Desde que tengo memoria, mi tío Hugo es un apasionado de los caballos. Dice que nunca apostó, pero asiste asiduamente al Hipódromo de La Plata desde su juventud y hoy, a los 72 años, tiene un caballo (“Don Evasor”) que cría junto con otros dos amigos. Hace unas semanas, Don Evasor ganó el Premio Tomero, una carrera de 1200m, y me la mostró desde su teléfono en un almuerzo familiar. Al principio dos jinetes sacan lo mejor de sus monturas para separarse del pelotón mientras Don Evasor (con jockey de verde y blanco, intuyo, porque mi tío también es hincha de Banfield) espera agazapado entre la montonera. Para la segunda curva las posiciones se empiezan a ordenar y dos caballos parecen salir victoriosos de la justa, pero esa paridad es una ilusión que rápidamente se desvanece, ya que en la recta final el zaino le da rienda a suelta a su galope y termina ganando por 5 cuerpos de diferencia. Un minuto trece segundos de pura adrenalina que concluyó con una victoria aplastante. Entendí perfectamente la sonrisa de mi tío porque hace seis meses que estoy jugando en mi celular a Uma Musume.
Premio Tomero.
Un noble potrillo-san
Uma Musume Pretty Derby es un juego mobile (es decir, diseñado para jugar en teléfonos celulares) lanzado por Cygames. Es una desarrolladora japonesa fundada por la agencia de marketing CyberAgent y en parte financiada por DeNA (empresa detrás de Pokémon TCG Pocket) y Nintendo. Además del videojuego, desde 2018 se vienen estrenando varias series de animé y películas que la colocan como una franquicia multiplataforma. La premisa detrás de este universo ficcional es tan insólita como efectiva: en el mundo de Uma Musume unas chicas nacen como reencarnaciones de caballos de carrera y, además de tener orejas y cola, poseen una velocidad sobrenatural que les permite alistarse en la Academia Tracen para chicas-caballo y competir por su sueño de convertirse en una leyenda de las carreras. Claro que estas jóvenes kawaii equinas, además de correr, una vez terminados los grandes premios, festejan con un concierto pop junto con sus competidoras para agasajar a los burreros. Hasta acá, nada que Japón no nos haya ofrecido antes, pero lo verdaderamente destacado de Uma Musume es que todas las chicas caballo que aparecen en el juego y en las series son en realidad reencarnaciones de caballos de la vida real, la mayoría de ellos japoneses. Así es como tenemos personajes con nombres como “Special Week”, “Silence Suzuka”, “Vodka”, “Rice Shower” o “El Condor Pasa”. Pero la identidad no queda ahí: tanto la personalidad, vestuario, fortalezas, debilidades, como los vínculos entre ellas y la propia trama de los animé están basadas en el historial real de cada caballo. Así, por ejemplo, la rivalidad entre Daiwa Scarlett y Vodka se basa en la cantidad de carreras en las que salieron cabeza a cabeza y la enemistad entre sus respectivos criadores. O, para sumar otro caso, la excéntrica naturaleza de Gold Ship (una de las umas de pelo blanco, bastante popular en el fandom) responde a que al caballo en cuestión no le gustaba entrar a las casillas del hipódromo y a veces le pintaba no correr.
Además del videojuego, desde 2018 se vienen estrenando varias series de animé y películas que la colocan como una franquicia multiplataforma.
Si es que es necesaria la aclaración, en el animé todos los caballos reencarnan en mujeres, aún cuando en la hípica compiten caballos y yeguas indistintamente. Incluso es fácil reconocer en el diseño de cada personaje cuál se trata de una yegua o de un caballo: los personajes basados en yeguas llevan una cintita en la oreja izquierda y los personajes basados en caballos macho llevan una en la oreja derecha. Otras características también están basadas en el porte del caballo real, como la estatura y la complexión, el color del pelaje o la ropa de gala que usan las chicas para las carreras importantes (basada en la pilcha que usaban los jockeys). Y sí, las tetas de cada chica-caballo varían según el pecho del potro verdadero…
Hasta acá, la perversión a la que nos tienen acostumbrados los nipones, pero habiendo tantos animés de colegialas semi furras cantando y bailando, ¿por qué éste pegó tanto en Japón?
No olvidés, onii-chan, vos sabés no hay que jugar
Históricamente, Japón es uno de los países con mayores problemas de apuestas en el mundo. Entre la década del ochenta y la del dos mil diez, tenía uno de los índices de ludopatía más altos, superando incluso a Estados Unidos y Australia: mientras que en la mayoría de los países occidentales la adicción al juego afectaba al 0,5 - 1% de la población, en Japón esas cifras se elevaban hasta el 3%. Paradójicamente, en Japón los casinos y las apuestas deportivas están prohibidos desde principios del siglo XX, salvando contadas excepciones. Pero hecha la ley, hecha la trampa y parte del auge de los game corners o salones de maquinitas en la isla oriental se explica por la invención del pachinko, suerte de engaña pichanga para hacer una máquina tragamonedas sin que sea un tragamonedas. En efecto, el pachinko no entrega plata como los bingos que nosotros conocemos, sino que da unos tokens que se cambian por premios, al estilo tickets de Sacoa. Pero es muy común que a dos cuadras de los locales de pachinko haya otro local que “compra” esos premios por dinero. Si uno fuera malpensado creería que esos locales son de los mismos dueños. Este sistema, sumado al estrés laboral crónico de la cultura del trabajo de las grandes ciudades, se volvió crítico durante el cambio de siglo, aunque es cierto que en los últimos años diversas campañas y el cambio de hábitos han logrado revertirlo parcialmente.

