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Avatar: el clásico de Nickelodeon que marcó a los sub30

Avatar: la leyenda de Aang es una obra maestra animada que entrelaza mitología y artes marciales para abordar temas tan oscuros como la guerra y el exterminio, sin perder la esperanza.

Avatar: el clásico de Nickelodeon que marcó a los sub30

Ubiquémonos en los dos mil. Es una época bastante importante para las sagas de fantasía. Peter Jackson logra lo imposible con una adaptación de la trilogía de Tolkien, obra canónica de la fantasía épica. Harry Potter es un éxito de ventas, y van a seguirle un montón de sagas literarias del Young Adult, como Eragon y Percy Jackson, o, ya pasando a la ciencia ficción distópica, Juegos del Hambre y Maze Runner. Incluso acá en Argentina, Liliana Bodoc publica su Saga de los Confines. De modo que, en esta época, hay un incentivo económico para invertir en el género. Y ahí entra Nickelodeon.

Avatar: la leyenda de Aang (the Last Airbender) es el intento del canal infantil de subirse a esta ola de la fantasía, tarea que le tocaría a Michael Dante Dimartino, Brian Konietzko, y su grupo de artistas, guionistas y animadores. Con solo verla, nos damos cuenta de que tiene una influencia muy profunda del animé, sobre todo del Studio Ghibli y las películas de Miyazaki, como Nausicaa del Valle del Viento y La princesa Mononoke. Avatar toma también mucho de culturas orientales e indígenas americanas (Vietnam, Malasia, China, los Inuit, los mayas). La serie dura unas tres temporadas en las que se construye, más que un mundo, sus ruinas.

Ubiquémonos en los dos mil. Es una época bastante importante para las sagas de fantasía. Peter Jackson logra lo imposible con una adaptación de la trilogía de Tolkien, obra canónica de la fantasía épica.

En Avatar, los cuatro elementos (fuego, agua, tierra, aire) son controlados por maestros de diferentes naciones. Hay un mundo terrenal, habitado sobre todo por humanos, y uno espiritual. La figura que los coordina y tiene la tarea de “pacificarlos” cuando entran en conflicto es el Avatar, quien reencarna constantemente y tiene la capacidad de controlar los cuatro elementos. El tema es que se llama el último maestro aire por algo: Aang, de la cultura nómada aire, cuando se entera de su rol en la balanza cósmica, huye y queda en animación suspendida por cien años. Y cuando vuelve a su hogar se encuentra con que, además de ser un preadolescente que tiene que acomodar el desastre cósmico del que se escapa, todos los nómadas aires están muertos.

Genocidio e imperialismo

Avatar es una serie para chicos, pero no muy chiquitos. Si bien la muerte de un abuelo, padre o mascota es parte de la vida cotidiana, una experiencia comprensible para casi cualquier niño, cosa muy distinta es el exterminio planificado de una cultura.

No quedó un sólo nómada aire. Así de total fue el exterminio.

El genocidio, tanto en su denominación originaria de Lemkin (autor del concepto), como en el informe Whitaker (que tomó en cuenta la persecución ideológica de los casos Khmer Rouge y el Plan Cóndor), entiende que el concepto no es sólo "matanza planificada", sino que tiene etapas como la censura, la proscripción y la separación de padres e hijos.

El genocidio de los nómadas aire es clarísimo. La Nación del Fuego toma para sí misma la tarea de “pacificar el mundo”, y para ello quiere doblegar a las otras naciones y culturas elementales, más allá del desbalance geopolítico o cósmico que esto genere. Como el siguiente Avatar va a ser un nómada aire, este pueblo es la primera gran baja de la guerra. Sólo Aang queda vivo (lo tratan como reliquia arqueológica), y mucho del drama de la serie es él tratando de ser el último estandarte de su cultura pacifista, aunque no sea práctico negarse a matar gente.

El genocidio de los nómadas aire es clarísimo. La Nación del Fuego toma para sí misma la tarea de “pacificar el mundo”, y para ello quiere doblegar a las otras naciones y culturas elementales.

Aang es rescatado por dos jóvenes hermanos de las Tribus Agua del Sur, Katara y Sokka. Si los nómadas aire se basan en los monjes tibetanos, las tribus agua se basan sobre todo en los inuit y esquimales. Katara y Sokka son hijos de una mujer desaparecida. De las tres tribus agua, son de la más débil, de modo que, en el tour de dominación global de la Nación del Fuego, son un objetivo a exterminar. Katara puede sobrevivir sólo porque su madre miente y se entrega en su lugar. Separados también de su padre, dedicado a la guerrilla, gran parte de la simpatía que tienen con Aang pasa por el trauma compartido.

