¿Soy un extraterrestre? Neurodivergencia, redes y ufología
¿Soy un extraterrestre? Neurodivergencia, redes y ufología
/ Vida real

¿Soy un extraterrestre? Neurodivergencia, redes y ufología

We would rather be ruined than changed
We would rather die in our dread
Than climb the cross of the moment
And let our illusions die. 

W.H. Auden, The Age of Anxiety (1947).

Xuxa la vio antes que todos. En 1991, un voluptuoso plato volador con labios hialurónicos aterrizó en nuestros hogares. Una blonda visitante de otro mundo salía de su interior y regalaba juegos, canciones y bailes. Nos marcaba a fuego con reivindicaciones a favor del planeta, los pueblos originarios y la inclusión del diferente. Fan declarada del libro Ami, el niño de las estrellas, Xuxa intentó llevar la historia del nene extraterrestre al cine. En su versión, Ami sería representado por un nene con síndrome de Down. Sin embargo, el proyecto se canceló cuando Enrique Barrios, el autor, fue acusado de liderar una secta platillista.

En 1992, Metete, transmitido por la TV pública, emitió un debate sobre OVNIS. Alejandro Agostinelli, legendario exufólogo devenido escéptico, escritor y periodista de la Argentina paranormal, se enfrentó a líderes de las entonces llamadas sectas platillistas (años después, su actitud cambiaría por una mirada más antropológica del fenómeno). En otra emisión, una mujer aseguraba haber viajado por accidente a otra dimensión, donde se compró un anillo porque justo había salido con poca plata. El niño índigo Flavio Cabobianco publicaba su best seller Vengo del Sol. Lo entrevistaban figuras estelares como Susana Giménez y Graciela Alfano. Unos años después, el comandante extraterrestre CLOMRO se paseaba encapuchado por los canales de la TV y aseguraba que ellos ya estaban entre nosotros:

Yo soy uno de los tantos seres humanos que se dieron cuenta de que eran extraterrestres, o que podían ser de alguna otra dimensión. Tal vez hay que ser un kamikaze para ir al frente a cara descubierta y decir “yo soy extraterrestre” y se acabó. ¿Eso quién lo hizo? Lo hizo el niño Flavio Cabobianco, que por ser niño todos le creen, porque a los niños a partir de que existen los Derechos del Niño se los escucha un poco más. Antes se les daba garrotazos cuando decían: “Mamá, soy extraterrestre”, pero ese chico, que allá por el año 92 reveló que recordaba de dónde venía y cómo es la vida en otros lugares, provocó una reacción en cadena de chicos y madres y padres de chicos que llamaban a los canales donde ellos se presentaban y decían: “Tengo un caso igual, mi nene también dice que viene de tal lado".

Fuente: Frente a frente, América, 1997.

Santiago Slabý lo recopiló en Miedo Pizza Mito Champán, docu-ensayo sobre la ufología de los noventa: los nenes absorbíamos esa paranormalidad como una esponja. Lo mostraba también la primera apertura de Juana y sus hermanas que, al presente, es lost media. Hasta que aparezca, yo la recuerdo así: la cámara se abría paso por una maqueta bastante rústica de un bosque nocturno. Una voz en off narraba el caso de una nena (Juana) que queda sola en una cabaña durante días frente a la TV y termina desarrollando personalidades múltiples (sus hermanas). Lo que sigue ya está en YouTube. La nena solita frente a la tele en la oscuridad, iluminada por la lluvia estática de la pantalla sin señal. Al menos no era la nena de Polstergeist, directamente atrapada dentro del televisor.

El otro mundo estaba normalizado, se nos metía en la cabeza y nos estructuraba. La tele era el portal. Pierre Bourdieu lo llamaba habitus. La forma en que las prácticas culturales compartidas guían nuestras intuiciones a la vez que se vuelven invisibles para quienes las automatizamos. Recién la distancia de décadas nos revela lo extraño de que viviéramos en una época donde lo paranormal, la vida extraterrestre y el esoterismo formaban parte del paisaje cotidiano. Las malas lenguas aseguraban que la misma Xuxa que nos traía paz y amor en un plato volador encriptaba mensajes satánicos en sus cassettes.

La tele también nos trajo el arquetipo del extraterrestre que encalló en la Tierra y se enfrenta al absurdo de la condición humana. Mork y Mindy sentó las bases, más tarde fue Third Rock From the Sun. Mr. Bean también era extraterrestre. No se decía en voz alta, pero cada capítulo empezaba con una sonda espacial depositándolo en nuestro planeta.

Recién la distancia de décadas nos revela lo extraño de que viviéramos en una época donde lo paranormal, la vida extraterrestre y el esoterismo formaban parte del paisaje cotidiano.

Sin embargo, la popularidad de los extraterrestres viene en caída desde la época dorada de los Expedientes X, tanto en la ficción como en la conspiranoia. Quizás, la gente tiene un límite y simplemente se cansó. Sin embargo, la resistencia alienígena se esconde en las redes. Desde el año 2004, la comunidad online Wrong Planet brinda asilo a personas neurodivergentes: principalmente, trastorno de espectro autista (TEA), y trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). La propuesta es un espacio seguro para almas alienígenas encalladas en la Tierra.

¿Y por casa cómo andamos?

Un espectro recorre el mundo

En noviembre de 2024, el presidente de la Nación admitió en público que una de sus ministras se encarga de monitorear que no se ponga "divergente". Al año siguiente, atacó a la familia de un influencer autista de doce años por ser kukas. Se sumó al pogo su maquilladora fiel, la diputada Lilia Lemoine, que acusó a la madre de manipular al nene y cuestionó el diagnóstico. La hermana del nene apoyó esta acusación y denunció que la madre los explota y manipula. La Justicia llamó a declarar a Lemoine por sus dichos, pero no se presentó. Mientras tanto, la ex Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) continúa envuelta en acusaciones de coimas, y las personas con discapacidad y sus familias vivimos el incumplimiento de normativa, recortes de presupuesto y ataques de los gobernantes.

Desde 2013, la quinta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5, por sus siglas en inglés) considera que el TEA es un espectro y se divide en niveles. El nivel 1 es el más funcional y corresponde al antiguo síndrome de Asperger; el nivel 2 es moderado, y el nivel 3 es el de discapacidad profunda. Muchos de los autistas funcionales sospechan el diagnóstico antes de consultar. Incluso, lo ensayan sin darse cuenta. Hace décadas, internet ofrece psicometrías autoevidentes de dudosa procedencia que no hacen más que confirmar las sospechas del usuario. No es difícil para un terrícola promedio reconocer en cada pregunta una variación del mismo prompt:

¿Es usted autista?

