Quiénes controlan los cables submarinos de Las Toninas y tu acceso a internet
Quiénes controlan los cables submarinos de Las Toninas y tu acceso a internet
Las Toninas es el principal acceso de los cables de fibra óptica en la Argentina, los cuales permiten la conexión a Internet. De los cables submarinos dependen las comunicaciones, los flujos financieros y el acceso a los datos almacenados digitalmente en la nube. Son parte de la infraestructura que mueve al mundo, el micelio por el que circulan todas las preguntas y respuestas de nuestra época.
A la Argentina llegan un total de siete cables submarinos. Los primeros cuatro son: el Unisur, colocado por Antel Uruguay y Telxius en 1995; el South American Crossing (SAC) de Cirion Tecnologies y Sparkle en el 2000; el South America–1 (Sam–1) del 2001, también hecho por Telxius; y el cable Bicentenario de Antel Uruguay y Telecom Argentina en 2011. En 2018, el cable Tannat fue fabricado también por Antel Uruguay y un nuevo actor: Google. En 2021 se desplegó el cable Malbec, de V.tal y Meta. En 2025 llegó el cable Firmina, hecho exclusivamente por Google.
De los cables submarinos dependen las comunicaciones, los flujos financieros y el acceso a los datos almacenados digitalmente en la nube. Son parte de la infraestructura que mueve al mundo.
Entonces, afirmar que “Google y Meta controlan los cables submarinos de Las Toninas (y también tus datos)” no es necesariamente un bait. Pero para ahondar más en eso, primero hace falta desarrollar los conceptos de convergencia y concentración, para luego entender cómo el colapso inmobiliario de Lehman Brothers en Estados Unidos fue causa indispensable del escenario actual.
La convergencia se refiere a la integración de dos o más cosas. En su acepción tecnológica, alude a la articulación en una misma arquitectura o red de sistemas pensados originalmente como autónomos que luego fungen de un modo eficiente, ya sea como tecnología digital (apps, plataformas, software) o como dispositivo en sí mismo (celulares inteligentes, computadoras). Sin ir más lejos, Google, como app y como cable submarino de fibra óptica, es un fenómeno de convergencia. Guillermo Mastrini señala que, frente a la convergencia, los Estados contemporáneos tienen pocas herramientas para regular a corporaciones Big Tech cuyo capital supera ampliamente el PBI de la mayoría de los países.

La concentración, a su vez, está vinculada a la cualidad adaptativa del capital en condiciones complejas de mercado, como fue, por ejemplo, la crisis de 2008. La concentración le permite a las empresas sacar ventajas comparativas con respecto a otras, ya que pueden controlar eslabones estratégicos de la cadena de valor (aka cables submarinos), acaparar ingresos extraordinarios y condicionar los precios relativos del mercado. Esto trae consecuencias: según Martin Becerra, la concentración de la propiedad sobre, por ejemplo, medios y dispositivos de comunicación lesiona la diversidad de puntos de vista y de fuentes.
La convergencia y la concentración se retroalimentan: el que integra la mayor cantidad de sistemas, concentra ganancias. Y viceversa.
Crisis de la hipotecas subprime
Mujeres y hombres trajeados salen de un edificio con cajas de cartón llenas de pertenencias personales. Es 2008, Lehman Brothers está quebrado y estalló la crisis de las hipotecas subprime. En ese momento, la respuesta del gobierno norteamericano es que la Reserva Federal de los Estados Unidos se ponga a disposición de los bancos y los rescate con una suma de alrededor de 700.000 millones de dólares. La deuda privada se transforma en deuda pública y los gobiernos aumentan su déficit fiscal con el objetivo de contener el colapso privado.
Para hacerle frente a la deuda asumida, más tarde, los gobiernos aumentan el volumen monetario para "aliviar" la recesión. A eso se le suma el incremento de los ahorros corporativos y la expansión de los paraísos fiscales. Resultado: mucha liquidez, mucho cash disponible para ser invertido. Los inversores entonces buscan activos más riesgosos donde poner su capital. Esas inversiones de alto riesgo significa meterle plata a startups tecnológicas, los llamados Unicornios, muchas de las empresas conocidas actualmente como Big Tech. El clásico ejemplo es Facebook, hoy la súperempresa Meta, que acapara a Facebook, Instagram, WhatsApp, Messenger y Threads, y que tiene, entre otras tantas capacidades económicas y políticas, la de poner cables de fibra óptica a gusto y piacere.
En otras palabras, durante la crisis de 2008 se inyectó un inmenso capital en Internet, convirtiéndola en el nuevo bastión del capitalismo. Explotó el desarrollo de algoritmos, extracción y comercialización de datos, publicidad, cookies y ventas. Pero a las grandes empresas tech no les alcanzó solo con comercializar nuestro tiempo en su paraíso de bits, brainrot y droga constante. Ahora también les importan los fierros: controlar cómo viajan esos bits, a qué velocidad y a dónde.
