Bajo las condiciones de la memoria digital, es la pérdida misma la que se ha perdido. (Mark Fisher, Los fantasmas de mi vida, "La lenta cancelación del futuro")
Villa Epecuén, ubicada en Adolfo Alsina, provincia de Buenos Aires, fue uno de los destinos más populares para vacacionar entre 1920 y 1970. Tenía una población de 1200 personas, además de los miles de turistas que la visitaban en verano. Se decía que sus aguas termales eran "milagrosas" y curaban cualquier enfermedad. Pero en 1985, una inundación desbordó el lago y sumergió al pueblo completamente bajo el agua. Toda la población tuvo que ser evacuada. Treinta años más tarde, cuando por fin se retiró el agua, resurgieron los edificios en ruinas. Esos restos se convirtieron por sí mismos en un atractivo turístico. La gente hoy va a visitar ese paisaje desolado, a sacar fotos de las casas destruidas.
Solo un habitante, Pablo Novak, permaneció en el pueblo. Novak pasó 33 años viviendo en diferentes ranchos alrededor de Epecuén, custodiando los restos. "Estoy en este lugar simplemente porque me hace feliz", decía. Estuvo ahí hasta su muerte a los 93 años, tras lo cual Villa Epecuén quedó declarada oficialmente como pueblo desierto.
Villa Epecuén no es el primer ni último pueblo fantasma. Abundan los lugares abandonados después de crisis económicas, bélicas o ambientales. En todos estos casos, sus habitantes se ven obligados a mudarse y dejar atrás todo lo que conocen. Pero siempre está el llamado a volver. Aun cuando las condiciones se hayan alterado para siempre.
El mismo aire espectral y abandonado se puede encontrar en algunos espacios virtuales que hoy quedaron en desuso. En los últimos años, se cerraron plataformas como MSN o Fotolog. MySpace, que nació en 2003 y fue después eclipsado por Facebook, hoy solo tiene acceso de lectura, no puede publicarse nada nuevo, y la mayoría de sus imágenes y canciones son enlaces rotos.
El foro de mi secundario
Hay un lugar particular que solía visitar cuando era chica. El foro de mi secundario era un espacio que reunía gente de diferentes años, e incluso algunas personas que ni siquiera iban ya al colegio. Cuando se sumaba algún usuario, se presentaba ante el foro y le daban la bienvenida como si fuera un vecino nuevo. En contraste con la socialización adolescente del mundo real, parecía ser un lugar más protegido y contenedor. Era una conversación abierta sobre el tema del que quisieras hablar.

Esa página ya no existe. Las capturas que encontré hoy fueron tomadas de Wayback Machine, una web cuyo propósito es ser un reservorio de la internet del pasado. Los bots de Wayback Machine "scrapean" la internet: entran a cada link y guardan capturas de lo que encuentran. Así es como todavía conserva imágenes de muchas webs hoy inactivas. Recorrer ese archivo se siente como pasear por un cementerio.
Entro a una de las últimas capturas de Wayback Machine. Es del hilo Presentaciones, y tiene dos comentarios solitarios de 2014:

De 2014, también sobreviven los últimos hilos creados: "El olvido" y "De cómo hacemos para que vuelvan los usuarios históricos".



El último mensaje, de junio de 2015, me hace pensar en un mundo posapocalíptico, donde un solitario sobreviviente lanza un mensaje de radio en medio de la estática. O el único habitante de un pueblo fantasma, que de a poco va quedando vacío.

Fantasma se nace
Así como hay plataformas que fueron gradualmente muriendo, hay otras que nacieron siendo pueblos fantasma. En 2021, la empresa Facebook se renombró a Meta y lanzó lo que ellos consideraban su apuesta al futuro: el metaverso. El "metaverso" no era un término nuevo, sino uno acuñado en 1992 con la novela Snow Crash, de Neal Stephenson, en referencia a un mundo virtual ficticio y colectivo al que se conectan los personajes. De esa novela también surgió la palabra "avatar", para hablar de las imágenes que proyectaban los usuarios en la virtualidad.
