La "cuck chair": De la pornografía a metáfora de las redes
De los memes de infidelidad a la "cuck chair", la lógica de la pornografía invade todo. Por qué nos engancha ver más que vivir.
Hace unos meses era imposible estar en Twitter sin que apareciera alguna variación de "mientras hacés alguna cosa, un turro se coge a tu novia". Era un formato de humor en el que un hombre real (vos) era comparado a otro imaginario (mejor). La idea era que había alguien ocupando un lugar que era tuyo, y vos estabas mirando o haciendo otra cosa.

La última versión de este formato es el de “tu novio el que no puede” tal cosa. Todas las variaciones que te hagan acordar a castración. En fin, siempre que entro a Twitter parece haber una serie de personas hablando sobre infidelidad, no ser suficiente para una mujer o alguna combinación de ambas, muchas veces desde un lugar bastante pornográfico.

Tratando de rastrear el origen de esta clase de chistes, tratando de buscar las capas del loop, me resulta imposible ignorar “cuck”, un insulto cuyo uso aumentó significativamente durante la última década. Hace algunos años fue el centro de varios artículos periodísticos analizando su uso en el panorama político de Estados Unidos.
Recuerdo que empecé a reconocerlo durante la época de Gamergate, cuando era bastante común encontrarlo en foros y comunidades con una alta participación de usuarios vinculados a la alt right.

Si miramos el gráfico podemos ver que no para de crecer. Sin embargo, antes del máximo actual, hay dos picos entre el 2016 y el 2018. Estos dos están relacionados a la victoria de Donald Trump frente a Hillary Clinton y la popularización del insulto en la política mainstream con términos como cuckservative.
“Cuck” es un insulto cuyo uso aumentó significativamente durante la última década. Hace algunos años fue el centro de varios artículos periodísticos analizando su uso en el panorama político de Estados Unidos.
Para quien no sabe, el cuckporn es básicamente gente que disfruta viendo cómo sus parejas mantienen relaciones sexuales con otros. No es un trío, ya que el novio no participa. Proviene de la palabra cuckold, refiriéndose a cómo el pájaro cucú pone huevos en otros nidos, y fue bastante usada por William Shakespeare.
Según distintos sexólogos, este fetiche puede tener varias motivaciones: humillación, masoquismo, compersión, control, exhibicionismo o una combinación de todas estas cosas.
Tras la popularización del término, se tipificó urbanamente como alguien que mira desde afuera mientras otro ocupa su lugar, sin importar el contexto, haciéndolo muy cercano a berretines comunes en el fútbol como “el que lo mira por TV” o "está en el banco de suplentes".
Luego de la popularización del término post elecciones 2016 en EE.UU., un informe publicado por Pornhub puso a cuckold como la categoría con mayor aumento de visualizaciones en 2017, con un crecimiento del 72% respecto del año anterior. Entonces, mientras cuck se volvía un término cada vez más genérico, el fetiche del que había salido también empezaba a crecer dentro del porno. En los años siguientes volvió a aparecer entre las búsquedas con mayores aumentos y para 2025 las búsquedas de cuckold habían crecido otro 73% respecto del año anterior.

No sé si estoy tan seguro de que haya relación directa entre el aumento del porno cuck con la obsesión de internet por hacer chistes de que alguien se coge a tu señora. Puede que sencillamente sea una forma exitosa que adquieren los formatos dentro de las plataformas. Después de todo, el porno es un gran motor de avance en la tecnología.
Existe un concepto en biología llamado carcinización. Básicamente describe un fenómeno en el que distintos crustáceos, separados por millones de años de evolución, terminan pareciéndose cada vez más a un cangrejo. Realmente no están emparentados como especie pero misteriosamente la forma de cangrejo resulta conveniente.

