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Durante la década del ochenta Estados Unidos sufrió el pánico satánico: los padres de los suburbios estaban alarmados de que sus hijos anduvieran en cosas raras. Las “cosas raras” eran bastante inocentonas e incels: juntarse en la habitación con amigos a escuchar  heavy metal y jugar rol. Tanto el género musical como el teatro de la mente evocaban un imaginario que, según los padres, tenía reminiscencias satánicas. Es cierto que hubo algunos casos brutales de asesinatos, pero se usaron de chivo expiatorio para que el metal y los dados de veinte caras quedasen pegados a la oscuridad eterna.

El dungeon synth es un género musical que entrama a ambos mundos, logra configurar mentalmente un universo de fantasía épica con su origen en el black metal, pero interpretado por sintetizadores y teclados que remiten a la década del ochenta. Es el soundtrack perfecto para partidas de Dungeon & Dragons, torneos de cartas Magic y hasta videojuegos. Se trata de una música con una gran carga conceptual, que logra evocar un imaginario concreto, como en el pasado lo han hecho la música surf o la empresa Muzak, encargada de ambientar ascensores y tiendas en el Estados Unidos.

101 dungeon synth

En 1981 Lester Bangs escribió un extenso texto sobre los orígenes del punk, donde enumeraba una serie de robos estéticos que precedían la música y se retraían hasta Napoleón Bonaparte. Su punto era que siempre es posible ir un poco más atrás, pero es necesario tener un punto de partida consensuado, como se ha hecho en el rock argentino con La Balsa. En el dungeon synth obviamente pasa lo mismo: me gusta tomar como génesis a los pioneros de la kosmische music alemana, con sus pasajes de sintetizadores y música concreta. Este cruce tiene sentido si se toma como ejemplo el primer EP de los noruegos Mayhem, “Deatcrush”, de 1987, que incorporó una intro de corte cuasi marcial interpretada por Conrad Schnitzler, fundador de Tangerine Dream y Kluster. Esta misma influencia fue clave para la obra de Jim Kirkwood. El británico es el padre del género: su primer disco, “Where Shadows Lie”, se publicó en 1990 y, aunque tiene todas los elementos de lo que será el dungeon synth como lo conocemos, su propuesta es más cercana a los soundtracks de Vangelis que a Emperor.

El dungeon synth es un género musical que logra configurar mentalmente un universo de fantasía épica con su origen en el black metal, pero interpretado por sintetizadores y teclados que remiten a la década del ochenta.

La obra de Kirkwood nace de sintetizadores que narran pasajes instrumentales inspirados conceptual y narrativamente en escritores de fantasía épica como Michael Moorcock y J.R.R. Tolkien. La Tierra Media también fue clave para Varg Vikernes, el asesino detrás de Burzum, uno de los nombres más importantes e infames del black metal noruego, que también ha sido uno de los máximos responsables de darle forma al dungeon synth. Desde casi los inicios de su carrera en solitario, sus discos han tenido canciones cien por ciento hechas de sintetizadores y con un clima full dungeon synth (el tema que cierra su primer disco se titula Dungeons of Darkness).

Para la misma época, Mortiis, bajista original de Emperor, le dio forma a sus ideas bajo el concepto de dark dungeon music con el lanzamiento de su demo de 1993 “The Song of a Long Forgotten Ghost”, compuesto por un único track de casi una hora. El look distintivo de Mortiis dista del clásico black metal: no usa corpse paint facial sino que usa prótesis plásticas que lo hacen lucir como un orco. A lo largo de los años, Mortiis desarrolló diferentes estéticas y búsquedas sonoras (algunas más minimalistas, otras cercanas al synthpop y hasta a la música industrial) a las que denominó “eras”; incluso grabó con diferentes alias, práctica habitual en el género.

