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Entrevistas al Underground informático – Episodio II: Yuko, creadora de fanzineclub.com

Conocé a Yuko, la hacktivista punk que pasó de hacer fanzines a montar servidores comunitarios. Nos cuenta cómo hackear el miedo a la tecnología y construir una Internet autogestiva y fuera del control de GAFAM.

Entrevistas al Underground informático – Episodio II: Yuko, creadora de fanzineclub.com

Continuando con el ciclo de entrevistas a hackers y hacktivistas que luchan y proponen alternativas a nuestros hábitos digitales, hoy hablamos con Yuko, punkrocker, creadora de fanzineclub.com y hacktivista feminista.

Para la segunda entrega de este ciclo continuamos en la línea de charlar con gente que trabaja en pos de pensar alternativas e infraestructuras comunitarias y autogestionadas que nos permitan habitar espacios de Internet alejados de las prácticas extractivistas y policiales de los oligarcas del cómputo. Hoy conversamos con Yuko, correntina radicada en Buenos Aires, punkrocker en WWW, obrera informática en infraestructura, fanzinera, militante del software libre, artista electrónica y tallerista.

Nos hemos cruzado en eventos, en recitales y en el cyberespacio, pero nunca tuvimos la oportunidad de charlar en profundidad. ¿Cómo fue tu acercamiento al software libre? Además tenés la particularidad de que sos punk. Para mí, el software libre y el punk van de la mano, no hay otra. Ser punki y linuxero son casi sinónimos.

¡Totalmente! Justamente por la movida punk es que conocí al software libre. Cuando doy las charlas siempre cuento esto, que tiene que ver con visibilizar lo siguiente: hay una idea de que para acercarte a la tecnología, tenes que estar relacionado a “sistemas”, haber tenido una computadora de chico... Ni hablar de la cuestión de género. Pero en mi caso no fue así. Yo vengo de la movida punk y fanzinera. Hago fanzines desde los 17 años, cuando me había mudado desde Corrientes a estudiar farmacia. Un día, en algún recital, supongo, llega a mi mano el fanzine “Hackeá tu mente”, que habla sobre software libre y Linux. Cuando leo esto, digo: ¿qué carajos? Esto además me llegó de grande, a mis veintilargos. Cuando leo el fanzine y veo la palabra “libre”. Y se hablaba de las libertades del software, de compartir, de entender cómo está compuesto el código, de poder acceder. Además, ese fanzine obviamente era muy punki y anarco, hablaba de apropiarnos de las tecnologías, eso me cambió la perspectiva completamente, porque me hizo entender que yo podía ser dueña de mis dispositivos y hacer lo que quisiera con ellos.

Hay una idea de que, para acercarte a la tecnología, tenes que estar relacionado a “sistemas”, haber tenido una computadora de chico... Ni hablar de la cuestión de género. Pero en mi caso no fue así. Yo vengo de la movida punk y fanzinera

Siendo mujer, y culturalmente por dónde vengo, siempre pensé que por una cuestión de género no podía ni reparar, ni especializarme en algo técnico. Ese fanzine fue como un disparador para darme cuenta de que yo podía hacer esas cosas que hacían los hombres. Podía desarmar cosas, intentar arreglarlas, modificarlas. Yo no estudie nada de electrónica, todo eso lo fui aprendiendo metiendo mano. Todo eso, además, con el tiempo terminó haciéndome entender cómo es que funcionan todas las empresas privativas de software, cómo extraen información, por qué lo hacen, para qué. Y ahí me di cuenta: yo no quiero eso para mi vida. No digo que esté bien o que esté mal. Yo no lo quiero, y trabajo para que la gente también, al menos, pueda verlo, pueda entenderlo y tome una decisión, como hice yo, como hicimos varios. Lo mismo me pasa con el veganismo, es una elección, si puedo elegir no comer derivados de carne, no lo hago. La esencia del punk es ser contracultural y el software libre es justamente eso.

Exacto, es no hacer las cosas por default, poder elegir. Y pasa el tiempo y más lo reafirmo... Bueno, es algo propio del punk eso. Ahora, una cosa es entrar a Linux hace 15 o 20 años, donde había otros debates, y otra cosa es ahora. ¿Cuándo empezás a ver qué, además de si compartir o no el código, empieza a ser un gran interrogante la cuestión del trackeo constante, la vigilancia, los algoritmos?

