PUMM 2026: Festival de chicas en tecnología
1500 chicas compartieron sus proyectos en PUMM 2026, con el fin de promover la inclusión de mujeres en el mundo tech.
En las pantallas del Complejo Art Media apareció Lali. Fue un mensaje sorpresa, proyectado en el salón y también en el streaming: "Quiero preguntarles si alguna vez pensaron que una idea de ustedes podría romperla y cambiar el mundo". Cuando terminó de hablar, entre el público, la primera reacción de una de las chicas fue otra pregunta: "¿Será IA?".
La duda dice bastante sobre quiénes estaban ahí. PUMM (Programando Un Mundo Mejor) es el festival gratuito que organiza Chicas en Tecnología (CET) para adolescentes y jóvenes de 13 a 23 años. Y su público no mira la tecnología desde afuera. Este año reunió a más de 1500 chicas, entre las que llegaron al predio y las que lo siguieron por streaming desde toda América Latina. Hubo 26 escuelas presentes, con sus grupos de estudiantes.
"Quiero preguntarles si alguna vez pensaron que una idea de ustedes podría romperla y cambiar el mundo".
Noelia Vega, directora de Comunidad y Comunicación de CET, lo define como el festival de tecnología más grande de Argentina para chicas. "Lo que buscamos es acercar la tecnología a aquellas chicas que todavía hoy no tienen contacto con la tecnología y que vean en el mundo STEM (un acrónimo en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) un futuro posible para ellas también", explica. "Queremos inspirar vocaciones tempranas en STEM".
Problemas propios, soluciones propias
La actividad central fue el HackaPUMM, una maratón de desarrollo que atravesó toda la jornada. Seis equipos trabajaron sobre problemas concretos: el acceso a prestaciones de salud, la presencia de microplásticos en cosméticos, las dificultades de acceso a información de personas con discapacidad, la conexión comunitaria con comedores. "Cuando trabajamos con un problema con impacto tenemos que mirar cómo ese fenómeno se articula con los actores, sus realidades y sus entornos", señaló Lucía Mauritzen, directora ejecutiva de CET.

Ganó EduZOO, que parte de un dato: según la organización, en 2025 seis de cada diez chicas y chicos no aprobaron las pruebas PISA en lectoescritura. Entonces, cinco jóvenes y sus mentoras desarrollaron una plataforma gratuita, disponible online las 24 horas, que refuerza el aprendizaje guiado a través de actividades lúdicas. "Cuando un chico aprende a leer, se tiende un puente. Lo que queremos con EduZOO es que cada chico y chica sea capaz de cruzar este puente y aprender, letra por letra, a construirlo", dijo Mía, una de sus integrantes.
En paralelo, la feria de proyectos reunió a nueve grupos de estudiantes con desarrollos pensados para transformar su entorno, y sus autoras los contaban con entusiasmo. Uno de ellos llegó desde la Escuela Normal Superior N° 9 DE 1 "Domingo Faustino Sarmiento": una biblioteca inclusiva. Lo encabeza Emma, de 16 años, que hizo los cursos de Chicas en Tecnología durante la pandemia. Compró su primer kit de electrónica justamente porque en esos cursos la incentivaron a seguir en tecnología.

El punto de partida fue una observación sobre sus compañeros: muchos trabajan o cuidan a sus hermanos, y la escuela queda en segundo plano. La biblioteca que diseñaron tiene un espacio de calma con luces especiales y juegos específicos para gestionar el estrés, computadoras, auriculares insonorizados, mesas redondas para quienes usan silla de ruedas, tachos para separar residuos y un detector de monóxido de carbono. Sobre los tachos hubo debate: los docentes les decían que en la biblioteca no se come; pero los estudiantes saben que sí. El proyecto lo gestionan las propias alumnas. "Si escala, puedo ayudar a concientizar", dijo Emma, y realizó un diagnóstico: "No están listos los lugares en las escuelas para las diversidades".
Otra marca de esta edición fue la cantidad de proyectos enfocados en la ansiedad infantil. Uno de ellos, de estudiantes de la EEM N° 3 DE 15, es Milo, parte del Sound Blue Project. Es un muñeco pensado para jardín de infantes que funciona como semáforo: cuando hay demasiado ruido en la salita, se pone en rojo. Antes de presentar a Milo a los chicos, se les cuenta un cuento, ilustrado a mano por quienes lo crearon. El grupo ya piensa cómo seguir: organizar jornadas en las que se capacite a otras escuelas como tutores STEAM.

Otro proyecto relacionado con la ansiedad es de un espacio de formación privado (ChalinTech), es un robot de peluche que guía paso a paso para lograr calmarse: ponerse los auriculares, acariciarlo, inhalar cuando se pone verde, exhalar cuando se pone azul. Al final del proceso, hasta sirve un vaso de agua.

