“Es un diamante que necesita ser pulido”, advertía Miles Jacobson en una entrevista con un medio inglés en noviembre de 2025, dos días después del lanzamiento de Football Manager 26. Jacobson es el director y cerebro detrás de las decisiones de Sports Interactive, la desarrolladora de la franquicia más importante de gestión deportiva. En esa misma charla deslizó otra frase que hoy resuena más fuerte que nunca: “No traeremos a todos con nosotros”, en referencia a los cambios de la nueva entrega y al inevitable descontento de los jugadores old school de Football Manager. Y la verdad, Miles, en eso tenías razón. Mucha razón.
El origen de esta saga que nos regaló miles de horas de dopamina se remonta a 1992, cuando en Inglaterra los hermanos Paul y Oliver Collyer lanzaron Championship Manager. La propuesta era inédita para la época. No controlar futbolistas sino gestionar un club. Planteles, tácticas, fichajes, moral. Todo texto, todo datos. El éxito fue inmediato en el público inglés, no tanto en el resto de Europa. Años más tarde, PC Fútbol irrumpiría con fuerza en el mercado hispano, incluyendo sus recordadas versiones argentinas.

Championship Manager se convirtió en un fenómeno de culto. Cada edición sumaba ligas, profundidad estadística y complejidad táctica. La historia de Jacobson con Sports Interactive empezó casi por casualidad. En 1994, fanático del juego, ofreció sus servicios como tester. Por entonces trabajaba en el management de bandas de Britpop, entre ellas, Blur. Con el tiempo pasó de colaborador informal a pieza clave del estudio: primero director comercial part time y, desde 1999, director general con un rol cada vez más central.
En 2001 salió Championship Manager 01/02, justo cuando internet empezaba a conectar comunidades y el fútbol aún no estaba saturado de datos públicos. El juego ofrecía información cada vez más precisa y consolidó el fenómeno de los wonderkids como mito cultural. Nombres como Maxim Tsigalko y Cherno Samba dejaron de ser promesas virtuales para convertirse en referencias compartidas entre jugadores.
La propuesta era inédita para la época. No controlar futbolistas sino gestionar un club. Planteles, tácticas, fichajes, moral. Todo texto, todo datos.
En 2003, tras años de trabajo conjunto, Sports Interactive y Eidos se separaron por conflictos contractuales y por la propiedad de la marca. Eidos se quedó con el nombre Championship Manager; Sports Interactive, con el código, la base de datos y el equipo de desarrollo. Uno conservó la marca, el otro el conocimiento técnico.
La nueva era
Ya bajo el ala de Sega, en 2004 Sports Interactive lanzó Football Manager. Cambió el nombre pero no la esencia. Misma estructura, mismo enfoque obsesivo en los datos y misma lógica de simulación.
Bajo el liderazgo de Jacobson, el estudio pasó de ser una pequeña empresa a convertirse en uno de los desarrolladores más importantes del Reino Unido, con más de 280 empleados y una red global de scouts que alimenta la base de datos del juego.

Ya en el presente, Football Manager 26 fue la edición más esperada tras el papelón de cancelar la entrega 2025. Y no una, sino dos veces. Hubo preventa antes del lanzamiento previsto para noviembre de 2024, luego postergado a marzo. Entre los gordos FM se encendieron las alarmas, pero tocaba bancar. El salto al motor gráfico Unity era el gran desafío, junto con la inclusión del fútbol femenino. Las razones para retrasarlo podían sonar razonables, pero llamaba la atención que una empresa bullish tras el sólido FM24 tropezara así. Lo peor vendría después.
El 7 de febrero de 2025, Sports Interactive publicó un comunicado en el que reconocía que, pese a los retrasos y al “enorme esfuerzo invertido en los últimos meses”, el resultado final de Football Manager 25 “no estaba a la altura”. La edición quedó oficialmente sepultada para enfocarse de lleno en Football Manager 26. También aclararon que no habría actualización oficial de base de datos: wonderkids, traspasos, ascensos, descensos, cambios de CA/PA. Esto para muchos fue un destrato hacia los jugadores fieles que cada año pagan su copia. En términos prácticos no era tan grave. Football Manager tiene una de las comunidades más comprometidas del universo gamer y fueron ellos quienes actualizaron mercados y extendieron la vida útil de Football Manager 24. Incluso hasta hoy.
Los problemas de Football Manager 26
Tras dos años de desarrollo y rumores, el 23 de octubre de 2025 se lanzó la beta de Football Manager 26. Los problemas aparecieron rápido. Después de elegir si el manager vestía traje a lo Ancelotti o conjunto deportivo a lo Scaloni, llegaba el momento de explorar el dashboard. Y algo no cerraba. La clásica skin tipo inbox había sido modificada por completo. El resultado fue una UI que muchos describimos como torpe y poco funcional, especialmente en un juego cuyo núcleo es la gestión de información.
Hubo además crasheos masivos y bugs por doquier, que se fueron corrigiendo con updates. Pero el problema de raíz es el que anticipó Jacobson: “No traeremos a todos con nosotros”. La intención fue captar jugadores de consola y para eso el juego se empujó hacia un terreno más arcade.


