No soy un tipo futbolero, aunque sí que la vicié con casi todas las ediciones del Pro Evolution Soccer (PES) y, allá lejos, a principios de los dos mil, también con el Football Manager. Hasta jugué la versión argentina, el PC Fútbol, un juego bastante roto, en el que hacías muchísimos goles si ibas corriendo derecho y te metías con jugador, pelota y todo dentro del arco (nadie nunca te la podía sacar si hacías eso, y los resultados contra la máquina terminaban 39 a 2, o así).
Me puse nostálgico, perdón. Pero, no bien empecé a presionar el joystick en la prueba del juego Beat the Champions, me acordé de todo eso, y, principalmente, de las madrugadas con amigos en la casa de otro gordo, Tomy de nombre. Cuando no jugábamos rol (una campaña del Señor de Los Anillos que duró más de veinte años), organizábamos mundiales de PES hasta las 5 de la mañana, y aguantábamos el sueño con inyecciones de cafeína y azúcar de sucesivas Coca-Colas (si zafé de la diabetes después de eso, fue de puro orto). Tomy, el mejor jugador de todos nosotros, jugaba con Finlandia (sí, ese país perdido en la punta del mundo y con apellidos más raros que el mío) y así podíamos emparejar un poco el nivel. Igual nos ganaba siempre, era el dueño de la pelota (en este caso, de la Play) y jugaba todos los días después del laburo.
Beat the Champions es un videojuego arcade sin faltas y con poderes, ¿quién quiere más?
Más nostalgia, perdón. Porque Beat the Champions también me hizo acordar a los Súpercampeones. A la merienda después de la escuela, al duelo entre Oliver Atom y Steve Hyuga. Eso fue buscado por los desarrolladores del juego, y se siente muy bien. Puedo agarrar al Maradona del 86´y hacer que patee un tiro desde 45 metros y clavarla en el ángulo del arco inglés, después de dejar una estela brumosa por la velocidad súpersonica a la que viajó la caprichosa. Puedo elegir a Ruggeri y barrerme con un impulso de media cuadra, con los dos botines apuntando hacia la tibia de un delantero alemán, sin que ni siquiera, cuando lo deje tendido y roto en el pasto, el arbitro cobre foul para ellos. También me hizo acordar a Shaolin Soccer, por qué no, esa película china del 2001 en la que se cagaban a patadas todos los partidos durante casi dos horas de metraje.
Porque Beat the Champions es un videojuego arcade sin faltas y con poderes, ¿quién quiere más?

Quiénes están detrás
Pero vamos al principio: Beat the Champions es una colaboración entre dos equipos de videojuegos argentinos. Whiteboard Games y Purple Play son los creadores de esta joyita, un videojuego de fútbol arcade con licencia, nada menos, de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). El próximo 28 de mayo, justo a dos semanas del comienzo del Mundial, lo vamos a poder tener en PC, consolas PlayStation, Xbox y Switch.
El primero de los equipos desarrolladores, Purple Play, es un publisher que potencia desarrollos independientes en PC y consolas, aprovechando los más de 15 años de trayectoria de Purple Tree, su casa matriz. Y tiene éxitos como Baki Hanma: Blood Arena, Thunder Ray, y Golazo (sobre este último, volveremos), entre otros. Whiteboard Games, el segundo equipo desarrollador, es una empresa argentina enfocada en la producción de videojuegos. Su principal diferencial, según ellos mismos contaron a 421, es crear y desarrollar juegos con total libertad creativa, hechos por y para jugadores, con un alto nivel de concepto, arte y producción, dinámicas de juego avanzadas, y orientados al mercado global.

Un blend perfecto entre AFA y Súpercampeones
La licencia de la AFA, contó a 421 Juan Lomanto de Purple Play (el publisher argentino detrás del lanzamiento), se logró por Whiteboard Games, quienes consiguieron los derechos. El acuerdo, según él, fue clave para el producto. Gracias a eso, como jugador podés elegir a todas las leyendas de la Selección: Maradona, Messi, Kempes, Fillol, Di María, Batistuta, “Dibu” Martínez, Julián Álvarez y muchos más. Además, también podés simular el próximo Mundial de selecciones.
“Beat the Champions es un juego de fútbol arcade vertiginoso donde jugadores legendarios se enfrentan en partidos explosivos impulsados por habilidades especiales. Sin realismo, solo velocidad, habilidad y puro caos competitivo”, detalla Juan Lomanto a 421.
Tenían ganas de hacer un juego que no fuera una simulación de fútbol, entonces dijeron "vamos a hacer un arcade". A la luz de los resultados, fue una buena decisión.
Obvio que les pregunté por lo que más me llamó la atención (y que vengo repitiendo durante toda la nota): la estética de anime y, más precisamente, de los Súpercampeones. Esta viene de los desarrollos anteriores de Purple Play, la saga compuesta por Golazo 1 y Golazo 2. Purple ya había hecho estos dos juegos de fútbol, y tenían una estética de anime, con poderes y combos. Los tres fundadores de Purple son muy fans de los dibujos japoneses, en especial Ezequiel Heyn y Pablo Cerrutti (y están tratando de conseguir otras licencias por el estilo, adelantaron a 421), y, por eso, el juego de futbol lo hicieron así, bien arcade, retro, al estilo de los de antes. Tenían ganas de hacer un juego que no fuera una simulación de fútbol, entonces dijeron "vamos a hacer un arcade". A la luz de los resultados, fue una buena decisión.

Iba a quedarme a jugar uno o dos partidos, no más, porque tenía un compromiso más tarde. Me quedé a jugar como seis. Es como andar en bicicleta, cuanto más jugaba, más me acordaba de cómo era. Y es, también, un vicio, como el que me empujaba a aquellas noches interminables de mundiales con amigos.
Podés sumar Beat the Champions ya a tu wishlist de Steam.
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