Fandoms globales: ¿identidad compartida o mero algoritmo?

Las tribus urbanas siempre fueron una referencia de la cultura joven nacional. Un sentido de pertenencia a través de la música o la vestimenta. En los noventa, todo estaba mucho más delineado y, a grandes rasgos, en Argentina, podías ser rolinga, gótico, alterno, rasta o cumbiero. Los límites estaban claros y mezclar patrones era de careta.

Buenos Aires supo tener puntos de encuentro como los sábados en la Bond Street, los miércoles en el Abasto o los recitales del under. Si bien las esquinas y algunas plazas siguen siendo una referencia para el encuentro, Internet simplificó la ecuación: surgieron fandoms alrededor del mundo que marcan el pulso en tiempo real (y a escala global) a través de las redes sociales.

En Estados Unidos, surfeando los dos mil, pasó algo particular con los emos y la cultura de MySpace. La plataforma no solo permitía que exploraras el diseño HTML del perfil, sino que se convirtió en un nicho novedoso a la hora de conectar a las personas a través de la música nueva. My Chemical Romance y Paramore, por ejemplo, surgieron de ahí. La escena emo y MySpace formaron un círculo virtuoso que se retroalimentaba.

En los noventa, todo estaba mucho más delineado y, a grandes rasgos, en Argentina, podías ser rolinga, gótico, alterno, rasta o cumbiero. Los límites estaban claros y mezclar patrones era de careta.

En Argentina se vivió un paralelismo con la escena emo yanqui: los floggers. Agustina Vivero, más conocida como Cumbio, fue la primera influencer nacional. Líder de una tribu urbana nueva (sin buscarlo), vivió una fama explosiva por el simple hecho de ser ella misma y mostrarlo en Fotolog.

Ahí también se jugó otro factor que alimentó el movimiento de manera exponencial, y es el fanatismo que atraviesa a los argentinos. El mejor público del mundo, según todas las bandas que pisaron este suelo y escucharon sus guitarras cantadas con agite. Nos caracteriza la vitalidad del encuentro con espontaneidad y, por supuesto, la necesidad de effearnos por reverse.

Desde el momento en que la sociedad empezó a vivir a través de la mirada ajena en las redes sociales, la construcción de la identidad se reconfiguró. Al mismo tiempo, los márgenes que antes dividían lo real de lo careta empezaron a diluirse. Ya llevamos más de dos décadas mostrando nuestras vidas en Internet, y, para colmo, en el medio estuvo la pandemia, que reseteó los encuentros presenciales. Todo cambió para siempre: ahora a los recitales se les dice conciertos y, si no hiciste una buena historia para Instagram, es como si nunca hubieses estado ahí, no lo viviste. Y todos tenemos una narrativa propia en la nube.

Soberanía cognitiva: una introducción a la autonomía psíquica
En una era de información infinita y algoritmos diseñados para captar tu atención, la soberanía cognitiva es la herramienta esencial. Aprendé a pensar por vos mismo.

Agustina Vivero, consultada por 421 sobre este tema, señaló: “Mi teoría es que las tribus urbanas están cambiando porque las formas de relacionarnos cambiaron. Creo que hoy, para ser parte de una comunidad, no es necesario encontrarse en persona, podés tener otras cosas en común. También creo que no es limitante pertenecer a una, no hace falta quedarte fuera de otra”.

En la época a.I. (antes de Internet) había poca tolerancia entre las tribus y era habitual que los skinheads más violentos fueran a esperar a los alternos más sensibles a la salida de los recitales de El Otro Yo o de Smitten. Esquivar el impacto que tuvo Internet en nuestra manera de socializar sería insólito. La cultura del hate también se fortaleció con las redes sociales. Hoy hackear el sistema es aprender a monetizarlo.

Juan Manuel Fombella es guitarrista de Rey Bruja, una banda neo-rolinga que está construyendo un nuevo género y una comunidad de seguidores. Juan Manuel tocaba antes en una banda hardcore. Desde el escenario, asegura que ahora todo está más mezclado, pero que aún así existe el respeto por ser de verdad: “Nos empezaron a llamar rolingas de manera despectiva, y todo el giro que hicimos para ese lado fue una provocación para esta gente”.

Como músico, Juan Manuel reconoce que, tanto sus seguidores como sus haters, se encargan de moldear el próximo paso. “Hay demasiado contenido de todo, hay poco misterio, y a la vez tampoco es redituable hacerse el misterioso. Si lo que vos hacés es relevante, hay alguien del otro lado haciendo contenido por vos. Sea el fandom o un tuit de alguien que te odia. Internet cambió todo de un modo insensible”, reflexionó.

¿Quién en 2026?
¿Alguna vez sentiste nostalgia por una época que no viviste? De Christina Aguilera a Sandro, los comentarios de YouTube muestran una comunidad unida por el pasado. No es solo melancolía: es un refugio contra la velocidad del mundo actual.

Esta fusión entre amor y odio logra configurar la identidad de los grupos de un modo más complejo y ambiguo. Hace algunas semanas, Winona Riders, una de las bandas más amadas y hateadas a nivel local, fueron noticia por lanzar hielos al escenario durante un show de Peligrosos Gorriones, históricos del rock platense. Tras la cancelada masiva, los Winona sacaron dos remeras a la venta: la cara de la actriz con un símbolo de prohibido y otra con el nombre de la banda escrito con la tipografía de los hielos Rolito.