◯ Muy de acuerdo
◯ De acuerdo
◯ Neutral
◯ En desacuerdo
◯ Muy en desacuerdo

Si bien algunos de estos instrumentos son copias de cuestionarios clínicos, muchos otros no se alejan de los tests de personalidad de las revistas del corazón de antaño. En internet, hasta llegaron a coexistir con tests de intuición y de percepción extrasensorial (el caso más representativo es OkCupid, plataforma abuela de Tinder, donde cualquiera podía inventar su propio test en los 2000). La soledad de las redes motiva a que los usuarios encuentren respuestas en cuestionarios clandestinos sin supervisión médica. En la jerga de los foros y reddits de la comunidad, es moneda diaria que alguien se presente como autodiagnosticado. Al día de hoy existe más de una app de citas para neurodivergentes.

Es útil preguntarnos si hemos venido al mundo con estigmas iniciáticos y si la tecnología nos arruina la cabeza. Abrirnos paso en la espesa bruma a machetazos conceptuales que clasifican nuestro malestar, las capacidades que nos han arrebatado o que nunca tuvimos y la transformación física y mental a la que aspiramos. Pero es más que útil dar voz a quienes no pueden darse el lujo de apagar el celular, escribir a mano y apersonarse en un cumple. Nenes y adultos con discapacidad profunda que no han podido ingresar al lenguaje, o lo hacen con marcado déficit. No pueden contar qué les duele o qué les hicieron. Madres que tienen que elegir entre imaginar cómo seguir cuidando al hijo después de muertas o preferir que la vida del hijo sea corta, porque es incapaz de defenderse en un mundo sin mamá. Prepagas que se comen el sueldo en terapias que no parecen funcionar. Desregulación, desinhibición, impulsividad. Agresiones y destrucción del cuerpo propio, el ajeno, el hogar. Incomprensión y odio. Familias fracturadas. Escuelas que dicen "hasta acá".

Hoy barremos bajo la alfombra a quienes más nos necesitan y el algoritmo nos mete a ellos por la fuerza: influencers funcionales, sin déficits lingüísticos ni excentricidades visibles, en pareja, con empleo y cientos de miles de seguidores. También son escritores, actores y hasta modelos. Tienen don de gente y de cámara. Se ponen al frente de la escena y borran la discapacidad de un coletazo, a pesar de los pedidos desesperados de las madres en comentarios: "¡Dejen de negar que es una discapacidad!".

Fuente: @agustinbaroverodeluca

Del otro lado de la vereda, familias youtubers explotan a sus hijos sin consentimiento. Realities de citas neurodivergentes romantizan el autismo a cambio de corazoncitos, plata o tus datos. Los hay de todos los sabores: Love on the spectrum (amor entre autistas) y Down for Love (amor entre personas con síndrome de Down) caricaturizan la torpeza social de los pareamientos entre neurodivergentes para entretener normies. El documental alemán Life With Autism muestra la relación de un treintañero en el espectro autista con una chica con síndrome de Down. Ella dice que es su novia, pero él se está replanteando su género y le dice que son hermanas, que quiere usar vestidos y tener encuentros sexuales con algún chico con síndrome de Down. El menú de shows replica los lugares comunes del multiculturalismo. En vez de hablar de discapacidad o trastornos, se enuncian neurotipos. Formas de ser en el mundo.

Prepagas que se comen el sueldo en terapias que no parecen funcionar. Desregulación, desinhibición, impulsividad. Agresiones y destrucción del cuerpo propio, el ajeno, el hogar. Incomprensión y odio. Familias fracturadas. Escuelas que dicen "hasta acá".

No sorprende, entonces, que el paradigma de la neurodivergencia encuentre una resistencia similar a la que enfrentó el multiculturalismo: el aparato represivo de la normalidad. Hace poco, un nene con TEA profundo escuchó música en el colectivo. El chofer lo hizo bajar sin oír las súplicas de la madre, ante los pasajeros cómplices. Las redes lincharon virtualmente al nene: la misma población que mira reels a todo volumen en transporte público pide sangre cuando se trata de un nene con discapacidad. No los quieren en los colectivos, pero tampoco en las escuelas ni en patios de comidas. Está todo bien hasta que toca compartir un espacio. "Es un problema de las familias". 

Cuando el propio presidente asumió públicamente su divergencia, las redes ya lo habían diagnosticado. A él y a sus seguidores. Biempensantes del arco político opositor se dieron más de un permiso para burlarse de los raros. Con frecuencia, se compilan videos mostrando jóvenes libertarios que hablan, se mueven y se ven diferentes: "No hay uno normal". 

Palabras clave se escupen al viento: risperidona, estereotipias, tics, meltdowns, burnout, sobrecarga sensorial y otros términos en el interdiscurso de la psiquiatría y la neurodivergencia. Cada vez que el presidente se aleja de la normalidad, las redes aprovechan para discriminar a las personas con síndrome de Down. En la noósfera flotan innumerables iteraciones del mismo meme: "ya tuvimos esta conversación".

Comunidades imaginarias

¿Pero qué significa ser neurodivergente? En principio, que te tocó un lugar en el arco iris de la neurodiversidad: algo en tu neurodesarrollo fue diferente. Como acto reflejo pensamos en TEA y TDAH, más otros trastornos que cambian dependiendo la web que estés leyendo, incluso los que no serían del neurodesarrollo per se como el trastorno bipolar y el trastorno límite de la personalidad, a la vez que se excluye a la psicopatía, cuyo componente de neurodesarrollo tiene soporte empírico. Sin embargo, sería un error y no es mi objetivo ni competencia arribar a una taxonomía, sino analizar los discursos.

En primer lugar, la neurodiversidad tiene una relación ambivalente con la psiquiatría: no piensa tanto en trastornos, sino en un modelo cultural de construcción de la discapacidad: "Dado vuelta estás vos", le responde al establishment. En segundo lugar, la neurodiversidad no es una categoría médica sino una militancia política de más de treinta años, emparentada con otras diversidades como género, orientación sexual y raza. Comparte con estas el concepto de passing (pasar desapercibido para no sufrir ataques), el yo auténtico (quien uno es verdaderamente cuando no simula ser otro) y el cuidado afirmativo (acceso a tratamientos que acompañan a la persona sin negar su identidad). Y acá la pregunta incómoda: ¿Qué pasa cuando un yo auténtico pasa el día gritando, destruyendo la casa, golpeándose a sí mismo y a los demás? ¿Cuál es el umbral que marca dónde termina la identidad y dónde empieza la patología?

