¿Tyrannosaurus rex o Giganotosaurus? En esta nota, la ciencia enriquece (y complejiza) a la ficción. Descubrí al titán de Neuquén: un cazador de 13 metros con "dientes de tiburón" que dominó la Patagonia, una tierra de gigantes.
Dentro de los dinosaurios carnívoros más grandes que existieron, la figura más conocida a nivel mundial es el Tyrannosaurus rex, por obvias y hollywoodenses razones. Aunque en nuestra tierra tenemos fósiles de dinosaurios de los cuales estar orgullosos, como ya vimos en notas anteriores: el depredador más icónico de la Argentina y el dinosaurio más grande de todos los tiempos. Y la Patagonia también nos brindó al "rey lagarto del sur", el Giganotosaurus carolinii.
Cabe mencionar que este dinosaurio tuvo su momento de fama global como el antagonista principal en el cierre de la saga Jurassic World, donde se lo retrató en una rivalidad milenaria con la icónica T. rex, y hay mucho para decir al respecto. Pero antes de entrar en debates cinematográficos, pongamos el foco en lo que realmente importa, la ciencia detrás de nuestro compatriota.
La historia de este dinosaurio empezó en 1993, cuando el cazador de fósiles aficionado argentino Rubén Darío Carolini recorría los cañadones cercanos a Villa El Chocon (Neuquén) en su buggy. De pronto, diviso que emergía algo del sedimento: la parte de una tibia de un dinosaurio. Notificó el hallazgo y especialistas de la Universidad Nacional de Comahue procedieron a excavar el fósil. El espécimen se encontraba completamente desarticulado, tanto cráneo como postcráneo, y se encontraban los huesos dispersos en una superficie de 10 m². A pesar de la desarticulación, se conservaba casi el 70% del esqueleto, e incluía mayor parte de la columna vertebral, las cinturas y parte del cráneo.
El cráneo del espécimen más grande habría tenido 1,95 metros de largo, el cráneo más largo registrado para un terópodo.
El descubrimiento fue anunciado en 1994 en un congreso de la Sociedad de Paleontología Vertebrados por los paleontólogos Rodolfo Coria y Leonardo Salgado. El dinosaurio fue nombrado Giganotosaurus carolinii, que significa “el lagarto gigante del sur de Carolini”. El esqueleto holotipo se conserva actualmente en el Museo Paleontológico Ernesto Bachmann (donde figura catalogado como el espécimen MUCPv-Ch1) de Villa El Chocón, inaugurado en 1995 a petición de Carolini.
Y ese no es el único ejemplar. En 1998, los paleontólogos Jorge Calvo y Rodolfo Coria asignaron al Giganotosaurus un hueso que correspondía a parte de dentario izquierdo (parte de la mandíbula inferior) que contenía algunos dientes (MUCPv-95). Había sido recogido por Calvo cerca de Los Candeleros en 1988 y descrito como de terópodo, mas no asignado a ninguna especie. Calvo y Coria consideraron que el dentario era idéntico al del holotipo, aunque un 8% más grande, con 62 cm. Aunque la parte posterior estaba incompleta, propusieron que el cráneo del espécimen holotipo habría tenido 1,80 m de largo, y estimaron que el cráneo del espécimen más grande habría tenido 1,95 m de largo, el cráneo más largo registrado para un terópodo.
Reconstrucción del aspecto de Giganotosaurus carolinii, ilustrado por Gabriel Ugueto. Fuente: Deviantart.
El rostro de este gigante presentaba un perfil bajo, dominado por huesos nasales rugosos y ásperos, y una cresta prominente en el hueso lagrimal que se elevaba justo delante de sus ojos. Sus dientes, comprimidos lateralmente y con bordes aserrados, estaban optimizados para cortar carne y provocar heridas profundas. La mandíbula inferior terminaba en una protuberancia ósea muy particular, un "mentón" aplanado, y poseían una articulación mandibular situada mucho más atrás que en otros carnívoros, lo que le otorgaba una apertura bucal amplia.
El resto de su cuerpo no se quedaba atrás frente a semejante cabeza. Un cuello corto y robusto actuaba como el soporte necesario para estabilizar el cráneo, mientras que el lomo estaba sostenido por vértebras de arcos neurales altos y espinas alargadas. Al contrario que el resto del cuerpo, su cintura pectoral resultaba proporcionalmente pequeña y corta. Los fémures en cambio eran robustos y con forma sigmoidea característica. Este animal era un gigante entre gigantes, que básicamente era la “especialidad de la casa” en los ecosistemas del hemisferio sur de esa época.
