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¿Amenaza al software libre? El cerrojo de Android y las leyes sobre verificación de edad

Dos malas noticias sobrevuelan el mundo del software libre. Por un lado, Google mete más trabas en Android para que los usuarios tengan aún menos control de sus dispositivos; por el otro, bajo la excusa de verificar la edad en redes sociales, se amenaza la privacidad de los usuarios de Linux.

Android está próximo a cumplir sus primeros 20 años de vida, justo un año luego de que Steve Jobs presentara el primer iPhone, el que marcaría el modelo de cómo deberían ser los ecosistemas de celulares: jaulas cerradas donde los consumidores solo pueden utilizar los dispositivos tal como el fabricante quiere. En el caso de Android, la premisa era otra, o al menos en sus orígenes. A diferencia de iOS, el sistema de Google se basa en software libre: el código del sistema se publica y se libera, y el usuario tiene más libertades con el dispositivo. Cosas tan simples como pasar archivos via USB al teléfono, como si fuera un pendrive mas, son imposibles en iOS pero no en Android. ¿Y si querés instalar una aplicación por fuera de la store oficial? En Apple, ni lo sueñes. En Android eso siempre estuvo permitido, claro, con ciertas advertencias para no caer en el malware.

Un shopping cerrado a lo Apple

Lamentablemente, Android cada vez pone más trabas a su ecosistema cerrándolo más y más. Todo se debe a una sumatoria de situaciones que podemos dividir en dos frentes. El primero tiene que ver con los usuarios de smartphones: a ninguno de ellos se le ocurre que existe un mundo por fuera de la PlayStore. Muy pocos son quienes instalan software fuera de allí. Pero, paradójicamente, la realidad es que la mayor cantidad de malware es instalado desde la tienda misma de Google: el scam y las estafas circulan en las redes sociales y en apps como TeamViewer o similares, no tanto por fuera de las stores. Con la excusa de proteger a los usuarios, la empresa ha decidido un cambio radical en su política que se hará efectivo a partir de septiembre: si alguien quiere instalar una aplicación por fuera de la PlayStore, esa aplicación tendrá que ser de un desarrollador verificado por Google. Esa verificación, como se imaginaran, consta de un requisito: que el dev pague por ella. Clásica práctica monopólica de Apple, transferida a Android.

Por un lado, Google mete más trabas en Android para que los usuarios tengan aún menos control de sus dispositivos; por el otro, bajo la excusa de verificar la edad en redes sociales, se amenaza la privacidad de los usuarios de Linux.

A la mayoría de los usuarios esto puede no interesarle, pero desde esta trinchera digital siempre fuimos un poco contra la corriente. Precisamente venimos propiciando distintas formas de utilizar nuestros smartphones. Existe la posibilidad de cambiar el sistema android stock de los teléfonos, pero a veces eso no es posible ya sea por incompatibilidad de modelos o simplemente por una falta de conocimiento sobre cómo hacerlo. Tenemos la opción de usar aplicaciones menos abusivas y espías que las que traen por default los dispositivos, las cuales se pueden instalar mediante F-Droid, una tienda alternativa de software libre, segura y gratuita.

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Sin embargo, este tipo de opciones serán eliminadas por la nueva normativa de Google. La verificación de los desarrolladores hará imposible instalar la tienda o sus aplicaciones en un telefono Android stock. Según declaraciones públicas de uno de los miembros del board de F-Droid: “Ellos [Google] dicen que quieren frenar el malware. Eso suena muy bien, pero que muestren su definición de malware y que demuestren que esa definición sigue un consenso de expertos en seguridad y de la comunidad. Pero ellos solo dicen ´malware es lo que nosotros decimos que es´, y cuando mañana digan que las VPNs son malware, bueno, tendremos que decir adiós a las VPNs”. Incluso pese a que Google perdió un juicio contra Epic Store, quienes lo acusaban de monopolizar la plataforma, y aunque la justicia declaró que Epic tiene razón, este tipo de medidas demuestran que a Google no le interesa dejar el campo libre a otras tiendas dentro de su shopping.