Desde principios de los noventa, autistas diagnosticados y sospechados acuñaron el término "neurodiversidad" de manera colectiva y progresiva por correo postal, en convenciones y publicaciones, años antes de su aparición en prensa en el año 1998. El Autistic Archive conserva escaneos de Our Voices, el newsletter de la Autism Network International (ANI), con cartas y poemas de la comunidad, en los que ya desde el año 1992 se intercambiaban narrativas no muy distintas a lo que hoy podemos encontrar en Reddit y Tik Tok: el sentirse diferente, el autodiagnóstico y largas listas de excentricidades confesadas entre pares se sumaban a las amonestaciones a una industria médica que no los comprendía ni los quería diagnosticar.

Our Voice
Fuente: Our Voice, ANI, Diciembre 1993.

Al frente de ANI estaba Jim Sinclair (1961), militante acérrimo contra todo tipo de patologización del autismo. En 1989, había aparecido en la TV bajo el apodo "Toby", contándole a la presentadora de qué se trataba ser una persona sin género (Jim / Toby usa la palabra neuter: "neutro" o "castrado"). Jim / Toby es peculiar, habla monótono, pero de vez en cuando se suelta y tira chistes que hacen descostillar al público. Una mujer pidió el micrófono para confesarle que quería ser su amiga. La presentadora, fascinada, se tomó su tiempo para escuchar. Discutió pero empatizó y finalmente concedió, no sin antes decirle: "Toby, es casi como si hubieras venido de Marte".

Jim Sinclair
Jim / Toby: "Yo también me siento así". Fuente: Youtube.

En Neurotribes, de Steve Silberman (2015), Jim relata que desde pequeño se identificó con las personas con discapacidad, al punto de ponerse a imitar a un ciego que vio caminando con bastón y fabricarle una silla de ruedas a un muñeco. Los padres lo llevaban a especialistas por su conducta, pero no lo diagnosticaban porque no era suficientemente autista. Eran los setenta y estaba vigente el DSM-2 que, además de patologizar la homosexualidad, no reconocía el autismo como una categoría independiente, sino que lo incluía dentro de la esquizofrenia infantil. En la entrevista no hay un relato de cuándo llegó finalmente el diagnóstico, pero sí está presente una narrativa de identificación con autistas: Jim los reconoció desde pequeño en personajes de televisión y más tarde se reconoció parcialmente en la descripción del autismo que encontró en un folleto en la Universidad: "no me consideraba alguien sin empatía, sin habilidad para establecer vínculos emocionales y sin interés en relacionarme con otros".

La neurodiversidad tiene una relación ambivalente con la psiquiatría: no piensa tanto en trastornos, sino en un modelo cultural de construcción de la discapacidad: "Dado vuelta estás vos", le responde al establishment.

En 1993, Jim publicó No se lamenten por nosotros, panfleto seminal de la neurodiversidad, cargado de desdén y condescendencia hacia los padres de autistas, a quienes les dice que si sufren es por fantasiosos, que el nene es como es y ni siquiera es su hijo, sino un "niño alienígena" (!) que les cayó de arriba, que se vayan a llorar a la llorería y vuelvan recién cuando puedan cuidar al niño encallado en este planeta, por siempre separado de sus verdaderos padres extraterrestres que sí lo podrían comprender. Tantálico, ombliguista y carente de empatía, el texto encarna una forma de crueldad y desprecio por las familias y cuidadores sin parangón. Aun así, sigue difundiéndose, pero ahora las voces de las familias se hacen escuchar:

[No lloramos] por niños nivel uno. Lloramos por niños con autismo profundo que nunca aprenderán a hablar, que manchan las paredes con materia fecal, y que se vuelven violentos al punto en que los echan de toda terapia, actividad grupal, y cualquier tipo de escuela especial.
No lloramos porque les cuesta hacer amigos, lloramos porque van a tener que vivir en un asilo para siempre cuando ya no podamos levantarlos para cambiarles el pañal a los diecisiete, o se vuelvan tan violentos que hagan agujeros en las paredes y nos lastimen.

Sin embargo, estas voces de resistencia se empiezan a oír recién tres décadas después. Y, con la llegada de internet, fueron silenciadas por la militancia despatologizadora, principalmente en listas de mail como Independent Living y la web del paródico Instituto para el Estudio de los Neurotípicos (ISNT, por sus siglas en inglés). Su autora, la militante anarquista Laura Tisoncik, dejó las huellas de su odio acérrimo contra los "expertos" y "profesionales" (entrecomillados por ella), inmortalizada por el Internet Archive en enero de 1998.

Desde 1994 hasta 2013, autismo era el nombre del fenotipo más disfuncional, mientras que el codiciado síndrome de Asperger les correspondía a los más funcionales. Ya estaba sembrado el germen de la genialidad excéntrica que durante décadas nos daría personajes como Sheldon Cooper. Sin embargo, ya en 1998 aparece un rechazo a la división entre Asperger y autismo. En la primera versión de la web del ISNT, la autora dice: "Descubrí que tengo síndrome de Asperger". A los pocos meses, decide cambiarlo por "tomé conocimiento de que estoy en el espectro autista". Que el archivo documente este reemplazo de "Asperger" por "espectro autista" en una misma persona quince años antes de que lo haga el DSM-5 evidencia la presión de la neurodiversidad para influir en las categorías por fuera de la comunidad científica. 

Hoy la neurodivergencia nos pega en la identidad y nos llena de sospechas. ¿Seré? ¿Será? ¿Le creo? La tensión salió del nicho y nos atraviesa. La pregunta no es por el significado de "neurodivergencia", sino por quiénes usan esa palabra, cómo, para qué, dentro de qué comunidades y, sobre todo, qué bardos se arman.

En su Carta a un amigo que decidió bajarse de este mundo, Robi Chuit Roganovich enfrentó el DSM-5 entre aterrado y fascinado: entrá bajo tu propio riesgo porque te vas a encontrar (o bien: "abandonad toda esperanza, vosotros que entráis"). Como el autor, me reconozco y me han reconocido clínicamente en algunas etiquetas que me explican de pies a cabeza, pero no termino de resolver si me da tranquilidad o me desconcierta. Asimismo, la neurodiversidad tiene una relación de amor-odio vitalicia con el manual: como un centro de estudiantes, depende históricamente de la institución para tener entidad, pero se declara en rebeldía permanente.

