A mediados de 1971, en Londres, Stafford Beer, teórico de cibernética organizacional, recibió una carta que le cambiaría la vida. El remitente era el Gobierno de Chile y, más específicamente, el primer presidente marxista electo democráticamente en el mundo, Salvador Allende Gossens.
La carta consistía en una invitación a participar de un proyecto que implicaba la organización centralizada de la economía chilena. Un sistema innovador que permitía la coordinación de la producción de las empresas estatales. Beer viajó a Santiago a reunirse con Allende para contarle cómo él pensaba que debía desarrollarse. Contó en una conferencia, años más tarde, que cuando le explicó a Allende, ya que Beer sabía que el compañero presidente era médico, le dijo que el sistema sería como un organismo vivo:
La primera vez que le expliqué a Allende el modelo cibernético de un sistema viable, lo dibujé sobre una hoja de papel puesta sobre la mesa entre él y yo. Dibujé para él todo el sistema de homeostatos interconectados, basándome en la versión neurofisiológica del modelo, dado que él es médico. El sistema consiste de cinco sistemas jerárquicos y le fui explicando de abajo para arriba el primero, el segundo, el tercero y el cuarto. Al llegar al quinto nivel, asumí un gesto teatral para decirle: “Y este, compañero presidente, es usted!”. Pero el presidente se me anticipó y, con una ancha sonrisa, dijo: “Por fin cinco… el Pueblo!”.
El proyecto no se pensó movido por ideas soñadoras, sino más bien para responder a una necesidad urgente. El gobierno de la Unidad Popular en su programa tenía varios objetivos de cambio estructural para el país. Entre ellos estaba la nacionalización de empresas estratégicas de la industria, además de la banca. Así, unas 90 empresas quedaron en manos del Estado para ser administradas de forma pública, desde la industria agrícola hasta la extractiva minera. Esto provocó que (¡oh, sorpresa!) EE.UU. respondiera haciendo un bloqueo a Chile y financiando a la oposición de derecha, que hacía atentados y boicots al gobierno. No existían antecedentes sobre cómo enfrentar las necesidades de la economía chilena, en el mundo no había experiencia de socialismo sin revolución armada. Entonces la respuesta del gobierno de la Unidad Popular no solo tenía que ser original y eficiente, sino que, además, barata.

Así nació Cybersyn. El sistema tenía la misión de coordinar a las empresas del Estado, tanto en su producción como en sus necesidades operativas. También se conectarían ministerios, subsecretarías, etc. En cada una de ellas se pondría un dispositivo que enviaría en tiempo real información técnica a una sala central llamada Opsroom. A través de un control y filtros bayesianos (la inferencia bayesiana es un tipo de inferencia estadística en la que las evidencias u observaciones se emplean para actualizar o inferir la probabilidad de que una hipótesis pueda ser cierta) se proyectaban las metas y formas de producción de acuerdo a datos comparativos. Por ejemplo, una empresa en particular recibiría un requerimiento de compra de un insumo, y coordinaría con otra entidad que lo pudiera resolver. Lo importante era que el país no podía parar su producción, que es precisamente a donde apuntaban los enemigos de Allende: al boicot de la producción.
El sistema tenía la misión de coordinar a las empresas del Estado, tanto en su producción como en sus necesidades operativas. También se conectarían ministerios, subsecretarías, etc.
Los dispositivos usados para la comunicación fueron los télex. Esta era una red de teletipos conmutada de cliente a cliente similar a una red telefónica, que utiliza circuitos de conexión de grado telégrafo para mensajes de texto bidireccionales. Si podemos explicar lo que era realmente uno de estos aparatos comparándolo con la actualidad sería como un chat. Un teclado que enviaba info y del otro lado salía impreso en papel con un montón de datos. Estos habían sido comprados en el gobierno anterior pero finalmente no se utilizaron y quedaron acumulando polvo en una bodega. Era un aparato caro, vino perfecto para el sistema que se quería implementar.