No creo que haya ningún biólogo marino que tenga ganas de ver si Twitch está mutando en Pornhub, pero hay algo de la lógica pornográfica que parece funcionar demasiado bien como para que las demás plataformas no terminen pareciéndose un poco. No necesariamente porno de gente en pelotas (aunque muchas plataformas tienden a eso), sino porno como estructura. Todo empieza a organizarse alrededor de observar a otro y entablar prácticas masturbatorias. Ahora, hacerlo con o sin pantalla es un salto grande.
Pornhub puso a cuckold como la categoría con mayor aumento de visualizaciones en 2017, con un crecimiento del 72% respecto del año anterior.
Creo que tenemos que admitir que hay algo paradójico en que todo esto suceda en internet. Estamos en un lugar donde buena parte de lo que hacemos consiste justamente en mirar a otras personas hacer cosas una y otra vez. Vemos gente jugar videojuegos que tenemos, gente comer cosas que podríamos comer, abrir paquetes de cosas que no podemos comprar, reaccionar a películas con mayor expertise que nosotros, recorrer ciudades lejanas, estudiar o simplemente vivir una vida que por algún motivo nos interesa más (durante treinta segundos) que la propia.
Esto no quiere decir que mirar sea necesariamente una versión degradada de hacer esas cosas, pero sí se podría argumentar que todo tiende a un punto bastante explícito. Lo que genera engagement es la búsqueda de reacciones emocionales. Gran parte de la optimización de las plataformas suele tener de referencia las plataformas pornográficas, a pelo y sin saliva por ese efecto en particular.

Le mandamos un saludo a Baudrillard, que pensaba en De la seducción en lo pornográfico más allá del sexo y lo relacionaba con una hipertrofia de la visibilidad, donde todo debe exponerse cada vez más hasta eliminar el secreto y la distancia. Le hubiese gustado TikTok.
No pongo las manos en el fuego, pero quizás por eso usamos porn para hablar de tantas cosas que no tienen nada que ver con coger. Más allá de la frase trillada erróneamente atribuida a Oscar Wilde, hay miles de cosas como foodporn, travelporn, architectureporn, productivityporn, studyporn, bookporn, ni hablar de esos reels de cocineros que sexualizan la comida.
Se elimina la distancia, los procesos largos se reducen a clips cortos, la manera de ejecutar algunas acciones está totalmente supeditada a la cámara y el mejor ángulo posible. Algunos incluso sólo hablan por el clip. Le mandamos otro saludo a Guy Debord en Sociedad del Espectáculo.
La actividad se independiza de su finalidad anterior y pasa a existir para ser contemplada como fuente de satisfacción y ya. Hay un régimen de visibilidad que lentamente supera el régimen de vivibilidad.

En ese sentido, el streaming y ciertos géneros pornográficos en vez de ser fenómenos aislados son síntomas de una transformación transversal en la manera que la gente se relaciona con el espectáculo y las experiencias en general. Es decir, el objetivo no es mejorar la experiencia de los participantes (el comensal, por ejemplo), sino la de los observadores.
En el porno pasa de manera bastante literal con posiciones que no necesariamente son las más cómodas ni placenteras, pero permiten que la cámara registre mejor lo que está pasando o exhiba mejor el cuerpo, ya sea por su atractivo o su performance. En el resto de los contenidos, de maneras bastante menos sexuales, empiezan a incorporar los mismos elementos.
Se elimina la distancia, los procesos largos se reducen a clips cortos, la manera de ejecutar algunas acciones está totalmente supeditada a la cámara y el mejor ángulo posible.
No hace falta pensar en la ya muy comentada idea de que internet nos hace compararnos constantemente con otros. Es más interesante (y negativa) la relación con aquello que nos hace sentir inferiores. El algoritmo no necesita saber si un video te destroza la autoestima. Funciona más en el régimen de lo visible, por encima de lo vivible. Entonces, si te genera retención, es lo mismo. Si se puede ver, da igual si te caga la vida, digamos.
En esta constante exposición que obliga a la gente a compararse contra un infinito de gente con más plata, más belleza, más éxito, me pareció que la categoría más relevante termina siendo análoga a la del cuckold.
Otra cuestión para agregar es que parece ser que el cuckold es un fetiche predominantemente masculino y la motivación más común suele tener relación con el goce vinculado a la humillación. Dicho en criollo, tratando de no kinkshamear demasiado, es ver cómo alguien “más que vos” está con tu señora y vos, mientras tanto, te escondés en el armario vestido de Superman o alguna cosa así.

