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Soma: el videojuego del terror existencial

Frictional Games formó parte de una revolución del género de videojuegos de terror con Amnesia: The Dark Descent. Fue parte de un ariete de juegos que invadieron al mercado al permitir generar contenido rápido y viral en la escena del Let’s Play de YouTube. Son juegos de terror en primera persona, en los que no podés defenderte, sólo huir y esconderte de las criaturas de la noche que, además de intentar matarte, te generan daño mental y afectan tu percepción. Pero no se hizo viral por su trama original, sino por su capacidad de consolidar una comunidad fan. Contrariamente al estilo narrativo atmosférico que busca el juego, Amnesia se hizo viral porque era un festival de jumpscares, como Slender. Era gracioso ver a alguien asustarse.

Dicho así, Amnesia suena a saga poco llamativa, pero, a ver, hagamos revista: el primer juego lanzado es sobre unos aristócratas turbios metiéndose en ocultismo y alquimia (terror gótico clásico), el segundo es sobre la alienación laboral de la revolución industrial (¿Marx, vos de vuelta?), el tercero tiene como trama la Argelia francesa (¿y trajiste a Fanon?) y el cuarto es la Gran Guerra mundial y la hermosa sensación de saberse carne de cañón. Y, luego, está Soma, nuestro tema de hoy, que ocurre en... el fondo del océano. Habitado por monstruos que están entre lo orgánico y lo robótico.

Frictional Games formó parte de una revolución del género de videojuegos de terror con Amnesia: The Dark Descent. Fue parte de un ariete de juegos que invadieron al mercado al permitir generar contenido rápido y viral en la escena del Let’s Play de YouTube.

Empecemos por el principio: Simon es un tipo que tuvo un accidente que le dejó secuelas cerebrales significativas: tiene jaquecas, hemorragias, y algún que otro problema de memoria. Ah, y se va a morir. Le hacen un estudio que consiste en un escaneo, y cuando se saca el escáner de la cabeza, está en una base submarina derruida, en el fondo del océano, rodeado de cyborgs asesinos. En un momento, se rompe la protección contra el agua y las manos y el cuerpo de Simon cambian: él es un cyborg también.

¿Sabían que para los indios las cámaras robaban las almas?

¿Superar la barrera hombre-máquina? No, dejá, gracias, estoy bien.

Separar y unir mente con cuerpo. En el principio estaba Descartes

Quien acompaña a Simon es la doctora Catherine Chun, una inteligencia dentro de un aparato, el omnitool,. Ella le dice que en realidad no es el mismo Simon que se puso el escáner, sino que es una conciencia simulada en el cuerpo de una mujer que trabajaba en la base submarina, Imogen Reed, y que la razón por la cual se percibió a sí mismo como “Simon, el canadiense” en vez “Simon dentro de Imogen Reed” es porque su mente aún no terminaba de acomodarse al cuerpo en el que estaba. Pero, ustedes dirán: ¿no es la mente parte del cuerpo? ¿No soy también yo mi cerebro? Es más complejo.

Ryle criticaba esta forma de pensar, hablar de la mente por un lado y del cuerpo por el otro, dos maquinarias complejas que ocupan el mismo lugar. Y tiene su cuota de razón. Pero Descartes tiene sus motivos al decir que lo físico refiere a las proporciones de los cuerpos y lo sensorial (las emociones, las percepciones) es parte de lo puramente mental. Lo que percibimos distinto responde a nuestra percepción mental, no a la cosa en sí.

"Vos escaneate nomás, no te va a pasar nada".

Y, para confirmar que la realidad es algo más que nuestra conciencia, Descartes apelaba a que Dios era real y un tipazo, y eso le permitía decir que la conexión mente-cuerpo se daba por la permixtio o mezcla mente-cuerpo. Es cierto que, si bien no hay algo mental sin lo corporal, lo mental emerge con una propiedad distinta, con sus propias reglas, y nos habla de la identidad y la percepción subjetivas. Sí, soy un cerebro con sistema nervioso (al menos, eso dice la neurología contemporánea), pero lo que yo percibo que me pasa y lo que procesa el cerebro como información, pasa por el filtro de mi psiquis y del lenguaje, y luego yo actúo en base a eso.

