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Qué suena hoy en el tango y el folklore: cuatro discos clave

¿Qué pasa con la música popular hoy? Del tango disruptivo de Odisea XXII a la folktrónica de Tremor, pasando por la mixtura de Di Pascuale y la raíz de Valen Bonetto. Cuatro puntos cardinales sonoros que desafían algoritmos y reinventan nuestra identidad cultural.

Qué suena hoy en el tango y el folklore: cuatro discos clave

No es fácil reflexionar en términos culturales en 2026. Para la música, además, se volvió complejo frente a la vuelta de las agendas metodológicas y de contenido de las grandes discográficas y distribuidoras.

Pero intentaremos dar un mapa de la música popular hoy. Una propuesta que muchas veces sirve más como disparador que como hipótesis comprobada. Sin embargo, una herramienta igualmente útil. Presentaremos cuatro discos de tango y folklore que un poco sirven de puntos cardinales para navegar la música popular argentina contemporánea. O, para los no iniciados, empezar a hacerlo.

Director de la Orquesta Típica Di Pasquale.

Quizás, de arranque, llame la atención el título de este disco. La cuestión es que Juan Ignacio Di Pascuale craneó durante más de tres años este proyecto. Al principio parecía casi imposible. El ciclo que llevó adelante junto a la Típica en el teatro Hasta Trilce parecía que sólo iba a quedar en la experiencia colectiva del vivo. Un ciclo, sin ir más lejos, por donde pasó realmente la gran mayoría de los artistas que hoy en día forman parte de la música popular argentina más activa. Un ciclo que forjó una huella para ese disparador que hoy sirve como título de disco.

El LP cuenta con diez canciones donde, a partir del mundo de una Típica, y los arreglos de Juan Ignacio, se mixturan con ritmos que van desde el chamamé al folklore y el jazz, entre otros. Cuenta con la colaboración de grandes referentes de la escena de la música popular actual, por mencionar algunos: Pipi Piazzolla, Nadia Larcher, Daniel Maza, Marcelo Moguilevsky, Sebastián Espósito, Abel Tesoriere, Inés Cuello, Eliana Zarabozo, Flor Bobadilla Oliva, Luciana Jury, Carlos Moscardini, María Pien, Carmen Sánchez Viamonte y Nacho Mozetic, y con la autoría de varios de ellos formando parte del track-list final. Muchas de las versiones que no entraron en el disco siguen sonando en sus presentaciones en vivo, también con los arreglos originales de Di Pascuale.

Presentaremos cuatro discos de tango y folklore que un poco sirven de puntos cardinales para navegar la música popular argentina contemporánea. O, para los no iniciados, empezar a hacerlo.

Luciana Jury, además de ser una cantora de trascendencia, tiene un plan salvaje: seguir difundiendo la obra de Gabo Ferro (1965-2020). Editada en El veneno de los milagros (2014), “El extrañante” vuelve a devorarse un disco, en este caso uno donde dialogan los mejores compositores del siglo XXI. Con una interpretación aún más desgarrada, este es el gran momento dramático del mapa pensado por Di Pascuale, el punto donde el nervio de la obra explota. Seguido en el disco después suena “La vida, la muerte”, una arenga escrita por Juan Saraco (de Duratierra) e interpretada por Nadia Larcher. Su voz, en este caso, también vuelve a morfarse todo lo demás, aunque la Típica no abandone. Para un poco de calma, sumado a un gesto intelectual, está la versión de “Doña Carmen”, compuesta y tocada por Carlos Moscardini. Porque ante tanto arrojo a veces es necesario el abrazo de una hermosa melodía.

Carmen Sánchez Viamonte representa a una nueva generación que, siendo injustos, se engloba en el indie argentino. Es la artista más joven en participar de este disco y la novedad. “Electricidad” es parte de su disco Mala (2023) y allí tracciona como una balada existencial. En la propuesta de Di Pascuale se saca de encima lo eléctrico de la escuela rockera pero mantiene el mood onírico flotando en versos como el primero: “Siempre fui un atado de nervios. / Adicta a resolver misterios”. En contacto con 421, Carmen dice: “Siempre soñé que mis canciones pudieran estar orquestadas alguna vez. Por eso, cuando vino Juani con el proyecto, primero del vivo y después del disco, le dije que sí al toque. Fue muy hermoso y poderoso. Las orquestas tienen esa característica empoderante”.

Quizás desde el tango, entonces, se pueda develar la hipótesis de la actualidad de la música popular. Porque, como dijo Fernando Cabrera, a veces el futuro está en el pasado.

Y nosotros lo hemos matado, de Odisea tango XXII

Los chicos de Odisea son tan jóvenes que apuestan a llegar vivos al siglo XXII. Este es un proyecto comandado por Ulises Thayer, un joven prodigio del que se viene hablando en el circuito hace un tiempo. Existió otro disco para probar sus primeras composiciones, pero la verdad es que este LP, con referencia a Nietzsche desde su título, es como el debut oficial de Thayer en sociedad. Son nueve tracks instrumentales que fueron producidos y mezclados por Ignacio Zavalla y mezclados por Pablo Barros. Una música lista para el próximo siglo.