Cuando entré de lleno con ese fanzine obviamente eso disparó un montón de búsquedas y, bueno, fui llegando a otras discusiones: anonimato, hacktivismo y cosas así. En paralelo empecé a laburar en informática, directamente en infraestructura. Dejé farmacia porque me di cuenta, mientras trabajaba, que me gustaba más reparar computadoras que la carrera, ¡ja! Estaba ya muy dentro del rubro informática y llego a Marta Peirano y sus charlas TED, que populariza la sigla GAFAM (Google, Amazon, Facebook Apple y Microsoft) para etiquetar a estas cinco compañías que dominan Internet. La divulgación que hacía ella (además, siendo mujer) de estos temas, explicando cómo Google y todas estas corpos revenden nuestra información, haciéndonos trabajar gratis para sus plataformas, para mí fue muy ejemplificador. Ella, en uno de sus libros, estoy hablando de 2016, además; ya pasaron 10 años, muestra varios estudios y evidencias de cómo los teléfonos son creados no solo por equipos de ingenieros sino por psicólogos trabajando para crear un dispositivo que finalmente genere una adicción en sí. Toda esa información me hizo flashear, y conocer aun más a muchas personas que estaban haciéndose las mismas peguntas, que estaban difundiendo y a la vez denunciando. Hace mucho que, mediante esta manipulación, esta extracción de datos y la lógica algorítmica hace que sintamos muchísima ansiedad, que nos sintamos deprimidos o adictos. Y tenemos que entender que no es culpa nuestra, porque estos aparatos están diseñados precisamente para generar eso, es parte del contexto social actual. Marta fue, en ese sentido, un disparador tremendo: podés ser mujer y estar en tecnología, podés ser mujer y divulgar, y esto último es lo que vengo haciendo: armando talleres sobre cómo montar tu infraestructura en tu casa.

Antes de avanzar sobre los talleres y el proyecto de fanzineclub.com, ¿cómo ves la escena de hacktivismo en la región? A veces da la sensación de que somos como el Quijote gritando al aire contra los molinos de viento.

En el 2019 vino Marta Peirano a la Argentina. Yo, en ese momento, estaba muy enojada, muy enroscada. Me había ido de todas las redes, estaba cansada de la manipulación y el extractivismo de datos, pero en una clave de enojo. Además, me sentía muy sola, no tenía con quién hablar de estas cosas, no sabía si había gente que pensara en esta línea. Marta vino a una gira por Sudamérica y, además, pasó por un espacio de hacktivistas. Fue una charla más privada, éramos un grupito de 20 personas. Ahí tuve la oportunidad de charlar con ella personalmente y contarle mi idea: me quería ir a Alemania, donde toda esta movida estaba completamente en auge. Y lo que me dijo ella fue categórico: “En Alemania está lleno de gente como vos, ¿para qué querés ir? Quedáte acá, que falta gente como vos”. Eso me abrió completamente el panorama. Y tenía razón. A veces renegamos mucho porque acá parecería no suceder nada. ¿Quiénes están acá, haciendo laburo de concientización, de divulgación? Es responsabilidad de quienes tenemos ese conocimiento, el esparcirlo. Entonces ahí me puse a indagar y sí, efectivamente había gente que estaba haciendo cosas: la gente del R-Lab, el PiP, Cybercirujas, AlterMundi e incluso los FLISOL. O, por ejemplo, Acción Colmena de La Plata, que es el proyecto de una chica que repara impresoras e imprime formatos rarisimos de fanzines. Eso por citar un par de proyectos nada más.

También hay una realidad. Con la explotación laboral que hay, gente trabajando catorce horas, sin tiempo de ocio (que es crucial), sin posibilidad de tener tiempo de aburrimiento (que también me parece clave), el celular termina siendo una suerte de escape.

A veces uno está desesperanzado porque ve a la gente embobada diez horas haciendo scrolling. Ahí muchas veces parece que prima el discurso acusatorio, que no suma en nada pero que suele ser la primera reacción. Pero lo ideal es hablar desde la explicación, concientizar. Si después la gente decide seguir en esa, ya es su tema. También hay una realidad. Con la explotación laboral que hay, gente trabajando catorce horas, sin tiempo de ocio (que es crucial), sin posibilidad de tener tiempo de aburrimiento (que también me parece clave), el celular termina siendo una suerte de escape. ¿Cómo voy a decirle a un tipo que estuvo catorce horas trabajando, viajó reventado en un tren, llegó a su casa y ahora tiene que cuidar a su familia, “che, tenés que usar menos el celular”? Por eso creo que hay que ir a las bases: cómo funciona Internet y estos dispositivos.

Bueno, eso me lleva a otra pregunta que me hago siempre, ¿crees que pueda existir otro modelo de celular, otro tipo de ecosistema, que no tenga todos estos problemas?