Fotografías de paleontólogos posando con el material fósiles de Giganotosaurus. A la izquierda el Dr. Mauricio Cerroni, con parte del dentario; a la derecha el Dr. Rodolfo Coria y el Dr. Leonardo Salgado con el fémur. Fuente: Cortesía del Museo Ernesto Bachman y ScienceSource.
Nota de color: Bajo su gestión como director del Museo del Chocón en 2006, Rubén Carolini se encadenó a los restos del Giganotosaurus en forma de protesta. El acto fue para exigir la devolución de réplicas de fósiles que habían sido alquiladas sin el consentimiento previo de la dirección del museo.
Lagartos con dientes de tiburón
El Giganotosaurus pertenecía a una de las familias de depredadores más imponentes que hayan pisado la Tierra, los carcarodontosáuridos. El nombre de este grupo proviene tras el descubrimiento del Carcharodontosaurus saharicusen África por Ernst Stromer en 1931. El nombre de la especie proviene de sus dientes, los cuales son comprimidos y con bordes finamente aserrados, que recuerdan al aspecto de los del tiburón blanco (Carcharodon carcharias, léase: “carcarodon carcarias”). Así que su nombre significa "lagartos con dientes de tiburón".
Esta familia de terópodos fueron los predadores dominantes de los ecosistemas de Gondwana (el supercontinente que integraban Sudamérica, África, la Antártida, Australia e India), aunque también tuvieron sus incursiones en el Hemisferio Norte. Surgieron en el Jurásico Tardío y alcanzaron su máximo esplendor durante el Cretácico Inferior, dominando la cima de la cadena alimenticia entre los 127 y los 90 millones de años aproximadamente. Tras el Turoniano (94 - 90 ma), estos gigantes en el norte fueron reemplazados por los tiranosáuridos, mientras que en nuestras tierras los abelisáuridos tomaron la posta.
Nuestra región fue el escenario predilecto para la evolución del gigantismo de estos carnívoros. Teniendo en cuenta que estas especies convivían con los dinosaurios titanosaurios, es evidente que no se podían quedar atrás en cuestiones de tamaño.
Los carcarodontosáuridos son parientes cercanos de los alosáuridos y, al igual que ellos, poseían una complexión robusta pero relativamente ligera. Si bien su longitud rivalizaba con la de los tiranosáuridos, su diseño corporal era más estilizado, lo que les permitía una agilidad notable para semejantes dimensiones.
Uno de los lugares donde se encuentran varias especies de esta familia de dinosaurios (sí, adivinaste) es la Patagonia. Nuestra región fue el escenario predilecto para la evolución del gigantismo de estos carnívoros, teniendo en cuenta que estas especies convivían con los dinosaurios titanosaurios, es evidente que no se podían quedar atrás en cuestiones de tamaño.
Entre estos colosos destaca el Mapusaurus roseae, también hallado en Neuquén, cuyos restos aparecieron en un "lecho de huesos" que incluía varios especímenes acumulados en un mismo sitio. También contamos con el Tyrannotitan chubutensis, proveniente de la provincia de Chubut, un animal se posiciona como uno de los representantes más antiguos de este linaje en la región. Finalmente, Meraxes gigas, hallado en 2022 cuyo nombre rinde homenaje a uno de los dragones de la saga Canción de Hielo y Fuego, el cual presenta un cráneo y brazos muy completos, lo que lo vuelve una pieza fundamental para entender la anatomía y evolución de esta familia.
Arriba: Reconstrucción del Mapusaururs roseae (Fuente: Devianart). Abajo: Reconstrucción del cráneo en tamaño real de Meraxes gigas con uno de los investigadores que lo describió, el Dr. Sebastián Apesteguía. (Fuente: CONICET).
Como ven, sabemos bastante de esta familia de dinosaurios como para entender al Giganotosaurus. Pero, claro, ser "el más grande del sur" hizo que siempre sea inevitablemente comparado con el monarca del norte, el Tyrannosaurusrex. Así que, sin más vueltas, vamos a desglosar este duelo de titanes y ver qué hay de cierto en lo que nos cuenta la pantalla.
¿El Giganotosaurus fue el predador más grande que jamás existió?
Llegamos a la pregunta que parece ser de sumo interés público: ¿Cuál fue el depredador más grande? ¿El Tyrannosaurus rex o nuestro Giganotosaurus?
