A mediados de 2018, antes que Cybercirujas exista como movimiento hacktivista federal, me juntaba con varios amigos de mi hermano que laburaban en informática. Se denominaban a sí mismos obreros del byte, nombre bastante peculiar para ser tuercas informáticos: se sabe que es un rubro jodido en cuanto a conciencia de clase. Para ese entonces, yo ya llevaba más de 10 años usando Linux y estaba completamente empapado por la filosofía del software libre, que en nuestra idiosincrasia sudaca se mezcla con lo punk, el DIY y la autogestión. Entre asados y birras, surgían charlas tecnopolíticas en relación a las grandes corporaciones tecnológicas, los oligarcas del cómputo que dominan cada aspecto de nuestra vida digital. En medio de esos divages entre vapores de vino y porro, apareció un tema que me fascinó: la posibilidad de “hostear” uno mismo distintos servicios básicos que utilizamos día a día en Internet.
Es una nube, no hay duda

Dentro de todos los cambios de hábitos y seteos mentales que trajo la imposición de la oligarquía del dato, justamente la mistificación del concepto de archivo y espacio de almacenamiento es de los mas problemáticos. La masificación de los smartphones trajo caída en el uso, pero, a su vez, también en las ventas de computadoras, ya sean portátiles o PC. Si además sumamos la escasez de RAM y la nueva idea de “alquilar una computadora en la nube”, no es extraño que ya casi nadie sepa lo que es un archivo, un simple file, y mucho menos que se pueda pensar en términos de almacenamiento, porque, en todo caso, todo se resuelve pagando una suscripción mejor. Pero, ¿por qué pagar tantísimas veces por lo mismo, si solamente con la conexión a Internet que llega a casa o a nuestro celular, podemos hacer todo eso y más?
La movida que gira en torno a selfhostear, o autogestionar/hostear propone precisamente crear tu nodo en la red para ofrecer servicios: casillas de correo, acceso a redes sociales descentralizadas, plataformas de blogging, videojuegos online, servers de archivos, lo que sea que se pueda hacer con una computadora y una conexión a Internet. Brindar servicios que estén expuestos a Internet es quizás la forma más clásica de "nube" que podemos pensar y hay muchos proyectos comunitarios que selfhostean autogestivamente distintas aplicaciones de Internet. Pero yendo a algo más sencillo y asequible, podemos pensar que dentro de nuestro hogar es factible armar nuestro propio nodo en la red, cerrado a nosotros, lo cual lo hace todavía muchísimo más sencillo.
En ese universo de posibilidades, resulta clave pensar que, así como existe Spotify o Netflix, hay aplicaciones de software libre que instaladas localmente nos permiten gestionar nuestros consumos digitales en computadoras de bajas prestaciones. La nube es la computadora de otro, sí, pero esa nube puede ser nuestra porque computadoras hay de sobra y no se necesita ni muchos recursos ni mucho conocimiento para armar tu nube casera. Alcanza con conseguirse alguna Conectar Igualdad (CI), incluso de las más viejas con procesador Atom. Estos equipos que hoy cumplen sus quinces primaveras resultan ideales para comenzar a experimentar, perder el miedo y tomar las riendas de tu vida digital.
Soulseek y Navidrome, el Spotify local

Los datos sobre generación, justamente, de datos por persona son imposibles de calcular. Pero bien podemos saber cuánta música y películas en buena calidad podemos almacenar en un disco de 1TB. Las CI como la G1, con su procesador Intel Atom a 32 bits, con 2GB de RAM DDR2 máximo, pueden resultar un tanto cortas para siquiera imaginar una nube. Pero la realidad es que para tener tu biblioteca de música, con una linda webapp o app mobile, no se precisa más que eso: el almacenamiento variará según la cantidad de música que hayas descargado. La parte más difícil radica en cambiar el chip mental, y no ponerse a bajar música a mansalva. La forma más sencilla es empezar por lo que uno escucha, lo que le gusta. Y, por supuesto, instalar algún Linux de base Debian, sin entorno gráfico. El solo mencionar la falta de desktop gráfico puede espantar, pero a no temer.
Hecha ya la parte de obtener los mp3s, vas a querer escucharlos y visualizarlos de una manera linda y cómoda. Para eso existen soluciones muy low tech high life como Navidrome, una aplicación que se instala en modo “servidor” y nos brinda una interfaz web para visualizar y escuchar toda nuestra biblioteca. El procesador Intel Atom de las primeras CI alcanza y sobra para gestionar este software. ¿Es una tarea de hacker absoluto poder hostear Navidrome? En absoluto. Por supuesto, hay que utilizar la línea de comandos. La terminal no es tu enemiga ni tiene que intimidarte: abrazala y con el tiempo sentirás la independencia telemática. Dicho esto, las instrucciones son muy simples y no creo que valga la pena reproducirlas aquí, porque con tu chatbot predilecto podes pelotear para que te oriente a instalarlo. Muchas cosas se pueden decir de esas IA, pero la realidad es que para acercar este conocimiento que parece arcano a gente con curiosidad e intenciones de cambiar hábitos, son herramientas muy potentes: no las desaproveches, usalas a tu favor.
Una vez que lo hayas instalado y configurado, podés acceder vía navegador Web desde tu red local a esa destartalada Conectar Igualdad que está sirviendo tu música. Lo mismo podés hacer desde el navegador de tu celular, o bien, instalarte algún reproductor de música que tenga soporte de Subsonic, un protocolo de transmisión de música que permite conectar bibliotecas musicales con distintas app. Siempre que estés dentro de tu red local, podrás acceder a tu colección, libre de algoritmos, de pesadas interfaces y de porquería agregada sin sentido. Pero, ¿y si quiero acceder desde otro lugar? Para eso existen las VPNs y en este caso hay una solución gratuita y accesible: Tailscale. Este programa permite crear “túneles VPNs” entre distintas computadoras de forma gratuita, con un límite de hasta cinco computadoras conectadas entre sí. Si instalamos la aplicación en el “servidor” (nuestra nube) y luego en alguna de las máquinas clientes (tu laptop, tu celular), podremos acceder a nuestro contenido desde cualquier lugar.
Syncthing e Immich.app: respaldo de archivos y alternativa a Google Photos

