Aristóteles y psicología conductual: Vivir una vida que valga la pena
Aristóteles y psicología conductual: Vivir una vida que valga la pena
Desde los inicios de la humanidad que circula la misma pregunta y cada época intenta dar una respuesta, ¿cómo vivir una vida que valga la pena?
La ciencia plantea una línea más o menos recta hacia el progreso: mediante distintos tipos de comprobaciones se llegan a conclusiones mejores que las que teníamos antes. La filosofía, por el contrario, plantea un camino más bien circular (o mejor, como afirma Lucas Soares, de naturaleza caleidoscópica): sabemos dónde empezamos pero no dónde terminamos, es por eso que las ideas previas no se descartan sino que se revisitan.
Proponemos pararnos en el límite entre ciencia y filosofía. Esta idea-juego (a decir de Roberto Bolaño) permitirá, espero, realizar un recorrido que va desde el siglo IV a.C. a la actualidad, o al menos al 2015, año en que Hayes y colaboradores publicaron el libro-manual más conocido de la Terapia de Aceptación y Compromiso (de aquí en adelante ACT, por sus siglas en inglés). Puede resultar un camino difícil porque las terapias basadas en evidencia muchas veces se circunscriben a su área de aplicabilidad y no se extienden mucho más allá. Sacar la teoría del consultorio y ponerla a dialogar con otra cosa es algo que ojalá nos permitiéramos hacer más.
Un mapa sobre psicología
Hablaremos aquí de psicología. Se trata de una ciencia donde encontramos muchas ramas: educacional, forense, social, etc. Nos ubicaremos dentro de la rama de la psicología clínica, la más desarrollada en nuestro país por su historia y tradición. Al mismo tiempo, dentro de la rama clínica hay muchas formas de hacer psicología, siendo dos las más famosas y que hacen las veces de Boca-River: psicoanálisis y terapia cognitivo conductual (TCC). Hoy en día, por cómo se ha masificado el término, más que de TCC se prefiere hablar de prácticas basadas en evidencia (o PBE), siendo estas un paraguas bajo el cual podemos ubicar diferentes tipos de terapias: terapia cognitivo conductual, terapia dialéctico conductual (DBT), terapia de aceptación y compromiso (ACT), etc.
La ciencia plantea una línea más o menos recta hacia el progreso: mediante distintos tipos de comprobaciones se llegan a conclusiones mejores que las que teníamos antes. La filosofía, por el contrario, plantea un camino más bien circular.
Entonces, nos encontramos frente a un camino que se hace cada vez más estrecho (o específico): psicología → psicología clínica → prácticas basadas en evidencia (PBE) → ACT. Esta terapia plantea en su teoría seis conceptos centrales, siendo uno el que tomaremos en este artículo: valores.
ACT plantea un postulado base que es contracultural (al menos, en Occidente): el malestar es inherente a la vida, estar vivo es sufrir, lo único que nos hermana entre seres humanos es el sufrimiento. ¿Qué tienen en común Grant Morrison, Alan Moore y vos que estás leyendo esto? Los tres sufren. Por motivos distintos, en contextos distintos, pero todos sufrimos. No hay escape al sufrimiento, me lo puedo encontrar en cualquier vuelta de la esquina. La modernidad nos plantea que el sufrimiento es malo y lo tenemos que eliminar, incluso existe toda una industria dedicada a esto. En cambio, ACT plantea que el sufrimiento es parte de la vida y lo más sano que se puede hacer es aceptarlo, es decir, convivir con el sufrimiento. La parte reveladora y esperanzadora es que se puede, incluso con ese sufrimiento, vivir una vida que valga la pena ser vivida si estoy en contacto con mis valores.
Los valores los podemos definir como una brújula, una dirección vital, que nos acercan a esa vida digna de ser vivida. Tienen varias particularidades: son personales, no están definidos por la cultura u otras personas, se ponen en juego en cada decisión. Y lo más importante: los puedo ejercer en todo momento de mi vida. Esto diferencia radicalmente a los valores "de objetivos", ya que estos últimos se cumplen, tienen una finalización: recibirme de médico es un objetivo, tenemos forma de tachar eso de nuestra lista. Los valores de los que hablamos tienen más que ver con "ser un buen profesional", algo que no se logra nunca porque siempre puedo hacer algo más que me acerque aún más a eso, es un aproximamiento en todo caso asintótico.
