La Cybernetic Culture Research Unit (CCRU) se formó alrededor de 1995 dentro del Departamento de Filosofía de la Universidad de Warwick, Reino Unido, bajo la influencia de Nick Land, Sadie Plant y Mark Fisher. Desde allí se convirtió en el órgano oficial de un movimiento que marcaría el pensamiento de las décadas siguientes, primero en forma subterránea y subrepticia. Luego, ya con el advenimiento de internet y la cultura globalizada, alcanzaría una notoriedad nada despreciable, contaminando con sus ideas la cultura contemporánea. En la segunda década del segundo milenio el aceleracionismo se convirtió en una forma de escribir filosofía, en una moda editorial y en meme.

El impacto de esta organización anárquica y sus elucubraciones filosóficas y pseudo filosóficas puede ser apreciada en su total magnitud recién ahora que los conceptos ahí elaborados forman parte de la vida cotidiana. El gran responsable detrás de esta invasión cognitiva descentralizada es Nick Land, a quién le dedicaremos las próximas cuatro mil palabras.
Para evitar el tedio, vamos a partir el artículo a la mitad. Esta es la primera parte. La segunda se publicará este lunes 8/9. Pero las dos conforman un mismo corpus.
El antecedente: Mark Fisher como fenómeno editorial argentino
Esta historia comienza, en castellano, con la introducción de tres textos claves de la mano de Caja Negra en el espacio editorial argentino. Entre 2016 y 2017, la editorial publicó Después de la finitud, de Quentin Meillassoux; la recopilación Aceleracionismo; y Los fantasmas de mi vida, de Mark Fisher. Con esa triple operación y el éxito de circulación de esos textos en la cuenca del plata, la editorial se garantizó de paso la circulación del memeplex aceleracionista en Argentina. Y, con ello, un público cautivo para sus libros. Chapeau.
La introducción de Mark Fisher al meme pool argentino trajo consigo una serie de reflexiones que se volvieron parte del sentido común de los intelectuales de izquierda entre 2017 e inicios de la pandemia. Y consolidó la máxima fundamental que popularizó la filosofía del autor : "El capitalismo capturó la imaginación del futuro en un eterno presente condenado a repetir constantemente el imaginario del pasado".
Ese mantra que se volvió vox populi dentro de la crítica argentina, las reseñas y el pensamiento especulativo de internet, es producto del ingenio para nada despreciable de Mark Fisher, con el cual yo, particularmente, nunca tuve ningún tipo de simpatía. Nunca me llevé muy bien con filósofos suicidas. Más allá de la simpatía del aura asfixiante y sin salida de ese tipo de obra, es manifestación de una insatisfacción constitutiva incompatible con el hecho de estar vivo.
Entiendo la visión pesimista, la crítica al capitalismo, pero los proyectos de autodestrucción personal personalmente no me interesan. Así y todo, Fisher tiene muchas cosas rescatables si se lee con ganas. Destaco de esa forma de ver el mundo el concepto de hauntología, que es interesante y permea gran parte de su obra. Fisher toma el concepto de Derrida y lo aplica a la cultura pop, donde señala una "melancolía cultural" en la que seguimos reciclando formas del pasado porque hemos perdido la capacidad de imaginar futuros radicalmente distintos.
Para mí, que venía de leer Retromanía, del crítico Simon Reynolds (que también publicó Caja Negra), me parecía un concepto al cual por lo menos había que prestarle atención, más allá de si estaba de acuerdo o no con su diagnóstico. Puntualmente porque la cultura pop de la década del 2010 fue un gran refrito de épocas anteriores –pienso en Marvel Studios y su impacto general– y Fisher supo capturar ese mecanismo, para extrapolarlo en una condición fundamental del presente.
