11 min read

Seguramente reconozcas a este dinosaurio por su rol como el gran villano en la conocidísima película Dinosaurio de Disney. Si bien en la pantalla grande lo retrataron con un tamaño mucho mayor al que tuvo en realidad, su fama como depredador temible está bien justificada. Y siendo bastante famoso en películas, series y documentales, esta estrella de Hollywood tiene la peculiaridad de que también es un dinosaurio argentino. De hecho, ya fue mencionado en notas previas.

Carnotaurus sastrei significa "toro carnívoro de Sastre", haciendo referencia a que es un carnívoro que porta cuernos y en honor a Ángel Sastre. Él fue su descubridor y tío del dueño del campo en Chubut donde ocurrió el hallazgo.

A diferencia de otros dinosaurios carnívoros hocicudos, el cráneo del Carnotaurus era corto y alto, dándole un perfil similar al de un bulldog.

Todo comenzó un día a principios de los ochenta, mientras arreaban ovejas. Se dice que, ante la frustración de un animal que no seguía el rumbo, Sastre tomó lo que pensó era una piedra para lanzarla. Sin embargo, se dio cuenta de que tenía una forma rara: al observar la "roca" de cerca, notó que no era un simple sedimento, era un hueso petrificado. Aquella vértebra y un par de restos más, rescatados casi por casualidad, terminaron guardados en la casa familiar durante un tiempo. No fue hasta que un geólogo que trabajaba en la zona vio los restos que la verdadera importancia del sitio salió a la luz. Al dar aviso al célebre paleontólogo José Bonaparte, la expedición no tardó en llegar en 1984. El equipo de apenas cinco personas logró extraer el esqueleto en tan solo dos semanas. El fósil era un ejemplar con el esqueleto casi completo, preservado de una forma excepcional y con el cráneo intacto, revelando al mundo a uno de los carnívoros más extraños que jamás pisó la Tierra.

Dato de color: El equipo venía con el envión del éxito. Apenas quince días antes de desembarcar en Chubut, habían estado en Neuquén excavando otro gigante: el Amargasaurus, el conocido saurópodo que tiene dos hileras de espinas en el cuello. Está claro que la dedicación y esa "manija" científica por el descubrimiento permite lograr proezas increíbles en tiempo récord.

Amargasaurus y Carnotaurus
Reconstrucción de Amargasaurus y Carnotaurus, Museo de Historia Natural de la Universidad de Pisa | Wikimedia Commons

Un fósil excepcional

Lo que hace al Carnotaurus un espécimen único en el mundo no es solo su look, sino el lugar y el estado de conservación en el que fue hallado. El sitio del hallazgo, en la Formación La Colonia (Chubut), no es lo que un paleontólogo llamaría un lugar "fértil". Son muy pocas las exposiciones sedimentarias a la vista, por lo que encontrar un animal casi completo es más que excepcional. Se recuperó casi el 80% del esqueleto (falta el tercio posterior de la cola y los pies) que además se encontraba articulado. En paleontología, esto es más raro de lo que uno imagina: la mayoría de los restos fósiles de animales vertebrados suelen ser fragmentarios y estar dispersos. De hecho, es tan excepcional que incluso se encontraron impresiones de piel de varias partes del cuerpo (lados, cuello y cola).

A diferencia de otros dinosaurios carnívoros hocicudos, el cráneo del Carnotaurus era corto y alto, dándole un perfil similar al de un bulldog. Esta estructura, de unos 60 cm de largo, era extremadamente robusta, pero a la vez ligera. Y porta además dos notables cuernos bajos, cónicos y robustos, sobre los ojos.

Era un dinosaurio bípedo, con patas traseras largas, pero brazos extremadamente cortos. Su piel no era lisa: estaba cubierta de pequeñas escamas en mosaico, salpicadas por hileras de escamas rectangulares más gruesas y grandes que le daban un aspecto rugoso y acorazado. En total medía entre 7,5 y 9 metros de largo y alcanzaba unos 3 metros de altura. Fue encontrado en lo que hoy es la formación La Colonia, por lo que sabemos que vivió hace 70 millones de años (fines del período Cretácico).