Los valores, como tales, muchas veces aparecen como palabras sueltas y abstractas: bondad, creatividad o amistad. Lo importante no es tanto la palabra que se le ponga sino qué acciones concretas se llevan adelante para poder estar en contacto con esa palabra. Es decir, cómo se pasa de un concepto a una acción: qué cosa concreta hice hoy que me acercó al valor de ser un buen amigo, por ejemplo.
ACT plantea que el sufrimiento es parte de la vida y lo más sano que se puede hacer es aceptarlo, es decir, convivir con el sufrimiento.
En el fondo, es una decisión actuar en base a mis valores. Frente a una encrucijada puedo decidir si actúo siguiendo a mis valores o no: si uno de mis valores es ser buen amigo y mis amigos me invitan a una fiesta pero, al mismo tiempo, tengo que estudiar para un examen, puedo decidir quedarme en mi casa estudiando (dejando el valor en pausa) o puedo irme de joda siguiendo el valor de la amistad. En esa decisión, hay salud psicológica: si siempre actúo inevitablemente en base a valores me voy a perder cosas y si el valor se rigidiza pierde su estatus y se convierte en regla: sí o sí tengo que hacer X (en el ejemplo, ser buen amigo). Dicho de otra manera, elijo actuar en base a mis valores y es saludable que pueda elegir.
Un problema moderno es que no sepa cuáles son mis valores y un trabajo de la psicología clínica es explorarlos, buscarlos. Y otro trabajo, mitad clínico y mitad personal, es cómo contactarme con eso valioso en este contexto, cómo dejar en pausa la urgencia del día a día para poder conectar con lo que realmente me importa en la vida.

¿Y qué tiene que ver Aristóteles con todo esto?
La idea de una vida que valga la pena ser vivida la podemos rastrear a lo largo de toda la historia de la humanidad. Como somos occidentales, tomaremos acá al filósofo más importante, creo yo, de todos, que es Aristóteles, puntualmente su texto Ética. Allí desarrolla el concepto de virtud, entendiendo a ésta como un hábito en el que se elige el término medio. Diferencia dos tipos de virtudes, las éticas/morales y las dianoéticas/intelectuales, teniendo cada una una virtud particular: la prudencia y la sabiduría.
Aristóteles suma algo fundamental: la elección. Plantea en el libro VI de la Ética que toda virtud se practica de forma voluntaria y que cada quien elige actuar en pos de su virtud o no. La elección sumada a la prudencia ponen a las virtudes en un plano extremadamente similar a los valores en ACT: elegimos actuar de manera repetida, sostenida, situada y contextualizada.
Las virtudes son un término medio entre el exceso y el defecto. Lo mismo los valores. Puedo actuar en base a mis valores y llegar a un exceso (las reglas que mencionamos previamente) o alejarme de los valores. La metáfora que se usa en valores y que tiene directa relación con el término medio aristotélico es la de regar una planta: si la regás mucho la ahogás y muere, si no la regás se seca y muere. Hay que regarla lo justo y necesario.
Tanto para ACT como para Aristóteles hay un gran número de valores/virtudes y no todos practicamos las mismas. El punto de diferencia es que para ACT no hay un valor mejor que otro, todos tienen la misma importancia. Para Aristóteles, en cambio, hay virtudes excelentes (sabiduría y prudencia), por lo que cual hemos de preferir unas virtudes por sobre otras.
Otra gran diferencia es que para Aristóteles estas virtudes tienen, en última instancia, un valor político. Lo mejor para mí es lo mejor para la polis. En los valores ACT eso se desdibuja, pero no por problemas de la teoría sino del mundo en el que habitamos actualmente.
¿Qué pasó en el medio?
Es interesante plantearnos que entre un postulado y otro pasaron 2400 años. Además de pensadores, revoluciones, guerras, pandemias y una lista enorme de eventos, pasamos de un tipo de gobierno a otro: de la polis griega a la democracia actual.