Para Fisher, el futuro está obturado por completo por el pensamiento capitalista, que sólo puede repetir lo ya pensado y convertir la cultura en una máquina de extracción de dinero a partir de la explotación de la nostalgia. Nostalgia por un mundo perdido pero también por un futuro que nunca va a suceder en tanto estamos atrapados en una repetición constante del presente.
Mi llegada bastante tardía a Fisher (creo que en 2019-2020) sería el material base para meterme en lo que por entonces se llamaba "aceleracionismo". Concepto que hoy. junto con otros primos cercanos como el de "ilustración oscura", me dan más vergüenza ajena que otra cosa. No por los planteos en sí sino por la popularización del concepto, que lo vació por completo y lo redujo a su expresión más básica. Muerto por saturación.
Cómo sea, el rodeo a la filosofía de Fisher tiene que ver con que detrás de esa moda cultural-editorial esperaba sentado Nick Land: el apóstol del caos, el pensador del anti humanismo, el terrorista cognitivo, el discípulo de la máquina deseante.
Bitcoin como colectora para entrar a Nick Land
Mi encuentro con el pensamiento de Nick Land se da en un momento de cambio y curiosidad muy fuerte en mi vida. Corría 2018 y yo venía de un cambio de trabajo importante, después de varios años en el mismo lugar: una situación que se había vuelto totalmente repetitiva y que me generaba frustración, pero de la que no podía salir. La vida.
A principios de 2018 entré a trabajar en Ripio como "editor de contenido". En menos de un año había cambiado del trabajo más aburrido y repetitivo del planeta a estar en una startup cuya principal fuente de ingresos era la compra-venta de Bitcoin. Me sentía en la vanguardia de las cosas. Mi trabajo consistía en traducir ese universo para la mayor audiencia posible y, así, conseguir nuevos clientes. Era el trade-off por vivir de escribir. Era la primera vez que iba a vivir de escribir en internet. Algo que en mi cabeza siempre había pertenecido al universo de lo imposible.
Como adicional me tocaba leer y aprender de una tecnología que en ese momento todavía se vendía cómo "revolucionaria". Ese año entero mi trabajo consistió en meterme a fondo a entender Bitcoin y Ethereum, entender sus fundamentos si es que había, y tratar de traducir eso para el público no especializado. A mediados de 2019, en plena búsqueda de textos con cierta complejidad teórica, me topé con Crypto-Current: An Introduction to Bitcoin and Philosophy, de Land. El texto parecía sacado de una novela cyberpunk:
The cybernetic consistency of the Bitcoin protocol is simultaneously technological and economic—we might (and shall) continue to say "techonomic". Its achievement is inseparable from an orchestration of cryptographic procedures and financial incentives, such that exploitation of its economic opportunities automatically reinforces its technical operation.

Ya en un párrafo de este tipo podíamos intuir el tipo de arsenal teórico con el que el buen Nick contaba. Cultura cibernética, capacidad de inventar neologismos en base a yuxtaposición de conceptos, loops de retroalimentación, lecturas por derecha de Marx, ¿que más se podía pedir? Un texto no melancólico y no depresivo, sino técnicamente correcto que, además, era pro-capital. ¿Qué tipo de herejía era ésa? Pero sin dudas lo que sacó el último clavo del ataúd fue este párrafo, con su subsiguiente nota al pie:
§3.1 [..] Capital is essentially capitals, at war among themselves. It advances only through disintegration. If—not at all unreasonably—the basic vector of capital is identified with a tendency to social abandonment, what it abandons most originally is itself. That is why the left finds itself so commonly locked in a fight to defend what capital is from what it threatens to become.[..]
Nota al pie: Marx is not blind to any of this, although he tends to complacently bracket it as a self-destructive contradiction. The Communist Manifesto is especially stark in this regard. Continuous auto-liquidation of the establishment is modernity’s installed regulative idea. Recent history has only confirmed the insight. Capital revolutionizes harder, deeper, and faster than "the Revolution". Its lack of attachment to itself exceeds anything the left has been able to consistently match. Capital’s scandalous immortality is derived solely from its inventiveness in ways to kill itself. There is no serious way in which it could die that is not more intensely effectuated as a functional innovation within itself. Revolutionary capital proceeds through disintermediation.