Si bien se pueden escuchar referencias extremas como Waldo de los Ríos y cosas del grupo Alas, también queda claro que este LP en particular está inmerso en el jazz-rock de los setentas y que arranca desde el tango. Una música entendida como puerto de partida, por sonido y composición, pero también como contenedora de todo lo demás. En Y nosotros lo hemos matado suena un sexteto integrado por Elías Alem (batería), Mateo Pérez Valente (bajo), Miguel Thayer (contrabajo), Facundo Díaz (guitarra) y Agustín Matera (sintetizador) más el bandoneón de Franco Bruschini, vinculado tanto al tango como al jazz local. En el medio de la locura rítmica, y algunas melodías algo escurridizas, el sintetizador de Matera pone en disputa el jazz-rock con el tango y le da una textura bien definida a las composiciones de Ulises.

Los chicos de Odisea son tan jóvenes que apuestan a llegar vivos al siglo XXII. Este es un proyecto comandado por Ulises Thayer, un joven prodigio del que se viene hablando en el circuito hace un tiempo.

Una muestra de esto llega en la segunda parte del disco. Primero con “Brindis por Pillud”, donde juegan con el idioma popular racinguista y se escuchan características novedosas desde la armonía. Y no hay que ser músico para percibirlas, sirve con dejarse llevar y cerrar Instagram un rato. Y si eso engolosina a un paladar con exceso de maestría, también está “Don Sploindor” para entender a este compositor desde los espacios y los silencios del grupo. No vayan a buscar algo tranquilizador, más bien les va a servir para correr el bondi y subirse cuando ya esté en marcha.

Desde que tiene ocho años, el compositor de Odisea estudia con Agustín Guerrero. Parte fundamental de la primera oleada del tango contemporáneo que salió a partir de romper con los paradigmas del tango tradicional. Thayer también está estudiando actualmente composición en la UNA. En contacto con 421, Agustín Guerrero dice sobre su alumno y colega: “Su música tiene profundidad intelectual pero a la vez frescura. Esa soltura de un pendejo de su edad mandándose a hacer un poco lo que se le canta. Tiene un contexto que siempre le fomentó eso, tanto su familia como nuestro espacio de aprendizaje. En nuestro encuentro priorizamos encontrar una voz propia, que es lo único que importa como artista”.

El disco cuenta con el arte de tapa de Pontenpie, pieza clave del circuito tanguero independiente, y un texto de contratapa escrito por el mismo Agustín Guerrero. Allí dice, en parte: “¿Será que la existencia de Odisea Tango Siglo XXII nos anuncia una nueva forma de percibir y comprender el mundo desde el conurbano bonaerense, suburbio del suburbio llamado Buenos Aires?”, plantando así nuevamente una bandera alternativa, señalando así una nueva generación del tango que crece en el límite de las luces y afirmando así que el mundo se llenó de poetas con recetas de canciones estrafalarias y que este sonido, en el Odisea, quizás sea un germen del nuevo pensamiento.

Mientras aclara, de Valen Bonetto

Da la sensación de que el folklore argentino tomó una decisión unánime: no hay posibilidad de creación en el encierro de un estudio. Es decir, hay que salir a buscar las nuevas canciones, escucharlas en vivo, tantear de qué se trata lo que está pasando con esa composición en los diferentes circuitos del país. Puede haber un público que diga, o que quede conforme, con el sonido de un disco de Soledad o León Gieco en un estudio. Producción, arreglos, invitados, todo de diez. Pero a nadie le recomendaría empezar con Duratierra, o José Luis Aguirre, o Maggi Cullen, o Juan Iñaki a través de un disco de estudio. Sin ir más lejos, el disco más vendido de la historia de la música popular es Mercedes Sosa en Argentina (1982), es decir, un disco en vivo.

Y lo mismo pasa con las canciones de Valen Bonetto. Y ahí está el primer gesto de este disco, tratar de tocarlo de corrido y sin demasiadas vueltas de producción. Algo de eso se siente, algo de eso se huele.

Valen Bonetto es un cantautor y activista trans nacido en Córdoba (Laguna larga). Actualmente reside en Buenos Aires y desde ahí forja una canción política poco vista en ese género. Lo importante, en este caso, es lo que dice, quién habla a través de sus letras. Antes que una proclama, Bonetto construye compromiso social a través del cotidiano. Hasta por momentos parece cronista. La canción que recibe el nombre del disco, y a la que se suma la trascendental Camila Vaccaro, es esencial en ese sentido. Hace poco Bonetto cumplió treinta años y ahora está tocando con Duratierra. Mientras aclara es un disco prácticamente grabado en vivo. Lo pensó con su tío, Jorge Bonetto, y en una semana, en su estudio en Córdoba, lo terminaron.

Da la sensación de que el folklore argentino tomó una decisión unánime: no hay posibilidad de creación en el encierro de un estudio. Es decir, hay que salir a buscar las nuevas canciones, escucharlas en vivo.