Lo alucinante era Opsroom y su diseño. La idea del proyecto como organismo vivo significaba que debía tener un cerebro. La información enviada por los télex era recibida y codificadas en tarjetas perforadas para luego ser ingresadas a un IBM Mainframe 360 para almacenar los datos en cintas electromagnéticas en las dependencias de la Empresa de Comunicaciones (ECOM). Como señala
Medina en “Revolucionarios cibernéticos. Tecnología y Política en el Chile de Salvador Allende” (2013):
La visualización en Opsroom era dispuesta en el Data Feed, un sistema de más de 1500 diapositivas organizadas en tres retroproyectores controlados por un sistema electromecánico dispuesto en cada una de las siete sillas de la sala. Cada silla disponía de un control remoto con una primera serie de tres botones que permitían seleccionar una de las tres pantallas (A,B y C). Luego venía una segunda serie de cinco botones, cada uno con la forma geométrica (círculo, cuadrado, triángulo ascendente, triángulo descendente y pentágono), los que permitían seleccionar un gráfico con la evolución diaria de algún indicador con variaciones significativas. Una pantalla central desplegaba un catálogo de gráficos, donde cada uno estaba señalado con una combinación de figuras geométricas para facilitar la consulta de información. Por último, se dispone de un botón para accionar la selección de pantalla y de gráfico con la señal “Hold” (“Mantener”).
El diseño quedó a cargo de Gui Bonsiepe, un diseñador y académico de la Universidad de Ulm, Alemania. Había sido invitado por la CORFO (Corporación de Fomento de la Producción) para dar clases y trabajar con ellos. Cuando se buscó un diseñador para Cybersyn no dudaron en llamarlo. Esbozó entonces sillas ergonómicas que se conectaban a las pantallas con cables bajo el piso, y los botones que tenían en el apoyabrazos hacían que las imágenes en esas pantallas cambiaran. Beer insistía en que era importante que la información (y la Opsroom) pudiera ser entendida y manejada por cualquier persona, no solo técnicos; es decir, un mecanismo de control cognitivo horizontal. Así quedó construida una sala con un diseño que para la época estaba en la vanguardia y su aspecto, afirman muchos expertos, era muy futurista, como una habitación de Star Trek. Tampoco había papel ni lápiz, todo era información guardada electrónicamente.

También se desarrolló CHECO (Chilean Economy). Este era un programa computacional para la simulación de escenarios económicos futuros, basados en los datos acumulados históricamente. La información se proyectaba en la pantalla "Futuro" de Opsroom, y ahí se tomaban las decisiones político-económicas para las empresas controladas por el Estado.
Para automatizar el análisis de datos y así evitar que no estuviera en manos de una sola persona, crearon un programa llamado Cyberstride. El encargado sería el matemático brasileño Carlos Senna. La periodista Natalia Nasser entrevistó a Senna y quiero que presten atención al espíritu de la gente que trabajaba en Synco:
[Carlos]: Tiene que ser un sistema que sea más o menos vivo. En otras palabras, que se asemeja a un organismo vivo. Y (...) que se adapte a través de niveles de autonomía.
[Natalia]: Eso significaba que…
[Carlos]: No puede haber un jefe que controle todas las variables, todas las unidades, todos los departamentos. La administración tiene que ser autónoma. Como ocurre en el cuerpo humano, decía Stafford. Ahora estoy hablando con ustedes, yo no estoy controlando la pulsación de mi corazón, ni el ritmo de mi respiración, ¿y mi pie? Ni me acuerdo que tengo pie.
[Natalia]: Tú no lo controlas conscientemente. Pero, si hay un problema, por ejemplo, si alguien viene y te pisa…
[Carlos]: Ahí sí, ahí viene un señal diciendo: “Mira, algo está mal en la pata”. Ese era el sistema. Esa era la idea.
[Natalia]: Esa alerta la mandaba Cyberstride. El programa recibía toda la información de Cybernet —la red de télex de la que ya hablamos— y ahí Cyberstride analizaba los datos y hacía predicciones a corto plazo: si el programa calculaba que el cobre, por ejemplo, iba a faltar, mandaba automáticamente un alerta a la fábrica.
Alrededor de 90 empresas y 15 ministerios, junto a sus secretarías estaban conectadas. Cybersyn tomaba forma, la Opsroom, con sede en la CORFO, entregaba datos en tiempo real, podían entregar información y soluciones a todo el país.
Synco se pone a prueba
Como un organismo, como un cuerpo, el sistema entonces se puso en práctica. La estrategia de desestabilización del empresariado y la oposición había recurrido a una nueva táctica: en octubre de 1972 realizaron un lock out de camiones a nivel nacional para desestabilizar al gobierno. Se estima que más de 40 mil camiones pararon en todo el país provocando una escasez a nivel nacional. Algunas fuentes afirman que la CIA pagó 4 dólares diarios por camión parado a la patronal de transportes. El Estado, por otra parte, contaba solamente con cerca de 300 camiones; había que resolver con lo que se tenía.
