Ser gordo hoy
8 min read

Tengo el recuerdo de ver un meme con una Marge Simpson gorda y con imágenes de cafeterías y tortas, acompañada de la leyenda "La Gorda merienda". Unos meses y risas más tarde, el concepto gordo acompañado por algún tema empieza a abundar en un nicho de habitantes de internet que comienzan a usarlo para describir a alguien que es especialista o está obsesionado o metido en algo específico. Empezamos a nombrar al gordo Warhammer, el gordo PC, el gordo Linux, el gordo pelota, etc. De repente, gordos y gordas especializados comienzan a emerger y se convierten en parte de un sector de la cultura de redes sociales que también empieza a permear hacia la realidad.

Como gordo true –jajaja, qué pelotudo–, esto me generó cierto rechazo al principio, pero me dejé llevar por el meme y también por el concepto. No hay nadie que haya escrito en piedra lo que transmite decirle gordo jueguitos a alguien, pero mi primer pensamiento fue que por un lado lo que encarna esto es que pusiste el culo en la silla y le dedicaste horas a algo, a costa de dejar de prestarle atención a tu vida, cuerpo o salud. Por ahí lo estoy malinterpretando, pero llevo siendo gordo 34 años de mis casi 40 de vida.

Si hay una resignificación positiva de la palabra, también significa que ser gordo está mal y es con eso con lo que tuve que vivir toda mi vida. Hace tiempo que quería escribir sobre esto pero no me animaba a algo tan personal. Así que acá vamos, gente. Esto no es un tutorial de cómo ser o dejar de ser gordo, ni una guía para vivir siendo gordo. Es mi experiencia ejerciendo mi gordura y lo que me gustaría que pase con este texto es que alguien se sienta un poco mejor, o que algún flaco pueda entender un poco lo que nos pasa.

Crecer sabiendo que no vas a ser el héroe

Soy gordo desde los 6 años. Esto empezó cuando me dieron corticoides para evitar hacer una operación por una condición de salud, que finalmente tuve que hacerme igual. O por lo menos ese es el secret origin que me contaron y que construí. Pero también vengo de una familia paterna de gordos que festejaban y tenían rituales alrededor de la comida. Durante años, los domingos se juntaba toda la familia y mi abuela armaba una sartén tipo paella con panceta y huevo fritos que comían los "hombres" de la familia, solo con pan y a los codazos. Una especie de juego de supervivencia y ritual de amistad. De esas juntadas y tradiciones, había muchas en las que la familia se unía a través de la comida.

Pero la contracara de esa escena era que mi abuela había sufrido mucho de chica por haber sido gorda. Entonces, durante el resto de la semana practicaba dietas de revistas, iba a nutricionistas o participaba en grupos tipo ALCO, del doctor Cormillot. Cuando mi gordura empezó a ser evidente, y bajo la presión de mi abuela, comencé a involucrarme en esas mismas actividades. Que la dieta del atún, que las semillas en las orejas y –mi peor experiencia– los grupos de autoayuda como el mencionado ALCO.

Por otro lado, mis consumos culturales –que eran los de cualquier chico de los '90– nunca mostraban a un personaje gordo como algo bueno: siempre eran el alivio cómico o el villano. Esa representación del chiste viviente, o del asqueroso y sucio, siempre venía acompañada por la sombra del pecado de la glotonería. No había superhéroes ni protagonistas gordos en el mainstream. Y esto no era solamente como yo veía esa representación cultural: era cómo se les presentaba a los otros cómo tiene que ser un gordo. Entonces, el bullineo escolar era bastante habitual e incluía sobrenombres y hasta alguna paliza. Tuve la suerte de tener una familia que me contenía y me enseñó a ir para adelante. Si no, hoy podría ser un gordo psico Presidente de la Nación.