Es natural asumir que nuestras personalidades tienen más sentido si se arman a la carta. Y si hay algo en lo que Internet cambió el juego, es en su efectividad para globalizar consumos culturales. Galia Moldavsky, socióloga, charló con 421 al respecto: “Hay tribus más globalizadas. Uno podría decir que hoy los gymbros son una tribu y tenés a Llados, que es el referente español con 1.4 millones de seguidores en todo el mundo que se sienten parte”. Por su lado, Cumbio dijo que le encanta “la fuerza” que tienen los fandoms. “Después de los floggers he visto muchos movimientos argentinos que generaron fandoms con una repercusión tremenda, como los directioners, los beliebers y, hoy en día, las swifties”, señaló.

El impacto de internet fue y sigue siendo impresionante. Podés ver, comentar y formar parte activa de cualquier movimiento del planeta que te convoque.

Aún así, la especialista en social media adelanta que el 2026 viene por otro lado: “Es es el año en el que vuelve un poco lo analógico, porque estamos sobresaturados”. Es que el impacto de internet fue y sigue siendo impresionante. Podés ver, comentar y formar parte activa de cualquier movimiento del planeta que te convoque. Es por eso que al fandom más sólido a nivel mundial, el del grupo K-pop BTS, se le dice Army: en cuestión de minutos pueden armar campañas, alcanzar cifras de alcance soñadas para cualquier community manager o posicionar tendencias en Twitter. Definitivamente, los fandoms tienen un desarrollo diferente al de las tribus urbanas clásicas. Sobre todo, están orgánicamente agrupadas gracias a las redes sociales.

Discos: El mató a un policía motorizado - 20º aniversario en vivo
Un rescate emocional que le da a la banda una nueva plataforma para pasar su legado.

One Direction fue una de las primeras bandas en generar un fandom alrededor del mundo. La boyband, que salió de un reality británico, generó una devoción fresca y novedosa. Casi como si Mambrú hubiese cautivado a las adolescentes de todo el mundo, casi como si las fanáticas de Luis Miguel hubiesen armado sus clubs de fans al calor del dial-up.

Hace poco más de un año, Liam Payne, uno de sus integrantes, murió tras caer de un balcón en un hotel de Palermo. Las directioners argentinas levantaron un altar en la vereda de la tragedia. Fue en un cantero de un árbol, horas después de la muerte. El padre del cantante visitó el lugar, en un gesto de reconocimiento hacia sus fanáticas.

Hoy, un año y medio después, el altar sigue firme, cuidado por las mujeres que se reúnen ahí buscando sublimar el dolor por la muerte de su ídolo. La cuadra quedó transformada para siempre. No solo se convirtió en un espacio para conmemorar a Liam sino que también se definió como un punto de encuentro para el fandom. No fue el único: otro altar improvisado surgió en La Rambla de Barcelona.

También hay un banco conmemorativo en el Cementerio Británico de Buenos Aires, donde pusieron un buzón para recibir cartas que serán enviadas a los seres queridos del cantante. Luana Bustamante, una de las mujeres que tomó la posta en su creación, dijo a un año de su muerte: “Para algunas de las fans todavía es muy doloroso venir a los memoriales, pero a mí me dio esta amistad y momentos compartidos”. Y exactamente de eso se trata.

La cercanía física hace que se sincronicen las acciones, produce alegría y pertenencia, y transforma las emociones individuales en un sentimiento compartido.

Robert Till, músico y profesor de la universidad de Huddersfield en Inglaterra, dedicó muchos años a investigar cómo la música impacta en los consumos culturales y sociológicos de las personas. Él señaló en sus papers que reunirnos en grupos afines crean experiencias que implican algún tipo de éxtasis, una especie de escape o alternativa a la vida cotidiana. “La principal diferencia entre el fandom y la religión es que los fans adoran a alguien que no afirma ser un Dios, y que definirían lo que hacen como algo diferente a la religión. De la misma manera, las personas religiosas dirían que lo que hacen es diferente al fandom porque adoran a figuras que consideran más allá de lo humano”, expone. Similar a lo que el sociólogo Émile Durkheim definió como “efervescencia colectiva”, aquella que agrupa y mueve multitudes a través de la experiencia. La cercanía física hace que se sincronicen las acciones, produce alegría y pertenencia, y transforma las emociones individuales en un sentimiento compartido.

Música contra la máquina (un post pos Music Wins)
Mil palabras sobre los festivales, la música hecha por personas, el rol de los artistas y algunas apostillas sueltas desde Mandarine Park.

El punto en común entre las tribus urbanas y los fandoms es el de adorar algo que se considera sagrado. Ahora estamos en 2026 preguntándonos dónde están esos raros peinados nuevos, cuando lo cierto es que están en todos lados, pero con bordes menos delineados que en el pasado. La potencia de los nuevos fandoms radica en la huella digital que dejan, con la posibilidad de que en el futuro pueda tener más impacto que una campera de jean con parches olvidada en un placard.

Sin embargo, al final del día, los fandoms tienen un gran punto en común con las viejas tribus urbanas: la importancia de pertenecer y conectar con otros seres humanos. En definitiva, solo se trata de transformar el sentir individual en algo más grande.

 

 

 

 

 

Suscribite