No me gusta The Game Awards. Festejo que tengamos un evento masivo que intente celebrar los videojuegos, recordar los que nos acompañaron en el año y echar algo de luz sobre aquellos que nos perdimos. Pero TGA rara vez hace esto; es más, termina creando una visión bastante distorsionada de lo que es la industria —o son las industrias—, con apenas una muestra de lo que pasó en el año y mucho de certamen de popularidad.
Algunos problemas de The Game Awards parecen superficiales: copiar categorías de premiaciones de cine en un medio muy distinto, la proporción de premios/tráilers, no darles importancia a muchas ternas, no saber qué es un indie, no permitir que muchos ganadores subieran al escenario. Y otros bastante más profundos, como el presupuesto pedido para pasar dichos tráilers, los arreglos comerciales, la caída de la Future Class, el monopolio de su host Geoff Keighley, buscar siempre la aprobación de otras artes, entre otras cosas. La lista de problemáticas sigue y sigue.
No obstante, en vez de explayarme sobre cualquiera de estos puntos —probablemente hundiéndome en el cinismo—, pensé en hacer algo más constructivo. Bien o mal, los TGA celebran los videojuegos, o al menos lo intentan. Y quiero hacer lo mismo. Por eso acá vas a encontrar una lista de 26 juegos de 2025 que me parecieron destacables.
No son necesariamente mis juegos del año. En todo caso, si te interesa, acá están mis elecciones para The Gamer, medio donde podés encontrar más data sobre todos aquellos problemas de TGA. También sé que algunos juegos de mi lista nunca hubieran entrado a esos premios, ya sea por sus fechas de salida o por ser expansiones y demás. Al fin y al cabo, todo lo que quiero es intentar que encuentres alguna joyita que se te haya escapado.
Sonokuni
La pandemia por COVID-19 fue un suceso rompedor de negocios y sueños para muchas personas, y un grupo de hip-hop japonés casi abandonó su carrera musical. Por suerte, Don Yasa Crew decidió dar un salto extraño: pasar de las rimas y los beats al desarrollo de videojuegos. El resultado fue un claro homenaje a Hotline Miami, pero con mucho propio que decir. Con su estética explosiva y beats hipnóticos, Sonokuni se apoya en una jugabilidad endemoniada en la cual morís al recibir cualquier golpe. Tenés tu katana, un escudo y la ralentización del tiempo para sobrevivir a oleadas de enemigos infectados. No tendrá la reflexión sobre la violencia en los videojuegos de Hotline Miami, pero su narrativa plantea algunas cosas interesantes sobre ese tópico.
Dreamcore
El juego argentino que más me interpeló este año es difícil de recomendar. Dreamcore nace en los espacios liminales, aquellos lugares de transición que pueden despertar desde una nostalgia amena hasta una sensación de paranoia paralizante. Explorá una zona de piletas, un hotel tétrico, un suburbio infinito y otros escenarios que te dejan pensando en todo lo que no podemos ver, en quién sos y en qué hacés en esta realidad.
Cronos: The New Dawn
Cuando se trata de jugabilidad, lo último del Bloober Team (remake de Silent Hill 2, Layers of Fear, Observer) es un tanto mediocre. No hay mucha variedad de encuentros, las armas son más o menos las esperables y el combate cuerpo a cuerpo es increíblemente malo por lo poco responsivo. ¿Por qué lo agrego? Porque tanto la ambientación como su universo me parecen de lo mejorcito que hizo el estudio. Viajes en el tiempo, lo enigmático de la protagonista y de quienes te cruzás, visiones sociales interesantes y muy buenos escenarios. Al final, el relato termina siendo una historia de los sentimientos (las obsesiones) de alguien, lo cual puede sorprender para mal, pero me pareció osado.