La otra trama: verificación de edad y desconcierto linuxero

En paralelo, vemos que muchos países comienzan a legislar en torno de la prohibición del uso de redes sociales para menores de edad. Demasiado tarde se acordó Occidente de los problemas que generan las plataformas de redes sociales regenteadas por los oligarcas del cómputo. Al final, el Gran Firewall Chino no era ni tan malo ni tan represivo, sino que fue el muro de contención perfecto contra las aplicaciones creadas por los magnates. Ahora que las papas queman, aparece la urgencia de legislar sin ton ni son en torno a las edades de los usuarios de la red. Esto obviamente trae infinidad de problemas, y el más importante tiene que ver con la edad: ¿cómo verificamos que alguien tenga la edad que dice tener? Para eso no hay otra opción que subir la documentación correspondiente o, más en tono con la actualidad, realizar una verificación biométrica. Ambas opciones implican el adiós definitivo al anonimato en la red y la vinculación directa usuario-persona física, lo que abre la posibilidad a la segmentación de contenido por rango etario. Pero esto no impacta solamente en el ámbito de redes sociales; también lo hace en el mundo de Linux y en los sistemas operativos en general.

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Vamos al caso por ejemplo de la legislación que adoptó el Estado de California al respecto. La Digital Age Assurance Act firmada el 13 de octubre de 2025 y que será efectiva a partir del 1° de enero del 2027. Esta implica que quienes distribuyan sistemas operativos y app stores deben generar mecanismos para poder verificar la edad de sus usuarios y clasificarlos según rangos etarios (menores de 13, de 13 a 15, de 16 a 17, y de 18 en adelante), para así cerciorarse de que los menores no puedan acceder a contenido inapropiado. En la Unión Europea, Brasil, Reino Unido y Australia existen legislaciones similares, pero donde no queda claro si se aplicarán también a los sistemas operativos. Lo cierto es que muchas distribuciones de Linux ya comienzan a atajarse. Hace unas semanas circuló mucho una captura de un usuario brasileño que quería bajar la versión de Arch Linux de 32 bits, y se le negaba. La realidad es que la legislación que se aprobó específicamente en Brasil no debería interferir con Linux. Pero ese no es el caso de la normativa californiana, porque obligará a usar una API que informe los rangos etarios de los usuarios. Y, si bien esto solo es a modo declarativo (nadie corrobora que los registros sean ciertos), abre una puerta para compartir más información.

Prepararse para lo peor

Estos cambios pueden ser la antesala de un nuevo paradigma frente a la autonomía digital de las personas. Si la solución para frenar el descalabro mental generado por los magnates tecnológicos es verificar la edad mediante métodos biométricos, estamos cagados: básicamente, seguimos regalando más información a los mismos captores digitales que destruyeron (y destruyen) la psiquis humana con su ecosistema de adicciones digitales. Si dejamos que Google siga cerrando su tienda, ¿qué certeza tenemos de que no avance con controles aun más estrictos, como bien dicen desde F-Droid? Nada impediría que, dentro de poco tiempo, comiencen a banear aplicaciones por considerarlas malware. Peor aun, obligar a los devs a verificar su identidad los expone tremendamente: ¿quién garantiza que si, en algún momento, un país necesita saber quién desarrollo determinada aplicación, no pueda utilizar la información de Google para tomar alguna represalia? Precisamente eso plantean algunos devs como quienes forman parte del Guardian Project, un proyecto que desarrolla aplicaciones de software libre para organizaciones y personas que quieren mantener su privacidad.

Básicamente, seguimos regalando más información a los mismos captores digitales que destruyeron (y destruyen) la psiquis humana con su ecosistema de adicciones digitales.

Tanto para librarse de las ataduras de Google como para saltearse la verificación por edad, la solución actual es la misma: tomar, cada uno, las riendas de la situación. La campaña Keep Android Open busca sortear la amenaza de mayores cerrojos en un futuro: todavía es posible instalar distribuciones de android degoogleadas. Pero es cuestión de tiempo para que Google también avance sobre esa alternativa. Todas sus medidas (falsas soluciones a problemas que ellos mismos generaron) van hacia mayores trabas y limitaciones en la autonomía del usuario, y favorecen exclusivamente a aquellas mismas empresas que venden teléfonos y ecosistema de aplicaciones. Por ahora, desde la sociedad, no hay mucha conciencia sobre qué hacer.

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