Ox Satán, suegro de Goku y un tipazo
Ox Satán, suegro de Goku y un tipazo

Cada tanto encontraba algún personaje que me hacía sentir mejor. Me ponía contento cuando veía al querido Ox Satán de Dragon Ball, en el que básicamente me terminé convirtiendo. Su perfil era el de un arquetipo estilo "pequeño Juan" de Robin Hood: podía ser un tremendo guerrero y causar miedo, pero en el fondo era un tipazo. Era tan buen tipo que Toriyama le mandaba villanos cada tanto para que lo fajaran porque sabía que era de los personajes más puros. Verlo caer derrotado, tirando los regalos que le traía a su nieto Gohan, hacía que odiaras más a los malos de turno.

El otro fanatismo que me hacía sentir bien era el de Las Tortugas Ninja y su amor por la pizza, porque siempre los entendí como gordos parecidos a mí. Pero pasó mucho tiempo hasta que vi un protagonista diferente en una serie olvidada de Cartoon Network llamada Megas XLR, de 2004. Ya estaba en mi adolescencia, pero obvio que no soltaba lo que me gustaba. En Megas XLR se presentaba a Coop, un gordo mecánico nerd que tenía un robot gigante y lo usaba para salvar al mundo. Si bien la serie animada duró poco y por políticas contables de Warner nunca vamos a poder verla de nuevo, su impacto en mí fue bastante grande. No tenía el mejor guion ni el mejor dibujo, pero cumplía con la diversión y –lo más importante– tenía a alguien como yo como protagonista.

Coop de Megas XLR, que Cartoon Network pasó en 2004
Coop de Megas XLR, que Cartoon Network pasó en 2004

El gesto punk

A mis 20, después de una infancia de dietas que no funcionaban y de presiones constantes sobre mi peso, decidí que si a todo el mundo le molestaba que yo fuera gordo, yo iba a ser gordo. Y comenzó mi camino con mi gordura, que fue un arma de doble filo porque aceptarse está muy bien, pero coquetear tan de cerca con ese fuego puede quemarte. Y esto es porque el combo de gordura, en mi casa, siempre incluyó la salud mental.

Tardé mucho en hablar con diferentes psicólogos sobre mi cuerpo, pero uno me hizo notar que gran parte de mi relación con la comida era un sistema de premios y castigos. Cuando estaba bien, festejaba comiendo. Y cuando estaba deprimido, me castigaba comiendo. Ese círculo horrible traía consigo momentos de vergüenza y de tristeza que pasé solo, pero que siempre intenté acomodar y controlar. En esos años tuve momentos de mucho deporte, haciendo karate, boxeo, sumo y hasta lucha libre. También traté de alimentarme mejor, pero había momentos en los que no podía porque, sin darte cuenta, la vida sube de dificultad muy rápido.

Algo que me hacía seguir adelante, cuidarme y quererme más fue entender que alguien me podía querer y que me podía enamorar. Eso fue muy importante para mí, porque en la mayoría de los ejemplos que me daba la ficción era algo imposible. El gesto punk no era el de tener que ser gordo por bronca, era el de quererme como soy, y creo que ahí es donde empezás a brillar diferente. Un día vi Hedwig and the Angry Inch, una película que habla sobre la identidad y sobre aceptarse, y fue un momento bisagra. Estaba pasando por varios cambios y esa peli llegó programada por un poder misterioso a la noche de I.Sat y me hizo muy bien. Y si bien yo ya entendía que el arte podía cambiarte, lo que me pasó con esa película no puedo explicarlo.

Venía con mis ideas y mi cuerpo bastante aceptado por mí, pudiendo sentirme lindo, pero post 34 se me fue todo a la mierda.

Oh baby have a fry / Our life is sedentary

El laberinto

2020, escenario pandémico, lo viviste. Estaba trabajando en una agencia de publicidad para una marca a la que le estaba encima 24 horas. Ese mismo año, en enero, logré una promoción que me puso como jefe de 20 personas. A los pocos meses llegó el Covid y nos quedamos encerrados. Después cambié de rubro y tuve dos experiencias bastante malas en el mundo de los videojuegos, y entre esos estreses y malas decisiones arranqué la pandemia en 120 kilos y la terminé en casi 150. Cada día se hacía más difícil y, si bien intentaba hacer ejercicio o comer mejor, no podía mantenerlo, lo cual me hacía volver a caer en un estado horrible.