Baile de máscaras

El actor y profesor Agustín Barovero se ataja: "no parezco autista porque toda la vida imité al resto". Está hablando del masking, una hipótesis que plantea que los autistas funcionales enmascaran sus síntomas y tienen una sobrecarga cognitiva por tener que forzarse a emular a los terrícolas. Lo que se plantea es que todo el universo de comunicación sociopragmática que un autista ejecuta cuando "no parece autista" es una simulación consciente: chistes, sonrisas, gestos, miradas, dobles sentidos, prosodia, etc. Una puesta en escena para pasar desapercibido entre los neurotípicos. Al llegar a casa, el cerebro está cansado: burnout, disociación, irritabilidad, etc.

Hay que decir que el concepto de masking surgió en el contexto de la neurodiversidad, pero recién se volvió objeto de investigación empírica después de la publicación del DSM-5 en 2013. Anteriormente, reinaba la idea de que los autistas no poseen buena teoría de la mente. Esta idea, conocida como ceguera mental, implica la imposibilidad o dificultad a la hora de asignar estados mentales, emociones o creencias a los demás, lo que predice una menor competencia a la hora de representarse cómo uno es percibido. Por eso el masking es difícil de conciliar con la ceguera mental. Como componente del autismo, la teoría de la ceguera mental fue investigada durante décadas, principalmente por Simon Baron-Cohen y Uta Frith, entre otros. En los últimos años, Baron-Cohen acondicionó su posición para acomodar el masking. Con el paso del tiempo y la aparición del movimiento por la neurodiversidad, se propusieron otros conceptos como el del problema de la doble empatía, acuñado por el sociólogo Damian Milton, en el que hay una incomprensión mutua con el neurotípico.

Recientemente, Uta Frith publicó un ensayo afirmando que los criterios para diagnosticar TEA carecen de sentido porque aplican a una franja tan grande de la población que se vuelve indistinguible de otras comorbilidades, lo que provocó un escándalo que sumergió a la neurodiversidad en una profunda crisis con ataques virulentos a una de sus principales teóricas e investigadoras. Hasta la acusan de senilidad. Sin embargo, Frith no arruga y se mantiene firme en su posición: el masking autista no tiene asidero científico. Con respecto a juntar a Asperger y autismo en un solo constructo, su respuesta ha sido contundente: "se nos fue la mano". Según Frith, se patologizaron personalidades "extremadamente útiles" que, sin ser autismo, se le asemejan. La vanguardia divergente le saltó a la yugular: "¿¡Cómo osás no llamarme autista!?"

Te hace falta dopamina

Mi superpoder fue el TDAH.

Paris Hilton.

ADHD (TDAH en inglés).

Dopamina, calentá que entrás. El neurotransmisor incomprendido. La molécula del más. Baste decir que tengo diagnóstico de TDAH y, para no entrar en un ritual de humillación, me reservo los detalles de lo que eso significa en mi biografía. Si estás acá, ya sabés un poco de qué se trata, pero para refrescar un poco: es el primo hermano del autismo, caracterizado por problemas en la atención, la función ejecutiva, regulación emocional, manejo del tiempo, impulsividad, y otras áreas. Entrevistado por Telefé, el psicólogo especialista y diagnosticado con TDAH Juan Alberto González lo retrata a través del glitch:

Es una cabeza que no para todo el tiempo de estar pensando en cosas, algunas que tienen que ver con lo que está pasando y otras que no tienen absolutamente nada que ver con nada, pero es una cabeza que no para, no para, no para, no para de producir, producir, producir pensamiento, pensamiento, pensamiento, pensamiento, pensamiento y no para nunca.

El personaje con TDAH más famoso es Bart Simpson, confirmado canónicamente en el capítulo del Focusyn. A lo largo de la serie le auguran los peores futuros: stripper gordo, fumón, delincuente, inmaduro, desempleado y residente en el sótano de sus padres. Y es que la población con TDAH sin tratar es más propensa a problemas académicos y laborales, accidentes, adicciones, e incluso a terminar en la cárcel. Se estima que el problemita en el TDAH está en los sistemas dopaminérgicos, aunque es mucho más complejo. Básicamente, te falta nafta para la vida cotidiana (no realmente, pero ponele) y te tienta más buscarla en actividades "divertidas", como el juego online o escribir de madrugada una nota sobre neurodivergencia que parece no tener fin mientras se acumulan los platos en la bacha.

La población con TDAH sin tratar es más propensa a problemas académicos y laborales, accidentes, adicciones, e incluso a terminar en la cárcel.

En lo personal, lo único que diré es que lo que más me sirvió, más allá de cualquier terapia o medicación, fue simplemente saberlo. Aprender, aceptar que me cuesta lo que me cuesta, pero también valorar todo lo que me sale bien. Somos muchísimo más que un diagnóstico. Tenemos plugins. Para mí, lo más crucial fue evitar el consumo problemático de reels y memes sobre TDAH y enfocarme en la psicoeducación con ayuda de profesionales. Un estudio sobre Tiktok de 2022 concluyó que, de los 100 tiktoks más populares sobre TDAH, solo un 21% tenía información útil. El 52% era directamente engañoso. Otro estudio de 2025 puso a 490 participantes a mirar tiktoks sobre TDAH (informativos, desinformativos y un grupo control). Como resultado, se encontró que quienes vieron información falsa no sólo terminaron sabiendo menos de lo que ya sabían sobre TDAH, sino que salieron creyendo saber más.

Además de contar con buenas fuentes de información, también es útil saber que el nombre del trastorno es problemático, ya que no es un déficit de atención, sino de regulación de la atención, pero también de la conducta y la emoción. Todos mediados por la bendita dopamina, entre otras inas, que antes decían que nos faltaba, pero hoy parece ser más complejo. Esto no es una crítica (quién soy yo, además), sino que los diagnósticos, como lo indica el nombre del manual, son construidos en base al estudio de poblaciones. Si bien cada vez se sabe más sobre correlatos neurofisiológicos, anatómicos y genéticos, los diagnósticos son clínicos y se basan en los constructos del DSM-5. No hay ningún tipo de estudio del cerebro que se use para diagnosticar los trastornos de la neurodivergencia (sí se usan para casos de demencia o daño cerebral).

La información está online y es gratis: tanto el DSM-5 como la declaración del consenso internacional de la Federación Mundial de TDAH. Asimismo, Russell Barkley, quizás el mayor estudioso del TDAH, tiene libros destinados a padres, pacientes y personas que quieren aprender sobre el tema. Por fuera de eso, en el multiverso de recetas, métodos, cuadernos, apps y otras intervenciones que prometen resolver la vida del paciente con TDAH, uno encuentra más humo que fundamentos. La respuesta, en realidad, empieza por un tratamiento (medicación y terapia específica para TDAH) y prótesis cognitivas: agendas, alarmas, post-its. Es una ayuda, no una solución: las agendas se abandonan, las alarmas se apagan, y los post-its se vuelven invisibles. Pero siempre se puede volver.