¿Cómo se mide el tiempo? Desde los amonites al patito kawaii
No podemos pensar el tiempo sin vincularlo con cosas. La paleontología o la historia lo piensan a través de cosas como amonites o puntas Clovis. ¿Qué distingue a nuestro tiempo? ¿Los patitos kawaii, los Labubus? ¿Cosas cada vez más efímeras? Cómo resistirnos al descarte

Lo que hace que el Carnotaurus sea verdaderamente excepcional no es solo su aspecto. Hasta el día de hoy, existe un solo ejemplar conocido en todo el planeta. Desde aquel descubrimiento en los años ochenta hasta la fecha que escribo esta nota, no se ha vuelto a encontrar ningún otro resto fósil que pueda asignarse a la especie Carnotaurus sastrei. Cada estudio realizado, desde su anatomía hasta las tomografías y modelos 3D más modernos son exclusivamente de este individuo. Es, literalmente, el único representante de su especie que tenemos el lujo de ver.

Ahora bien, ¿qué tanto sabemos de cómo vivía este dinosaurio carnívoro? Seguro estás pensando: “Pero si vi decenas de documentales, me parece que más o menos tengo una idea”. Lo cierto es que, aunque nos regalan imágenes espectaculares, la pantalla suele tomarse bastantes libertades creativas que no siempre coinciden con la evidencia fósil.

No importa que tan completo encuentres un dinosaurio, lo más difícil de determinar es cómo se comportaba un animal en su entorno basándonos solo en huesos. ¿Qué presas cazaba? ¿Cómo usaba esos brazos tan cortos? ¿Para qué servían realmente sus cuernos?

Carnotauro
Silueta del especimen de Carnotaurus que muestra todos los huesos encontrados (arriba) y silueta mostrando el tamaño en comparación a un humano. | Devianart y Wikimedia Commons

Por suerte para nosotros, cada vez existen métodos más sofisticados para estudiar los fósiles y establecer con precisión la anatomía funcional de estos seres. A esta disciplina se la conoce como Paleobiología. En esta disciplina no solo se mira el hueso como pieza estática, sino como una estructura que estuvo viva y que hacía parte de un contexto. Así que voy a usar a Carnotaurus sastrei para ir diseccionando lo que uno como paleontólogo puede realmente descifrar sobre un animal extinto a partir de sus restos óseos.

¿Por qué los bracitos tan cortos?

Si pensabas que los brazos del Tyrannosaurus rex eran chicos, los del Carnotaurus son casi una broma de la evolución. Eran extremadamente cortos, con cuatro dedos y de hecho son el caso más extremo de reducción de brazos en dinosaurios terópodos. Esta reducción de los miembros anteriores no es un caso aislado: ocurrió de forma independiente en varios linajes de grandes dinosaurios carnívoros, como los tiranosáuridos y los abelisáuridos (la familia a la que pertenece nuestro protagonista).

La evolución no siempre trabaja con un objetivo en mente, así que la pregunta “¿para qué?” no sería la correcta. En lugar de buscar una utilidad, hay que entender que los brazos simplemente dejaron de ser necesarios. Al no ofrecer una ventaja para la supervivencia, la selección natural dejó de "mantenerlos", haciendo así que se atrofiaran generación tras generación. Es un proceso similar al que vemos hoy en aves no voladoras como el kiwi o el emú. Es más, un estudio de 2009 sugirió que eran puramente vestigiales. Los investigadores descubrieron que las fibras nerviosas encargadas de transmitir estímulos a los brazos se habían reducido a niveles similares a los de las aves actuales que han perdido sus alas. En resumen: el Carnotaurus no solo tenía brazos cortos, sino que probablemente ni siquiera podía moverlos de manera voluntaria o coordinada.

Carnotauro
Foto detalla del bracito del Carnotaurus | Wikimedia Commons

La ingeniería de la velocidad: La clave está en la cola

Los huesos no son superficies lisas; están llenos de estrías, marcas y protuberancias que nos indican dónde se insertaban los músculos. Al estudiar estas marcas, podemos reconstruir la anatomía muscular del animal. En los dinosaurios bípedos, el "motor" principal no estaba solo en las piernas, sino en la base de la cola. El músculo locomotor más importante es el caudofemoralis. Este músculo se ancla en la cola y se une al fémur a través de una cresta ósea llamada "cuarto trocánter".

En 2011, los investigadores Persons y Currie descubrieron algo único en las vértebras de la cola del Carnotaurus. Mientras que en otros dinosaurios las costillas de la cola (procesos transversos) sobresalen de forma horizontal (como una "T"), en nuestro "toro carnívoro" se orientan hacia arriba, formando una "V". Esto le habría dado un espacio adicional para un músculo caudofemoralis mayor que en cualquier otro terópodo. Esto lo convertía, probablemente, en uno de los grandes terópodos más veloces que hayan existido, capaz de alcanzar velocidades que dejarían atrás a cualquier humano.

