/ tecnologia

Lacan y LLMs: El inconsciente como máquina simbólica

Un cruce entre Lacan, cibernética y LLMs: el inconsciente está estructurado como lenguaje, pero lo desborda.

Lacan y LLMs: El inconsciente como máquina simbólica
En el centro de mi irónica fe, mi blasfemia es la imagen del cyborg.

Donna Haraway.

La imagen nos viene de una creación esencialmente simbólica, es decir, de una máquina, la más moderna de las máquinas, mucho más peligrosa para el hombre que la bomba atómica: la máquina de calcular.

Jacques Lacan.

La inteligencia artificial de nuestros años veinte se presenta como lo hacía la cibernética del siglo pasado: tras la fantasía de una comunicación transparente y buscando la predicción de los eventos del mundo para alcanzar el completo gobierno de lo humano. Con ecos de la hipótesis cibernética de Tiqqun, los entusiastas avances de esta disciplina con pretensiones de ciencia universal tienen como constante histórica la intención de calmar las aguas y renovar las esperanzas frente a la imposibilidad de certezas que Einstein, Heisenberg y Gödel imprimieron sobre los ya dislocados órdenes del macrocosmos y el microcosmos. 

Porque es verdad que todas las épocas buscan sus determinaciones, pero en la nuestra son más difíciles de encontrar. Hallamos pocas construcciones de sentido lo suficientemente estables para defendernos del indeseable efecto que conlleva el encuentro con una realidad que se revela a todas luces contingente, incierta y por momentos desfalleciente. Y nuevamente amenazada por la aniquilación del hombre por el hombre de la mano de la ciencia, fantasma que recorre el mundo desde que vislumbramos el destino dónde podía conducirnos el vasto progreso del discurso científico: la bomba atómica.

La inteligencia artificial de nuestros años veinte se presenta como lo hacía la cibernética del siglo pasado: tras la fantasía de una comunicación transparente.

En el cuadro de época, ¿cómo se inscribe el inconsciente?

Podríamos pintarlo como una entidad misteriosa, inefable, inabordable por la tecnología y subversiva de la ciencia. Desde la mirada romántica, el psicoanalista sería un ser capaz de comprender el sufrimiento porque, a diferencia de la máquina, posee la potencia de un cuerpo y la sabiduría de bucear en las profundidades de la mente buscando alguna verdad edípica oculta. El problema intelectual y político de esta posición es que descansa en un oscurantismo epistemológico y una ontología sustancialista a fin de garantizar todo de antemano: tenemos inconsciente y psicoanalista ad aeternum, podemos ir en paz, demos gracias al señor Freud.

En cambio, al retornar a la disciplina iniciada por Sigmund Freud bajo la formalización desarrollada por Jacques Lacan, la frontera que divide el inconsciente de la tecnología se vuelve difusa, un tanto opaca. Por eso este ensayo busca recuperar la tesis que surgió en los cincuenta con Lacan y las teorías cibernéticas: el inconsciente está estructurado como un lenguaje y funciona como una máquina simbólica.

Advertencia para el lector o lectora: si llegó aquí con la esperanza de encontrar alguna respuesta a su inquietud sobre si su chatbot de confianza puede pensar, tener inconsciente o analizar, abandone la lectura porque no encontrará nada que lo satisfaga. Aquí se topará con lagunas epistémicas, mucho “Lacan dijo” y lo que la expresión popular contemporánea suele definir como falopa lacaniana.

ELIZA, el primer chatbot de la historia desarrollado por el MIT, simulaba ser un terapeuta.