El concepto de metaverso nacido en la literatura tuvo más vida que el metaverso real impulsado por Mark Zuckerberg, que nunca logró despegar en un contexto pospandemia, donde la gente prefería salir a la calle en vez de ponerse unos lentes incómodos para sumergirse en una realidad virtual todavía aparatosa y torpe. Hoy los espacios que se vendieron como el futuro están vacíos. Si descargás un juego de realidad virtual, lo más probable es que encuentres salas llenas de bots y ni una persona.
El título de la novela, Snow Crash, se refiere a la estática que se ve en un monitor que no funciona. Está inspirado a su vez en la primera frase de otra novela de ciencia ficción, Neuromancer, de William Gibson (1984), pionera del cyberpunk: "El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisión sintonizada en un canal muerto". De la novela de Gibson surgieron otros términos claves del imaginario moderno en torno a la virtualidad, como matrix o ciberespacio, mucho antes de que existieran las tecnologías que nos acercaran a esas realidades. La literatura anticipó las posibilidades y los peligros de la virtualidad.
A principios de los 2000, antes del metaverso de Meta, también surgieron plataformas online de rol como Second Life, que se lanzó en 2003 y llegó a tener más de un millón de usuarios activos en 2013. Ahí no hay un objetivo concreto más que la exploración del mundo, la interacción con otros y la creación e intercambio de bienes virtuales dentro de la plataforma. Aunque declinó el número de usuarios, Second Life sigue usándose hasta hoy.
Otro es el caso de there.com, un juego también lanzado en 2003 y similar a Second Life pero que no logró tener éxito, cerró temporalmente en 2010 y reabrió en 2012 con suscripción paga. Desde entonces, perdió casi todos sus usuarios.
En 2025, un youtuber llamado Globert hizo un video donde se proponía "revivir" el juego abandonado. Globert recorre la plataforma que, en principio, cree vacía, pero descubre que todavía hay un grupo de usuarios fieles. Quedan menos de cien y suelen encontrarse solo para ciertos eventos. Hay un espíritu de comunidad ahí adentro, en ese mundo donde la mayoría de lo que hay fue creado por sus propios miembros. Se regalan dragones para volar juntos por los mapas o comparten las coordenadas específicas donde se pueden ver mejor las estrellas en el juego. Una usuaria le explica a Globert: "Sabemos lo viejo y decrépito que es. Todos los que estaban acá se fueron a alguna parte, muchos se fueron a Second Life y a otros lugares, pero cuando hables con ellos vas a descubrir que extrañan esto, que nunca encontraron otro lugar como este".
El alcance que tuvo el video de Globert sobre there.com hizo que muchos se acercaran de vuelta o por primera vez al juego. La mayoría de los comentarios del video hablan con nostalgia de una época dorada de internet que parecía ser más comunitaria.

Mark Fisher, en su libro Los fantasmas de mi vida, explica que, en términos de Freud, tanto el duelo como la melancolía tienen que ver con la pérdida: "Pero mientras que el duelo es la lenta y dolorosa retirada de la libido del objeto perdido, en la melancolía la libido aparece unida a lo que ha desaparecido".
Hoy me busco entre las capturas del foro, pero no me encuentro. Solo hay ecos de otras personas que conocí. Una de ellas es Kimjoy, que en mi cabeza quedó inmortalizado por su usuario en vez de por su nombre real. Con él compartí miles de charlas por MSN y en el foro durante unos meses de verano, pero muy pocas palabras en la vida real. Teníamos catorce años, una edad confusa. Yo usaba de avatar una foto de Björk; Kimjoy, una imagen de Anna, un personaje del anime Shaman King. A veces me llamaba con ese nombre, "Anna", que de algún modo era también el suyo. Decía que ella y yo nos parecíamos. Esos nombres e imágenes que usábamos en el foro eran otra versión de nosotros mismos, paralela a la cotidiana, pero no por eso menos genuina.