Hasta ahora lo que se tenía en común era que se trataba de una música hecha principalmente por miembros de bandas de black y liderada por sintetizadores que remiten a mundos fantásticos y épicos, pero no había un consenso sobre cómo llamar a esta música. Otros de los artistas fundacionales como Pazuzu o Depressive Silence no ponían una etiqueta a lo que hacían, todo entraba dentro de un gran abanico del dark ambient. La estética y sonido de esta música sin un nombre definido se fue replicando y se amplificó a nivel global, hasta que en 2011, retroactivamente, el fan Andre Werdna le puso su nombre definitivo al crear el blog Dungeon Synth. Esta necesidad de explicar un sonido pasado desde el presente no es algo nuevo, ya sea con la compilación Nuggets, curada por el periodista Lenny Kaye (y posteriormente guitarrista de Patti Smith), que logró darle forma a lo que hoy en día conocemos como garage rock, o a las compilaciones de rythm & blues perdido, escuchado por Mods, al que se denominó freakbeat.

Umbrales Dungeon Synth Agentina
Umbrales, primer evento de dungeon synth en Argentina. Foto: Gastón Marín

La entrada inaugural del blog, publicada el 17 de marzo a las 8:36 pm explicaba dos décadas de música:

“El dungeon synth es el sonido de las antiguas criptas. El aliento de las tumbas, que solo puede transmitirse adecuadamente a través de una música primitiva, necrófaga, lo-fi, olvidada, oscura e ignorada por toda la sociedad mayoritaria. Cuando escuchás dungeon synth, estás tomando la decisión consciente de pasar tu tiempo en un cementerio, de contemplar, a la luz de las velas, un oscuro tomo que guarda sutiles secretos sobre lugares que toda persona en su sano juicio evita. Haré todo lo posible para que ustedes, amables lectores, conozcan este género. Este género que solo atrae a los marginados más atormentados, aquellos que anhelan la magia olvidada de los muertos, para permanecer para siempre en las sombras de las tumbas en descomposición”.

Los pioneros argentinos

Si bien desde la pandemia se puede hablar de una escena de dungeon synth local, ha habido casos de artistas que dieron los primeros pasos mucho antes. El primer artista del que se tiene noción en nuestro país es el misterioso Friedrich Curwenius. En 2002 publicó “The Desolation of the Blandstein” con su alias Mitternacht. Se trata de un disco en el que se toman elementos del black melódico y el dark ambient, con orquestaciones, baterías veloces y monólogos que dan un hilo narrativo y conceptual.

“El dungeon synth es quizás el género ambiental más adecuado para contar historias, incluso sin letra. Se puede contar una historia solo con los títulos de las canciones: la composición de cada tema debe ser lo suficientemente climática como para llevar la mente del oyente al lugar al que se quiere llevar; ser puramente musical podría influir (o no) en la calidad de la narración. Por supuesto, añadir letra siempre permite ampliar la historia”, explicaba en una entrevista al blog Dungeon Synth, en 2013.

Es moneda corriente que un mismo artista disemine una cantidad grosera de proyectos paralelos en los que se juegue con diferentes estéticas o subgéneros. A lo largo de los años, Curwenius ha encarnado bandas como Goblintropp, Eislandshaft y Vridd Gren.

El siguiente paso fue dado por Unsilent y su proyecto Amólfar, en 2009. Unsilent llegó a estos sonidos durante los años noventa, cuando empezó a escuchar death y black metal. Sus primeros pasos en el estilo fueron con el software Reason, pero con el tiempo empezó a incorporar instrumentos reales. Además de Amólfar, ha sido integrante del dúo de black metal Invisvm, y cuenta con otros proyectos como The Descent Of The Sun, Funus Tristitiae y Beneath the Wind. “Por lo general me gusta crear música y que tenga diferentes conceptos como la naturaleza o la religión en sí, como uno de mis proyectos Funus Tristitiae que es funeral doom inspirado en los cementerios”, explica Unslient, que, aunque ha participado en compilados locales y festeja que esté habiendo una cantidad grande de proyectos, suele mantenerse algo al margen de la escena.