Entran a un bar Descartes, Pascal, Markov, Wiener y Lacan

Antes de avanzar, y por si algún lector no lo conoce, Jacques Lacan fue un psicoanalista que atravesó el auge del estructuralismo con mucha fama de enfant terrible porque el tipo discutía mucho, con todo el mundo, todo el tiempo. En la honorable tradición de la polémica (de la que hoy solo vemos su parodia) se subía al ring de las ideas y con paciencia desplegaba la elegancia del knock out técnico con un tapado de piel y un cigarro en la mano. Althusser decía que era estratégico y utilizaba los métodos del terrorismo intelectual para forzar a sus contemporáneos a reconocer que no entendían nada de lo que leían y decían. Lo describía como una fiera de estilo gongoresco y barroco, dueño de “una agresividad absolutamente extraordinaria, una maldad espléndida” con la que interpelaba a sus colegas un tanto mareados por bailar la danza de la inteligencia. Un amigo Althusser.

Durante la década del cincuenta el psicoanalista se había ganado un lugar entre la intelligentsia parisina y frecuentaba con Benveniste, Jakobson, Lévi-Strauss y el matemático Guilbaud para discutir las relaciones entre la matemática y las ciencias humanas. Hablamos del contexto de posguerra donde la implementación del Plan Marshall expandía el capital por las callecitas parisinas; pero también la teoría de juegos de John Von Neumann, la teoría de la información de Claude Shannon y la cibernética de Norbert Wiener. Influencia que Lacan incorporó en las clases de su segundo seminario destinado a abordar El yo en la teoría freudiana y en la técnica psicoanalítica (1954-1955) donde se preguntó: "¿en qué somos efectivamente, en tanto hombres, parientes de la máquina?":

“Por vez primera estoy tratando de inculcar a mis oyentes que la máquina no es lo que el común de la gente piensa. El sentido de la máquina está cambiando completamente, para todos ustedes, hayan abierto o no un libro de cibernética. Están retrasados, siempre es igual.”

Intuyo que cuando dice “la máquina” se refiere al pensamiento, porque lo que se respiraba en el aire de aquel entonces era el desembarco de la lógica simbólica en variados campos de la vida humana y el paulatino abandono del enfoque mecanicista. Pensemos que estaba Claude Shannon realizando con sus circuitos eléctricos y el lenguaje binario, el cálculo de proposiciones de la lógica formal. Por otro lado, Norbert Wiener discutiendo las viejas tradiciones mecanicistas y vitalistas que encorsetaban al pensamiento filosófico para proponer un modelo centrado en la información (que Yuk Hui define como organicista). Y por la costa de las ciencias humanas el boom del estructuralismo, con Lévi-Strauss a la cabeza defendiendo lo simbólico como el grado cero y la función organizadora de todas las experiencias humanas. Símbolo everywhere.

Pero como el ojo tiene debilidad por el brillo, tendemos a confundir la máquina con el mecanismo. La máquina a la que se refiere Lacan es la lógica simbólica que realiza cálculos siguiendo una ley, independientemente del soporte físico donde éste se realice.

Jacques Lacan y Roman Jakobson

¿Qué calcula la máquina? Lo incierto. A comienzos de nuestro siglo, el colectivo Tiqqun nos dijo que la cibernética reunía un conjunto de discursos heterogéneos para abordar de manera común el problema práctico del dominio de la incertidumbre. De manera similar, medio siglo antes, Lacan sugería que cibernética era el nombre que recibía en su época el discurso que a lo largo del tiempo persiguió la significación del azar. Esa premisa fue el punto de partida del psicoanalista francés para discutir la pretendida filiación de Wiener y afirmar que el legítimo padre de la criatura era Blas Pascal. Y el parto, la invención del cálculo de probabilidad (1654).

En el seminario del 54-55 también hay referencias implícitas al trabajo de Andréi Markov, un matemático ruso de conocida impronta militante anti zarista que en 1906 diseñó un modelo para describir y predecir eventos donde interviene el azar y la incertidumbre: las cadenas de Markov. Su diseño representaba una secuencia de estados posibles en los que la probabilidad de que estos sucederían dependía solo del estado anterior alcanzado, mostrando que servía tanto para predecir los resultados de un juego de azar como las secuencias de letras y palabras utilizadas en el lenguaje. Para eso, Markov pasó varias horas calculando con lápiz y papel el orden probabilístico que seguían las letras del comienzo de Eugenio Oneguin de Aleksandr Pushkin. Cuenta la anécdota que cuando el zarismo convocó a festejar los trescientos años del gobierno de Romanov, el matemático organizó su propia contracumbre: un simposio para celebrar el aniversario de la Ley de los Grandes Números de Bernoulli. Al parecer, el hombre que calculaba el azar era bastante determinado.