Moonlighter 2
Una secuela que abandona el pixel art 2D por modelos 3D simpatiquísimos, y mantiene el corazón de explorar niveles, encontrar ítems y después venderlos. Todavía está en Early Access, pero hay niveles y un núcleo jugable muy entretenido —al menos, hasta que le agarrás demasiado la mano— para pasar horas buscando nuevas reliquias y mejorando tu armamento.
Lies of P: Overture
No es un juego entero, pero es una expansión tan sólida que merece más reconocimiento que varias obras completas de este año. El DLC de Round 8 Studio y NEOWIZ agarra a nuestro querido P (una iteración del clásico Pinocho) y lo arroja en un nuevo escenario helado, con varios jefes increíbles. Además de celebrar la opción de poder rejugar todas las batallas con jefes con distintas variaciones con solo entrar en un menú, también me parece superlativa la construcción del espacio y las historias no explícitas de los nuevos escenarios.
Asylum
Leía cosas de este título casi desde que empecé a escribir sobre videojuegos. Casi diez años después, Senscape finalmente lanzó su ansiado Asylum y cumplió con lo que prometía: una aventura narrativa que se toma su tiempo para crear un ambiente asfixiante en una institución mental plagada de secretos. Como alguien que ha escrito sobre el tema, valoro la no ridiculización de los tópicos de la salud mental y los (mal llamados) manicomios. Además, con un final para quedarse pensando.

Sektori
Para las viudas de Geometry Wars y Resogun, acá tenemos una hermosura arcadosa que celebra la existencia de los colores, la música techno y los infiernos de proyectiles. Controlá tu diminuta nave, destruí todo lo que se mueve y ganá mejoras que te den un mínimo de chance frente a imponentes jefes. Es jodido como pocos, y me llevó varios intentos poder terminar una partida entera. Después empecé a explorar todos los modos y agregados que desbloqueé y me di cuenta de que, con varias horas encima, solo había visto la superficie de Sektori.
Baki Hanma
Un Punch-Out con la espectacularidad hilarante, sumamente exagerada y ridícula, de la serie de Baki. De los mismos capos que hicieron Thunder Ray en su momento: Purple Tree.

Skate Story
No existe juego con más estilo y onda en 2025 que Skate Story. Sos un demonio que hace un trato con el Diablo para comerse la luna. Para poder llevar eso a cabo, el rey de los demonios te entrega una patineta. Porque claro, ¿qué mejor forma de ganar poderes que tirando ollies, slides y kickflips? Con una estética única de pocos colores en alto contraste y una jugabilidad que acompaña el diseño del juego de una manera muy orgánica (por ejemplo, recuperás vida mientras ganás velocidad sin chocarte), Skate Story es uno de esos delirios hermosos de una sola persona que agradecemos que existan.
Hell is Us
Se veía como el primer Death Stranding-like en sus primeros avances, pero terminó siendo algo completamente distinto con el joystick en la mano. No te prometo que te va a encantar el combate cuerpo a cuerpo contra estas figuras blancas, pero la construcción de su universo y la exploración sin ayudas ni referencias de esta región devastada por la guerra y una invasión son tope de gama.
Mr. Meat
Padecer depresión puede ser devastador. Estar atrapado en un patrón de conductas restrictivo que no te deja hacer mucho y te hace sentir inútil, disfrutar poco placer y tener una mirada oscura sobre todo a tu alrededor y el futuro puede ser fatal. Siempre voy a valorar aquellas obras del horror que agarran lo más profundo y oscuro de nosotros para crear algo tan burdo, gracioso y sentido como Mr. Meat.
Citizen Sleeper 2: Starward Vector
Nuestra atención y el uso de nuestro tiempo son quizás los assets más importantes de este momento sociohistórico. La ansiedad trepa en cada decisión que tomamos, dudando de si es la correcta o vamos a perder una amistad o la plata que pudimos juntar con mucho esfuerzo. El universo del Starward Belt se siente consumido por el aceleracionismo y la sumisión a la individualidad. Pero todavía quedan restos de esperanza en la solidaridad. El gran acierto de esta secuela es que volvemos a controlar a un Sleeper, una "emulación de una mente humana" en un cuerpo robótico, pero no estamos solos: vamos a poder ir armando nuestra tripulación, que nos ayudará con los contratos que tomemos. Esto nos hace sentir menos desamparados, al mismo tiempo que aumenta los miedos de no poder cuidar nuestros vínculos queridos. PD: no hace falta que juegues al primero, pero como también tiene una historia espectacular y personajes entrañables, te lo recomiendo mucho.
Heartworm
Hace años existe un renacimiento (¿alguna vez murieron?) de los survival horror de la época de la primera PlayStation. Este año tuvimos Post Trauma y Tormented Souls 2, pero me quedo con Heartworm gracias a su uso de una cámara fotográfica como ítem principal y a la escritura en los relatos que encontramos por ahí. El duelo como tema central de la experiencia.
Death Howl
Si leer las palabras "Soulslike" y "deckbuilder" en la misma oración no te hace querer arrancarte los ojos, esto es para vos. Death Howl podía haberse quedado con el galardón de mezclar estos dos subgéneros en una sólida aventura que te premia la persistencia con el crecimiento de tu personaje (en todo sentido), pero el estudio The Outer Zone (Mind Scanners) quiso ir más allá: este es uno de los títulos más lindos a nivel visual de 2025.