En el plano positivo, el desembarco en Unity se nota. Mejores gráficos y mejor fluidez. La división táctica en In Possession y Out of Possession es un acierto. Con pelota, la fase ofensiva es más específica: amplitud, ritmo y ocupación de espacios se integran mejor con los roles. Ya no es solo “mantener la posesión” o “jugar directo”. Se percibe cuándo un equipo progresa por dentro, cuándo abre y cuándo estructura la salida con intención.
Sin la bocha, el salto es aún más claro. La presión y la altura del bloque tienen consecuencias visibles. Si vas alto, dejás espacios; si replegás, resignás metros y transición. La intensidad impacta en el desgaste y el desorden. Ahora podés ganar a lo Mourinho y no únicamente bajo el molde del guardiolismo.
El problema es que para muchos el partido era casi complementario. Algunos seguimos jugando en 2D porque esto es gestión deportiva. Abrir el juego y retomar una partida puede significar dos horas sin disputar un encuentro. Es buscar al pibe de 18 años que la rompe en Fluminense, traerlo y asignarle un tutor veterano para potenciar su mentoría. O pasar horas scouteando con el método moneyball, que se trata de filtrar jugadores por estadísticas. Por ejemplo, centrales por ratio de juego aéreo ganado, entradas o despejes. Un concepto popularizado en el baseball de las grandes ligas, cuya experiencia fue plasmada en el cine y protagonizada por Brad Pitt y Jonah Hill. Este recurso fue aplicado con relativo éxito en el fútbol IRL por clubes como el Brentford. Muchas de esas capas quedaron relegadas en Football Manager 26. El juego se volvió más palo y a la bolsa, como si lo único que importara fuera el matchday.

“Se quedaron sin el pan y sin la torta. La gente de consola no entró y los que jugamos en PC estamos descontentos”, dice el creador de contenido FMCarrilero en diálogo con 421. Además, señala que el gran problema es la UI: “Necesitás más clics para llegar al mismo lugar, hay más paneles, todo es poco intuitivo y está pensado para joystick”.
Para él, el dato que cierra la discusión es Steam: “Hoy hay menos gente jugando a Football Manager 26 que a Football Manager 24”. El recibimiento inicial lo ubicó entre los peores del año en críticas.
Falso Bohemio, creador de megapacks que en Football Manager 24 llegó a incluir 234 ligas y nueve países nuevos, sostiene que Football Manager 26 “no es una catástrofe”, pero que perdió su esencia: la inmersión. “En ediciones recientes podíamos ver la ciudad de un club, revisar la historia completa de un torneo, entender el contexto de una final. En el 26 eso no está, al menos por ahora. Cuando falla, el trabajo minucioso pierde impacto”. También relativiza la negatividad en redes y habla de "incentivos de visibilidad", aunque marca que "el potencial" dependerá de futuras actualizaciones.
La inmersión es el factor clave de Football Manager. Un juego que, si bien tiene una curva de aprendizaje relativamente alta (o la tenía), una vez que empezás a encontrar recompensas puede volverse un problema. Un problema, sí, como cualquier videojuego adictivo. Pero en el Football Manager hay un plus y es que todo el tiempo podés compararlo con la vida real. Es ver la evolución de esa promesa de la reserva, cómo la llevás de a poco, cómo le das minutos, confianza, y de pronto verla debutar en la Premier, pero de verdad. O ese jugador que en tu partida la rompe hace dos temporadas y un día cualquiera lo ves en la tele o en la cancha convertido en figura. Esa superposición constante entre tu partida y el fútbol real es lo que lo hace tan adictivo.
Todo Gordo FM sabrá de lo que estamos hablando
Mi experiencia más problemática con Football Manager se dio con el Football Manager 22. Mi novia de ese momento, con quien convivía recientemente, me lo había regalado para mi cumpleaños. Casualmente cumplo en noviembre y, semanas más, semanas menos, coincide con el lanzamiento. Yo ya venía jugando varias ediciones de la franquicia, con picos de adicción importantes, aunque eso ocurría viviendo solo y trabajando home office.
El problema surgió en plena convivencia y después de una racha que me había dejado arriba: Copa de la Liga con gol de Merolla a Boca en el último minuto del alargue y, al mismo tiempo, Sudamericana. En mi partida con Huracán, el Leeds United estaba en zona de descenso, dejaba ir a Marcelo Bielsa y me convocaba para hacerme cargo del equipo. Allá fui. Lo salvé a pocas fechas del final. En la primera temporada completa peleé mitad de tabla mientras ayudaba a mi chica a elegir plantas para un esquinero del comedor.
En la segunda temporada, con una táctica más afilada, metí mano en el plantel. Vendí a Sumerville, Forshaw y Robin Koch. Traje a Jhonatan Calleri, a Jesús Vázquez y a Leandro Giménez, el cuatro de Huracán que me había rendido durante mi paso por el Globo. Las cosas empezaron a salir. Calleri intratable. Raphinha en un nivel altísimo. Meslier en su peak bajo los tres palos.
La convivencia también marchaba bien, salvo pequeñas fricciones, como postergar unos minutos la elección de una película para avanzar el calendario o terminar un partido antes de cenar. Nada grave. Yo ya había vuelto al trabajo presencial y un día, en el trayecto de la oficina a casa, me descubrí pensando cómo reemplazar a Junior Firpo, lesionado, que aunque no fuera brillante, cumplía. El final de temporada se acercaba y las chances de campeonar eran reales. El City de Guardiola dejaba puntos como visitante y yo me acercaba con actuaciones decisivas de Giménez y Kalvin Phillips. A dos fechas del final estaba a dos puntos. En mi segunda temporada. Con el Leeds.