En cuanto a las apps, nadie que te quiera te va a proponer que uses más el celular. La oferta obscena de apps de construcción de hábitos gamificados como The Fabulous o Habitify puede ser fantástica para personas sin TDAH: personas que tranquilamente pueden construir hábitos sin una app. El problema es que acosan a gente con TDAH y no nos hacen ningún favor. The Fabulous empezó como una app inocente y minimalista que te hacía tomar un vaso de agua todas las mañanas por dos semanas antes de agregarte otro hábito. Hoy, su Instagram te ametralla con data sobre TDAH (ADHD, en inglés) buscando que te conviertas en un obsesivo que, en vez de vivir, se la pasa monitoreándose.

AAaaaAAaaaa. Fuente: @thefabstory

Los posteos falopa en internet nos muestran todo el tiempo estereotipos sacados de Dios sabe dónde para reconocernos con TDAH, pero no hay nada observable en un día cualquiera que nos separe de aquellos sin TDAH. Lo presentan pintoresco, gracioso y hasta simpático.  Cualquier persona en un mal día o con poco sueño va a tener conductas como las de los memes. Que si sos torpe, que si mirás la tele con subtítulos, que si comés rápido, que si te hamacás en la silla, que si te enamorás fácil, que si leés de atrás para adelante, que si te sentás así, que si hablás asá.

Basta.

Tampoco ayuda vivir esta aberración evolutiva que son los telefonitos y las redes. El Dr. Edward Hallowell (especialista y diagnosticado con TDAH) discute con su amigo Barkley (con un gemelo con TDAH que murió en un accidente absurdo). Hallowell sostiene que, como en la canción de Paris Hilton, hay beneficios en el TDAH. En su libro ADHD 2.0 (2021), esboza una nueva categoría: el rasgo de estímulo de atención variable (VAST, por sus siglas en inglés) para afirmar que la población mundial, atravesada por el frenesí de las plataformas, está adquiriendo rasgos del TDAH aunque no sean candidatos al diagnóstico ni la medicación (en EE UU, el tratamiento de primera línea para adultos son las anfetaminas, prohibidas en Argentina). Barkley le respondió en profundidad en su canal de Youtube. Según Barkley:

  • No hay evidencias de que el TDAH acarree dotes o beneficios como inteligencia elevada, creatividad, pensamiento lateral y emprendedorismo.
  • No se han encontrado evidencias de que el bombardeo de información y estímulos haya disminuido la atención y generado síntomas de TDAH en la población en general.

Sin embargo, Barkley no niega que talentos específicos por fuera del trastorno puedan interactuar de maneras particulares y complejas con rasgos del trastorno, a la vez que remarca que sencillamente es inmoral mentirles a los pacientes con supuestos beneficios para levantarles la autoestima artificialmente. Según Barkley, la perspectiva del TDAH como un don erosiona la aceptación y el acceso a servicios públicos y de salud, algo que en Argentina es desesperante por la falta de profesionales especializados en TDAH, en particular en hospitales públicos. Los especialistas privados suelen trabajar a agenda completa, cobrar carísimo y sus contactos se trafican con recelo en grupos secretos de pacientes en WhatsApp.

Hay que resaltar que, en su reseña, Barkley no aborda el fenómeno de plataformas diseñadas para el engagement y la reacción, donde la economía de la atención se ha vuelto cada vez más una economía del odio que explota las inseguridades de los usuarios. Cuanto más estamos en redes, peor sentimos que la pasamos y más nos asusta el fantasma del brainrot. Sin embargo, contra nuestras intuiciones, estos ataques no parecen afectar el dominio cognitivo de manera significativa y permanente. La evidencia no lo respalda. Sí impacta en nuestros hábitos emocionales, actitudes e identidades. De todas formas, si internet nos arruina el cerebro o no, poco importa cuando el algoritmo nos infecta hasta cuando no estamos usando internet. Nos enfocamos tanto en el cerebro que, quizás, nos estamos olvidando de la cultura. Es innegable que las notificaciones nos interrumpen durante cualquier actividad, nos distraen y nos hacen reaccionar, y eso es un problema aunque no nos dañe cognitivamente. Sobre todo, en las personas con TDAH, que ya venimos con una condición previa y el uso de internet se nos puede volver problemático. A los efectos prácticos, lo que debe preocuparnos es la disponibilidad del estímulo y cuán invasivo es, cuando la vida social, el romance, el trabajo, el comercio y hasta el Estado nos hacen tramitar nuestra vida a través del aparato molesto que tenemos que llevar a todos lados. Nos resulta más fácil imaginar que nos han dañado el cerebro que aceptar que vivimos en un mundo cada vez más distópico. We would rather be ruined than changed.

Una de las cosas que va a mirar un profesional a la hora de diagnosticar TDAH es cuán insidiosa, vitalicia e invasiva es la conducta problema. ¿Depende del contexto? ¿Estuvo presente a lo largo de la vida desde, al menos, los siete años? ¿Los demás lo notaron? ¿Qué dicen los boletines de la escuela? ¿La familia? ¿Los vínculos? ¿Suele perder las cosas? ¿Dura poco en los trabajos? ¿Hay documentación que lo respalde? Una vez más, apague el celular y consulte con su neuropsicóloga.

Hasta el Estado nos hace tramitar nuestra vida a través del aparato molesto que tenemos que llevar a todos lados. Nos resulta más fácil imaginar que nos han dañado el cerebro que aceptar que vivimos en un mundo cada vez más distópico.

En mi experiencia, es crucial contar con otra persona: un terapeuta para el control semanal y, a veces, algo tan simple como un amigo para juntarse a trabajar cada uno en lo suyo. Body doubling, le dicen en la jerga. Lo que no sirve es esperar que un sistema te resuelva la vida. "¡No puedo ser tan escandinava!", cantó Björk en 1997, después de que el uruguayo Ricardo López le mandara una bomba de ácido. Y es un poco eso: empoderarse. Dejar de querer organizar la libertad. Es habitual que las personas con TDAH sepamos a la perfección todo lo que hay que hacer y, aun así, no lo hagamos.