Sin embargo, para acomodar este músculo gigante, otros músculos de la cola (los encargados de darle flexibilidad) tuvieron que reducirse. Además, las vértebras estaban "trabadas" entre sí por procesos óseos entrelazados, lo que hacía que su cola fuera extremadamente rígida. El resultado era un animal con una aceleración lineal increíble, pero con una capacidad de giro muy limitada. Es decir, la mejor maniobra para escaparte de un Carnotaurus (en caso de sufrir viajes en el tiempo inesperados) es cambiar de dirección de golpe en un giro cerrado cuando esté cerca.

Cómo cazaba el "Bulldog" de la Patagonia

Sabemos que este dinosaurio era evidentemente carnívoro, como apreciamos por sus dientes: finos, curvos y aserrados, diseñados no para triturar huesos, sino para cortar carne como si fueran cuchillos. En el mundo natural, cada depredador tiene adaptaciones para la captura de presa, algunos son generalistas, y comen cualquier cosa que se les cruce, y otros son especialistas en cazar un tipo de presa.

Durante años se utilizó el estudió de François Therrien (2005) que calculó la fuerza de mordida de este dinosaurio determinando que era aproximadamente el doble que la de un caimán americano moderno, pero no era la más poderosa entre los dinosaurios. También descubrieron que la mandíbula poseía una resistencia a la flexión que disminuye de forma lineal hacia la punta. ¿Qué significa esto en criollo? Que la mandíbula de Carnotaurus tenía una resistencia que disminuía hacia la punta, lo que indicaba que no cazaba presas pequeñas con precisión, sino que realizaba heridas cortantes profundas en animales grandes. De hecho, lo comparan con el dragón de Komodo, sugiriendo que realizaba un ataque de tipo "hacha": morder, retirarse y esperar a que la presa se debilitara.

Sabemos que este dinosaurio era evidentemente carnívoro, como apreciamos por sus dientes: finos, curvos y aserrados, diseñados no para triturar huesos, sino para cortar carne como si fueran cuchillos.

Un estudio de este año de Rowe, Cerroni y Rayfield, que utilizó modelos 3D para estudiar las resistencias mecánicas de los cráneos en abelisáuridos, ha dado un giro sobre esta cuestión. Los investigadores descubrieron que el cráneo corto y profundo de los abelisáuridos estaba diseñado para soportar tensiones mecánicas altísimas. Esto sugiere que el Carnotaurus no solo realizaba "cortes tipo hacha", sino que era capaz de morder y retener a su presa mientras esta luchaba, un comportamiento mucho más parecido al de los tiranosáuridos del hemisferio Norte. Así, el Carnotaurus se posiciona no solo como un rápido cazador de emboscada, sino también como un predador capaz de dominar a los gigantes de la Patagonia y soportar los violentos forcejeos de la víctima sin que su cráneo sufriera daños. Lo cual tiene mucho sentido, ya que no tenía otra forma de asegurar su presa pues no tenía garras que lo ayudaran, así que no le quedaba otra que ser lo más eficiente posible con sus mandíbulas.

Carnotauro
Este mapa de calor revela cómo el cráneo del Carnotaurus gestiona el esfuerzo físico. Mientras que otros dinosaurios muestran puntos rojos de alta tensión, la ingeniería natural del Carnotaurus distribuye la fuerza de manera eficiente | Rowe, Cerroni y Rayfield (2026)

Sentidos y cerebro

En 2019, los investigadores Cerroni y Paulina-Carabajal utilizaron tomografías computarizadas para reconstruir el interior del cráneo del Carnotaurus. La reconstrucción muestra que sus bulbos olfativos eran notablemente grandes y, en contraste, sus lóbulos ópticos eran pequeños. Esto nos dice que, a diferencia de las aves modernas, que dependen casi totalmente de sus ojos, nuestro protagonista se guiaba principalmente por su nariz.

Un detalle curioso es el tamaño del flóculo, una parte del cerebro encargada de coordinar los movimientos de la cabeza con la estabilidad de los ojos. En el Carnotaurus, esta zona era muy grande. Esto encaja con lo que expliqué de la velocidad más arriba: necesitaba un sistema de estabilización interno muy sofisticado para mantener la vista fija en su objetivo mientras corría a altas velocidades, o lanzaba ataques rápidos con su cabeza.