También cambió el mundo en la cantidad y calidad de estímulos: vivimos una actualidad frenética. La modernidad rompe con la idea de virtud y la hípermodernidad con la idea de comunidad. Para practicar una virtud/valor necesito tiempo, necesito la repetición, necesito dejar de lado o en pausa alguna otra tarea, priorizar lo valioso. ¿Cómo hacer esto en un mundo donde todo se mueve a la velocidad del scroll?
Para Aristóteles, además, la forma excelente de la dicha (eudaimonia) es la vida contemplativa ligada a la práctica de la sabiduría. Una vida contemplativa sería excelente, pero el propio Aristóteles afirma que esto se puede lograr solo de a ratos porque irrumpe la cotidianeidad: freno en mi contemplación para cocinar, comer, dormir. ¿Cómo se conjuga la contemplación con la sociedad del cansancio actual? Dicho en criollo, no me puedo poner a contemplar la existencia porque tengo cosas más urgentes. En un contexto globalizado y con un sujeto contemporáneo agotado, la práctica contemplativa quizás ni siquiera aparece.
El problema radica en que los valores/virtudes están ahí, pero parece que no sirven para nada si no se les puede prestar atención de alguna manera.
Valores y mercado
En la actualidad el imperativo categórico es el de la productividad y el rendimiento, por lo tanto las virtudes quedan en segundo plano, porque muchas “no sirven”. Lo que realmente manda es la economía, los mercados, el poder financiero. Por ejemplo. si para una persona es valiosa la creatividad, el mercado intentará cooptar ese valor para monetizarlo como CM, diseñador de interiores o la veta económica que se le encuentre.
Entonces, según el modelo terapéutico de la ACT, actuar en base a valores acerca a una vida digna y que valga la pena de ser vivida. Pero esto, dirán los críticos, ¿no nos lleva a una híperinviduación? Si elijo actuar en base a mis valores, ¿no me pierdo de la comunidad? Y, en un contexto mercantilizado, ¿cómo separo mis valores del consumo? ¿Cómo hago para que mis valores no sean tragados por la lógica capitalista? Sumado a ello, al poner el foco en la decisión personal, ¿no corremos el riesgo de que dependa todo del individuo? ¿Podemos caer en una lógica sé-tu-propio-jefe versión psicología?
Para practicar una virtud necesito tiempo, necesito la repetición, necesito dejar de lado o en pausa alguna otra tarea, priorizar lo valioso. ¿Cómo hacer esto en un mundo donde todo se mueve a la velocidad del scroll?
El capitalismo tiene la excelente habilidad para captar y hacerse con aquello que supone valioso. Como ejemplo, podemos ubicar el cuidado de la ecología, que pasó de un valor personal y hasta social a un slogan vacío de "Recicla". Actuar en base a valores tiene algo de incomodidad (que en la lógica del mercado se pierde): para practicar la ecología tengo que tomar decisiones que pueden resultar incómodas o que me acercan al malestar. Tengo que hacer un esfuerzo. Ahora, usar la nueva tote bag que pone “Reduce/Recycle/Reuse”, ¿qué tiene de incómodo? La incomodidad, en todo caso, se vuelve marketing. Pasamos de un valor a una perfo.
Podemos plantear lo siguiente: si yo actúo en base a valores, si yo actúo en base a cómo quiero que sea el mundo, no sólo cambiaré yo, sino que también cambiará el mundo. Si yo soy más bondadoso (desde el valor y no desde otro lado, como los influencers de la bondad), hay más bondad en el mundo y, como nunca sé exactamente cuál es el alcance de mis acciones, puede que inspire a más personas a ser bondadosas. Desde ahí, el valor toma una relevancia social y permite trascender la visión individualista. Aunque este no es el fin de los valores, es decir que no actúo para ver si alguien más actúa como yo, es una buena forma de considerar que podemos tener un impacto social más amplio.
Practicar lo valioso/virtuoso hoy, en este contexto, cobra una importancia enorme. Implica estar presente, conectado con lo que está pasando, sin esperar ningún tipo de resultado o algo a cambio. Practicar un hábito requiere de tiempo, esfuerzo, repetición e incomodidad: nos devuelve todo aquello que la lógica mercantilista nos intenta sacar. El problema está en el mundo y no en la teoría. 2400 años con la misma pregunta y quizás este es el momento donde es más difícil de responderla.