Si bien hubo una situación de crisis social y política provocado por esta "huelga" no logra su objetivo de derrocar a Allende. Aparte de la voluntad de las organizaciones sociales y de un pueblo altamente movilizado, Synco fue el sustento técnico que resistió la arremetida de la derecha: gracias al sistema, nunca se detuvo la producción en las industrias públicas ni en el resto del Estado en los largos 35 días que duró el lock out. El sistema demostraba todo su potencial.
Cyberfolk, o el Cyberpoder del pueblo, el paso siguiente
Demostrado que un sistema interconectado para la producción funcionaba bajo necesidades reales y objetivas, había que soñar con un nuevo paso del socialismo. Así nace una idea de vanguardia: Cyberfolk. Este consistía en un sistema de participación ciudadana en la toma de decisiones, tanto de municipios como del nivel nacional. La idea era que en cada casa hubiera un dispositivo parecido a un televisor, en donde opinabas situando un dial sobre lo que, por ejemplo, discutía el concejo municipal con respecto al presupuesto de ese año. En tiempo real, los legisladores tenían sobre la mesa las demandas estadísticas de los habitantes. Como una consultoría orgánica permanente al pueblo.
Synco representó a una generación que logró transformar las urgencias y el boicot en soluciones originales y vanguardistas. Pensar la tecnología al servicio de la democracia y la participación popular, supeditada siempre a las necesidades sociales y no al mercado, era su sueño.
Si bien Cyberfolk nunca se llevó a cabo, sí se hicieron dos experimentos: uno en la ciudad de Tomé, al sur del país, y en Mejillones, en el norte. En casas de unas familias al azar se instalaron los dispositivos y el Pueblo opinó en tiempo real. Los datos indicaron que, si bien había que afinar muchos detalles, se iba por buen camino. Como dato, entre los participantes del desarrollo de Cyberfolk estaban ni más ni menos que Humberto Maturana y Francisco Varela, científicos que desarrollaron el concepto de autopoiesis en su libro "De máquinas y seres vivos" (1972).
El fin de Cybersyn
Para agosto de 1973, el proyecto socioeconómico y técnico más vanguardista del mundo hasta ese momento ya estaba listo. Synco acumulaba información, y coordinaba desde la producción de cobre en las minas al de papas en el campo. Pero la CIA y los militares chilenos tenían un plan en las antípodas de lo que podía representar Cybersyn. El sistema estuvo listo unas pocas semanas antes del golpe de Estado perpetrado el 11 de septiembre de 1973 por Pinochet, con el apoyo de EE.UU.
A principios de septiembre había llegado la orden de trasladar Opsroom al palacio de La Moneda, sede del gobierno chileno. Esta sería inaugurada unos días más tarde, seguramente después del fatídico 11. Pero lo destruyeron todo. No quedó nada más que unas pocas hojas esparcidas en un palacio bombardeado. Murió Salvador Allende y con él el sueño socialista de Chile y, por supuesto, su Cybersyn.
Stafford Beer, el gurú de la tecnología organizacional, diría más tarde que conversaba constantemente con la intelectualidad artística de Chile. Tuvo largas conversaciones con Pablo Neruda, con Ángel Parra (hijo de Violeta), quien le haría una canción a él y al proyecto Synco, y con los científicos Maturana y Varela. Luego del golpe de Estado, Beer, quién era millonario (al punto de tener mansiones y Rolls Royce), lo vendió todo y se fue a vivir de una manera casi ermitaña al campo. Tal vez esas conversaciones hicieron que tomara esa decisión. Intentó vender el proyecto a distintos países, pero un sistema de democratización así era visto (y tal vez siga siéndolo) como una molestia.
Si quieren saber más detalles específicos del proyecto, ya que es mucho más complejo que lo que se logra contar en esta nota, hay un podcast que recoge el trabajo de la periodista Natalia Messer con más data, y que fue una de las principales fuentes.
Synco representó a una generación que logró transformar las urgencias y el boicot en soluciones originales y vanguardistas. Pensar la tecnología al servicio de la democracia y la participación popular, supeditada siempre a las necesidades sociales y no al mercado, era su sueño. Una economía participativa, un sistema político donde la opinión de la gente importara.
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