Andréi Markov

El camino abierto por Pascal (continuado por Leibniz y otros tantos hasta llegar a la cibernética y hoy la inteligencia artificial) no es otro que el camino del pensamiento bordeando la incertidumbre, quizás continuación de la antigua travesía aristotélica en torno a la causa como tyche y automaton. 

¿Por qué Lacan se interesa por la cibernética en un seminario destinado a trabajar el yo en la teoría psicoanalítica? Por humanista seguro que no, jamás le interesó la posición que identificaba al hombre como fundamento y medida de todas las cosas, sino el lenguaje y sus efectos. Y la novedad que traían las máquinas de los cincuenta y sesenta era el inicio de un sujeto de razonamiento prescindente de la encarnadura humana. Llegaban mostrando “al lenguaje humano funcionando casi por sí solo y pareciendo ganarnos la partida” de la misma manera que el ChatGPT lo hizo hace un par de años atrás. Quizás por esto, en la cibernética Lacan parece encontrar una aliada perfecta para sumar a su empresa destinada a destronar al yo del lugar conferido por la psicología contemporánea. Porque parecía ser que esos aparatitos hacían algo parecido al pensamiento:

“Implícitamente, el hombre moderno piensa que todo lo que ha sucedido en el universo desde el origen está destinado a converger hacia esa cosa que piensa, creación de la vida, ser precioso, único, cumbre de las criaturas, que es él mismo, y en el cual existe un punto privilegiado llamado conciencia. Este enfoque conduce a un antropomorfismo tan delirante que primero hay que escapar de su embeleso para reparar en la ilusión de que se está siendo víctima.”

La cuestión epistemológica de fondo continúa empantanada hasta nuestros días y no es otra que la posición dualista que deja la herencia freudiana y la cartesiana: la tendencia a identificar el razonamiento con la conciencia y a la conciencia con el yo; dejando como constructo opuesto y poco definido aquello que correspondería a la dimensión inconsciente: irracionalidad, deseos, pulsiones, instintos, etc.

(Re)calculando el sujeto del inconsciente

Desde la creación freudiana, la tendencia dentro del campo analítico fue ubicar el trauma como el origen del padecimiento. En el sentido de que una experiencia es reprimida porque se vive con una excesiva intensidad (de placer o displacer) y la represión deja en el aparato psíquico individual la impresión de huellas mnémicas que en un segundo tiempo originan la neurosis. Esta teorización creó una práctica analítica orientada a buscar en las formaciones inconscientes los rastros de aquella experiencia pasada para volverla asequible a la conciencia. Operación que supone una resolución de la neurosis por la vía del yo que, a mi entender, impide el acto.

La novedad que traían las máquinas de los cincuenta y sesenta era el inicio de un sujeto de razonamiento prescindente de la encarnadura humana.

Lacan retorna al espíritu freudiano de la Psicopatología de la vida cotidiana pero con una lectura guiada por el formalismo lógico que prescinde del trauma y su causalismo lineal. En este paradigma, el inconsciente está estructurado como un lenguaje. Definición que marida bien con el estructuralismo de época y la cibernética, pero también con nuestro presente y los Grandes Modelos de Lenguaje. Porque el aparato conceptual elaborado contempla un orden simbólico funcionando de manera autónoma y siguiendo una ley, al tiempo que asume la necesidad de contingencia.

Aquello que solemos llamar inconsciente pasa a ser conceptualizado como un hecho de discurso, una combinación de cadenas significantes donde los elementos se articulan de manera lógica siguiendo leyes de inclusión y exclusión que establecen una serie de posibilidades e imposibilidades sobre lo que se dice. Lo inconsciente es una maquinita simbólica que nos captura y un poco nos convierte en loros estocásticos.