Ahora bien, una de las excepciones más notorias a la prohibición en las apuestas deportivas son, justamente, las carreras de caballos que, por las razones expuestas más arriba, en Japón fueron siempre enormemente populares. Actualmente en Japón hay 25 hipódromos y anualmente se corren unas 21.000 carreras de caballo, aún cuando en los últimos años las carreras perdieron el interés masivo que solían tener. Según datos de la Japan Racing Association (JRA), en su momento de auge, alrededor de 1993, unos 25 millones de personas acudían todos los años a los hipódromos para apostar cerca de 50 billones de yenes anuales (casi 300 mil millones de dólares a valores actuales). En esos años, caballos como Oguri Cap, Mejiro McQueen y Symboli Rudolph fueron verdadera sensación, tenían sus seguidores y aparecían frecuentemente en las noticias nacionales.
Así que Cygames tejió un acuerdo con la Japan Racing Association y un puñado de criadores de caballos para tener los derechos de las grandes leyendas de la hípica nipona. Apalancados en ese fenómeno cultural, crearon las bases para una máquina de vender sueños de gloria y uwus.
Aquella risueña y coqueta musume
Desde hace muchos años en Japón (y ya se podría decir que, a esta altura, también en todo el mundo) existe una práctica de los fandoms, luego tomada por las agencias de marketing y comunicación, de crear personajes femeninos jóvenes basados en… prácticamente cualquier cosa. El llamado “antropomorfismo moe” consiste en darle a animales, objetos, instituciones e incluso conceptos las características de una moe (una tipificación de una joven tierna con la que los fans tienen una suerte de relación parasocial). Así hay “pibitas animé” que representan cosas tan diversas como portaaviones, tanques de guerra, artículos de la constitución, organizaciones terroristas y la Wikipedia. Dentro de este fenómeno, hay un subtipo especial para los antropormifizaciones de animales llamadas kemonomimi, que típicamente son personas con orejas de animal que no son “mutantes” o algo por el estilo, sino que son una humanización de ese animal (los catboys y las catgirls, que están un poco olvidadas en la fiebre reciente de los therians, son kemonomimi).

De esta genealogía nace el concepto de “uma musume”. “Uma” (ウマ) literalmente significa “caballo” mientras que “musume” (娘) significa “chica”, aunque esta última es una elección un tanto más particular. La palabra más común para decir “mujer joven” o “niña” en japonés es “on'nanoko” (女の子), mientras que “musume” se usa principalmente para referirse a las propias hijas o a una mujer que está al cuidado de alguien. Tiene un matiz literario y bastante tradicional. A pesar de los tintes de novela visual o la sospecha de hentai casi automática, una elección en ese sentido hubiera seleccionado la palabra “otome” (乙女), que significa “doncella” y suele ser el término utilizado en ese tipo de juegos. No, señor: las umas son muchachas que se crían… como los caballos. De hecho, Cygames, desde el inicio, fue especialmente cuidadoso con la generación de material sugestivo y se mostró particularmente persecutorio con el fan art subido de tono, en parte porque intenta cuidar su marca, pero sobre todo porque su contrato con la JRA y los criadores de caballos así lo ordena. Claro que con el éxito de la franquicia eso resulta inevitable, pero en las comunidades online es normal que se comente en joda que nadie se anima a ejecutar la regla 34 en Japón por miedo a las represalias de la yakuza. Es que muchos caballos de la era de oro de las carreras en Japón eran manejados desde las sombras por los cabecillas de la mafia.
Yo me juego entero, shōganai!
Cygames es una empresa que genera juegos del género “gacha”, que consisten en mecánicas de azar mezcladas con recompensas coleccionables. Generalmente, en un gacha game tiramos de alguna suerte de ruletita o maquinola para obtener un premio al azar, que nos permite mejorar algún aspecto del juego. Mientras más cartitas o fichitas del estilo juntemos, mejor nos va a ir en la mecánica de juego; pero, claro, no todas las cartas ni las fichitas valen lo mismo ni sirven de igual forma. Si esto te suena es porque muchísimos juegos (sobre todo juegos mobile) están construidos sobre esa matriz, porque básicamente es una forma más o menos velada de timba y tiende a impulsar conductas bastante nocivas en el gasto de dinero, que no son demasiado diferentes de la ludopatía…
Cygames tejió un acuerdo con la Japan Racing Association y un puñado de criadores de caballos para tener los derechos de las grandes leyendas de la hípica nipona. Apalancados en ese fenómeno cultural, crearon las bases para una máquina de vender sueños de gloria y uwus.