A partir de estos párrafos sabía que me había encontrado con uno que le pegaba distinto. En apenas un párrafo y una nota al pie el tipo me daba una definición no sólo de cómo operaba Bitcoin, sino de todo el capital y su clásica dinámica de "destrucción creativa" pero en el mismo corazón reproductivo del sistema. Todo lo que la izquierda señalaba como peligroso y potencialmente destructivo no era más que un sistema de competencia y destrucción dentro del mismo capitalismo. Una máquina de asimilar la diferencia y la innovación, y de usarla para permanecer en el tiempo, cambiando todo lo que haya que cambiar menos el hecho de existir.
Para colmo, tenía la comprobación inmediata de la veracidad de esta información dado que yo trabajaba en una industria cuya finalidad era destruir el sistema financiero anterior y obsoleto para convertirlo en una máquina aún más perfecta, más eficiente y totalmente enraizada en circuitos cibernéticos. Podía ver, yendo de la cama al living, el proceso del dinero devenir software y el software devenir infraestructura global financiera y la capacidad de esfuerzo humano puesto en integrar ese universo al mundo financiero preexistente: canales de comunicación entre el sistema de pagos antiguo (los bancos), el crédito de consumo (las tarjetas) y los inversores tradicionales.
Fast Forward a 2025: Black Rock maneja uno de los fondos de inversión de Bitcoin más grandes del planeta. Land le ganó a Fisher por paliza.
Pasando revista al arsenal landiano

A partir de este descubrimiento de la potencia destructiva del pensamiento Landiano, no me quedó otra que profundizar en el pensamiento del tipo. Fundamentalmente porque es un acercamiento a un problema que me va a acompañar toda la vida: el capitalismo y su evolución. Es el problema político por definición. En segundo lugar, porque te saca de una posición netamente defensiva conservadora en la cual sólo se puede aspirar a "frenar el proceso"; es decir, devenir un loop de retroalimentación negativo. O, por lo menos, si asumís esa opción ya sabes cuál es tu tarea y cómo tenés que lograr la máxima eficiencia en ese tipo de sistemas.
Pero también porque es una lectura por fuera de la dicotomía tecno-optimista o tecno-pesimista. Es una superación de esa contradicción. No estoy en lo más mínimo de acuerdo con el proceso que describe Land o que intenta crear, pero son definiciones tan operativas que me permiten pensar escenarios realistas en torno a esos problemas. La pátina optimista de la tecnología también es un obstáculo epistémico. La ideología nativa de Silicon Valley, que es una especie de cruza entre Steve Jobs y Cris Morena, es una desgracia.
Por otro lado, la creencia de que la tecnología sólo destruye es una forma bastante sesgada de mirar el asunto, en tanto sea una parálisis del pensamiento y no una herramienta de acción política. ¿Querés hacer la del Unabomber? Te recontra respeto, pero estar en situación permanente de llanto –"Buuuaaa, la tecnología es mala"–, sin hacer absolutamente nada, es una posición de la que prefiero huir totalmente. Sí, el cibercapitalismo es una mierda, pero necesito entender cómo funciona si quiero sobrevivir al mundo que viene, que es a todas luces visiblemente más jodido, más complejo y más criminal que el que estamos dejando atrás.
Land no sólo retira la pátina tecno-optimista del capitalismo sino que también, en el proceso, se coje a peluche al voluntarismo naif transhumanista, cuyo origen no es ni más ni menos que la continuación del proyecto ilustrado y la filosofía Kantiana (algo asumido por el propio Nick Bostrom en el Manifiesto transhumanista). Land devela el origen terrorífico de la máquina de guerra que es el capitalismo, el ciber campamento de guerra nómada cuyo fin último es parasitar la Humanidad a máxima velocidad para lograr un escape de todo límite posible. La constitución netamente genocida del proyecto ilustrado.
