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Crónica de La Peregrinación a Luján 2026: Fe, ampollas y crisis

La Peregrinación a Luján: sesenta kilómetros de sacrificio físico y búsqueda de esperanza.

Crónica de La Peregrinación a Luján 2026: Fe, ampollas y crisis

—Que tenga un trabajo, que tenga plata. Uno normal. 

Dos chicas jóvenes caminan con un grupo de una parroquia mientras conversan animadamente sobre lo que le están pidiendo a la Virgen: un novio. Faltan algunas cuadras aún para llegar a la Basílica de Luján y ya son más de las 2 de la mañana, las piernas pesan y el estado de los pies contrasta con el ánimo general, de alegre calma. La noche está ligeramente fresca y para esa hora el viento secó la lluvia de la ropa de los peregrinos, dejando como resabio a la lluvia un olor a repasador generalizado.

Una mujer de pelo rubio y una pechera azul tira de un carro de caño celeste que lleva una imagen de la Virgen protegida por un nylon transparente, tiene un micrófono a mano y no le pega a ninguna nota de la canción que está cantando. Unas risas ahogadas sobresalen de la multitud renga y ella termina también por reírse, fue a brindarle ánimos a la gente y lo consiguió. La mujer opta por dejar de cantar, y le recuerda a su parroquia que falta poco, que ya llegan, que están muy cerca del objetivo. De la Basílica solo se advierten dos luces rojas. Unos carteles hechos en computadora anuncian que faltan 11, 7, 5 cuadras para llegar.

Foto: Nicolás Suárez para 421.

Hay quienes salieron de Liniers y llevan caminados alrededor de 60 kilómetros, otras personas se sumaron en Morón, en Merlo o en la última parada, General Rodríguez, a 17 kilómetros de Luján. Hay quienes, como Romina y Facundo, madre e hijo, que salieron el viernes por la noche desde Lomas de Zamora e hicieron más de 70 kilómetros.

La madrugada del domingo es un hormiguero humano de fieles y creyentes que le pidieron a la Virgen muchas cosas, entre ellas, que les ayudara a terminar el trayecto. La preciosa Basílica de Luján tiene su plaza llena de personas sentadas, el suelo lleno de medias, zapatillas y mochilas. Una chica joven se desmaya en los brazos de un hombre, entre dos puestos que ofrecen rosarios, estampitas, pulseras, medallas, y miniaturas. Enseguida se acercan dos mujeres y ayudan a acostarla en el piso. Cerca, muy cerca, hay un grupo de asistencia médica. Esa noche la Basílica de Luján tiene todo lo que necesites y más; tiene la satisfacción, para mí y para muchos, de haber conseguido una vez más caminar 60 kilómetros en una de las manifestaciones populares más grandes de Argentina. 

Foto: Nicolás Suárez para 421.

La 52ª Peregrinación Juvenil a Luján tuvo, según el municipio de Luján, el arribo de alrededor de 1 millón de personas. Según el ministro de Seguridad bonaerense Javier Alonso, este año hubo récord histórico de asistentes, con 2.700.000 personas. La primera Peregrinación Juvenil a Luján también derribó las estimaciones de los organizadores: pensaron que serían alrededor de 6000 mil personas y terminaron siendo cerca de 30.000.

La 52ª Peregrinación Juvenil a Luján tuvo, según el municipio de Luján, el arribo de alrededor de 1 millón de personas.

El 25 de octubre de 1975 fue la primera edición de la Peregrinación con el objetivo de darle a la juventud una vía alternativa de transformación a la realidad, a la violencia política y social que signaron aquellos años. Uno de los mayores exponentes fue el padre Rafael Tello, discípulo del Padre Mugica (asesinado el año anterior) e impulsor de la Teología del Pueblo. Apenas unos años antes, el Concilio Vaticano II (1962-1965) había impulsado algunas reformas eclesiásticas, dotando de mayor horizontalidad a sus integrantes. Había un diálogo muy aceitado con cierto sector de la Iglesia que estaba influido por la Teología de la Liberación, aquella corriente latinoamericana que intensificó las ideas del Concilio Vaticano II ante la pobreza e injusticia del continente.

En el libro Seguimos caminando. La peregrinación juvenil a Luján. Apuntes para un relato histórico-pastoral (2004), aparece este testimonio de un participante: “(...) aunque las motivaciones fueran muchas y distintas, estábamos caminando todos juntos, o como dirían más tarde, estábamos todos mezclados: los de los barrios, los colegios, las parroquias, los curas y las monjitas, los que militaban políticamente, los que fueron a ver qué pasaba, y tantos otros; todos convocados por la misma Madre (…) La realidad era que los jóvenes nos decidíamos a caminar, a ponernos en marcha”. Aquella primera edición tenía un contenido político muy explícito, incluso dentro de sus organizadores; hasta el lema contenía una impronta que recoge el espíritu de aquellos años: “La Juventud peregrina a Luján por la Patria”.