En la década pasada se promocionó el bullet journal como estrategia minimalista de soberanía cognitiva para controlar y ordenar la vida en papel y lápiz. Incluso en personas con TDAH. ¡Eureka! El problema es que el bullet journal viene con un montón de reglas y pasos repetitivos que consumen valiosos recursos cognitivos y básicamente fatigan tu cerebro para ponerte a realizar metatareas en vez de todo lo que tenés que hacer. La persona con TDAH puede comprar el bullet journal, entusiasmarse por un rato, al poco tiempo aburrirse y empezar a hacerle dibujitos, pegarle stickers o directamente abandonarlo. Al final, fallaste otra vez y no servís para nada. 

Si tenés TDAH u otro trastorno que afecte tu memoria o función ejecutiva, probablemente intentaste muchas cosas. Lo único que puedo decir responsablemente es:

  1. Lo que funciona para tus amigos, probablemente no funcione para vos.
  2. Buscá ayuda profesional.
  3. Ojo con quién.

Niños índigo

Sorprenderá a pocos que, durante décadas, mapapis de todas partes del mundo se hayan resistido al diagnóstico de TDAH y medicación de sus hijos. Los psicoestimulantes gozan de una injusta mala fama y, como mencionamos, han sido parodiados hasta por Los Simpson. El movimiento new age de los setenta fue el caldo de cultivo ideal para inventar la alternativa paranormal al diagnóstico. La psíquica Nancy Ann Tappe detectó una nueva generación de niños con aura color índigo, a los que asignó una voluntad fuerte, independencia, intuición, tendencia a cuestionar la autoridad y dificultades en el sistema educativo. Sus ideas se divulgaron y se le adosaron interpretaciones más extremas, como que estos niños tenían poderes psíquicos o que venían a destruir los viejos sistemas para construir un nuevo mundo. 

En este contexto aparece Flavio Cabobianco, el nene que vino del Sol:

Nuevos niños están naciendo. Son humanos diferentes, aunque no lo parezcan. Yo soy sólo uno de ellos, uno de los primeros. La humanidad está cambiando. La conexión con lo espiritual está más abierta. Todos los niños pueden ahora mantenerse unidos a su esencia.

Flavio Cabobianco, Vengo del Sol, 1991. 

Flavio Cabobianco
Flavio Cabobianco (1991): "Yo pienso distinto. Tengo otra forma de recibir las cosas".

Flavio desfiló por los canales de TV junto a su mamá, la psicóloga transpersonal Alba Zuccoli y su hermano mayor Marcos Cabobianco. Afirmaba que todos somos "partecitas de Dios", que hay seres interdimensionales y que a principios de los noventa el mundo estaba tan denso que era necesario un proceso de sutilización. En las entrevistas, a Flavio se lo ve algo torpe en la interacción. Cuando está junto a Marcos, el contraste es notorio: el hermano mayor se desenvuelve de una manera más natural entre los humanos. De adolescente, en el Show de Cristina, Flavio admitió: "Cuando era chico, me costaban las cosas normales. Ahora estoy mucho más adaptado". Marcos directamente se definía como el cuidador de Flavio. Lo que sigue es un plot twist.

Marcos Cabobianco (1994): "[Hablar de seres de otros niveles es hablar de] otra forma de percibir las cosas".

En un momento de la entrevista en el Show de Cristina, la madre de los Cabobianco sube al escenario. Admite que, de los dos, "Flavio es el teórico y Marcos es más el que vive las cosas". Cuenta una y otra vez ante la mirada incómoda de Marcos cómo a los tres años su hijo mayor era telépata y capaz de meterse en su cabeza. Sin embargo, cuando lo quisieron poner como coautor de un libro, Marcos tomó la poca distancia que podía en ese sistema familiar. Vengo del Sol fue concebido como una recopilación de reportes maternos de todo lo que decían ambos hijos, de ocho y once años al momento de la publicación. Sin embargo, Marcos pidió explícitamente que lo dejaran afuera, a pesar de que muchas ideas y frases hayan sido supuestamente suyas. La revelación llegaría veinticinco años después, con el documental Solar (Manuel Abrąmović, 2016).

Manuel está en primer plano, contra su voluntad. No quiere estar ahí, y menos en cámara. La imagen desaturada no puede ocultar sus ojos azul windows XP que resisten estoicos los embistes de Flavio, ahora detrás de la lente. El exniño índigo es ahora un treintañero que somete al director a humillaciones después de apropiarse del documental del que era objeto, romperle una cámara y formatearle un disco rígido con el material.  Manuel lo termina como puede con el material que quedó, clips de YouTube y, sobre todo, con ira reprimida. Hacia el final, Flavio y madre acorralan a Marcos. Quieren volver a editar el libro de la infancia y nuevamente poner como coautor a Marcos (a esta altura historiador del CONICET, algo que la madre menciona con desprecio). Marcos vuelve a decir que no. La madre le enrostra que él era telépata a los tres años. "No me acuerdo", desafía él. Mamá estalla: "¡No te tenés que acordar, tenés que creer en lo que te cuento!". Flavio intenta conciliar, cumpliendo la función que nunca vimos: un mero instrumento en la cruzada de su madre por dominar a Marcos, el verdadero golden child. El volumen aumenta. "¡Es terrorismo emocional!", zanja Marcos. Se levanta y se va.

Por fortuna, los ecos lejanos del mundo new age hoy nos parecen irrisorios. Recorrer las apariciones de los hermanos índigo en la tele de los noventa y terminar en las revelaciones de Solar nos deja un gusto amargo en la boca, porque ahora sí tenemos otra forma de percibir las cosas, pero más: un lenguaje para hablar de crianzas abusivas. Si bien respiramos aliviados por vivir en un milenio con infancias más protegidas de manipulaciones paranormales, ahora vemos nenes con TEA que pasean por la tele y las redes. ¿No es, en parte, el guion cultural de los hermanos índigo de antaño que vuelve para vengarse? ¿Por qué seguimos necesitando niños de las estrellas que marquen el rumbo? ¿Quién los cuida de la exposición? ¿Y de sus familias? Ian Moche, nuestro nene influencer con autismo, recientemente le contó a Marcela Feudale que los ataques de los gobernantes, el acoso y las amenazas en redes (que no debería leer siendo menor) le generaron ideación suicida. Como Flavio, que definía el odio como "amor desordenado", Ian dice que supera el odio porque transforma el dolor en amor. Pero no tendría que estar expuesto, para empezar.

