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Videojuegos argentinos: Terror, mutaciones y manzanas en Applecalypse

A las obsesiones se las puede definir como conjuntos de pensamientos que invaden nuestra mente de manera muy intensa, no permitiéndonos pensar en nada más por horas, días o incluso más tiempo. Pueden ser intermitentes o continuas, ocurrir cuando estamos por realizar cierta acción cotidiana o algo más inusual. Sin ayuda (de varios tipos) ni entrenamiento, no se puede hacer mucho contra las obsesiones. Nos aprisionan, nos dejan atrapados, nos sentimos ajenos a nosotros mismos, añorando un respiro, por más ínfimo que pueda ser.

En Applecalypse, los residentes del pueblo de Rojas, Buenos Aires, comparten una obsesión colectiva: las manzanas. Este fruto prohibido es buscado por casi todos los personajes que conoceremos en nuestro recorrido y, por alguna razón, tendremos un interesante stock con solo gastar unos pesos. Las manzanas, rojas, no parecen tener ninguna característica fuera de lo común: tienen la forma y textura que estás creando en tu mente al leer estas líneas. Sin embargo, algo anda mal. 

Recordando cuentos de H.P. Lovecraft y al reciente Look Outside (Francias Coulombe, 2025), en el videojuego de Pablo “Pupicrap” Hollmann descubriremos que hay una manzana gigante en el cielo. ¿Las razones? Desconocidas. ¿Los efectos? A la ya mencionada obsesión colectiva, se le agregan transformaciones en cada persona que ingiera manzanas.

Casualmente, quien podrá ofrecer manzanas para comer somos nosotros. Si somos parte del problema y cómplices de las fuerzas que obran desde las sombras, es algo para después. Ahora me está encarando Fernanda, una mujer joven que parece hecha con animación de recorte, preguntándome si las manzanas son realmente el fruto prohibido o Dios les puso luces de neón para nosotros. Para frenarla, tenemos que agarrar una manzana a la vez, mantener el clic izquierdo y mover el mouse, como si tuviéramos una gomera, y lanzar la manzana a su boca.

En el videojuego de Pablo “Pupicrap” Hollmann descubriremos que hay una manzana gigante en el cielo. ¿Las razones? Desconocidas. ¿Los efectos? A la ya mencionada obsesión colectiva, se le agregan transformaciones en cada persona que ingiera manzanas.

El asunto es que, como buena obsesión, una manzana no basta. Tenemos que llenar una barra en la esquina superior derecha de la pantalla con puntos. Aumentamos dichos puntos según la cantidad de veces que hacemos rebotar nuestra manzana en las paredes o el techo, pero si el objeto rojo pasa de largo de la boca hambrienta y toca el suelo, los perdemos. Tenemos pocas manzanas, aunque podemos gastar monedas para adquirir más. Esas monedas, junto a balas para nuestro revolver, aparecen ¿de manera aleatoria? cuando logramos combos: es decir, le embocamos varias manzanas seguidas a Fernanda.

Gran parte de la magia de Applecalypse está en la lógica de estos combates. Una vez que ya estamos duchos, podemos lograr hacer tiros con varios rebotes y generar muchos puntos a la vez, además de hacer combos. Esto sería sencillo si Fernanda no mutara una vez que le "ganamos" en su versión normal, apareciendo una nueva versión con una nueva característica: en este caso, moverse de izquierda a derecha, pudiendo hacernos pifiar fácilmente. Por suerte, gastando una bala del revolver podemos dejarla quieta por unos segundos.

Las recompensas de los combos no existen en las fases de mutación, por lo que hay que ir bien cargado con monedas y municiones o tendremos que empezar las peleas desde el principio. La obsesión que tiñe todo Applecalypse se manifiesta un poco cuando nos sentimos obligados a lograr la mayor cantidad de rebotes posibles para así adquirir la mejor puntuación posible de un lanzamiento. Pero tenemos que recalcular: cuando estamos en combo, podemos lograr que las recompensas aparezcan con un lanzamiento directo, incluso sin rebotes. Hay una tensión entre no llenar la barra objetivo y pasar de fase (para poder conseguir más ítems primero), y estar al mismo tiempo gastando manzanas en tiros inútiles, con miedo de quedarnos sin stock y perder.

Es muy interesante cómo van apareciendo nuevas variables con obstáculos ingeniosos en cada enfrentamiento que tenemos. Casi tanto como el hecho de que (casi) siempre estamos frente a mujeres. Mujeres preguntándonos algo, haciéndonos comentarios de algo cotidiano que se perdió con estas manzanas, como Kimberly, trabajadora de Recursos Humanos. Mujeres con las bocas abiertas de terror, a veces en muecas muy exageradas o imposibles. Qué sería del género del terror sin ellas es la pregunta fácil. Pero, por supuesto, podremos hacernos otras: mujeres mayormente jóvenes, manzanas, "transformaciones", lo prohibido…

Si bien son las formas mutadas las que presentan los obstáculos novedosos y nos obligan a probar nuevos ángulos, son estos rostros "normales" los que más me llamaron la atención. Cuando estás por lanzar una manzana, aparece una línea durante unos pocos segundos, proyectando la trayectoria. Esa línea corta la cara de cada mujer, pasando por su nariz, ojos, cuello, pestañas, y nos permite calcular mejor la efectividad de nuestro lanzamiento o, al menos, su dirección inicial. No pude evitar llevar un poco de mi propia obsesión al juego: no hay parte que más me interese del cuerpo humano que las caras, el tamaño y las formas de las narices, las muecas de nuestros labios y las miradas que regalan nuestros ojos. Me es inevitable no frenarme en sus composiciones. Qué irrelevantes me resultan las discusiones sobre todo el resto. 

Los misterios no acaban en los combates, ya que entre esas sesiones de puntería, hay breves recorridos point-and-click en los que visitaremos ciertas calles del pueblo. En ellas tendremos que resolver alguna secuencia de exploración cortita, buscar ítems claves y también encontrar objetos misteriosos, que nos dan mejoras durante los combates, aunque nunca está explicado de qué tipo. Como el sistema de combos. No es queja; le sienta bien la oscuridad al juego. 

Los escenarios están creados con fotografías reales y, si algo me hubiera gustado, es que hubiera un poco más de todo eso. Son apenas unos minutos en una experiencia que puede llevarnos una hora y monedas. Quizás duran lo que tienen que durar.

Con influencias cercanas al terror extraño y aquello cotidiano que se corrompe y altera insidiosamente, Applecalypse es una experiencia que abandona la espectacularidad que puede tener el género para hacernos parte de un grupo de personas que no para de pensar en sí mismas, añorando cosas que perdieron o aquello que no consiguen. Nos regala momentos de incertidumbre y también de risas por lo absurdo, y muchas manzanas, por supuesto.

Podés encontrar a Applecalypse en su página de Steam y seguir a Pupicrap en X.

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