Dice Fisher: "La hauntología puede ser construida entonces como un duelo fallido. Se trata de negarse a dejar ir al fantasma o –lo que a veces es lo mismo– de la negación al fantasma a abandonarnos". Mientras abro una a una las capturas de Wayback Machine, pienso en fantasmas.
¿Dónde se almacenan los fantasmas de la memoria?
¿De dónde habrá surgido la idea de que las personas podían comunicarse mediante cartas? Podemos pensar en una persona lejana, podemos aferrarnos a una persona cercana, todo lo demás queda más allá de las fuerzas humanas. (Franz Kafka, Cartas a Milena)
Hoy la gente que abandona una comunidad virtual queda inmortalizada en sus huellas, que nunca se borran del todo. En vez de tumbas y casas abandonadas, quedan comentarios y fotos viejas que sobreviven en los rincones de internet, fantasmas digitales. En internet encontramos un pasado incompleto y fragmentado. Las capturas de Wayback Machine son azarosas y parciales, lo que guardamos en nuestros discos rígidos puede romperse, nuestras memorias de almacenamiento pueden llenarse. Nunca puede guardarse todo.
El archivo perfecto (si fuese posible) sería inhumano y, además, esa información no equivaldría necesariamente a mayor conocimiento. La ausencia es constitutiva de la existencia, le da sentido a lo que permanece.
En su libro En el enjambre, Byung-Chul Han explica que los fantasmas que intuía Kafka en la comunicación epistolar hoy se multiplicaron: Internet, smartphones, redes sociales y otros dispositivos son su nueva encarnación, más voraces y ruidosos. La comunicación digital no solo libera al mensaje de su emisor: lo convierte en algo que circula sin cuerpo, sin contexto y sin destino fijo, una materia espectral que se replica a sí misma.
En un capítulo de Black Mirror, "The Entire History of You", se presenta una realidad alternativa (pero no tan lejana), donde la mayoría de la gente tiene implantado un dispositivo electrónico que graba todo lo que hacen, ven y oyen. Pueden revisar y reproducir esa memoria ante sus propios ojos o proyectarla en una pantalla para otros. El protagonista del capítulo, ante una sospecha de infidelidad, se obsesiona con consultar obsesivamente su memoria. Pasa más y más tiempo analizando esos recuerdos almacenados y menos tiempo viviendo cosas nuevas, consumido por ese registro minucioso de su pasado. La idea de perder un historial (una recopilación de nuestras huellas) siempre conlleva una dosis de angustia. ¿Qué pasa si necesito volver a él algún día y ya no está ahí?
Cuando terminaron las vacaciones y volvimos a clase, el ritmo de mensajes que nos mandábamos con Kimjoy bajó cada vez más. Hubo algo del regreso a lo presencial que dejó en segundo plano ese vínculo. También presentí algo en sus últimos mensajes, una sensación de angustia y urgencia, que me alejaron. Nos encontramos una vez en persona, en los pasillos entre turnos, y me entregó como una suerte de despedida un recuerdo de ese verano: un ejemplar ilustrado de Alicia en el País de las Maravillas, su collar y un pendrive que almacenaba todas las conversaciones que habíamos tenido por MSN. Me dijo que las cosas no andaban bien en su casa, que me quedara con eso por si no nos veíamos más. No hablamos más después de ese día. Hoy el pendrive se perdió y MSN ya no existe más. No hay forma de volver atrás y revisar qué nos dijimos, si mis recuerdos son correctos, si las cosas realmente fueron así.
Lo digital no muere: queda suspendido, esperando ser reactivado. Nada desaparece del todo. Pensemos en cuántos usuarios de Facebook sobreviven todavía en la plataforma después de muertos, con sus perfiles expuestos al público como mausoleos en los que aún se pueden dejar mensajes. La importancia del espectro, como dice Fisher, es que, sin estar completamente presente, actúa aún sobre nosotros.