Yo creo que sí, pero habría que hacernos otra pregunta. ¿Es necesario que el dispositivo móvil tenga tantas funciones? ¿Por qué no podemos usarlo para lo que es: llamar y responder mensajes? El dispositivo móvil dejó de ser un aparato para comunicarnos para ser un dispositivo de entretenimiento, como si tuvieras una “televisión” con videos infinitos. Como digo, no es tanto la culpa del usuario sino una idea de diseño. Por eso también uno de los proyectos que encaré hace poco es el de Buceo Experimental de Internet, justamente para “recuperar” un poco esa idea de la red. Y lo que hago es bastante simple. Con alguna persona interesada, coordinamos para hacer una videollamada y nos compartimos algún link, alguna inquietud, lo que sea, y nos ponemos a indagar sobre eso. Pero indagar en el sentido de buscar data en la Web, ir saltando de link en link, charlando, debatiendo, discutiendo. Esto obviamente te obliga a usar la computadora para navegar, que es una práctica que muchos ya han perdido pero es el basamento de Internet. Pero no por nostalgia, sino porque es una práctica que siempre hicimos, y que no depende de ninguna de todas esas mega corporaciones extractivistas.

Para ir cerrando, contame un poco cómo surgieron estos dos últimos proyectos tuyos: fanzineclub.com y los talleres de infraestructura comunitaria.

Como dije, yo hago fanzines físicos desde siempre, eso siempre lo escaneo y luego lo subo a algún lado. Pero siempre que lo subís a algún lado, tenés que crearte una cuenta, o hacer algún proceso más o menos engorroso. Entonces, me surgió la duda: cómo podemos hacer quienes editamos fanzines para tener algún tipo de archivo online, donde podamos subir las producciones y que estén accesibles de forma libre y gratuita. Lo primero que pensé, al encarar esa idea, es que justamente, a la hora de subir un archivo, no necesites registro. Odio tener que registrarme en servicios en Internet. Al no requerir registro, la consecuencia directa de eso es que no hay recolección de datos ni nada parecido. Y, por supuesto, que sea una infraestructura comunitaria y autogestiva. No depende de servicios de terceros, no está alojado en EE.UU. Lo gestionamos colectivamente. Si alguien quiere subir un fanzine, completa el formulario, que no es un Google Form, y ahí lo revisamos manualmente; porque, claro, siempre alguien puede querer subir algún contenido malicioso o que no corresponda. Hoy tenemos más de 500 fanzines de todas partes del mundo y para mí es súper importante, porque estamos haciendo un archivo. A veces, parece que solo los libros y los papers son material de estudio, pero los fanzines, que tienen una tradición de más de 50 años, también son material de investigación y por eso es súper importante tener proyectos así.

Para mí es clave habilitar la conversación, preguntarle a la gente qué correos usan, qué mensajería utilizan, cómo se relacionan con la tecnología, pero fundamentalmente que se saquen el miedo. Hay que desacralizar la tecnología. Todavía se cree que entender de esto es solo para alguien al que “le da el bocho”.

Y después está el tema de los talleres, que igualmente tiene mucho que ver con esto. Fanzineclub.com es una raspberry pi con un disco externo, nada más que eso. Sí, claro, tiene un mecanismo de backups y todo eso, pero esa simpleza sirve para demostrar que montar infraestructura hogareña, comunitaria y autogestionada no es imposible. Pero, puntualmente para los talleres y charlas, tengo una amiga que es organizadora de la Feria del Libro Punk y me insistió en que tenía que participar de alguna manera. Yo estaba trabajando en una instalacion Habitar Internet - Infraestructuras colectivas, y, entonces, además de presentar eso, también di una charla. El público no tenía nada que ver con la tecnología, lo cual es lo ideal, porque no sirve siempre hablar entre nosotros, que ya estamos en tema. Así fue cómo empecé, y ahora estoy haciendo otras virtuales, donde ya se anotaron más de 200 personas. Para mí es clave habilitar la conversación, preguntarle a la gente qué correos usan, qué mensajería utilizan, cómo se relacionan con la tecnología, pero fundamentalmente que se saquen el miedo. Hay que desacralizar la tecnología. Todavía se cree que entender de esto es solo para alguien al que “le da el bocho”. Le decís de armar tu servidor y te dice “no, servidor, ¿qué es eso?” ¡Es una computadora, es lo mismo, pero lo administrás vos! Hoy, con cualquier computadora tipo raspberry pi o la computadora que tengas a mano, podés montar tu servidor para crear tu nube de archivos, tu servidor de música, de fanzines, lo que quieras.

Yo creo que ese pensamiento de los informáticos como la única élite que puede tocar estos temas es una idea impuesta justamente por las grandes compañías. Yo lo que busco con las charlas es que la gente por un lado se anime a probar, que uno diga “ah, yo puedo hacer esto” o que simplemente no hagan nada, pero tengan la información de cómo funcionan las cosas. Después es una cuestión de elección. Yo creo que este es un buen camino. A futuro lo que me gustaría es tener mi propio datacenter, pero un datacenter para alojar proyectos artísticos, por fuera de las corporaciones, que sea autogestionado, comunitario, colectivo... ¡Ya se va a dar!

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