Hologramas

La técnica se llama comunicación facilitada y consiste en que un facilitador entrenado ayude a una persona con discapacidad a tipear en una computadora. El problema es que cuando lo intentaron probar en laboratorio, fallaron: son los facilitadores los que guían el dedo del paciente el 100% de las veces. No es necesario que lo hagan a propósito, sino que entra en juego el efecto ideomotor, el mismo que deletrea mensajes de los muertos en el juego de la copa. En 2011, Anna Stubblefield, profesora de filosofía, usó la técnica con un hombre con parálisis cerebral y creyó encontrar un par intelectual. Al poco tiempo creyó que estaban enamorados y, finalmente, creyó mantener relaciones sexuales consentidas con él. Nada de eso estaba pasando fuera de su cabeza. Como resultado, la moderna Pigmaliona fue condenada a doce años de cárcel por violación, aunque en otro juicio le bajaron la imputación y quedó libre. Hay documental en Netflix.

Ian Moche, nuestro nene influencer con autismo, recientemente le contó a Marcela Feudale que los ataques de los gobernantes, el acoso y las amenazas en redes le generaron ideación suicida.

Carly Fleischmann apareció en la tele en el 2008. Era la historia milagrosa de una nena con autismo profundo y no verbal que no podía parar de gritar, saltar y golpearse, hasta que un facilitador pudo ayudarla a hacer su coming out y compartir a la persona que siempre estuvo ahí adentro. Nunca se la ve tipear más que letras sueltas pero el IPad lee con voz robótica guiones ya escritos por "alguien". Se convirtió en la mayor superestrella del autismo profundo. Durante los 2010 visitó los shows del prime time y hasta realizó "entrevistas" a chongos famosos en YouTube a los que les hacía propuestas sexuales, a pesar de que ya se sabía que la comunicación facilitada es un fraude y expone a autistas a abusos de todo tipo. Sin embargo, millones de espectadores eligieron fantasear con una Carly obsesionada con el sexo antes que ver la repugnante explotación y abuso de una persona con una discapacidad severa que no entendía qué hacía ahí.

Dawson, ¡no!

En 2017, Carly apareció en Too Many Stars de HBO, donde tenía que "entrevistar" a Stephen Colbert frente a cientos de personas, pero no la pudieron mantener sentada y tuvieron que ir a un corte tras un incomodísimo momento que le gana al talk show del Oso Rulo. En 2019, "Carly" publicó en redes que el novio del padre abusó sexualmente de ella y el padre le respondió públicamente que malinterpretó un gesto de afecto. Finalmente, borraron los mensajes, le echaron la culpa a un excuidador en rebeldía y denunciaron que los hackearon. Desde entonces, no se sabe nada de Carly y los medios no volvieron a nombrarla.

Tras su desaparición, Carly fue destronada por Abbie Maass, protagonista del canal de YouTube Fathering Autism. Como Carly, tiene autismo profundo y es no verbal. Como a Carly, la filman en escenas guionadas por quienes tendrían que cuidarlas, pero son apenas proyecciones holográficas despojadas de dignidad y consentimiento. Las vemos, pero no están ahí. El padre de Abbie, Asa Maass, sube videos de su hija desde hace quince años cuando era una nena, con una frecuencia casi diaria y millones de reproducciones. En una ocasión, la filmó usando el inodoro

La explotación de Abbie rindió sus frutos y Asa, desempleado crónico, pudo comprar una casa con pileta enorme gracias al morbo de millones de personas y familias incautas de autistas buscando comunidad. Cada tanto, organizaba reuniones con decenas de fans desconocidos de Abbie que se amontonaban para conocerla.

Lo que la familia ignoraba es que una persona obesionada con Abbie le usurpó la identidad a Carly Fleischmann y estaba dejando mensajes preocupantes en el foro alienígena Wrong Planet. Advertía que estaba en las últimas, que ya no le importaba nada y estaba a punto hacer un viaje de ida a Jacksonville, hogar de Abbie, donde finalmente podría tener contacto físico con ella, aunque después terminara presa.

Fans de Abbie. Fuente: Fathering Autism

La fijación de la usuaria carlyfleischmann en los foros de Wrong Planet no levantó alarmas de la comunidad. Sin brújula moral, recibió comentarios empáticos que le recordaron que si viajaba a Jacksonville podía terminar presa, pero nadie habló por la potencial víctima ni denunció la situación. En los posts archivados, la falsa Carly cuenta que es una mujer trans que sólo puede encontrar amor incondicional en los niños. En otra ocasión, en un viaje de trabajo tiene abstinencia de Abbie, dice que está muy enganchada y no puede esperar a tener la muñeca de compañía tamaño real que encargó para saciar sus ansias de contacto con Abbie. También comparte que es un holograma (lo que, en sus palabras, significa que tiene personalidades múltiples).  A medida que indagamos más en los posts de la señora holograma, todo se vuelve más revulsivo y caótico, como si fuera posible. No sólo por lo que confiesa, sino particularmente por la comunidad en la que nadie reportó los mensajes ni a la usuaria (ni siquiera la cuestionaron) y ahí permanecen, después de años.

Parecería que lo mejor que uno puede desear a una persona con autismo profundo es que finalmente desarrolle lenguaje y ahí sí pueda contar la verdad y decir no a la explotación. Si tan sólo fuera tan simple. Una cronología publicada por Business Insider nos cuenta la historia de la persona más trolleada de internet: Chris Chan, entonces un joven diagnosticado con autismo en la infancia, verbal pero con peculiaridades esperables en alguien con autismo funcional; se destacan su interés intenso por los videojuegos y un webcomic que empezó a desarrollar a los dieciocho años masheando Sonic y Pikachu en un nuevo concepto: Sonichu. Hacia el año 2007, Chris captó la atención de las zonas más psicopáticas de internet. Era la época de los trolls organizados y lo sometieron a todo tipo de humillaciones. No lo dejaban en paz. Se le acercaban como amigos para sacarle información, hacerlo producir material sexual, robarle plata y manipularlo de todas las maneras imaginables. Todo era tan excesivo que a algunos trolls les daba lástima y trataban de avivarlo.

Murió su padre y, algunos años después, Chris hizo su coming out como mujer trans. Para entonces, todo se venía abajo desde hacía tiempo. En una de las últimas manipulaciones, una persona que se había ganado su confianza grabó y filtró una conversación en la que Chris afirmaba mantener relaciones sexuales con su madre de 79 años. Terminó presa durante casi veinte meses, pero la causa fue finalmente desestimada mediante un régimen especial previsto por la legislación de Virginia para personas con autismo o discapacidades del desarrollo, sin que hubiera una condena penal.

