El 2007 fue un momento bisagra en nuestra historia reciente: Steve Jobs presentó el iPhone, motivo por el cual, al año siguiente, Google lanzó la primera versión de Android. A partir de ahí, fue total la supremacía de los ecosistemas mobile, con su lógica de extracción de datos basada en la creación de perfiles comerciales y aplicaciones peleando constantemente por la atención en la pantalla. Tan rápidamente sucedieron esos cambios, y tan profundos fueron, que todas las sociedades en todo el mundo naturalizaron completamente estas prácticas que, extrapoladas a otros ámbitos o consumos, serían intolerables.
Parte de estas cuestiones vienen motivando los debates en torno a la soberanía cognitiva. Porque, si constantemente las pantallas mobile están incidiendo en nuestra psiquis, ¿no deberíamos pensar en formas de luchar contra eso? Si siempre existió una contracultura, en cualquier aspecto de la vida, ¿por qué no plantear una manera distinta de vivir en estos ecosistemas mobile?
El nacimiento de una alternativa
"Creemos que el ecosistema actual de aplicaciones de redes sociales, impulsado por la explotación de datos y la curación algorítmica, puede ser dañino. Esto es especialmente preocupante para los usuarios jóvenes, que aún están desarrollando su sentido del criterio. Cuando los algoritmos moldean su visión del mundo desde una edad temprana, la influencia no solo es persuasiva, sino formativa. El mundo no necesita otra herramienta que alimente la inseguridad humana solo para convertir a las personas en productos. Nuestra visión es que los usuarios mantengan el control de su información y estén empoderados para salir de las cámaras de eco definidas por algoritmos, para continuar desarrollando sus propias opiniones y puntos de vista."
La declaración es de Gaël Duval, un histórico desarrollador de software libre, mundialmente conocido por crear la distribución Mandrake Linux, una de las primeras distros out-of-the-box, muy popular en nuestro país durante los primeros años de los 2000. Actualmente, Gaël es el CEO de /e/OS, un proyecto que desarrolla un Android libre de Google (o degoogleado) que, de todas maneras, permite seguir estando dentro de dicho ecosistema.
"Alrededor de 2017 me di cuenta de que los teléfonos inteligentes convencionales se habían enredado profundamente con los modelos de negocio basados en la vigilancia de las Grandes Tecnológicas. Un smartphone debería ser solo una herramienta para mantenerse en contacto con quienes amas –no una herramienta que los reemplace. Me sentía incómodo con los datos que se recopilaban y utilizaban sin una transparencia o control significativos. Faltaba un ecosistema móvil funcional y fácil de usar que respetara la privacidad por diseño. Eso llevó a la creación de /e/OS: un sistema operativo móvil que elimina los mecanismos de seguimiento de Google. Su objetivo es combinar la soberanía digital con la usabilidad, devolviendo a los usuarios el control sobre sus datos sin sacrificar la conveniencia", explica vía mail Gaël.
Las dificultades en torno a este tema corren por muchos lugares. Por un lado, una sensación de apatía generalizada y denuncia sistemática pero sin acción ni imaginación al respecto. Por el otro, lo ya mencionado: la naturalización y aceptación sin tapujos de un sistema dominado por oligarcas del cómputo. "Muchos usuarios convencionales no comprenden (o subestiman) la seriedad de la vigilancia digital. Algunos incluso descartan nuestras preocupaciones como paranoia, cuando, de hecho, el problema es muy real. Por otro lado, la gente tiene más poder del que cree. Eso significa educarnos sobre cómo funcionan estos sistemas, entender lo que está en juego con nuestros datos y compartir ese conocimiento con amigos, familiares y nuestras comunidades. La educación es la clave para el empoderamiento."
Así como el feminismo y otros movimientos políticos-sociales pudieron movilizar cambios drásticos y rápidos, algo similar debería suceder con estas cuestiones. Debido a la lógica globalista que aplica a estos ecosistemas, resulta muy difícil coordinar acciones, pero no es imposible. Si Brasil pudo obligar a Twitter a entregar datos, si la UE pudo configurar una legislación sobre los datos digitales, ¿por qué no es posible imaginar un mundo donde se le ponga freno a los oligarcas del cómputo? "Necesitamos presionar a los gobiernos. No es suficiente hablar de independencia de los gigantes tecnológicos mientras se sigue dependiendo de ellos para la infraestructura digital esencial. Un cambio real significa una inversión real en alternativas independientes y centradas en la privacidad", sentencia Gaël.

No todo está perdido
Cuando uno intenta hablar de estas temáticas con distintas personas, parecería ser que, a priori, a nadie le importa. Peor aún: nadie imagina posibles salidas. El video publicado por Ofelia Fernández es esclarecedor y, al ser referente con mucha llegada, pone el tema en discusión. El problema no está en el smartphone ni en la tecnología, sino en el modelo de negocio de extracción de datos y algoritmos. "Los usuarios están cada vez más cansados de los algoritmos manipuladores. Cada vez más personas los comprenden y no quieren este tipo de manipulación. Las grandes plataformas aún dependen de la atención y la extracción de datos, pero plataformas como Mastodon o Bluesky demuestran que se pueden tener redes sin algoritmos, e incluso el modelo descentralizado de Mastodon permite a los usuarios elegir o incluso alojar sus propios servidores. El cambio no es una cuestión de si, sino de cuándo."