Lumines Arise
Tetris revolucionó los videojuegos a principios de los '80. Cientos de iteraciones y décadas después, Tetris Effect presentó su forma definitiva, risueña e inspiradora en 2018. En el medio tuvimos Lumines, una serie que agarra la idea de Tetris pero la da vuelta un poco: tenemos que armar cuadrados en un tablero horizontal. El reciente Arise es la versión definitiva de esta idea, llevada a cabo por el mismo estudio que hizo Tetris Effect. Me han atravesado de nuevo.
Date Everything
Te despiden de tu trabajo y por error conseguís unas gafas que te permiten interactuar con casi todos los objetos de tu casa, que se convierten en personas de las que te podés enamorar, con las que podés hacerte amigo o hasta odiar con lo más profundo de tu alma. La trama y el juego en sí parecen un chiste, y es bastante tonto y simpático en general, pero está excelentemente escrito para lo que intenta ser. Después contame con quién tuviste citas. Los artículos de oficina y la cama fueron mis favoritos.
Hotel Barcelona
Lo último de Swery no es lo mejor de su carrera ni mucho menos; Hotel Barcelona se oculta en la sombra de gigantes como los dos Deadly Premonition. No obstante, hay que seguir bancándolo, porque siempre sus propuestas, escritura y personajes tienen algo. En este caso, la mecánica de Slasher Phantoms (grabaciones de partidas que fueron malas y nos acompañan, como los fantasmas en juegos de carreras) ya lo hace mínimamente interesante.

Moroi
Empezás en una prisión, sin tener idea de quién sos, y vas explorando las distintas celdas: una máquina gigante te pregunta si la dejás probarte, para luego explotar y expulsar sangre por todos lados. Otro prisionero se está comiendo su brazo, por alguna razón, y lo hacés frenar. Lástima que le cae un rayo y lo prende fuego. ¿Y qué pasa con ese cerdo de la última celda? Habla con vos, le explota la cabeza y en el orificio que quedó encontrás un pergamino para invocar un arma. Estos son apenas los primeros minutos de la surrealista aventura del director romaní Alexandru Stănescu. Y te prometo que Moroi tiene muchos más.
Go Slimey Go
Una ametralladora de ideas y conceptos de plataformas 2D como hace tiempo no probaba. Cada nivel propone una mínima vuelta de tuerca en una experiencia que ya es placentera gracias a la claridad en los saltos, las estructuras y las reglas (fundamental en el género), con apenas un mínimo de niveles que te hacen pensar en por qué los hicieron así. Además del precioso arte, que seas una bolita que no muere con cualquier contacto, sino que hasta necesita que la pateen de acá para allá para agarrar ciertas plataformas, ayuda a distinguirlo en el género.
s.p.l.i.t.
Si te dejás llevar por la propuesta jugable de ser un hacker y solo tener que escribir comandos y leer un chat, te vas a encontrar una propuesta tan intensa como su mensaje de hiperconexión y sobre el reinado de las corporaciones. De esas experiencias breves< pero que te quedan tatuadas en la mente.