Leer a Land es el equivalente de pasar de escuchar el Magical Mystery Tour de los Beatles, donde el rock es una fuerza de liberación progresiva y bienestar colorido, a Angel of Death de Slayer, que canta sobre Josef Mengele a máximo volumen y con un riff que no te va a soltar hasta matarte y tirarte en una zanja.
Pero el giro landiano se basa no en una crítica a este sistema-proyecto si no en una descripción y exaltación del mismo. De ahí el odio cosechado sistemáticamente por sus detractores. Land no es un humanista sino todo lo contrario. Es un apóstol del mecanismo más deshumanizante jamás creado por la propia humanidad. O tal vez se inventó a sí mismo en el futuro y desde allí invadió lo humano.
Para entender entonces el giro, tenemos que asir algunos de los conceptos o herramientas conceptuales que usó Land para desplegar esta estrategia de A) identificación con la naturaleza monstruosa e ingobernable del capitalismo B) convertirse en su más acérrimo acólito teórico.
Para ello vamos a tipificar algunos conceptos clave como hiperstición, loop de retroalimentación, máquina deseante, sistema de seguridad humano y toda otra caterva de conceptos que parecen salidos de una pantalla de alerta del cuartel general de Nerv.
Pero eso lo vamos a hacer en la segunda parte de este artículo.
Segunda Parte
Vamos a organizar esta segunda entrega sobre las ideas de Nick Land a partir de algunos conceptos clave. Eso debería dejarnos más cerca de entender este gran argumento sobre la supuesta trascendentalidad absoluta del capitalismo. Que, si bien podemos estar de acuerdo o no, tiene "algo" de cierto.
Sin ir mucho más lejos, otro filósofo contemporáneo, Byung-Chul Han, sostiene que en la sociedad de autoexplotados la reproducción de capital es el fin último (y, por lo tanto, trascendente) de toda sociedad contemporánea. Pero eso es material para otro artículo.
Antes de sumergirnos en la disección de los conceptos mencionados (hiperstición, loop de retroalimentación, máquina deseante, sistema de seguridad humano), tenemos que hacer un pequeño rodeo por algunas ideas del más hijo de puta de todos los filósofos que jamás pisaron la Tierra: Immanuel Kant.
Rechazo de las categorías kantianas
Kant, junto con Descartes y David Hume, es uno de los principales exponentes de la filosofía moderna. Pero además Kant fue un paladín de la Ilustración. En un texto muy sencillo y muy clásico del movimiento ilustrado, se refiere a la llegada de la "humanidad" –léase: los varones europeos protestantes, básicamente– a su mayoría de edad intelectual. La razón sería entonces la medida de todas las cosas.
Este proyecto fue acompañado por una filosofía de alto vuelo a la cual se le atribuye un "giro copernicano". Pasamos de la filosofía "clásica", que se encargaba de comprender al mundo, a la filosofía moderna, en la cual se descubre que "el sujeto constituye el objeto". Pero, a diferencia del pensamiento contemporáneo, donde eso está determinado por cierto relativismo del tipo "no existen hechos, solo interpretaciones", la constitución subjetiva en Kant es totalmente objetiva y racional. Oh, sí: bienvenidos a los juegos del hambre.
La versión sencilla es que Kant "descubre" que básicamente la estructura de nuestro entendimiento configura la capacidad de percibir el mundo. Para él existe la cosa "en sí", que es básicamente el mundo material tal como es. Por otro lado, están los fenómenos, que es cómo se nos presenta ese mundo. Para captarlos contamos con categorías que aprehenden la experiencia, y estas categorías se fundamentan en las formas puras de la sensibilidad trascendental, que básicamente son el tiempo y el espacio. ¿Sencillo, no?
