"Las cosas donde ya no estaban", un caso independiente de cine posible

Fabio Vallarelli nació en Sarandí, localidad de la zona sur del Gran Buenos Aires, dentro del partido de Avellaneda. A los 14 años, un amigo de su hermano le prestó una copia trucha de La naranja mecánica de Stanley Kubric, y ahí supo que el cine era algo más que simples películas. "En mi casa estaba todo bien pero siempre al límite", dice Fabio. Así, ni bien terminada la secundaria, pese a su amor al cine, se metió a estudiar abogacía, se recibió, hizo carrera y hoy trabaja en el CELS.

En paralelo, y sin olvidar el primer amor, ingresó al Instituto de Arte Cinematográfico de Avellaneda (IDAC). Fue justo en pleno conflicto entre el instituto, la municipalidad y la entonces recién fundada Universidad de Avellaneda. Los pibes tomaron el IDAC y lo mantuvieron bajo control estudiantil por cuatro meses. Por su personalidad, Fabio se hizo delegado de su curso y estuvo en todas las asambleas.

Al final del conflicto, el IDAC no sólo mantuvo su autonomía, sino que además consiguió un edificio mejor en la calle 12 de Octubre. Fabio se recibió, filmó su primer largometraje (Tierra2), un cortometraje (¿Por qué te vas?) y se convirtió en docente del IDAC. En ese camino, forjó un grupo de trabajo. Hasta que el mes pasado estrenó la película Las cosas donde ya no estaban, que sigue con funciones en el Gaumont y otros Espacios INCAA.

La parábola de la película posible

Las cosas donde ya no estaban es una película sobre una pareja que se reencuentra luego de que uno de ellos haya emigrado al exterior producto de la crisis de 2001. Y se vuelven a conocer, al menos por una noche, en la ciudad de Buenos Aires, casi veinte años después, con Argentina de nuevo en estado de crisis permanente. Es una película con muchos guiños a la generación que transitó su adolescencia en los 2000, filmada en una Buenos Aires reconocible, cotidiana y, a la vez, cinematográfica.

Es una película independiente en el sentido más preciso del término: se filmó, produjo y pos-produjo sin ningún subsidio. Costó alrededor de 7000 dólares de los cuales un tercio se consiguió mediante plataformas de financiación colectiva.

Su estreno fue rechazado en el Bafici y en el festival de Mar del Plata. Está claro: Vallarelli no pertenece a la aristocracia cinéfila. Pese a todo, la película ganó un festival en Perú cuyo premio sirvió para terminar la posproducción de sonido. En contra de lo que indica la tradición del cine independiente argentino, Las cosas donde ya no estaban tiene un sonido excelente.

El pasado 16 de junio se estrenó en el Gaumont. Allí, en apenas una semana trepó hasta el tercer lugar de las películas más vistas en espacios INCAA. Un puntapié inicial que siguió con la exhibición en varios espacios INCAA del país. Toda una estrategia diseñada y ejecutada por el propio director, quien pese a apoyar la existencia y función del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales sabe que al esquema le falta un punto de cocción.

Vallarelli sostiene que "como el subsidio del INCAA está más enfocado en hacer, cobrar y vivir, la exhibición no forma parte del problema cotidiano". La exhibición, es decir que el público vea las películas que el instituto financia, deviene más un problema técnico para que los productores puedan cobrar el subsidio completo que un incentivo para la industria. "El sistema tiene que ser más virtuoso y encargarse de la exhibición", sostiene Vallarelli, a la vez que recalca la necesidad de fortalecer al INCAA y democratizarlo, además de tener una cinemateca nacional que eduque al público en la riquísima tradición del cine argentino.

Las cosas donde ya no estaban, además, funciona como un faro para estudiantes del IDAC y para discutir la idea de que "los otros lugares te dan más chapa". Para Vallarelli, fiel representante de la escuela cinematográfica bonaerense, otro cine es posible. Con el estreno de este film, el humilde pero no menos trabajador IDAC se anima a disputar un espacio entre las escuelas de cine local como la ENERC o la mismísima FUC. Vallarelli quiere convencer a sus estudiantes de que para hacer una película propia y llegar a verla en un cine, "no se tienen que ir a otro lado, no tienen que ser multimillonarios, no tienen que venir de una familia de plata". Aunque "sí tienen que laburar un montón".

Y como nadie es profeta en su tierra, Las cosas donde ya no estaban ganó su segundo festival, pero esta vez en Italia y el premio fueron 8000 mil dogecoins: la famosa criptomoneda meme cuya vida empezó como un chiste y que ha llegado a valer 60 centavos de dólar. Un premio inusual, para una película inusual y un director inusual. Si la diosa fortuna lo sigue acompañando, tal vez el próximo mercado alcista cripto pague su siguiente película.


Este artículo fue publicado originalmente en Página/12. Se reproduce aquí con autorización del autor.

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