La anatomía de su oído interno (una lagena corta) indica que su rango de audición era limitado, probablemente por debajo de los 3 kHz. Para darse una idea, el Carnotaurus vivía en un mundo de sonidos graves y vibraciones profundas; quizás los ruidos de alta frecuencia simplemente pasaban desapercibidos para él.

En términos de "capacidad cerebral" (el cociente de encefalización), el Carnotaurus estaba en un punto medio. Era más "inteligente" que otros parientes (como el Majungasaurus), pero no llegaba al nivel de los tiranosáuridos, que tenían cerebros proporcionalmente más grandes. No era el estratega más sobresaliente del Cretácico, pero sí un depredador eficiente en lo que hacía.

Carnotauro
Reconstrucción del cerebro (azul), oído (lila) y otras estructuras blandas (rojo y verde) del interior del cráneo de Carnotaurus dentro del cráneo (izquierda) y fuera del cráneo (derecha) | Cerroni & Paulina-Carabajal (2019)

Los cuernos: ¿armas de combate o estilazo?

Y llegamos a la pregunta del millón: ¿Para qué le servían esos cuernos a un predador? Digamos que, dentro del mundo animal, los animales cuerno-portantes son en su mayoría herbívoros (ejemplo: cabras, toros, jirafas, antílopes, ciervos). Particularmente, en el caso de Carnotaurus, al ser un animal carnívoro, se postularon otras hipótesis sobre su cornamenta. Durante mucho tiempo, una de las teorías más aceptadas era que los cuernos ayudaban a absorber el impacto y el estrés mecánico cuando el dinosaurio mordía a sus presas, funcionando como vigas de soporte estructural para el cráneo. Sin embargo, el estudio de biomecánica de 2026 que mencione anteriormente, puso a prueba esta idea mediante simulaciones de estrés. Los resultados fueron contundentes: los cuernos no tienen ninguna función mecánica durante la alimentación. No ayudan a distribuir la fuerza de la mordida ni protegen el cráneo cuando el animal somete a su presa. Entonces, si no servían para comer, ¿para qué estaban ahí?

Cabe mencionar que los cuernos no son estructuras aisladas del cráneo, sino que los huesos nasales y frontales se caracterizan por presentar textura rugosa y llena de surcos, lo que es una señal clara de que el hueso no estaba cubierto simplemente por piel fina. Lo más probable es que el rostro del Carnotaurus estuviera revestido por gruesas capas de queratina (el mismo material de nuestras uñas y del cuerno de los rinocerontes) o por grandes escamas endurecidas. Asimismo, sus cuernos es probable que estuvieran revestidos con un capuchón de queratina que los hacía ver más grandes y afilados. Así que imagínense un rostro acorazado y ornamentado, bien fachero.

Con un aspecto que parece sacado de la mitología, el Carnotaurus sigue siendo la estrella indiscutida de la paleontología argentina.

Todos estos animales que presentan cornamenta en la actualidad utilizan esas estructuras para la exhibición y el combate por defensa del territorio. Y en este caso, no seria distinto: la evidencia apunta hacia una función netamente social. Los científicos sugieren que el Carnotaurus hipotéticamente utilizaba sus cuernos para el combate intraespecífico; es decir, peleas entre miembros de su propia especie. Cabe recordar que hay un único espécimen asignado a la especie Carnotaurus sastrei, así que no podemos asegurar que fuera una variación que identificara a machos de hembras (como sucede en los mamíferos), ya que no es posible identificar el sexo del espécimen. Aun así, los cuernos tenían un propósito importantísimo, que era conferir identidad visual, ya sea que la utilizara para atraer parejas o intimidar rivales. Su cráneo no solo era una herramienta para alimentarse, sino además una estructura diseñada para “tirar facha” en los ecosistemas de la antigua Patagonia.

¿De dónde venimos? Lo argentino antes de la Argentina
Asado, pasión, encuentro y rosca política. La argentinidad es mucho más que vivir en crisis, y la Antropología tiene varios datos para aportar al respecto.

El Carnotaurus nos demuestra que la fauna de dinosaurios en el hemisferio Sur no tuvo nada que envidiarle al Norte. Con un aspecto que parece sacado de la mitología, el Carnotaurus sigue siendo la estrella indiscutida de la paleontología argentina. El "toro carnívoro" patagónico sigue siendo el embajador del mundo perdido argentino y uno de los más fascinantes.

Suscribite