El lema de este año 2026 fue “Madre, en tu abrazo nos reconocemos hermanos", pero la jornada estuvo plagada de reclamos por la soberanía de Malvinas: personas con remeras de aquella bandera que entró de contrabando en el 2-1 de Argentina vs. Inglaterra. Gorros. Stickers. Carteles impresos pegados en las calles. Locales vendiendo remeras de la Vírgen de Luján y remeras de Malvinas. ¿Acaso una pista de lo que significará para el pueblo el 2 de abril del 2027?

Foto: Nicolás Suárez para 421.

La geógrafa brasileña Zeny Rosendahl sostiene que el poder del santuario no viene de afuera: son los propios peregrinos quienes lo proyectan sobre el lugar. Dicho de otro modo, la procesión va por dentro. La imagen de la ortodoxia eclesiástica se desplaza cuando en el camino encajan sin fisuras la devoción a la Virgen con las latas de cerveza, los cigarrillos al paso y los parlantes de los carritos de la parroquia que alternan la reproducción entre canciones cristianas y cumbia villera. Mención especial (y totalmente esperada) al acompañamiento musical de Los Redondos durante todo el recorrido; un fenómeno secular que comparte con la Iglesia Católica la mística y la peregrinación. 

Datos duros

Desde Liniers a Luján hay, según Google Maps, 57,4km que representan 12 horas y 58 minutos de caminata. Esa ruta se ve alterada por dos factores: el punto de encuentro del grupo de apoyo con la organización o parroquia con la que se camine, que varía según la parada la distancia con el camino oficial (Av. Rivadavia, Av. Juan Domingo Perón, Av. Bartolomé Mitre, Av. Francisco Piovano, Intendente Colobraro, Boulevard Bernardo de Irigoyen, Ruta 7 y San Martín) y la duración de las paradas. Hay cuatro puntos en el camino donde se recomienda frenar, ingerir algo, ir al baño y continuar. Como cualquier experiencia en este siglo, nada parece nuevo, incluso antes de experimentarlo: decenas de videos en redes sociales muestran el camino, advierten y aconsejan cuáles son las medidas necesarias para sortear de la manera más favorable todos los inconvenientes.

Foto: Nicolás Suárez para 421.

Es posible darse una idea, solo una idea, de lo que implica caminar 60 kilómetros en menos de un día y cuáles son las facturas más comunes: ampollas en los pies, para las cuales se recomienda vendarse los pies con cinta hipoalergénica, pasarse vaselina y cambiarse las medias entre dos y tres veces; fatiga muscular, por lo que es conveniente llevar Diclofenac en gel o en pastilla, o hacerse algún masaje en un puesto sanitario; zapatillas lo más “viejas y conocidas” que existan (nada de estrenar calzado); ropa cómoda y apretada para evitar paspaduras. Gorra, lentes de sol, protector solar y, gracias al Servicio Meteorológico Nacional, para esta marcha fue posible saber que la lluvia era un hecho, por lo que hubo que empaquetar también un pilotín.

Mención especial al acompañamiento musical de Los Redondos durante todo el recorrido; un fenómeno secular que comparte con la Iglesia Católica la mística y la peregrinación. 

Los videos de Instagram, YouTube y TikTok también advertían que todo lo que no fuera estrictamente necesario se podía conseguir en el camino, que está lleno de vendedores ambulantes que ofrecen lo que necesites: packs de medias a tres mil pesos, agua a mil, 2 bebidas isotónicas por dos mil, un puesto que recarga celulares por tres mil pesos, remeras de la virgen entre tres y diez mil, el baño de una casa por mil pesos, gaseosas por dos mil, café y agua caliente por mil pesos, barritas nutricionales, sandwiches, una bandera del Papa León XIV, una bandera de Messi y una del Indio, empanadas, curitas, choripanes, una bandera del Indio con Cristina, rosarios, estampitas, medialunas, pollo frito. 

Foto: Nicolás Suárez para 421.

El smartwatch dice que desde Rivadavia y Montiel (Liniers) hasta la Basílica hay 78.143 pasos de distancia, que equivalen a 2325 calorías a un ritmo promedio de 18 minutos por kilómetro. Este aparatito, que el último tiempo extendió mucho su uso, mide también el ritmo cardíaco y la presión. Una batería de artefactos tecnológicos permite proyectar el futuro y medir el presente de un cuerpo y de una experiencia. El mundo se volvió un lugar extremadamente cuantificable, donde se puede medir de manera constante y concreta cuánto te bombea el corazón, en qué kilómetro se quedó tu amiga y cuántas horas más de caminata te quedan a este ritmo. En la era del tutorial, donde es posible consumir una tanda de videos que te enseñan cómo hay que caminar (es decir, cómo es la mejor manera de poner un pie adelante del otro), pareciera que el mundo es aún más inentendible que antes. 

Es difícil saber por qué la Peregrinación de este año parece haber tenido un récord de asistencia, y seguramente no haya un único motivo. Hay quienes caminan año a año desde hace décadas; quienes vuelven porque le prometieron algo a la Virgen y ella les cumplió; quienes este año sienten la necesidad urgente de que algo cambie; quienes sufren y piden ayuda. La falta de trabajo y los problemas de salud, dos marcas fuertes del presente en un país golpeado por la recesión y el desfinanciamiento, atraviesan muchos hogares, y buena parte de los pedidos van por ahí.