La Nación del Fuego, para lograr la conquista global, pasa también por un proceso correctivo de su cultura, con un pequeño exterminio interno. Esto vuelve a casi todos los ciudadanos fieles súbditos y soldados de una máquina de guerra autoritaria. Algo que se refleja en su dominio del fuego, una expresión de la furia. Y, también, en cómo cazan a los dragones: en El último maestro aire, el dominio de los elementos se aprende por medio de la relación simbiótica con ciertos animales. Los nómadas aire aprenden de los bisontes voladores y, por ende, estos animales también son exterminados. En resumen, la serie no se guarda casi ningún golpe bajo de la historia en términos de genocidio, salvo el de la violencia sexual.

Pero ¿qué tiene que ver el exterminio y la guerra con hacer Un Señor de los Anillos en una cadena infantil?

El género épico

Empecemos con lo estructural: El último maestro aire tiene un protagonista con una misión dictada por el cosmos, que vendría a constituir su epopeya. Las épicas son formatos por medio de los cuales se cuenta la historia de una nación de forma mitologizada: su realización y nacimiento (Eneida para los romanos, historias como El canto de Roldán o el ciclo Artúrico para las naciones europeas), grandes contiendas o grandes viajes (o ambas), y cómo los dioses intervienen sobre las decisiones humanas. Son narraciones largas, por eso, antes del advenimiento de la imprenta, era sobre todo poética, más fácil de recordar y por ende cantar/contar.

En el caso de El último maestro aire la referencia es principalmente asiática: el Avatar y el ciclo de reencarnación es una idea tomada del hinduismo y el daoismo.

Entonces, podemos decir que Avatar: El último maestro aire es una ficción del género fantasía épica. El héroe que es convocado a realizar una misión, sus aliados, su construcción mítica y narrativa, todo bebe de mitologías existentes. Tolkien construye la Tierra Media metiéndole mitología nórdica, anglosajona, griega, lo mejor de la narrativa pagana europea, y luego le inocula valores cristianos. Sapkowski, el autor de la saga The Witcher hace lo mismo con la mitología eslava, y nuestra Bodoc con las mitologías indígenas de América. En el caso de El último maestro aire la referencia es principalmente asiática (e indígena americana, en menor medida): el Avatar y el ciclo de reencarnación es una idea tomada del hinduismo y el daoismo. Su noción de armonía de los contrarios, la importancia de las relaciones de parentesco y el orden bajo el cielo, del confucianismo. Crea su propio mundo ficticio, sí, pero a partir de antecedentes.

Frodo y los hobbits no sólo quieren detener a Sauron para detener al mal encarnado, sino también para salvar a la Comarca. En los libros, no lo logran.

Ahora, pasemos al genocidio. Todo objeto cultural es parte de una cultura, entonces estas piezas contienen juicios valorativos de la sociedad y también la opinión del autor. Tolkien claramente vivía leyendo textos filológicos, sí, y después salía a la calle y vivía en la Inglaterra industrializada. Y no olvidemos que era veterano de la Gran Guerra. El Mal en Tolkien, Sauron y Morgoth, es sinónimo de la industrialización y la destrucción del medio ambiente y la vida rural. La guerra, los orcos y los humanos corrompidos provenientes del Oriente claramente se forjaron al fuego del recuerdo de la guerra contra Alemania. Del mismo modo, la Saga de los Confines es, obviamente, la Conquista de América.

El miedo al exterminio puede ser bien encauzado con las lógicas de la fantasía épica. La práctica de exterminio (nazi, japonesa, de las Juntas) se compara desde lo jurídico con el mal absoluto, una idea más metafísica que sociológica. El Bien y el Mal son cosas muy reales y en lucha.

Un producto para nosotros (occidentales)

Si fuese chino y me dicen que en una serie mi país es reducido a un imperio desordenado, corrupto y decadente mantenido sólo por una policía secreta autoritaria que lava cerebros, bueno, no me sentiría halagado.

Con todo, esto es solo una serie para nosotros, los occidentales. Épicas y héroes tienen todas las culturas (Sun Wukong, Aquiles, etc.). Pero La leyenda de Aang, por más inspiración asiática que tenga, fue hecha por Nickelodeon y, con razón, no tuvo mucho éxito por fuera del Oeste del mundo.

En Japón tenía que competir con los shonen locales y no copó mucho que la inspiración del imperio villano fuera el Imperio del Sol Naciente de la Segunda Guerra Mundial. En China tampoco gustó mucho que los mayores no fuesen tratados con más veneración, y menos ver que el Imperio Tierra fuese China en su periodo más oscuro y humillante. En Asia no movió el avispero. Y sí, vieja, la hicieron en California, estamos hablando de gente que pone a Argentina en sus productos culturales y nos reduce a refugio de nazis.

Pero la crítica no es sólo un trabajo destructivo. Lo rescatable de Avatar es que, siendo una serie para un público joven, se mete con temas terribles de nuestra historia y lo hace bien. E, incluso, con un final conmovedor.

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