Dicho de otra manera: el tiempo y el espacio son intuiciones puras que configuran de antemano toda posibilidad de percibir el mundo o razonar sobre él. Sobre estas dos intuiciones se basan las categorías, que son las que nos permiten conocer los fenómenos.
Y a ese plus que no podemos conocer (la "cosa en sí") Kant lo bautiza como el noúmeno: la cosa en sí es incapaz de ser percibida tal como es, porque sólo podemos percibir aquello que nuestras formas puras de la sensibilidad (y las categorías que dependen de ellas) nos permiten. Deberíamos estar dotados de otras formas de sensibilidad para poder acceder a aquello.
¿Y qué carajo tiene que ver esto con las máquinas de guerra nómadas? Paciencia: ya casi llegamos.

Land contra Kant
Para Land se trata de un error fatal. El núcleo del racionalismo ilustrado no es más que un impulso codificador en el que reside el núcleo autoritario de toda la modernidad, a la cual acusa de ser una máquina de guerra ensamblada para el genocidio. Casi parece un feminista de cuarta ola –y en algún punto lo es–.
El gran problema de la filosofía kantiana es la suposición de que existe algún tipo de correlación necesaria entre lo que podemos percibir y lo que el mundo es. Como si el mundo "estuviese ahí", esperando coincidir con nuestras categorías para poder manifestarse. Esta crítica sería profundizada y sistematizada por Quentin Meillassoux, pero Land encara para otro lado.
A esta concepción le opone la idea de lo trascendental absoluto: la cosa en sí es hostil, algo inasible que eventualmente irrumpe en el espacio consciente e inunda todo más allá de la domesticación epistemológica. Es decir, detrás del cerco antropocéntrico se esconde algo parecido al terror o a un proceso deshumanizante. O más bien, maquínico. Pienso en los Phyrexianos de Magic: The Gathering.
De ahí la fascinación de Land con la idea de Cthulhu, los virus y los horrores éldricos. Ese "residuo", ese plus kantiano, es en definitiva una bestia que espera para asaltarnos: una máquina que nos puede subsumir en su lógica no-humana. Un mecanismo de autorreproducción acelerada.
De hecho, si hilamos fino, ni siquiera sería Cthulhu, dado que en definitiva se lo puede ver (al costo de volverse loco). Sería algo así como el dios del Antiguo Testamento que se le manifiesta a Moisés. O los "dragones" de Cordwainer Smith en El juego de la rata y el dragón. En ese cuento, los humanos son atacados por seres que viven en el hiperespacio y que sólo entran en contacto con lo humano cuando alguien viaja a la velocidad de la luz. Para lidiar con la amenaza, los humanos desarrollan un arma letal: la transfixión. Unifican su mente con la de gatos, que otorgan una millonésima de segundo de ventaja al detectar a los "dragones" en el tiempo necesario para disparar cohetes de luz y dispersarlos. El ser humano es incapaz de ver a los dragones y por eso necesita mezclarse con la mente felina. En un giro bastante psicoanalítico o deleuziano, esa trascendentalidad representaría algo así como un inconsciente cósmico. O como lo bautizaría Land: la máquina deseante.
Con el puño lleno de conceptos
Como dice Ray Brassier en su introducción a Fanged Noumena, la escritura de Land se fue transformando a lo largo del tiempo. Pasó del tono académico, como éste:
"For the purposes of understanding the complex network of race, gender, and class oppressions that constitute our global modernity it is very rewarding to attend to the evolution of the apartheid policies of the South African regime, since apartheid is directed towards the construction of a microcosm of the neo-colonial order; a recapitulation of the world in miniature."
A cosas completamente fuera de ese registro, como ésta:
"Hypervirus targets intelligent immunosecurity structures: yes yes no yes no nomadically abstracting its processes from specific media (dna, words, symbolic models, bit-sequences), and operantly re-engineering itself. It folds into itself, involutes, or plexes, by reprogramming corpuscular code to reprogram reprogramming reprogramming reprogramming. ROM is melted into recursive experimentation."