Ese es el caso de Maxi, que salió de Pilar a las siete de la tarde por la Ruta 34, con su hermana. Sus intenciones, dice, "eran claras y pesadas": pedir por trabajo, porque hace más de un año que busca y no encuentra. No se sentía preparado físicamente y ni siquiera pensaba ir esta vez, pero algo lo empujó a ponerse en marcha. Pasadas unas horas, con el cansancio encima, pararon en la planta cervecera, donde el puesto de seguridad ofrecía agua caliente a los peregrinos. Mientras cargaba el termo, Maxi vio una dirección de mail anotada en un papel y le preguntó al guardia si era para mandar currículums. El guardia le dijo que no. Y enseguida lo miró y le dijo, con una generosidad "desarmante": "Mandámelo igual ahora, así te lo imprimo". Maxi lo mandó ahí mismo, desde el celular.

La falta de trabajo y los problemas de salud, dos marcas fuertes del presente en un país golpeado por la recesión y el desfinanciamiento, atraviesan muchos hogares.

Durante todo el camino es posible encontrar voluntarios: este año fueron alrededor de 6.000 personas que ofrecieron sus servicios acercando agua, masajeando pies o curando heridas. Un grupo de enfermeros que ya lleva curadas quién sabe cuántas ampollas baila al ritmo de abrime la ventana, prendeme el aire. En la Ruta 7, un joven que no peregrinó pero se acercó igual, sostiene un palo de escoba con una mano de gomaespuma en la punta y pide que se la choquen al grito de "¡dale que se puede!". En el cruce del segundo puente de Luján, un puesto del municipio reparte vasos de agua y palabras de aliento, con Floricienta sonando en el parlante. Ya falta poco.

Foto: Nicolás Suárez para 421.

El punto de inflexión

Todos los vlogs, los get ready with me, los comentarios de YouTube y las personas que ya hicieron la caminata advierten lo mismo: el tramo desde General Rodríguez hasta Luján es, por lejos, el peor. Este año la lluvia estuvo los primeros 20 kilómetros de caminata, para quienes salieron alrededor de las siete y media de la mañana; pero en el 2025 la lluvia llegó a la madrugada del sábado, azotando a quienes caminaban por la ruta 7 con un vendaval de agua. El otro gran consejo es que las paradas deben ser cortas porque sino el cuerpo se enfría, se entumece y cuesta mucho más moverlo. Los últimos 17 kilómetros son la verdadera prueba: si el cuerpo acompaña es posible llegar… probablemente rengueando. 

Pero no todos llegan. Daiana no pudo continuar más allá de General Rodríguez: "Sentí que conocí el límite de mi cuerpo como nunca, ni cuando parí a mis hijos. Llegué, hice 53 km y me dio mucha impotencia y bronca. Pero mi amado grupo del Perpetuo fue mi sostén todo el camino... Estuvieron en todos los detalles, me dieron fuerza, me hicieron ver que realmente lo que vale es el proceso. Y me quedan un montón de cosas hermosas: una Argentina solidaria, de unión, de compartir y estar unidos". Daiana caminó para agradecerle a la Virgen haber curado de un cáncer a una persona que quiere mucho y también le hizo un pedido que se guarda para ella. "Encontrarme en la Basílica con la Virgen desde un lugar vulnerable y de entrega, de apertura total sintiendo una paz inmensa fue muy movilizador... Una experiencia única que claramente volveré a repetir porque quiero llegar".

Foto: Nicolás Suárez para 421.

El camino es hostil: la ruta no contiene igual que una avenida, el viento pega desde los costados y vuelve a los últimos kilómetros verdaderamente sufridos. “Te pone cara a cara con el límite”, dice Florencia y es la primera vez que hace esta marcha con 34 años. Camila caminó el último tramo pidiéndole fuerzas a la Virgen y la Virgen cumplió: consiguió llegar. Sabía que iba a ser dura la travesía y tenía miedo antes de hacerla. Hubo algunos momentos del trayecto en los que dudó y acaso algo así sea el ejercicio más realista de la fe: sostener una acción a pesar de que la incertidumbre se intercale con la certeza. En un presente donde todo es continuamente mostrado y exhibido, la creencia en aquellas cosas que no podemos ver cobra otra relevancia. Y en un país con una historia como la nuestra, de sucesivas crisis económicas que se agudizaron los últimos 10 años, creer que será posible darle la vuelta a la vida también se vuelve una razón. 

Foto: Nicolás Suárez para 421.

“¿Alguien sabe qué es la esperanza?”, grita una mujer por un megáfono a la altura de Moreno. Todavía falta más de la mitad del camino, el cielo que antes estuvo soleado y, antes de eso, lluvioso, ahora está nublado. El camino está silencioso. La mujer contesta, riendo: “Lo último que se pierde. ¡Mueva, mueva, mueva, Luján, mueva!”.

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