Entre las siete composiciones nuevas se escuchan chacareras, cuecas, más algunos aires litoraleños y andinos. Pero sobre todo chacarera. Momento en donde se puede apreciar tanto la crudeza de los arreglos en su mano derecha como en el desglose de las letras. En el caso de “La del tren” hasta tiene una radio atrás. Cuenta Bonetto que nació a partir de la experiencia que tuvo en “Brotecitos, otro será el cantar”, el ciclo de radio en Folklórica Nacional que hacía junto a Susy Shock y la Ferni, el primer programa de folklore y tango transfeminista. En ese espacio pensó qué lo constituía como clase obrera y al toque se le vino el tren. Parte de la letra dice: “Tren Sarmiento se hace brisa / en las llamas de mi país. / ¿Quién nos barre las cenizas / sin lugar donde partir?”.

En una nota en De coplas y viajeros, Bonetto declaró: “Creo que las de Mientras aclara son unas canciones muy contextuales. Salvo la última, ‘ODL’, fueron todas compuestas en estos últimos dos años. Por ende tienen, para mí, un fuerte contenido político, más allá de que sean canciones que hablan de cosas más cotidianas”. Y también cita a María Elena Walsh y a Eladia Blázquez. Personas que se dedicaron a contar ciertos márgenes y a proponer ciertas conversaciones. “Ahí yo siento una responsabilidad, en el buen sentido. Ser honesto es un compromiso que asumí conmigo mismo hace mucho tiempo”. En “La bruja” se siente un aire de zamba. Es una canción algo enigmática con un título provocador. En un momento canta: “De vuelta, la tarde, / ¿con quién vas a cantar si la bruja te sale a buscar?”. Porque en los bordes, como en los discos en vivo o la guitarreada, a veces está lo trascendental.

Takuy, de Tremor

“Hay algo violento en olvidar el territorio: pensar que donde hoy hay cemento, alguna vez hubo naturaleza. Esa tensión también atraviesa nuestra música”, dice Leonardo Martinelli, compositor y guía de Tremor. El trío de folktrónica, así definido cuando no había definiciones posibles, vuelve a la música original y consolida veinte años de carrera. En esencia instrumental pero con versos cortos que sirven, en efecto, para invitar a las voces femeninas cercanas a la canción criolla pero con distorsión. Hoy en día Tremor se siente algo abrigado a la hora de hablar de su música como un mestizaje entre lo acústico y lo electrónico, lo ancestral y lo futurista, lo ritual y lo industrial: el folclore imaginario. Y si le agregamos la “K” a esa definición, en términos del historiador Sergio Pujol, la cosa se vuelve un poco más originaria. El folklore imaginario que hace bailar a nuestros muertos, entonces, y también a todos los seres vivos de nuestra tierra.

Desde lo rítmico, el disco explora la herencia africana en Sudamérica, incorporando resonancias afroperuanas, rioplatenses, colombianas, brasileñas y argentinas. Para lo melódico, estos nuevos diez tracks van  impulsados por aerófonos, violines, sachaguitarras y múltiples instrumentos acústicos que expanden la paleta sonora del proyecto. Quizás ayude en los cuartos colectivos de yoga pero es fundamental darle play arriba del tren, por la General Paz o directamente si estás mirando un libro usado con el bochinche sonoro del corredor de Corrientes en hora pico. Es decir, Takuy puede ayudarte a mejorar el cotidiano en los peores momentos.

Y quizás la mayor novedad de esta vuelta de Tremor sea la actualización del trío. Salió Gerardo Farez y entró el loco Alex Musatov en violines y exploraciones digitales. Musatov se pasea por las escenas de la música popular emergente con la soltura de un artista que puede tocar un día con la Fernández Fierro y al otro con David Lebón. En este disco, su personalidad queda manifiesta en “El camino”, una canción donde toma el timón y genera, desde su violín, una idea hecha riff. Es eufórica y agitadora, como el arco de Musatov. Tremor se completa con el mencionado Martinelli yel excéntrico Camilo Carabajal en bombo legüero y percusiones.

Dos canciones más que sirven para pensar el LP son “Ánima digital”, donde canta Ignacia, con poder y firmeza, como lo hizo hace algunas semanas con los mismísimos Aterciopelados en su fecha de Buenos Aires, y “Takuy” con la mención del video dirigido por Mario Martinelli y Daniel Casabe. Un tema que reúne la esencia de la nueva búsqueda y la profundidad reflejada en ese video, donde después de innovar con un dispositivo electro-artesanal, las plantas terminan bailando. En “Resonante”, tema que cierra el disco, se suman Santiago Vázquez y Lucy Patané para un cuelgue ambient que podría sonar adentro del mar.

Ellos cuentan que “Takuy” es una palabra quechua con dos posibles traducciones: “mezclar” y “permanecer”. Ambas definiciones condensan el espíritu de Tremor. Por un lado, la combinación entre ritmos tradicionales latinoamericanos y herramientas contemporáneas; por otro, la persistencia de una búsqueda artística. Todo, ahora, en un marco tan psicodélico que bailan hasta las mentas y los helechos.

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