El rasgo característico del insulto no es únicamente el componente sexual sino la estructura de este deseo. El cornudo obtiene placer viendo a otro disfrutar con aquello que convencionalmente sería "suyo".
Algunos hombres buscan deliberadamente a alguien que consideran superior a ellos, más atractivo, más musculoso, más exitoso o sencillamente más deseable. Algunos influencers incluso cuentan haber recibido propuestas de hombres que querían verlos con sus parejas justamente porque los consideraban una figura aspiracional. En esos casos el placer no parece provenir solamente de mirar sexo, sino de cierta comparación. Les calienta que otro supla la insuficiencia de ellos en la cama.
De esta misma fantasía viene la cuck chair, esos sillones que aparecen en habitaciones de hotel sospechosamente orientados hacia la cama y que, según el chiste, están puestos ahí para que el cornudo pueda sentarse a mirar.
Como suele pasar con esta clase de términos, después dejó de hacer falta que hubiera una situación cuckold real y alcanzaba con que una silla estuviera demasiado cerca de una cama para que diera gracia.

Otro componente es lo racial, porque la gran mayoría de las veces el cornudo es un hombre blanco manicero y el que mantiene relaciones con su mujer es afrodescendiente o latino, generalmente más musculoso, alto, viril, etc. No llama la atención que cuck haya empezado a aparecer en foros de la alt-right, donde varias de esas ansiedades/miedos sexuales podrían traducirse con bastante facilidad a ansiedades/miedos políticos, como la Teoría del Gran Reemplazo.
Durante la campaña de Trump, cuckservative empezó a utilizarse contra republicanos moderados como Jeb Bush o Marco Rubio, acusados de ser demasiado débiles frente a la inmigración y otras cuestiones. La metáfora funcionaba porque la analogía era bastante directa. Si quisiéramos encontrar algún comparable discriminatorio argentino sería el de “a tu novia se la coge un villero”.

La idea, además, es que el hombre no sólo se encuentra en una posición de inferioridad frente a otro superior, sino que encima la disfruta tanto que organiza el encuentro.

Ahora, volviendo con el meme, la cuck chair me parece brillante como metáfora de los tiempos que corren. Desde afuera es el asiento del perdedor, aunque para el cuck puede ser el lugar desde el que quiere participar. No "consigue a la mina", pero igual participa de la experiencia. De algún modo la derrota ya viene equipada con una posición desde la cual seguir estando en la situación.
Internet ofrece una cantidad gigante de experiencias cuyo objeto es canalizar las frustraciones antes de que muten en algo que te saque del circuito. Es una máquina psico que sirve para capturar el malestar y también los intentos de resolverlo. Quiero decir, brinda una experiencia que es desagradable según las reglas sociales ordinarias pero sigue siendo buscada, organizada y repetida porque produce otra clase de satisfacción. La plataforma no necesita que esa experiencia sea placentera porque lo único que necesita es que continúe.
Entonces creo que esta secuencia aparece en forma de apuestas, pornografía, doomscrolling, ragebait, blackpill, o incluso consumo compulsivo. El sujeto vuelve aunque ya no sepa demasiado bien si aquello que recibe es recompensa o castigo. Placer y dolor empiezan a mezclarse porque para la plataforma es económicamente indiferente, siempre y cuando las personas se mantengan en el circuito.
En la cuck se acomoda el deseo a la derrota. La silla deja de ser el lugar incómodo del que uno quiere levantarse y se convierte en el lugar desde el que se puede seguir participando como observador. La figura me resulta tan contemporánea porque internet está lleno de pequeñas soluciones parecidas. Frente a cosas que nos producen impotencia, inferioridad o frustración, las plataformas ofrecen maneras de mirarlas, repetirlas, erotizarlas, discutirlas y convertirlas en identidad sin interactuar demasiado con la verdadera causa que las produjo.
La única cosa real en el chiste de que "un turro se coge a tu novia" es la inseguridad, porque no hay turro y tampoco creo que haya novia.
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