Sobre esta máquina, Alfredo Eidelsztein recupera la idea de que, en lo que se refiere al sufrimiento sobre el que interviene la clínica analítica, estamos gobernados por algo que está más allá de la vida y que no tiene nada que ver con lo natural. Ese más allá, que Freud llamó pulsión de muerte, constituye el punto cero del deseo: una conjunción esencial entre dos símbolos que inscriben la diferencia (como el primer cero y uno del lenguaje informático que permite armar el código más complejo) funcionando como el par básico de una máquina simbólica que inaugura y establece la relación del sujeto.

Desde esta mirada, el método analítico abandona la búsqueda del trauma como experiencia efectivamente acontecida y se propone realizar un análisis lógico del discurso generado por la máquina simbólica y proferido por el analizante. Operación de lectura sobre el material que pretende identificar regularidades y hallar esa combinación significante que captura al deseo y produce padecimiento: el automatismo de repetición. Digamos algo así como que, los tropiezos que nos damos con la misma piedra, tienen una codificación.

El sujeto del inconsciente entonces deviene lógicamente calculable y el análisis consiste en anotar las combinatorias significantes, las regularidades, las repeticiones. Racionalizar el discurso del analizante estableciendo sobre el texto postulados lógicos y hacerlo mediante el uso de la formalización matemática, ya que permite establecer:

“un conjunto de convenciones a partir de las cuales se pueden desarrollar toda una serie de consecuencias, de teoremas que se encadenan y establecen en el interior de un conjunto ciertas relaciones de estructura, una ley, para ser exactos”. 

Para justificar la elección del método, Lacan pide ayuda a Andrei Markov y Edgar A. Poe en un escrito sobre el cuento La carta robada que sería imposible acercar acá por el nivel de complejidad, pero del que compartimos la idea principal: la lógica de las cadenas significantes del inconsciente puede modelizarse siguiendo la lógica de las cadenas markovianas.

Lacan lo ilustra con el cuento de Poe, tomando como referencia el momento en el que el detective Dupin recuerda a un niño cuyas reiteradas victorias en el juego de pares e impares sorprendía a todos. Si el detective explica el éxito del infante a partir de un proceso de identificación especular (donde gana quien es capaz de identificarse a la inteligencia del otro para prever sus movimientos) para Lacan el éxito de cualquier juego de azar se basa en anotar los posibles resultados bajo un modelo lógico como el de Markov. Ya que permite ver cómo una serie de eventos que se presenta aleatoria, en cuanto la anotamos bajo reglas combinatorias, comienza a mostrar regularidades y sucesiones.

No parece errado, son diseños utilizados hace tiempo no sólo en los juegos de azar, también en la descripción y predicción de eventos climáticos, genéticos, económicos, políticos, sociales y otros tantos campos. Pero como bien decía Lacan, siempre estamos atrasados.

Esquema de transiciones de la cadena desarrollada por Lacan en los escritos

Los límites de la formalización lógica

La noción del inconsciente como máquina simbólica conlleva la idea de que los sueños, chistes, lapsus y síntomas tienen una estructura de lenguaje. Responden a una gramática y así como se articulan se pueden desmontar por la misma vía, con el uso de la palabra. Pero la visión formalista puede conducir a atribuir al orden simbólico inconsciente una propiedad de transparencia que en realidad carece; ya que si bien es un sistema complejo y regido por leyes, cuenta con limitaciones.

Primero, por limitaciones que responden a principios internos del modelo: los significantes se combinan y desplazan siguiendo las leyes de la metáfora y la metonimia (leyes que Lacan toma de Jakobson pero obviamente las desfigura y adapta a su manera) así que nunca están donde los vamos a buscar.