Dicho de esta manera, resulta tal vez demasiado optimista, pero Duval tiene un punto y es su experiencia personal. Cuando lanzó Mandrake Linux, no había nada tan fácil de instalar y accesible para el usuario que quería ingresar al mundo Linux. Fue la puerta de entrada de miles de personas a Linux. Años después llegarían un montón de otras distribuciones más, que replicarían y mejorarían esa idea.
Cuando aportamos en pos de una construcción comunitaria, en favor de tecnologías sustentables y amigables con los usuarios, obviamente que la visión de una posible mejoría se refuerza. En cierto sentido, parte de nuestra labor tiene que ser seguir propiciando estos debates y mostrando que se puede vivir por fuera de todo ese mundo de completa vigilancia, manipulación de los pensamientos y destrucción de la psiquis humana. No basta con quedarnos con enunciados rimbombantes, con críticas cínicas o apáticas, y escribir ingentes cantidades de teoría: se necesitan acciones concretas, reales, militancia dura y pura en torno a estos problemas.
Las dificultades
Todo el ecosistema de smartphones está pensado para ser utilizado prácticamente en exclusividad bajo los servicios de Google o iOS: desde aplicaciones del Estado, bancarias, pasando por las apps de las prepagas de salud y un montón de ejemplos más. El celular, pese a ser una computadora de mano, lejos está de ser como una computadora, donde uno tiene control sobre las aplicaciones que utiliza. "Garantizar la compatibilidad de aplicaciones móviles con /e/OS puede ser un desafío en un ecosistema móvil dominado por solo dos grandes editores de sistemas operativos. Sus estándares cerrados dificultan que otros actores del campo de los OS logren una interoperabilidad completa. Aun así, más personas comprenden ahora que tener otras opciones más éticas, fuera del duopolio Big Tech, es esencial para un futuro digital más saludable."
A la fecha, migrar a otro Android como /e/OS es posible, ya que mayormente las aplicaciones esenciales funcionan sin problemas. Las dificultades están en el proceso de instalación de otro sistema, debido a las trabas que imponen tanto los fabricantes de celulares como los distribuidores de software. Pero eso es cuestión de tiempo: hace 25 años era una odisea instalar Linux en una PC, hoy es click, click, click. Una situación análoga sucederá con los smartphones.
Esta dificultad implica que nadie piense en la posibilidad de switchear de sistema operativo en el teléfono, lo cual es una de las patas del problema. Los ecosistemas de Android o iOS están hechos específicamente para extraer información, son la columna vertebral del extractivismo digital y ningún fabricante –ni mucho menos Google– quiere que los usuarios puedan cambiar su sistema por uno más respetuoso: "El usuario promedio empieza a cuestionar la privacidad, las prácticas monopólicas y la falta de opciones. Cuando la gente descubre que existen alternativas como /e/OS, Google corre el riesgo de perder su dominio del mercado. De hecho, los movimientos recientes de Google para restringir el Android Open Source Project no se tratan solo de control técnico, sino también de mantener su dominio en un paisaje político y tecnológico cambiante."

El futuro
Todos estos cambios que estamos vivenciando hace al menos 15 años comenzaron a ser estudiados y denunciados por las comunidades de software libre apenas surgieron. Primero fuimos quienes nos preocupamos por la privacidad y los datos quienes pusimos el grito en el cielo, pero nunca pudimos salir de nuestros nichos de gordos linuxeros. La pandemia vino a mostrar cómo los jóvenes están completamente reventados por el ecosistema de redes sociales. Si a esto le sumamos escándalos como el de Cambridge Analytica, no hace falta demasiado análisis para entender que algo funciona muy mal y a nadie parece importarle.
Pero quienes tenemos un par de años más y vivimos varias cosas en Internet, sabemos muy bien que todo es muy cambiante. El problema es claro: el mercado de la atención es el que hoy más guita da, pero en unos años puede no ser tan redituable y comenzar una caída. Mientras tanto, todo esto sigue siendo un problema grave, y pensar alternativas debe ser un imperativo social.
"La historia demuestra que ningún imperio tecnológico dura para siempre. En la próxima década, creo que veremos un cambio fundamental hacia la apertura y la soberanía del usuario en la tecnología móvil. Este cambio será impulsado por una combinación de dinámicas políticas y una creciente conciencia global. Una de las fuerzas paradójicas del entorno digital actual es que, aunque la desinformación puede difundirse rápidamente, el acceso a información valiosa y confiable también es más común que nunca. Este cambio no vendrá de una sola compañía o gobierno, sino de la acción colectiva. El futuro móvil no está predeterminado; nos corresponde a nosotros construirlo."