Una vez que comenzás a descargar files y mantener más información digital en tus manos, te va a interesar que esa data este backapeada y replicada. Una forma muy sencilla de hacerlo es utilizando otra aplicación bien low tech high life. Syncthing nos permite tener sincronizados archivos entre equipos y corre en cualquier computadora. El esquema de uso es simple: una maquina “central” y clientes que se conectan a ella. La misma CI donde tenés Navidrome alcanza y sobra para ser el cerebro de los files. Nuevamente, con la ayuda de algún chatbot, instalamos Syncthing, seteamos dónde queremos guardar la data y luego instalamos Syncthing en modo cliente en nuestra computadora/laptop/celular. Ahí, abriendo el browser apuntando a la IP de la máquina central, veremos una bonita y simple interfaz web donde debemos elegir qué carpeta local queremos compartir contra la máquina destino. Una vez elegido eso, la máquina comenzará automáticamente a sincronizar los files. Siempre y cuando el programa este ejecutándose, estará revisando si en la carpeta origen hubieron cambios. Si los hubieron, sumará esos cambios a la carpeta destino, manteniendo así una copia fiel de los datos en ambos equipos. Debido a cómo funciona esta aplicación, no hace falta tener túnel VPN de tailscale ni nada, esta sincronización se hará siempre que ambos equipos estén encendidos, no importa si estamos en nuestra red local o fuera de ella. Ojo, no hay que confundir: no se trata de una “nube” tipo Google Drive donde accedemos a los files, sino una forma de respaldar nuestros archivos muy fácilmente.

Por otro lado, hace poco descubrí una aplicación maravillosa, Immich.app, que nos permite gestionar las fotos y videos que generamos desde nuestro celular. Este material, que normalmente se lo delegamos a Google o a Apple, comparte valiosa metadata e información personal sobre muchos aspectos de nuestra vida. No solo se trata del contenido de las fotos y videos, sino de toda la metadata que estas traen: desde la ubicación geográfica, pasando por el dispositivo usado, sin contar con los reconocimientos faciales, entre otras características. Lo que hace Immich.app es, en una máquina servidor instalada con la ayuda de tu IA predilecta, almacenar todo lo que genere la cámara de nuestro teléfono, teniendo incorporado un machine learning que utiliza un algoritmo que corre localmente y permite detectar rostros, además de taggear las imágenes por geolocalización. Todo esto se puede visualizar desde una app de Android/iOS que muestra de manera muy amigable todas nuestras fotos y videos. Eso sí, para hostearte esta última no te va a alcanzar con una Conectar Igualdad de las viejas, vas a necesitar como mínimo una Raspberry Pi 4 con 4GB de RAM o alguna computadora con características similares.
Un cielo repletos de pequeños nubarrones
La movida de selfhosting es bastante grande en Europa y EE.UU., pero aquí en Argentina es algo más pequeña y poco promovida por la comunidad del byte. Los vaivenes económicos hacen que no podamos conseguir hardware de porte para poder hostear cosas más grandes, pero, a su vez, el ingenio criollo nos viene a mostrar que no necesitamos mucho. Proyectos comunitarios de servicios selfhosteados hay pocos, rebel.ar y undernet.uy son algunos de ellos, siendo quizás esta última la comunidad authosteada más grande de Sudamérica, ofreciendo mail, nube, mastodon, chat en xmpp, server de juegos y varias aplicaciones más.
Crear tu propia infraestructura hogareña no es imposible, ni es tarea de hackers peligrosos ni mucho menos. Animarse a autohostear servicios básicos de Internet de forma local es uno de los tantos pasos hacia la senda de la soberanía cognitiva y tecnológica. Desmitificar el concepto de nube, y entender que esa computadora que usamos de un otro puede ser nuestra, y que además la podemos compartir con amig@s y familiares, es clave. Más aún: comprender que no se necesita hardware tope de gama, sino que se puede hacer mucho con una simple Conectar Igualdad o alguna raspberry pi de segunda o tercera mano, termina resultando casi emancipador. Las herramientas están, la IA y sus chatbot pueden ayudar a romper el miedo, y el hardware que circula sin uso sirve como una plataforma excelente de aprendizaje y liberación. El avive fue debidamente mencionado, ¿qué esperás para desempolvar esa compu sin uso y armarte tu pequeña nube local, sin más amo y señor que vos y a quien se la quieras compartir?