Uno de los primeros éxitos de Cygames fue Idolmaster Cinderella Games, un gacha en el que tomábamos el rol de un representante de idols (estrellas pop juveniles) que tenía que entrenar y construir la carrera de una joven lanzada al estrellato. De ahí quizás provenga el template y la construcción de personaje que tienen las chicas-caballo de Uma Musume, aunque la mecánica de juego en este segundo caso va un poco más allá.
Uma Musume Pretty Derby, por fuera de su monetización estilo gacha, es un juego en el que encarnás el rol del entrenador de una chica-caballo a lo largo de toda su carrera durante tres años (algo similar a lo que ocurre con los caballos de la vida real). La mecánica base es de estilo Tamagotchi y hace recordar a juegos como Pokémon, Digimon World o, mejor todavía, Monster Rancher. Cada turno de juego debemos decidir qué stat va a entrenar nuestra corredora entre Velocidad, Resistencia, Poder, Agallas e Inteligencia. Todo cuidando además que no se lesione, se muera de cansancio o que no se bajonee. Todo gaucho de ley sabe que cada tanto hay que llevar al karaoke a su percherón para que galope con confianza. Cada cierta cantidad de turnos debemos correr una carrera en la que tenemos que clasificar en algún puesto determinado para poder seguir. Todo esto, dicho sea de paso, presentado como una visual novel en la que hablamos con nuestra chica-caballo y elegimos algunas opciones de diálogo para motivarla, aconsejarla o resolver conflictos con otras chicas-caballo. Además de la entrenada en cuestión, cada vez que iniciamos una run elegimos una serie de cartas de evento que aleatoriamente van a definir qué le pasa a esa corredora durante los 3 años que la entrenemos.

Si para este punto el juego ya estaba medio complejo, el factor que destaca a Uma Musume de otros gachas es que cada chica-caballo que entrenemos, una vez finalice su carrera, va a inscribir su leyenda en la historia de nuestro equipo de entrenamiento y podrá inspirar a futuras corredoras en su performance. Así que cada vez que comenzamos una run elegimos el legado de dos personajes que ya entrenamos para que le pasen algunas de sus stats a las nuevas, así que el juego también se vuelve una serie de roguelite con tintes de crianza en el que cada nueva carrera con una chica caballo se planta sobre los legados que dejaron sus predecesoras. De más está decir que hay guías completas sobre cómo hacer esto de la manera óptima y la eugenesia es tan frecuente como con los caballos de las carreras reales.
Esta fórmula convirtió al juego en un éxito imparable en Japón desde su salida en 2021 y, curiosamente, también se confirmó en su salida internacional en junio del año pasado. Esta fiebre por las chicas caballos culminó a fines del año pasado cuando Uma Musume ganó el GOTY al mejor juego móvil en los Game Awards 2025. Actualmente, además de estar en los stores de iOS y Google Play, el juego también se puede jugar en Steam.
Todas las locuras
Sin embargo, quizás el impacto más fuerte de Uma Musume no sea el de los juegos o los animé, sino el efecto que está generando en Japón y ahora alrededor del mundo respecto a las carreras de caballos. Los hipódromos empiezan a verse nuevamente repletos de gente y el visionado de carreras por streaming ha ido subiendo en los últimos años. Este fenómeno se vio impulsado por Cygames, que empezó a publicitar en derbies japoneses y estadounidenses para promocionar su juego, pero también ahora son los propios hipódromos quienes lo estimulan. En todo Asia se dio una seguidilla de carreras de cosplayers en las pistas de verdad, que se viralizaron y repitieron hasta llegar inclusive a nuestro continente: en Perú se realizó la primera carrera de cosplayers de Uma Musume el pasado 27 de febrero y les aseguro que no falta nada para que tengan lugar en el Hipódromo de Palermo.

Eso no es nada, los propios caballos que aparecen en el juego, ya retirados, pero todavía vivos y coleando, son objeto de adoración por parte de los fans. Recientemente se viralizaron las pésimas condiciones en las que vivía el purasangre Meisho Doto y mediante una campaña organizada por fans se colectaron 600.000 dólares para destinar a su cuidado. Hace poco también falleció la yegua Haru Urara, un verdadero ícono de su tiempo por su mal humor y su pésima performance (perdió todas las carreras en la que participó y se creía que sus boletos daban buena suerte). Los mensajes de despedida llegaron de todas partes del mundo.
El 2026 es el año del caballo y todo parece indicar que la fiebre de las carreras recién está comenzando. En Argentina, el turf supo ser una pasión de multitudes, aunque para nuestra generación perteneció al campo semántico de la voz áspera de pucho y la caña Legui. ¿Volverá a transformarse en una pasión criolla de la mano de los otakus?