Peter Beste
Silencio Permanente por Peter Beste.

Silencio Permanente nace en 2016, actualmente con base en Mar del Plata. “Yo estuve viviendo en Noruega como cinco años por el black metal. Descubrí que había un género que mezclaba todo lo que es la estética y los diseños del black metal con sintetizadores. Yo venía del palo del hardcore y me gustaban los sintetizadores pero nunca había encontrado algo en relación a lo que es black metal y ambient, así que cuando encontré este género me cerró bastante”, explica Fausto, artista detrás del proyecto. Los dos primeros discos fueron grabados en Noruega, pero cuando regresó a Argentina se encontró con que tocar en vivo era una experiencia complicada, no había escena y lo que hacía no iba con el hardcore. “Era como que la gente no entendía o más bien era otro público, y me decían '¿qué estás tocando, loco? Vos cantabas hardcore, ¿qué es esto? Nadie canta, es un embole'".

Covid y nueva escena

El confinamiento generó obsesiones rarísimas. Mientras algunos se pusieron a hacer pan de masa madre, otros se sumergieron en los tiers más profundos de la música extraña y marginal. Era el escenario perfecto para que surgieran nuevos proyectos de dungeon synth, porque invitaba a grabar de manera solitaria desde la habitación. Los controladores midi y los plugins han democratizado la posibilidad de hacer música, no se ha vuelto una actividad tan prohibitiva y, con un poco de maña, se puede conseguir un buen resultado de producción hogareña.

A nivel global, por esta época el dungeon synth salió de las cavernas y se tornó en un género con presentaciones en vivo. Fausto ha girado con Silencio Permanente por Estados Unidos y Europa, donde notó que en muchos casos se prioriza el sonido, lo musical, y no el aspecto performático. ”Los recitales en vivo son particulares porque muchas veces es un chabón con una notebook que parece que está mandando un mail, está ahí atrás de la compu, no hay mucha emoción. (…) Que tengan sus sintes verdaderos a veces marca algún tipo de diferencia. Más allá de eso, hay proyectos espectaculares que graban todo con Midi. No va mucho el dungeon synth por el tema de tener sintes analógicos o modulares, va más por otro lado. A me re encantan los sintetizadores y cuando toco en vivo, si el  traslado lo permite, trato de llevarme los equipos que me gustan y que me hacen sentir cómodo para tocar. Cuando fuimos a Estados Unidos llevamos un montón de equipos”. La presencia escénica de Silencio Permanente es logradísima, muy teatral: túnicas y máscaras, humo, pilas de sintetizadores.

El confinamiento generó obsesiones rarísimas. (...) Era el escenario perfecto para que surgieran nuevos proyectos de dungeon synth, porque invitaba a grabar de manera solitaria desde la habitación. Los controladores midi y los plugins han democratizado la posibilidad de hacer música.

Casi en las antípodas está Vukkeg, que es Alan con su controlador y su computadora. La diferencia de la performance en vivo de ambos proyectos genera un contraste claro e interesante sobre las diferentes aproximaciones que puede haber dentro de la movida. Alan explica que en muchos de los discos se ponen los listados de los equipos utilizados, hay una voluntad de explicitar cómo se ha conseguido el sonido y de remarcar las limitaciones, en un género que festeja el sonido lo fi aunque haya sido registrado con equipos de alta gama. “Está un poco la mentalidad de ‘este es mi equipo y me voy a muerte con esto. Es la espada que tengo, la espada que forjé, y voy a la batalla con esto´”.