Desde una perspectiva científica (y, sobre todo, personal), esta es quizás una de las discusiones menos interesantes. Al fin y al cabo, estamos hablando de animales que cumplían roles ecológicos en el pasado, no de pokémones diseñados para enfrentarse a un duelo. Además, hay que recordar que el registro fósil es apenas una fracción ínfima y excepcional de la biodiversidad que realmente existió hace casi 100 millones de años; lo que conocemos es solo un fotograma de una película larguísima y compleja. Sin embargo, esta rivalidad sí me sirve para explicar cosas y captar la atención del lector, porque acá enseñamos y nos divertimos. Entonces, si querés ganar una discusión en internet y sonar como un intelectual que realmente sabe de ciencia, la respuesta corta es: el T. rex es más grande. (Perdón, chicos, esta vez nos toca el segundo puesto, al menos hasta que el registro fósil demuestre lo contrario).
Ahora, vamos con la explicación larga: ¿Qué queremos decir realmente cuando afirmamos que el T. rex es "más grande"? En paleobiología, el tamaño no se mide solo por cuán largo o alto es un animal, sino por su masa corporal. Un organismo ocupa un espacio en tres dimensiones, es decir, tiene un volumen. Para entenderlo mejor, comparemos una jirafa con un rinoceronte blanco. ¿Cuál es más grande? La jirafa es indudablemente más alta, con un peso que ronda los 800 a 1000 kg (para los adultos). Por otro lado, un rinoceronte blanco adulto puede pesar entre 1.800 y 2.500 kg (pasan tranquilamente la tonelada de peso). El rinoceronte tiene una masa corporal mucho mayor y, por lo tanto, es biológicamente "más grande" que la jirafa.
Escena de Jurassic World: Dominion: la rivalidad ancestral entre Giganotosaurus y el T. rex.
Cabe aclarar que nuestro dino-compatriota empieza con cierta desventaja estadística: solo contamos con dos especímenes, de los cuales el más grande es apenas un fragmento de mandíbula. En cambio, del T. rex existen decenas de esqueletos (más de 30), incluyendo ejemplares más completos y grandes como "Sue". Gracias a esa abundancia de datos, sabemos que el tiranosaurio manejaba un rango de peso para adultos de entre 8 y 10 toneladas, alcanzando los 12.3 metros de largo. Por su parte, el Giganotosaurus tiene un largo estimado de entre 12 y 13 metros, pero con una masa corporal calculada en un rango de 7 a 8 toneladas.
La diferencia, aunque ambos tengan dimensiones lineales similares, radica meramente en su complexión. Los tiranosáuridos tenían formas mucho más robustas y compactas, mientras que los carcarodontosáuridos eran más estilizados. Esto no hace a un animal "mejor" que otro, ambos fueron los depredadores topes de sus ecosistemas, adaptados de manera eficiente a sus respectivos ambientes, y figuran entre los carnívoros más grandes que alguna vez pisaron la Tierra.
Los tiranosáuridos tenían formas mucho más robustas y compactas, mientras que los carcarodontosáuridos eran más estilizados. Esto no hace a un animal "mejor" que otro, ambos fueron los depredadores topes de sus ecosistemas.
Nota cinéfila: en el prólogo de Jurassic World: Dominion representan esta rivalidad literalmente, con ambos animales compartiendo hábitat y compitiendo por territorio. Bueno, esa escena tiene ficción por todos lados. Más allá del diseño del Giganotosaurus, que en la película parece más un monstruo con joroba que un dinosaurio real, el mayor problema es la situación planteada. Primero, ambos pertenecían a continentes diferentes, el T. rex a Norteamérica y el Giganotosaurus a Sudamérica, los cuales en ese entonces no estaban conectados. Pero el mayor problema no es la distancia sino el tiempo. El Giganotosaurus vivió hace unos 97 millones de años, mientras que el T. rex apareció recién al final del Cretácico, entre los 68 y 66 millones de años. Es decir, los separan casi 30 millones de años. Nuestro gigante patagónico habría necesitado una máquina del tiempo para poder cruzarse con el rey tirano.
Dos modelos distintos de predador
No nos quedemos solo en la cuestión de tamaño, podemos comparar estos dos predadores gigantes desde el punto de vista científico y analizar qué tan distintos o parecidos eran estos dos dinosaurios que, proviniendo de linajes distintos, parecen haber convergido en un mismo rol ecológico.