Sin darme cuenta llegué a pesar 175 kilos en diciembre de 2024, más que varios de los luchadores de sumo que conozco. En ese punto me había perdido en mi plan de ser gordo, porque pasé por varias situaciones donde me sentí humillado y con vergüenza. Me costaba mucho salir de casa, no solo por cómo me sentía sino también porque mover todo ese cuerpo era una dificultad y había lugares en los que sentía que no podía estar.

El punto final lo puse una mañana que me levanté con el brazo izquierdo dormido, una sensación que me duró casi 2 días. Eso y el estar perdiéndome de poder disfrutar de mis amigos y mi novia. Ella estuvo conmigo en mi peor momento y me ayudó muchísimo a volver a quererme. Mi idea de ser gordo no había cambiado, pero necesitaba encontrar un equilibrio entre serlo y no, morirme o no, entre poder salir de mi casa o no poder hacerlo nunca más.

Lo que me sirvió fue encontrar una nutricionista que me diera, también, una ayuda psicológica para trabajar ansiedades y frustraciones. Bajé mi consumo de porro –que amo, pero no ayudaba en el cóctel– porque me dejaba más tirado y con hambre, y tuve que eliminar al principio dos alimentos muy argentinos: la harina y la Coca-Cola. Ninguna droga me hizo transpirar tanto como la abstinencia de esas dos, que hoy me permito en ocasiones muy especiales.

Ser gordo hoy

En la primera mitad de 2025 bajé 40 kilos y mi objetivo es volver a mi peso prepandémico, algo ahora un poco postergado porque a veces uno tiene muchos frentes de batalla y no puede con todos. Esto es convivir todos los días con las ganas, la culpa y las ansiedades. Mientras veo el mundo pasar y la palabra gordo ser resignificada y asociada a muchas cosas que me gustan, igual me sigo preguntando si está bueno o no. A veces el diferencial que podemos hacer está dentro nuestro y a veces es impulsado por el entorno, pero tampoco quiero ser naif y sé que hay mucha gente que la pasó muy, muy mal con la gordura.

Este texto lo escribe un hombre cis blanco de casi 40 años de clase media que creció con una familia presente. Si alteramos esos factores, la historia puede ser otra; incluso si dejamos esos factores, también. Ser gordo hoy sigue siendo un problema y un estigma. La puta medicina prepaga no te quiere dar servicio, hay lugares que no están preparados para personas con sobrepeso y el mundo virtual nos confunde todo el tiempo con los estándares de belleza que te impulsan a inyectarte quién sabe qué para bajar de peso super rápido por un montón de plata. Como dice Cartman en South Park, "la gente rica obtiene Ozempic y los pobres body positive", que es un poco el clima de época.

La visita de 421 a Ceibo fue mi último día antes de la nueva alimentación

Pero, mis gordos y gordas, ustedes pueden hacer lo que quieran. Muchas veces, esos límites nos los ponemos nosotros por vergüenza. Se lo leí una vez al amigo Juan Ruocco, pero no sé de dónde lo sacó: "Que el gordo sepa que el gordo puede". Puede ser lo que quiera, puede ser querido, puede ser sexual y lindo, puede ser igual que cualquiera de esos seres de menos de 100 kilos. Con lo nerdo más aceptado, lo gordo se metió un poquito, y si bien todavía somos maltratados por el sistema, también muchos –o por lo menos entre nosotros– nos tenemos más aceptados.

Esto es algo de todos los días y de ir construyendo ambientes mejores para todos. Este texto fue difícil de escribir, porque quería decir mil cosas y no sé si le va a interesar o servir a alguien, pero espero que le llegue a alguna persona que necesitaba leerlo. La pasé mal, la pasé bien y acá sigo estando, gordo y orgulloso.

Suscribite