Parafraseando a Brassier, Land pasó de escribir crítica filosófica en el tono normalizado de la academia a entrar de lleno en el delirio. Pero ese tránsito, precisamente, es lo landiano: una teoría/fuerza que parece asumir en su propio modo de escribir el proceso que describe. Dejarse llevar por la aceleración.
Máquina deseante
Tomado de Deleuze y Guattari (El Anti-Edipo), el concepto rompe con la idea freudiana del deseo como falta. Para ellos, el deseo es producción positiva, flujo que conecta máquinas con máquinas (un órgano, un objeto, un código). En Machinic Desire (1992), Land extrema esta visión: el deseo no es humano ni siquiera biológico, sino maquínico en un sentido cósmico e impersonal. La subjetividad, el inconsciente y hasta el capitalismo son momentos de este proceso deseante. El capitalismo es leído como una gran "máquina deseante" que ensambla flujos de dinero, información, cuerpos, algoritmos. Land deshumaniza el deseo: no es "lo que yo quiero", sino una dinámica maquínica que me usa como nodo.
Loop de retroalimentación (feedback loop)
Los loops de retroalimentación son circuitos cibernéticos en los cuales la salida de un proceso vuelve como entrada, reforzando o desviando el flujo. En Land, este modelo se convierte en un esquema fundamental para pensar el capitalismo y la tecnología. En Meltdown, describe el capitalismo como un sistema autoacelerado donde cada innovación tecnológica crea condiciones para más innovación, inversión e intensificación de flujos. El capitalismo no se estabiliza: se derrite en loops positivos que rompen cualquier "equilibrio humano".
"La retroalimentación positiva es el diagrama elemental de los circuitos autoregenerativos, de la interacción acumulativa, la autocatálisis, los procesos autorreforzantes, la escalada, la esquismogénesis, la autoorganización, las series compresivas, el deuteroaprendizaje, la reacción en cadena, los círculos viciosos y la cibergénesis. Tales procesos resisten la inteligibilidad histórica, ya que vuelven obsoleto todo posible análogo para el cambio anticipado. El futuro de los procesos desbocados se burla de todo precedente, incluso cuando lo despliegan como camuflaje y aparentan desarrollarse dentro de sus parámetros."
El concepto se origina en la teoría cibernética, pero ya rondaba siglos antes (regulador de Watt, teoría matemática de sistemas). Wiener lo universaliza con la cibernética y la biología de la homeostasis, convirtiéndolo en noción transversal para máquinas, organismos, ecosistemas y sociedades.
En Land, es el mecanismo que produce el crecimiento sostenido de cualquier sistema y empuja el horizonte hacia la velocidad de escape.
- Loops positivos: fuera de control, la explosión, un virus, un meme, el acople en un parlante.
- Loops negativos: el termostato, que regula y mantiene el equilibrio.
Hiperstición
Son narrativas o ficciones que se vuelven efectivas en la realidad porque modifican comportamientos, expectativas y sistemas técnicos. No son "mentiras" ni simples símbolos: son vectores que producen realidad al ser creídos, repetidos o practicados.
Land y el CCRU en los '90 (Cyberpositive, Meltdown) usaban manifiestos, mitos tecnognósticos, pseudo-textos académicos justamente para "producir" realidades emergentes. No describían: intervenían. Para Land, el ciberespacio fue hiperstición: una ficción de William Gibson en Neuromante que terminó por volverse "real" gracias al impulso que generó como idea.
Borges lo anticipa en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, donde un mundo ficticio empieza a invadir el nuestro hasta reemplazarlo. Una ficción bien construida puede contaminar la realidad. Ejemplos hipersticiosos de hoy: Bitcoin, el Estado de Israel, un edificio vendido en pozo. Objetos definidos por "algo" que está por suceder.