Fuente: Facebook

Pensar en estas cosas es el infierno para las familias con un autista profundo. Cómo cuidar, como proteger, cómo estar ahí para ayudarlo a regular la conducta, a socializarlo, en un mundo lleno de depredadores de todo tipo, tanto fuera pero también dentro de la neurodiversidad. En nuestra familia es una personita que se volvió el centro de nuestras vidas. Ninguno sabe cómo sigue. Nos separa un pasillo. Nos vemos casi todos los días: le canto, le bailo, le desarrollé un app, hago que sonría, me mire a los ojos. No habla, pero canta. Así y todo, en esta aldea que hemos armado para darle todo el cuidado y contención que necesita, no vamos a estar para siempre. Acabamos de perder a alguien importantísimo en la aldea, para colmo. La pregunta nunca se va: ¿después qué?

Neuroguerras

Hay que reconocer que es cómodo quedarse en esta cosa de ser especial. Cuando recibí mi diagnóstico, una amiga me alentó a "contar mi historia". De golpe tenés la excusa para hablar horas de vos mismo y todas tus peculiaridades (que asumís que los demás no tienen), sin haber hecho nada que justifique que te tengan que escuchar tanto. La neurodivergencia es el hada madrina que te vuelve interesante. A cambio de tu alma. Por suerte, a los pocos días me di vergüenza ajena y borré todo. El flagelo del contenido hace estragos en las creencias y conductas de la gente. Hemos atestiguado el nacimiento del lumpencognitariat entre mentiras, inventos de la comunidad, la romantización del trastorno, y la inentendible búsqueda de que te estampen un sello psiquiátrico para después renegar contra ese sello.

Muchas veces, la obsesión con el diagnóstico puede generar una retroalimentacón donde nos infantilizamos más y más. Yo tuve que salir del grupo de pacientes de WhatsApp cuando adultos funcionales y con hijos empezaron a compartir links de los mordillos y juguetes sensoriales que estaban comprando para ellos mismos.

Es cómodo quedarse en esta cosa de ser especial. De golpe tenés la excusa para hablar horas de vos mismo y todas tus peculiaridades, sin haber hecho nada que justifique que te tengan que escuchar tanto. La neurodivergencia es el hada madrina que te vuelve interesante. A cambio de tu alma.

No es hate a la neurodivergencia, de la que soy parte. A veces me pregunto si quizás hubo un error, como le pasó a Christina Buttons, que recibió un diagnóstico de autismo de adulta, pero se desdiagnosticó cuando vio los ataques de la neurodiversidad a las familias de autistas profundos por llevarlos a terapias y por usar el lenguaje prohibido de la discapacidad. Quizás, convivir con alguien con discapacidad profunda me hace bajarme de la cruz porque otros necesitan la madera. Es reconocer que podés tener mil veces más en común con quien asumís "neurotípico" que con otro neurodivergente y que la visibilidad y difusión que le dedicamos a gente que está a un centímetro de la neurotipicidad podrían usarse para ayudar a los sin voz.

Internet viene generando tribus digitales surgidas del discurso psiquiátrico hace añazos. En algún momento había tomado envión el Trastorno Disociativo de la Identidad: hacen videos y te cuentan que tienen personalidades múltiples como en las películas, y te las muestran con distinto vestuario y maquillaje, a pesar de que el TDI no funciona así. También empezó a "contagiarse" el síndrome de Tourette. Une tiktoker cosechó millones de views mostrando sus inverosímiles tics hasta que le escracharon por mentirose

Propongo no ser cómplice. Hacer unfollow masivo a los espectáculos psiquiátricos y poner el foco en las personas con discapacidad y sus familias. Necesitamos visibilidad, presupuesto, acompañamiento legal, mediático e institucional para enfrentar la desidia, invisibilización y banalización a las que son sometidos los más desprotegidos a diario.

Podrán decir que no es una cosa o la otra, que la movida neurodivertida no es antitética a la militancia disca, pero espero haber presentado el caso de que son difícilmente reconciliables. Sobre todo cuando los casos de autismo profundo se mantienen relativamente estables en las últimas décadas, mientras que el autismo no profundo no para de crecer.

Fuente: The Prevalence and Characteristics of Children With Profound Autism, 15 Sites, United States, 2000-2016

Como vimos, desde su fundación, el discurso de la neurodiversidad no ha sido particularmente gentil con las personas con discapacidad, sus familias y los especialistas. Pero por primera vez están teniendo visibilidad las críticas dentro de la comunidad científica, por los atentados manifiestos a cualquier avance hacia el tratamiento o la cura. En palabras del neurobiólogo Moheb Costandi:

Irónicamente, un movimiento de justicia social que apunta a resaltar las formas en las que los autistas son maltratados por la sociedad es ahora responsable directo por el maltrato a los más vulnerables de todos los autistas, muchos de los cuales están tan severamente afectados por su condición que no pueden hablar por ellos mismos. Al luchar por sus propios derechos, un grupo de personas marginalizadas están efectivamente hipermarginalizando a los mismos por los que dicen luchar. Han monopolizado el discurso público sobre autismo, y siguen haciendo lo que pueden para silenciar cualquier disenso; esta incapacidad de debatir y llegar a acuerdos es un problema no solo para la comunidad autista, sino para la sociedad en general.

¿Y dónde queda la lucha por la soberanía cognitiva en todo esto? ¿Es una tarea fatua? Todo lo contrario: nuestras funciones cognitivas no están arruinadas, sino colonizadas. Si logramos desprendernos de los aparatos, todo parece indicar que, en un tiempo, estaremos más o menos intactos. Hace unos años empecé a hablar, medio en chiste, de neurocolonialismo. Los dispositivos nos atrapan mientras los usamos y el sistema está hecho para que los usemos todo el día. Nadie necesita tocarnos el cerebro, solo ocuparlo permanentemente. No parece que estemos frente a tecnologías como la de los alienígenas del Zak McKracken que estupidizaban a la población mundial a través de un zumbido de 60 hz. Walter Ong, en su clásico Orality and Literacy historiza que la aparición de una tecnología más antigua, la lectoescritura, también encontró resistencias: Sócrates temía que la escritura debilitara la mente. Y aquí estamos. Mientras tanto, podríamos pensar en comunidad cómo recuperar nuestras vidas para, así, recuperar nuestras mentes. La salida es colectiva.

Finalmente, quiero proponer un simple acto de soberanía: decir que, quizás, no. Quizás, no sos extraterrestre. Quizás, no estás en el planeta equivocado. Quizás, tus padres no son impostores. Quizás, lo que sentís es normal. Quizás, a lo largo de tus interminables compendios de incomodidades, tus historias de inadecuaciones, tus listas de vergüenzas indelebles, nunca estuviste fuera de lugar. Estás en casa.

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