Alan venía de tocar la batería en una banda de death metal, pero en 2008, gracias a un amigo de Facebook llegó al black metal más melódico y flasheó con los temas más instrumentales, cargados de sintetizadores. Empezó a esbozar sus propias ideas con el Reason 4. “No entendía mucho, me puse a pelotudear para hacer música ambient, sin ninguna estructura, sin tener conocimiento musical, y esas grabaciones quedaron ahí, hasta que en 2018 vino Mortiis. En el medio ya había hecho un montón de maquetas, pero sin pensar en publicarlas. Es como dibujar un garabato. No pensás que ese garabato se puede convertir en algo que alguien lo observe y lo disfrute”. El recital de Mortiis fue una epifanía, a partir de ahí ya no se trataba de hacer ejercicios en la soledad de la computadora.

Vukkeg
Casete de Crossing The Rubicon de Vukkeg, editado por el sello griego Dale of Shadows.

Con la pierna rota por un partido de fútbol y sumido en el encierro, Alan comenzó a darle vueltas de nuevo a estas ideas. Así nació Seven Black Books, proyecto que inicialmente estuvo inspirado por el videojuego Skyrim, con una impronta aventurera y orquestal, donde la propuesta escénica sí toma un poco más de carácter (viste una túnica negra que apenas deja entrever su rostro). Para inicios de 2022, subió el disco a un Drive que empezó a compartir entre conocidos. Hasta que llegó a los oídos del sello Out of Season, uno de los nombres más fuertes del dungeon synth, que mostró interés en publicarlo. Editó 150 ejemplares en casete del disco “The Sorcerer´s Path”.

Vukkeg nace como un proyecto paralelo más minimalista, desde el cual componer con menos enrosque, resolver composiciones de manera menos obsesiva y más directa. “Hay algo que quiero evitar a toda costa hoy en día, y esto lo aprendí a los golpes, el tema de no publicar algo hasta que no sea perfecto. Hay que lanzar lo que tengas. Si existe, es perfecto. Si una vez que lo saques, considerás que hay algún error, algo que estuvo mal, tomá ese aprendizaje y aplicalo en lo próximo que hagas”, insiste Alan.

Miguel vive en El Bolsón, provincia de Río Negro, y a la distancia lleva adelante el sello Rusty Pilgrim, con base en Estados Unidos, dedicado a lanzar casetes del género. El sello nació para nuclear todos sus proyectos de dungeon synth, entre los que se encuentran Deionarra, Woodland Gatherings, Dread Dream Orchestra y Patagonia Oscura, que incorpora elementos folclóricos. Coincide en la postura que plantea Alan: la belleza del género está en su imperfección y su carácter lo fi. “El dungeon synth es una música que tiene mucho que ver con la soledad, con quedarte grabando en tu casa, con los elementos que tengas. Por eso es difícil hablar de 'escena', pero a la vez casi todos entendemos que en el dungeon synth cuanto más humano mejor. Por eso hay tanto rechazo a la IA en las comunidades DS. La gracia del género es que es imperfecto, artesanal. No es casual que en una época en donde todo está dictado por algoritmos resurja algo como el dungeon synth. El casete no es algo 'retro'. Es un formato barato y lindo, solo que a la industria ya no le sirve”, señala.

La gracia del género es que es imperfecto, artesanal. No es casual que en una época en donde todo está dictado por algoritmos resurja algo como el dungeon synth.

Tanto Alan como Fausto sostienen que para que haya una escena tiene que haber un componente social, fechas, un intercambio humano y real entre personas y no solamente links con discos. El primer paso para conglomerar a los proyectos locales fue el compilado que nació en el Bandcamp Dungeon Synth Argentina, creado por Mauro de Criptadel. Se dio del boca en boca y mediante posteos de Instagram: “si tenés un proyecto de dungeon synth y sos de Argetina, escribinos”. Para febrero de 2023 salió el primer volumen, y hacia julio de 2024 el segundo, con proyectos de Buenos Aires, Río Negro, San Juan y Córdoba. Lo interesante de ambos volúmenes es la cantidad de interpretaciones diferentes que hay del género. Cada proyecto encierra su propia impronta y transmite un imaginario propio, desde batallas épicas a la luz de sol calcinante a caminatas misteriosas en catacumbas hediondas. Es necesario tirar un poco de name-dropping para que se entienda la cantidad de proyectos que participaron de los compilados además de los ya mencionados: Elrinn, Braveslair, Estantigua, Mañkewe, Aventyr, Erebus, Raxhul, Karma Pylons, Northern Eternal, Kasriel.