En el video “A Mysterious YouTube Commenter: picsmics4”, el youtuber ShaiiValley rescata un fenómeno que se dio en los comentarios de un video de 2008 donde alguien tocaba una canción del juego Rock Band. Era un video personal, prácticamente sin visitas. Excepto por un usuario, picsmics4, que dejó más de cien comentarios en el lapso de 15 años. Lo que al principio era solo un entusiasmo repetido por el video terminó convirtiéndose en una especie de diario público accidental: un ancla emocional a la que picsmics4 volvía una y otra vez. Recién cuando el video se viralizó gracias a un posteo de Reddit, la gente descubrió esa conversación que picsmics4 había sostenido consigo mismo durante años.


Casi quince años después del primer comentario, picsmics4 escribe: "Uno de los mejores recuerdos que tengo es de jugar a Rock Band con mis amigos. Dudo que jamás vuelva a sentir la misma despreocupación en mi vida, pero este video me devuelve a los buenos tiempos". Más adelante, cuando se dio a conocer el caso, explicó que miraba ese video cuando no podía dormir y dejaba sus comentarios como ecos en el vacío: había algo reconfortante en que la única respuesta fuera una canción familiar.
Wendy Hui Kyong Chun, en su texto "The Enduring Ephemeral, or The Future Is a Memory", sostiene que la memoria es un proceso activo, no estático. Ni la memoria equivale a almacenamiento, ni la información equivale a significado. Para evitar que la memoria se mueva o desaparezca hace falta conservarla: hay que revisitarla para mantenerla viva.
Identidad virtual: comunidad y performance
Again, the Shakespeare paraphrase comes to mind: we are "consumed with that which we were nourished by". (Sherry Turkle, Alone Together: Why We Expect More from Technology and Less from Each Other)
La virtualidad permite trascender la identidad dada. Es un lugar donde se puede experimentar casi sin riesgos, detrás del anonimato, como si fuera un simulacro constante. Permite construir nuestro yo ideal, sin limitaciones físicas y materiales, amoldar nuestra imagen y voz, ir más allá de los confines de un cuerpo.
En Alone Together: Why We Expect More from Technology and Less from Each Other (2011), Sherry Turkle habla de los juegos de rol online y dice que la performance detrás de un avatar también pone en el centro de una nueva comunidad de pertenencia: "No es inusual que las personas se sientan más cómodas en un lugar irreal que en uno real, porque sienten que en la simulación muestran su mejor (y tal vez más auténtico) yo".
Los usuarios de los foros no suelen tener una foto propia, ni sus nombres reales. Hay una customización de la identidad que pasa por la selección precisa de referentes que delimitan gustos e intereses: guiños a películas, series, música, hobbies. Se creaban banners personalizados con imágenes o citas. En el MSN también agregabas tu "estado": frases crípticas para generar misterio, letras de canciones.
La performance digital tiene la seguridad de la distancia, de no poner el cuerpo, y a la vez nos desnuda. Nos animamos a exhibir cosas que no mostraríamos en persona, nos atrevemos a tener un estilo y una presencia que nunca expondríamos en la calle, como un conjunto de ropa que nos fascina y que, a la vez, nos resulta demasiado arriesgado.
Según Libertad Borda, en los foros de fans (pero también podemos aplicarlo a cualquier tipo de foro) se maneja una teoría de reciprocidad generalizada. La reciprocidad generalizada es una donde se da sin esperar nada a cambio. A diferencia de la reciprocidad equilibrada, donde se intercambian bienes equivalentes, y la reciprocidad negativa, donde solo se recibe sin ofrecer retribución, en un espacio de reciprocidad generalizada no se exige la participación de sus miembros para acceder a los beneficios comunitarios.