Un estudio biomecánico del 2017, analizó las capacidades de carrera del T. rex y llegó a la conclusión de que las cargas esqueléticas en un animal de semejante tonelaje habrían sido demasiado elevadas para permitir que un adulto corriera. Durante mucho tiempo se pensó que sus extremidades largas eran sinónimo de velocidad, pero este modelo sugiere que estas patas limitaban mecánicamente su locomoción a una marcha rápida. Según los investigadores, este hallazgo es extensible a otros terópodos gigantes de proporciones similares, como nuestro Giganotosaurus, el Mapusaurus o el Acrocanthosaurus. No eran depredadores de persecución a alta velocidad; probablemente cazaban mediante la emboscada o por persecución constate hasta agotar a su presa.
Un estudio del 2005 analizó la fuerza de mordida de los terópodos y encontró estrategias distintas. El Giganotosaurus y sus parientes tenían adaptaciones específicas para realizar cortes profundos y repetitivos, mientras que los tiranosaurios estaban "diseñados" para resistir la torsión lateral y el estrés físico, lo que les permitía sujetar presas de gran tamaño y evitar que escaparan de sus mandíbulas. La fuerza de mordida del Giganotosaurus era menor que la del Tyrannosaurus, y esta fuerza disminuía hacia la parte posterior a lo largo de la fila de dientes. Lo que indicaría que probablemente capturaba y manipulaba a sus presas con la parte delantera de las mandíbulas, y probablemente cazaba presas más pequeñas... al menos, si lo consideramos un cazador solitario. Sin embargo, el registro fósil nos arroja un par de pistas adicionales.
Como mencioné antes, el Giganotosaurus corre con desventaja estadística por la escasez de sus ejemplares, pero lo que sabemos de sus parientes cercanos nos permiten saber que los carcarodontosáuridos eran predadores únicos. La clave para entender de biología la encontramos en sus parientes más cercanos: Mapusaurus roseae y Meraxes gigas.
En el caso de Mapusaurus, fue hallado en el yacimiento de Cañadón del Gato, en Neuquén, en un "lecho de huesos" que contenía entre 7 y 9 individuos de distintas edades. La presencia de múltiples ejemplares de una misma especie en diferentes etapas de crecimiento sugiere que no fue una acumulación casual o una trampa de sedimentos, sino una evidencia de comportamiento gregario. Aunque no sabemos si formaban manadas organizadas, como los lobos, o si simplemente se agrupaban de forma oportunista, como hacen los dragones de Komodo o los cocodrilos, que un grupo coordinado de carcarodontosáuridos colaborara para derribar a un titanosaurio es una posibilidad. Meraxes, a pesar de ser un hallazgo reciente, también muestra ejemplares provenientes de la misma zona y capa sedimentaria, lo que refuerza que este comportamiento no era inusual para la familia.
Reconstrucción del comportamiento gregario de Mapusaurus roseae. Fuente: Deviantart.
Meraxes gigas, además, nos revela información histológica importante. El análisis osteohistológico del holotipo de Meraxesarrojó que el individuo murió cuando tenía entre 39 y 53 años, habiendo alcanzado su madurez esquelética recién cerca de los 40. Esto lo convierte en uno de los terópodos no avianos más longevos conocidos hasta la fecha.
Lo más interesante de este estudio es que revela que Meraxes tenía una etapa de crecimiento prolongada, por lo que llegar a proporciones gigantes le llevaba mucho tiempo, décadas hasta alcanzar los pares de toneladas. Curiosamente, un estudio de este 2026 indica que el Tyrannosaurus rex también habría experimentado un crecimiento más gradual y prolongado de lo que se pensaba, alcanzando su tamaño máximo alrededor de los 40 años. Esta convergencia sugiere que los terópodos de gran tamaño poseían la misma estrategia de crecimiento, la clave para ser los mayores predadores del planeta era la longevidad y la paciencia.
El análisis de los fósiles nos permite reconstruir al Giganotosaurus carolinicomo un depredador formidable, un animal de 8 toneladas, longevo y de comportamiento social, adaptado para una estrategia de caza por desgaste y capaz de derribar a los titanes herbívoros sin problemas. A medida que el registro fósil nos va revelando más información del pasado, queda claro que la importancia de los carcarodontosáuridos va mucho más allá de una competencia por el tamaño. La ciencia nos demuestra una vez más que hace millones de años la Patagonia fue el epicentro de los mayores gigantes que alguna vez dominaron la tierra.
Paleontologa y doctora en Ciencias Aplicadas. Trabajo en investigación de cinodontes del Triásico. Hago divulgación en insta y tiktok sobre paleontología y evolución.
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