No, I'm not a Human
Se dice que el poder percibir peligros y actuar frente a ellos es instintivo. Sin embargo, el acto de discriminar (con base en etnias, creencias, clases sociales) es aprendido. Ya sea por tradiciones familiares, por el rol diluido de las instituciones, el entretenimiento o cualquier estructura explícita o implícita en nuestras vidas. No, I'm not a Human juega con esto, mientras recibimos en nuestra casa a visitantes durante una cuarentena. Resulta que hay criaturas que parecen humanas, pero no lo son. El problema es que a veces son más persona que los propios seres humanos que encontramos. Y llega un punto donde empezamos a cuestionar nuestra propia humanidad.
Horses
Horses hizo mucho ruido antes de salir por su particular caso de censura: fue quitado de las tiendas de Steam y Epic poco antes de su lanzamiento por, aparentemente, escenas que podían dar a entender un momento de abuso infantil (que modificaron con el desarrollo del juego). La escena actual, como otras tantas de la obra, es bastante tonta y absurda. Si viste mucho cine extremo/perturbador, acá no vas a encontrar nada que te descoloque. Aún así, Horses encuentra su lugar en esta lista por su relato original de la adultez y por estar perdido en el camino, con algunos sinceros momentos de contemplación.

Look Outside
El segundo mejor juego de terror del año no tiene gráficos hiperrealistas ni ray-tracing. Es una obra parada en el popular RPGMaker y tiene algunos de los diseños de monstruos más retorcidos que vi. Ya arranca con la vara alta en los primeros minutos, pero nunca para de subir. No obstante, su mayor horror es el escenario lovecrafteano que plantea: apareció "algo" en la Tierra, que no se puede ver porque te transformás en algo indescifrable. Lamentablemente, vivís en un edificio con muchas personalidades que ya lo hicieron, y conocer sus historias es de lo peor (mejor) de toda la obra.
Baby Steps
Cuando me di cuenta de que había pasado cuarenta minutos intentando subir al techo de un vagón a agarrar un objeto (una acción que, bien hecha, te llevaría cinco minutos como mucho), descubrí que estaba perdido en el encanto frustrante y masoquista de Baby Steps. Controlás a un treintañero perdido en la vida que entra en un área como por arte de magia, y lo que tenés que hacer es hacer caminar a este tipo: moviendo un pie a la vez. Es un tipo de experiencia como Getting Over It, así que si ya te gustó el ejercicio sisifoseano de Bennett Foddy, te vas a encontrar a gusto acá.
Bonus track: Randel’s Quest (Demo)
Nunca me pude enganchar con el fenómeno Wordle. Amo escribir y las palabras, pero este juego no me duró más de unos días en su primer boom. Tenían que venir los muchachos de LCB Game Studio para darle una vuelta de rosca que me terminara enganchando. Randel's Quest es un Wordle en un roguelite con efectos y consecuencias de nuestras acciones, además de un pixel art preciosísimo. Mientras esperamos el lanzamiento oficial, podés jugar la demo en itch.io.
Extra bonus track: Sawi, The VoidBuster (Demo)
El Super Meat Boy argentino. Su demo presenta apenas un puñado de niveles, de lo que espero que sea un largo catálogo de plataformas endemoniadas a futuro. El potencial está, con su diseño y el frenetismo al que te arroja a ejecutar sus saltos jodidos en tiempo récord. Estaré expectante.
Extra extra bonus track (ahora sí es el último)
Nombres que me quedaron en el tintero por grandes recomendaciones de colegas pero no llegué a jugar para esta lista: Deltarune Chapter 3 & 4 (Toby Fox), Many Nights a Whisper (Deconstructeam), and Roger (TearyHand Studio), El 39 (Bohemian Productions), Labyrinth Of The Demon King (Top Hat Studios), Consume Me (Hexecutable), Ninja Gaiden: Ragebound (The Game Kitchen), The Hundred Line -Last Defense Academy- (Too Kyo Games), Dunjungle (Bruno Bombardi), Type Help (William Rous), Keep Driving (YCJY Games), Unbeatable (D-CELL GAMES) y Luto (Broken Bird Games).