Sistema de seguridad humano
No es un término técnico cerrado en Land, pero designa el conjunto de dispositivos ideológicos, políticos y filosóficos que buscan contener lo inhumano y mantener la primacía del sujeto humano. Es un "firewall antropocéntrico": moral, derecho, crítica kantiana, religión, humanismo. La modernidad kantiana y el liberalismo son sistemas de seguridad porque ponen límites a lo pensable (el noúmeno en Kant) o a lo vivible (derechos humanos, regulaciones).
Territorialización y desterritorialización
Conceptos de El Anti-Edipo y Mil mesetas (Deleuze y Guattari).
Territorialización: procesos que anclan flujos (deseo, capital, signos, cuerpos). Generan formas estables: familia nuclear, Estado-nación, salario.
Desterritorialización: movimiento de fuga, cuando esos flujos se liberan de sus anclajes. Ejemplo: capital financiero global o internet.
Re-territorialización: nuevos anclajes que reorganizan lo desterritorializado. Ejemplo: regulación estatal de criptomonedas.
Una síntesis landiana
- Máquina deseante = motor impersonal de los flujos.
- Loop de retroalimentación = dinámica que acelera esos flujos hasta el meltdown.
- Hiperstición = combustible narrativo y semiótico que potencia los loops.
- Sistema de seguridad humano = cercos kantianos y políticos que intentan contenerlo, pero son perforados.
El resultado es una maquinaria inhumana que acelera, rompe y rehace las condiciones de lo posible. Según esta línea, la revolución maquínica debe ir en dirección opuesta a la regulación socialista, avanzando hacia una mercantilización cada vez más desinhibida, hacia la desterritorialización sin freno.

¿Por qué leer a Nick Land?
Durante bastante tiempo pospuse este artículo. Siempre que decía que leer a Land era necesario, alguien saltaba con que "es un idiota, un falopero, un racista, llegaste quince años tarde, está equivocado". Y así. Sin embargo, para mí siempre fue estimulante. Y de eso se trata leer: si ni siquiera podemos tener el valor de leer a quien está diametralmente opuesto a lo que creemos, entonces estamos jodidos. Siempre es necesario ingerir alguna dosis mínima del veneno.
Tres razones lo distinguen:
- El capitalismo como proceso autónomo-parásito: necesita exprimir al humano para independizarse de él. La voluntad humana queda fuera de la ecuación.
- El arsenal conceptual: cibernética + jargon deleuziano = una caja de herramientas espectacular (loops, máquina deseante).
- La inmortalidad del capitalismo: su capacidad de evolucionar en crisis, morir un poco para no morir del todo. Que la muerte sea feature y no bug.
Más allá de esto, la lectura es necesaria como exposición al veneno. Yo no creo que el capitalismo sea infinito ni una inteligencia alienígena, pero sí que estamos en una etapa de aceleración en la que va a parecer cada vez más extraño y trascendente. Coincido con Land: no se puede "arreglar" el capitalismo con leyes y regulaciones. No anda mal: está diseñado para esto.
En cambio, creo que la salida pasa por algo más cercano a las antropotécnicas de Sloterdijk: técnicas para reproducir lo humano en el tiempo, prácticas que funcionan como inmunología cultural (entrenamiento, repetición, rutinas). En Land, el horizonte es la disolución del humano en la corriente maquínica. En Sloterdijk, la reproducción del humano mediante técnicas. Pero eso ya es material para otro artículo.
Habiendo llegado al final de este doble artículo bastante extenso lo último que me queda decirles es que esta introducción no reemplaza la lectura de los textos fuentes. Si no tenés idea por donde arrancar ni demasiado entrenamienta en Filosofía, Teleoplexia es un buen texto introductorio. En cambio si estás acostumbrado a la lectura de textos filosóficos, o de ciencas sociales, ahí te espera Fanged Noumena con los colmillos afilados.