Dugeon Synth Argentina
Portada del segundo volumen de Dungeon Synth Argentina, por Nikko Insaurralde.

Miguel es un partidario de las plataformas que intentan generar comunidad, como Bandcamp, que a diferencia de Spotify u otras apps, permite mantener contacto con los oyentes y compradores. “Gracias a Bandcamp tengo los mails de todos los que me compraron un disco, digital o físico. El streaming no quiere eso, no quiere que tengas control de lo que hacés. (…) Los vínculos con otros proyectos argentinos (o de cualquier otro lado, en mi caso) se dieron de esa manera: a alguien le gustó un disco y me mandaron un mensaje por Bandcamp, que me llega al mail”.

Pocas veces una escena es autoconsciente de su génesis. Malabia es un fanzine que nació justamente para dar registro a lo que ya había sucedido y a lo que estaba gestándose en tiempo real. Es un fanzine hijo del confinamiento, como un ejercicio para intentar explicar en castellano el fenómeno del género a nivel global pero también en la Argentina. “Mi vínculo con la escena local se debe a que hice una crónica de los proyectos de acá para mi fanzine  y conté un poco su discografía,  desde qué zonas hacen su música y hasta dónde han llegado. Contacté a casi todos, pero no tuve la suerte de tener respuesta total. Aun así terminé nombrando a todos los que yo conocía. Con algunos tuve más comunicación y generamos un vínculo que llevo en 2025 a hacer un recital netamente dungeon synth con proyectos de varias partes de Buenos Aires”, explica Nacho, su creador, que presentó el primer volumen en octubre de 2023 en la Feria del libro Heavy de Buenos Aires.

Deionara, editado por Rusty Pilgrim
Casete de Deionara, editado por Rusty Pilgrim, sello de El Bolsón con base en EE.UU.

Umbrales nació de la manija de Fausto, Alan y Nacho para llevar el dungeon synth de la virtualidad al vivo. Se trató del primer evento dedicado íntegramente al género del que se tenga registro en la región. En su primera edición, en abril de 2025, tocaron Aventyr, Silencio Permanente y Seven Black Books, además de contar con un dj set dedicado al género por parte de Criptadel y una performance de danza por el dúo Ergotismus Convulsivus. Para el segundo encuentro, en diciembre, tocaron Vukkeg, Silencio Permanente y Kasriel. El entusiasmo fue contagioso: Gustavo Fabián, ilustrador y diseñador gráfico de discos de metal, se sumó a hacer los flyer, mientras que la artista visual Mala Sangre se encargó de proyectar imágenes súper cursed, y Criptadel volvió a encargarse de la musicalización. Umbrales fue un evento que logró un primer acercamiento de la comunidad de dungeon synth, y también logró acercar curiosos. Además de la música y lo social en el evento, se podía comprar el fanzine Malabia, obra de ilustradores de fantasía y libros de esoterismo.

Por suerte los universos que componen el imaginario del dungeon synth han comenzado a cruzarse. Durante enero en el bar El Destello hubo una juntada de jugadores de Magic: The Gathering, y fue musicalizada por Vukkeg.

Lo mágico del dungeon synth es poder ver en tiempo real a una escena que se va configurando y toma forma, como si se tratara de un ente orgánico, vivo, con sus propias reglas e idiosincrasia. Como explica Alan, “Hay que quitarle un poquito de solemnidad. Se hacen llamar Lords no sé cuánto. No somos caballeros medievales, jugamos a serlo”.

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