernito, hoy quiero tener la issue específica original para representarla en mi biblioteca. Y así fui construyendo mi propia biblioteca infernal, a lo Lugones, con textos raros, olvidados o que son importantes para mí.

Entre los libros curiosos de mi biblioteca infernal tengo una edición de La Guerra Gaucha, de Leopoldo Lugones, numerada y firmada por su hijo. Libros de ocultismo, grimorios de magia o armamentísticos conviven con fanzines nacionales, historieta y manga. Mi biblioteca no tiene la obra de mis autores favoritos ni clásicos de la literatura: tiene libros como una guía ilustrada de ejecuciones públicas o la gran enciclopedia de cine Mondo Macabro.

Puede que este texto sea de un viejo gritando a una nube, defendiendo el formato físico. O que hasta sea un artículo snob, pensando qué importante es tener libros. Pero realmente me parece clave continuar con la tradición de los libros y su espacio en nuestra casa. Esta Navidad le regalé a mi ahijada de casi 2 años su primera biblioteca con 20 cuentitos, y mi hermana me dice que pasa banda de tiempo jugando con ellos. Y algún día va a heredar los libros de ¿Dónde está Wally? que usamos tanto yo como mi hermana.

Es muy importante mantener estos espacios dentro de casa, visitar las bibliotecas barriales y populares, también las grandes, pero sobre todo incentivar a través del libro a seguir siendo curiosos y querer aprender. Porque, como dicen en G.I JOE, el conocimiento es la mitad de la batalla.

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