Bailar con sensores, programar un bot
Mora estudia en la Escuela ESEA en Danza N° 2 "Jorge Donn", en Villa Luro, donde además del bachillerato se cursan las carreras de folclore y tango, y de danza clásica y contemporánea. Ella y sus compañeras son de clásica y contemporánea. En el bachillerato tienen Tecnología: "decidimos hacer este proyecto tecnológico combinándolo con la danza", cuenta.
El resultado es un icosaedro, armado con ayuda del profesor de Plástica, con sensores que las estudiantes instalaron junto a la profesora de Tecnología. Este año le incorporaron luces. "Es algo que ya se venía haciendo en otros cursos y este año nos tocó a nosotras, le agregamos la luz y demás, y cada año se va incorporando algo nuevo", explica. Lo que llevaron al festival es una muestra: en la escuela tienen un icosaedro más grande, que con sonidos de la naturaleza cuenta una historia.

Catalina cursa tercer año en la escuela Cortázar y llegó con el Julio Bot, un asistente de la página web de la escuela que responde dudas logísticas. "Suelen colapsar en Secretaría porque muchas familias preguntan muchas cosas todos los días", explica. "Muchas repetidas", completa una compañera entre risas. El proyecto lo empezaron las profesoras y después se sumaron las alumnas para ampliarlo y perfeccionarlo. "Por ahora está funcionando muy bien", dice Catalina.
Otra marca de esta edición fue la cantidad de proyectos enfocados en la ansiedad infantil. Uno de ellos, es Milo, un muñeco pensado para jardín de infantes que funciona como semáforo: cuando hay demasiado ruido en la salita, se pone en rojo.
En el camino aprendieron a trabajar con "una inteligencia artificial, pero a la que vos le estás cargando la información". Y eso abrió una discusión sobre cómo se usa la IA en la escuela. En general en el colegio, dijeron las chicas, se usa inteligencia artificial para los trabajos, pero es algo que no está en el plan pedagógico, sino que es algo que los alumnos hacen en la práctica. "Está bueno que lo podamos aprender porque así nos empezamos a manejar con algo que efectivamente está sucediendo y está sucediendo como por abajo, y es mucho mejor que esté blanqueado y que lo sepamos usar bien".
De una escuela a un galpón
Chicas en Tecnología cumple once años. Nació en 2015, impulsada por cuatro fundadoras que venían de áreas distintas y que, según Noelia Vega, no eran especialistas en tecnología. Su propósito, desde entonces, es achicar la brecha de género en el sector. El primer programa se llamó Programando un Mundo Mejor (lo que luego sería PUMM): "Hoy se transformó en un festival, pero hace 11 años era una hackathon en una escuela", recuerda Vega. Aquella primera edición estaba pensada para 30 o 40 chicas.

La idea de fondo es que la tecnología no es patrimonio de los perfiles técnicos. "Todos estamos mediados por la tecnología, la utilizamos constantemente y promovemos un uso consciente y también crítico de la tecnología", dice. Como ejemplo, Vega menciona a una chica de 20 años que creó un test vocacional que, con un algoritmo de inteligencia artificial, muestra dónde estudiar cada carrera, de manera paga o gratuita, en cursos cortos o carreras largas. "Tal vez lo creó en cuatro semanas y lo perfeccionó en seis horas", dice.
El lema de esta edición fue activar el "modo creadora": hacer, no solo mirar. Hubo labs de creación, charlas de chicas para chicas y talleres en los que especialistas aportaron ideas para detectar un problema, construir una herramienta y lanzarla. Hubo quienes escribieron su primera línea de código y quienes terminaron el día con un robot armado por sus propias manos. Las experiencias inmersivas sumaron más de 15 desafíos de organizaciones, universidades y empresas, y unos robots recorrieron el predio saludando a las participantes.