Segundo, por limitaciones que responden a un principio externo: el lenguaje está imposibilitado de cerrarse sobre sí mismo y auto fundamentarse. Un principio que el psicoanálisis toma prestado del teorema de incompletitud gödeliano, el cual establece que un sistema formal consistente contiene enunciados que no pueden ser demostrados por el propio sistema. El teorema es incorporado al modelo bajo el sintagma no hay Otro del Otro, que básicamente quiere decir que en sistema simbólico no hay un metalenguaje que pueda garantizar un sentido pleno (como el problema russelliano del catálogo de todos los catálogos que no se contienen a sí mismos).

La consecuencia clínica es que podemos interpretar el material inconsciente elaborando una conjetura (enunciado que nace de la lectura y sostenemos como la interpretación más plausible) sin pretender que su exactitud. La intervención analítica que sostiene la apertura inherente a toda elaboración conjetural es la que posibilita que ella cause un efecto de verdad. Mientras que las elaboraciones que pretenden la exactitud buscan la clausura del sentido, además de que sólo serían posibles si operamos con un sistema completo, cerrado y total.

Lo anterior conduce a un tercer límite y es el problema de código. Algo que pasa desapercibido en el campo de la cibernética y en la inteligencia artificial, ya que suponen un esquema de comunicación entre emisor y receptor donde el código es compartido y conocido por ambos actores. Lo que muestra el dispositivo analítico es que uno puede saber lo que dijo pero no lo que el otro escuchó. Básicamente porque, cuando hablamos, el código se presenta como inasible:

“Están estructurados como un lenguaje, estas cosas que son ante todo los síntomas, pero el código, en esta cosa que sin embargo opera como un lenguaje, el código, somos incapaces de poner la mano encima.”

No estamos diciendo que la comunicación es imposible en un sentido posmoderno, claro que hablamos con una materia común en la que más o menos podemos entendernos. Que el código sea inasible significa que es inapropiable (no puede capturarse y encerrarse) porque la codificación se sostiene en la lengua.

Lo que muestra el dispositivo analítico es que uno puede saber lo que dijo pero no lo que el otro escuchó.

No en la lengua de las ciencias humanas o de la dimensión donde solemos situar los usos locales del lenguaje. Lacan se refiere a la lengua con el neologismo lalangue, una especie de lengua materna que gesta al sujeto, el reservorio de los murmullos y balbuceos de las voces que nos alojan. La particularidad de la lengua es que sostiene la imposibilidad del decir. Desborda al lenguaje en sus movimientos porque trastoca la relación del significante al significado por un obrar de tipo metafórico que produce nuevas significaciones con efecto de sentido. No hablamos de la metáfora como la solemos comprender habitualmente, es un tipo de sustitución particular que amplía las posibilidades del discurso. En tanto introduce una discontinuidad al asociar elementos que carecen de una relación existente. Quizás quien mejor lo mostró, en un campo no muy lejano al analítico, fue Borges en La metáfora, conferencia pronunciada en 1978 ante un grupo de psicoanalistas:

"Tendríamos pues, reducida la poesía a unas cuantas metáforas esenciales, y la diferencia estaría en el modo en que se dicen. Pero luego encontramos metáforas que son del todo asombrosas, metáforas que parecen corresponder a una intuición inmediata de las cosas. Creo que éstas, aunque no sean eternas, aunque sólo sirvan una sola vez, son no menos preciosas que las otras (...) Tendríamos también esta curiosa metáfora de Shakespeare: The milk of human kindness, 'la leche de la bondad humana'. ¿Quién hubiera pensado en asociar la idea de bondad y la de leche? Y, sin embargo, Shakespeare lo hace y le sirve a él; sirve una sola vez pero le sirve para siempre."

¿Los LLM's pueden producir metáfora? Claro, pero lo sustituido y lo sustituyente emergen de un marco lingüístico determinado a priori y en base a las distancias estadísticas entre los términos. La cibernética y la inteligencia artificial, por ahora, son disciplinas que manejan el lenguaje pero escapan al ronroneo de la lengua. Habitan aún en la fantasía de un tiempo mítico anterior a Babel.

Dejamos acá.

Sumate a 421 →