En un foro, hay un gran nivel de tolerancia para la reciprocidad negativa. En general, cualquiera puede entrar como lurker y espiar sus contenidos, sin contribuir de ninguna forma. No se exige pagar algo para ser parte. Y, a pesar de eso, la mayoría de sus miembros se hacen regalos entre sí: instrucciones, consejos, ilustraciones que se agradecen y que quedan a disposición de todos. En vez de acumularse individualmente, hay una redistribución inmediata: la misma dinámica que descubre Globert entre los miembros de there.com.
Hoy quedan pocos espacios así en medio de la hostilidad digital. Tal vez lo más similar a aquellos foros son las plataformas como Reddit o Discord, donde todavía persiste algo del ideal comunitario. Pero esos nichos conviven con redes sociales mucho más masivas, como Instagram, Twitter o Facebook. La expansión de las redes corre en paralelo a la del público de Internet, que antes era más marginal. Este crecimiento, como el de las grandes ciudades, dio lugar a la impunidad del anonimato: no conocemos a nuestros vecinos y navegamos invisibles entre las multitudes, de modo que nuestras acciones y palabras parecen no tener consecuencias. También cambió la creación de nuestras identidades virtuales: hoy, en lugar del avatar, predomina la selfie como proyección del yo digital.
En la serie documental How To with John Wilson, John Wilson investiga preguntas aparentemente banales para ver a dónde lo llevan. En el capítulo "How To Remember Your Dreams", termina en una tienda de cómics junto a un miembro de un club de fans de Avatar, la película de James Cameron. Este grupo se conoció en una página web dedicada a la película, que narra la historia de un hombre que vive aventuras y se enamora gracias a una máquina que lo libera de su cuerpo en silla de ruedas y lo proyecta en un avatar. Cuando John Wilson asiste a una de las reuniones de fans, se encuentra con un grupo de misfits: personas que lidian con discapacidad, depresión y una sensación persistente de no encajar, y que encontraron en ese fandom un lugar de pertenencia. Entre ellos persiste el impulso de cuidarse mutuamente.
Cuando encontramos un espacio familiar y contenedor, no queremos soltarlo. La mirada nostálgica hacia la Internet del pasado expresa un deseo de resucitarla como un lugar de posibilidades. Es un llamado a volver a nuestros pueblos fantasmas.
Durante la pandemia, cuando las calles se vaciaron y la gente se acostumbró a ver el mundo a través de pantallas, se suicidó Kimjoy. Me enteré por un posteo en Instagram: una amiga en común subió una foto suya con un texto que hablaba de su muerte sin dar detalles. Le escribí y me contó: estaba deprimido desde hacía tiempo, pero la pandemia terminó de empeorar todo. Tenía 27 años. Cuando murió, me di cuenta del peso que tenía en mi cabeza: ¿cómo podía pesar tanto algo tan ínfimo, apenas unos GB almacenados en un pendrive perdido?
Cuando empecé a escribir este texto sobre ruinas y nostalgia, mientras exploraba Wayback Machine, me encontré por casualidad con un posteo suyo. Era un hilo de 2013, donde Kimjoy explicaba, entre otras cosas, por qué el foro había cerrado en 2012, antes de reabrir al año siguiente. Con la reapertura, él había asumido el rol de administrador. En ese posteo, descubrí que él ya había formulado con sus propias palabras lo que yo buscaba expresar sobre el tema.


En 2015, el foro cerró definitivamente. Solo quedaron sus restos, en forma de capturas. Tal vez los últimos sobrevivientes se cansaron. Quizás su dueño dijo "basta" y los obligó a irse.
Intento imaginar el último día que pasé ahí, pero no puedo acordarme. No sé qué hilos vi, qué comentarios leí, cuáles fueron mis últimas palabras. Me pregunto si los demás se acordarán cómo fue esa despedida. ¿Cómo se suelta el lugar que te dio tu nombre? ¿Y qué se hace con su fantasma?