La conducción tuvo, entre sus hosts, a dos estudiantes de ingeniería informática. "PUMM puede funcionar como un gran comienzo para muchas chicas, que quizás descubrieron algo que les va a interesar para el resto de su vida. A mí me hubiera encantado tener un proyecto así cuando empecé, sacarme las dudas y llevarme un proyecto concreto", dijo Valen Werle, streamer y estudiante avanzada de la carrera. "Es súper inspirador ver a chicas que se involucran en cosas que piensan que están mal y buscar tecnología para solucionarlas", agregó Valentina Francesch, también integrante de la Comunidad CET.
Dos de cada diez
El festival apunta a la franja de 13 a 23 años porque es el momento en que suelen definirse las vocaciones. Y la brecha que busca achicar tiene números. El relevamiento Paridad en Código, que CET realizó sobre 50 empresas tecnológicas de Argentina, muestra que las mujeres son el 36% de quienes trabajan en ellas, concentradas en áreas como administración, recursos humanos, diseño y gestión de proyectos. Su presencia se achica en los roles de desarrollo y de datos, y todavía más en el liderazgo técnico: solo el 20% de quienes ocupan roles de liderazgo son mujeres.
El estudio suma otros contrastes. El 76% de las trabajadoras tiene formación universitaria o de posgrado, frente al 54% de los varones. Y nueve de cada diez empresas consideran que no hay desigualdad salarial por género en su organización, mientras que las estimaciones externas ubican la brecha entre el 17% y el 20%.
La presencia se achica en los roles de desarrollo y de datos, y todavía más en el liderazgo técnico: solo el 20% de quienes ocupan roles de liderazgo son mujeres.
"El gran desafío que tenemos son los liderazgos en tecnología", dice Vega. Para ella, lo que está en juego no es solo lo laboral, sino qué tecnología se produce. Recuerda que durante mucho tiempo las asistentes de voz fueron femeninas y que, con la llegada de la inteligencia artificial, empezaron a escucharse voces masculinas. Y propone una prueba: pedirle a una IA que muestre una persona liderando y una persona criando. "Seguramente muestre en uno un rol masculino y en otro un rol femenino. Eso no es casual, es por los sesgos estructurales que venimos acarreando desde niveles históricos".

Aprender a repreguntar
El "¿será IA?" que se escuchó tras el video de Lali no es una anécdota menor. Es la clase de pregunta que CET quiere entrenar. La organización no propone abrazar la tecnología sin reparos pero tampoco rechazarla, y hoy el foco está puesto en la inteligencia artificial: su uso en el aula, pero también lo que pasa afuera, donde aparecen usos que los adultos creían imposibles y que, según Vega, "de repente ocurren y se transforman en delitos". Por eso trabajan con docentes, familias y su propia comunidad para dar herramientas frente a esos escenarios. En el festival, un póster invitaba a las participantes a escribir qué hace falta para una internet más segura, propuesto por Amnistía Internacional.

El vínculo con la tecnología también cambió de forma. En el predio había un robot mascota y un robot humanoide, y Vega los toma como síntoma: "De repente es un perro que es un robot mascota al que cuidamos, al que movemos, al que sacamos a pasear". Si en su niñez fue el Tamagotchi, dice, hoy esos objetos son parte del juego y de la vida social de las chicas. A los adultos les toca acompañar, cuidar lo que dicen y también aprender de ellas, "porque tienen mucho más adentro que nosotros".
Para Vega, de todos modos, las adolescencias cambian menos de lo que parece: "Lo que me pasaba a mí a los 14 años es lo que le pasa a ellas". Lo que cambia es dónde buscan respuestas. "Le preguntan todo a la inteligencia artificial. Bueno, ¿cómo hacemos para que la pregunta sea crítica y que esa respuesta también la podamos leer desde la mirada crítica y aprender a repreguntar?". En un momento en que la IA gana terreno, dice, la apuesta es que la inteligencia humana "también pueda abrir su lugar en la cancha".
Lo que sigue
PUMM es la cara más visible de un trabajo que dura todo el año. CET tiene programas de formación en inteligencia artificial, ciberseguridad, robótica, datos y programación asistida con IA; talleres que las chicas de la comunidad CET dan en escuelas, y un campamento virtual de inteligencia artificial que reúne a participantes de toda América Latina. También investiga y organiza encuentros para que surjan más referentes y más participantes se sumen al colectivo, porque, como dice Vega, "este camino no lo tienen por qué recorrer solas". Con respecto a la articulación con las empresas, el objetivo es que estas desarrollen políticas para que las mujeres trabajen en tecnología en espacios cómodos: "Que nuestras ideas sean escuchadas, que nuestros desarrollos sean implementados".

Lo que viene son mentorías entre pares, en las que chicas de entre 14 y 23 años van a poder acompañarse mutuamente en sus proyectos y en sus preguntas sobre qué estudiar o qué hacer el año próximo. También una nueva edición del campamento de inteligencia artificial y "un programa de liderazgo que es la bomba", dice Vega, abierto a quienes quieran liderar comunidades. Pero, más allá de las propuestas concretas, "Chicas en Tecnología es un lugar para explorar".
El festival se organizó junto a Fundación Cimientos y Enseñá por Argentina, en el marco del proyecto "Fortaleciendo la trayectoria en STEM de mujeres jóvenes de Argentina", cofinanciado por la Unión Europea. Escuelas, universidades, organizaciones sociales y empresas participaron como aliadas. Pero lo que quedó a la vista en Art Media fue otra cosa: una biblioteca pensada para quienes trabajan y cuidan a sus hermanos menores, un robot de peluche que enseña a respirar y calmar la ansiedad, un bot que alivia los trámites de una escuela. Y lo bueno es que las próximas creadoras de tecnología de la región ya están trabajando en nuevas propuestas
Las notas de 421 no tienen paywall
Y a cada colaborador se le paga por su trabajo. Las dos cosas dependen de los suscriptores.