A las grandes empresas tech no les alcanzó solo con comercializar nuestro tiempo en su paraíso de bits, brainrot y droga constante. Ahora también les importan los fierros: controlar cómo viajan esos bits, a qué velocidad y a dónde.
Nick Srnicek, en su libro Capitalismo de plataformas argumenta que, con la crisis del petróleo de 1973, la crisis neoliberal de los noventa y la crisis de 2008 se generó una prolongada caída de la rentabilidad manufacturera, por lo que el capitalismo tuvo que volcarse hacia los datos para mantener su vitalidad. Las Tech, infladas por el capital, aumentaron su concentración, su convergencia y sus fierros, ya no solo para incrementar sus ganancias, sino también para ser los protagonistas de la escena política global. Y, al igual que los cables telegráficos del siglo XIX, controlar los flujos de información de los cables submarinos es una herramienta estratégica.
Flavia Costa plantea el concepto de tecnoceno. Su propuesta implica dejar de lado la supuesta “desmaterialización” de las tecnologías digitales y preguntarnos por la materialidad, en este caso, vinculada a los cables submarinos. Significa dejar de hablar de internet como una "nube" o "red", como algo intangible.
Un internauta de a pie
Usted, un internauta de a pie, difícilmente se entere de cómo viajan los datos “materialmente”.
El recorrido de la información digital se da por las llamadas autopistas del hardware, a través del conjunto de protocolos TCP/IP. El más usado es el protocolo IP. En ese protocolo, cada dispositivo conectado a Internet, sea la computadora o el router wifi, tiene asignada una serie única de números conocida como Dirección IP. La IP se le asigna a una casa o al número de un celular: es única y exclusiva. Actúa como dirección de envío a través de la cual toda la información llega a su destino.
Para verlo más claro, sigamos el siguiente ejemplo: introducimos un nombre de dominio, por ejemplo, https://www.421.news/es/. El navegador envía una solicitud al servidor del Sistema de Nombres de Dominio (DNS, por sus siglas en inglés) para obtener la dirección IP correspondiente. Después de obtener los números de la dirección IP, el navegador reenvía la solicitud al Centro de Datos del servidor. Es decir, este texto que busco por la web de 421 viaja de un Centro de Datos (de, por ejemplo, Google) hasta mí.
Debemos dejar de lado la supuesta “desmaterialización” de las tecnologías digitales y preguntarnos por la materialidad, en este caso, vinculada a los cables submarinos. Significa dejar de hablar de internet como una "nube" o "red", como algo intangible.
Una vez que el servidor recibe la solicitud de acceso al sitio web en particular, inicia el flujo del paquete de datos. Esos datos se transmiten en formato digital, a través de cables de fibra óptica, en forma de impulsos de luz. Estos impulsos de luz son los que, a veces, viajan miles de kilómetros a través de los cables submarinos.
Sin embargo, Internet tiene una estructura que se denomina robusta, porque la autopista de hardware puede variar. Es decir que los cables submarinos son solo un tipo de medio de transmisión. Existen medios guiados (cableados) y medios no guiados (inalámbricos), o sea que el tráfico de datos puede llegar por ondas electromagnéticas, satélites, wifi, 5G, cables ethernet, y, en algunos casos, cables submarinos. De hecho, se puede saber qué camino hizo el paquete de datos, hasta cierto punto, con Traceroute. En la mayoría de los casos, para que la información viaje por cables submarinos, la búsqueda debe involucrar dos continentes distintos, lo que justifica el viaje por el fondo del océano.
La materialidad en Argentina
En febrero de 2025, el Grupo Clarín, que controla a Telecom Argentina, adquirió casi el 100% de Telefónica Móviles Argentina, que operaba bajo Movistar y Tuenti, por 1.245 millones de dólares. Welcome back, Héctor Magnetto. Esto le daría al Grupo Clarín una posición monopólica, al concentrar casi el 70% de los servicios. La “nueva Telecom” y Claro (del Grupo Telmex) tienen el porcentaje restante. Recordemos que Telecom ya había comprado Cablevisión y había desarrollado la marca Personal, que incluye a Flow y a Fibertel. En síntesis, está Personal+Movistar, por un lado, y Claro, por el otro.

Esto cambiaría un poco el mapa descrito en párrafos anteriores, pero, por ahora, es imposible saber cómo. Y, más allá de las cuestiones locales, lo cierto es que los Estados contemporáneos están perdiendo sus potestades territoriales contra unas Big Tech que los superan en capital y poder. Es lo infinito de Internet versus los límites de un país. El hecho de que estas empresas se apropien de cables submarinos, hace que tengan una gran influencia política sobre ciertos países. Así deben leerse los tuits de Elon Musk festejando la presidencia de Milei, o la reciente visita de Peter Thiel.