Es viernes. Tengo trabajo acumulado y recién cerca de las ocho de la noche puedo sentarme a jugar las últimas dos fechas. Mi novia llega, me saluda con un beso y, mientras se saca los zapatos, me dice que "apure" porque en breve nos vamos a lo de sus padres a celebrar los 82 años de su abuela. Le digo "okey", casi sin mover los labios. El calendario en el juego avanza lento, como siempre. Le doy a la barra espaciadora como si así pudiera acelerar el tiempo.
Primer partido, de visitante. Un error del arquero del Aston Villa me pone en ventaja. Lo grito. Ella, ya cambiada para la cena, me avisa que pidió un taxi. Le pregunto si podemos cancelarlo y salir en unos minutos. Me dice que no, que quiere ayudar a su mamá y estar un rato con la abuela antes de la comida. Intento explicarle que no es habitual estar peleando la Premier en la segunda temporada con el Leeds. No lo entiende. Me pregunta qué voy a hacer. Le digo que me comprenda, que en un rato voy. Y le recuerdo que al día siguiente vamos a pasar el día en una quinta y no voy a llevar la computadora. Me responde que eso no tiene nada que ver y que no puede creer que estemos teniendo esta conversación. Cierra la puerta más fuerte de lo normal y se va.
Me cubro la cara con las manos, sacudo la cabeza y sigo. No cambio la táctica porque el Football Manager 22 suele “castigarte” si te metés demasiado atrás. Gano. El City pierde con el Arsenal. Quedo un punto arriba a falta de una fecha. Insólito.
Le mando un WhatsApp: “¿Cómo va todo? En minutos voy”. No responde. Avanzo al último partido. El City recibe al Leicester, de temporada floja. Mi Leeds juega en casa contra el Newcastle, que pelea por copas. Planteo un 3-5-2. Llegamos fatigados: Phillips exhausto, Raphinha también. Partido de ida y vuelta. Mi arquero figura. El de ellos, igual. Cero a cero al descanso. El City también empata.
Miro el celular. Nada.
Arranca el segundo tiempo y a los dos minutos golazo de Calleri. Uno a cero. Todo es celebración hasta que Haaland pone en ventaja al City. Continúo un punto arriba y vaya a saber cuántos abajo en mi relación. Minuto 30, expulsan a Phillips. Desastre. Saco a Raphinha y aguanto con Calleri. Resisto como puedo, pero Bruno Guimarães empata. Mientras intento sostenerlo con jugadores agotados, miro el otro resultado. Rodri mete un zapatazo desde afuera y el City se consagra campeón. Me arrebatan el título sobre el final. Así es el Football Manager.
Llamo un taxi con la frustración todavía encima. Llego a lo de mis suegros con el asado ya servido. “Pensábamos que no venías”, dice mi suegra. Saludo, beso en la frente a la abuela. Mi novia me mira y hace un gesto con la cabeza. Me siento a su lado, me sirvo vacío con rusa. Con ironía me pregunta si salí campeón. Tengo la boca llena y solo puedo negar con la cabeza. “Ah, bien”, responde. "Encima perdiste". Termino de tragar, me limpio la boca y le doy un beso sostenido en la mejilla.
Al día siguiente el clima acompaña y pasamos un buen día de quinta. El enojo se diluye. Yo me propongo controlarme con el Football Manager. Convivimos dos años más.
Después cada uno siguió su camino, pero no fue por culpa de la creación de los hermanos Collyer. Al día de hoy nos escribimos para nuestros cumpleaños, pero ya sin Football Manager de regalo.
Por lo pronto, es difícil que Football Manager 26 genere algún tipo de conflicto con nuestros vínculos. La inmersión ya no es la misma y la pregunta que queda en el aire es si la franquicia profundizará estos cambios en Football Manager 27 o si decidirá volver, al menos en parte, a lo que hasta hace poco la definía.