Ahora bien, esa es la mitad de la pregunta: el cuerpo en el que está Simon es capaz de tener una mente, porque también era de un ser humano, Imogen Reed. El aparato en el que está Catherine Chun también parece capaz de albergar una mente. Ahora la pregunta es: ¿por qué un aparato puede reproducir la conciencia de Simon o de Catherine?

¿Quiere su cerebro orgánico o inorgánico, mi buen señor? Putnam y Chalmers

"Behold, a man!"

Putnam da paso a la postura funcionalista del problema mente-cuerpo argumentando que no necesariamente somos los únicos seres conscientes, en virtud de la reproductibilidad múltiple: hay propiedades mentales reproducidas por otros seres orgánicos. Descartes, por el contrario, no creía que los animales sintieran cariño o dolor, reduciéndolos a meros autómatas. Ahora, en cambio, sabemos que sí: sufren, y de hecho algunos tienen algo bastante parecido a nuestra conciencia, lenguaje, etc. Claro que nuestra pregunta pasa por las herramientas, los androides, las máquinas. Y Putnam, siguiendo la escuela de la discusión especulativa, dice que es concebible que un sistema no orgánico tenga procesos que nosotros sólo reconocemos orgánicamente. Digo, nosotros calculamos, pero también inventamos calculadoras, que tienen una mejor capacidad de cálculo que nosotros... entonces, ¿por qué no es posible una versión androide del ser humano? Volvamos al juego para continuar con la exposición.

¿Soma tiene un villano? Eh, ¿sí? Aparte del asteroide que provocó una extinción masiva antes de los sucesos del juego, está la WAU, una inteligencia artificial que coordina las varias bases submarinas y que es un poco como Hal 9000 de 2001: Odisea en el espacio: no es necesariamente maligna, pero su moralidad es rara. Empezó a secretar una especie de gel negro en las bases submarinas y en el mar. El gel no sólo permite la reanimación de la materia orgánica muerta, sino también la coordinación de materia orgánica y electrónica. Así, no sólo es la mezcla cartesiana de cuerpo y mente, sino que también es el módulo cerebral que nombran Clark y Chalmers en La mente extendida: expandir la capacidad perceptiva y física de lo orgánico por medio de lo cibernético.

Copias de copias de copias de copias de. . .

El cadáver de Imogen Reed volvió a la vida en virtud del gel y de un chip cibernético que le insertaron post mortem. Utilizando luego el softwares de escaneo de Simon, lo copian en el cuerpo de ella. Sin esta conciencia, el cadáver de Imogen Reed sería menos que un zombi, un zombi filosófico¸ un concepto de Chalmers, que consiste en un cuerpo que carece de mente.

Esta idea de Chalmers se nutre de ideas de Turing (quien planteaba que, si una computadora es capaz de convencerte de que es una persona en el juego de imitación¸ bueno, ya estamos en el punto de la autoconciencia) o de Searle (que decía que lo que decía Turing no era así, y contraargumentaba con el ejemplo del cuarto chino: si una persona tuviese un manual de traducción de chino y respondiera a mensajes en chino, pero no supiese el significado de las palabras, esta persona no sabría chino, de igual forma que la computadora no es autoconciente por responder, ya que la sintaxis no equivale a la semántica). El chip simula a Simon dentro el cuerpo revivido de Imogen y anda tan bien la simulación que ella se convenció de su propia existencia, a pesar de ser femenino (muerto) y cyborg. Para Catherine es lo mismo, pero dentro de un aparato, ni siquiera un cuerpo humanoide. ¿Entonces, es lo mismo? Y la respuesta es no: son distintos hardware con las mismas copias.

“Los indios creían que las cámaras te robaban el alma”. Hume y Dennet

¿Simulación en la oscuridad del océano o en la oscuridad del espacio?

Soma tiene, en total, cuatro Simones. Y tres Catherine Chun. Y copias de otros varios personajes muertos. Verán, hay dos planes maestros para la supervivencia parcial de la humanidad, el de la propia Catherine Chun, y el de la WAU. Chun quiere disparar hacia el espacio un simulador con algunas copias de los supervivientes de la base submarina, incluido Simon. Mientras, la WAU quiere extender su gel estructural y poner a las consciencias en un estado de sueño pacífico dentro de sus cuerpos revividos o en máquinas llamadas mockingbird. En suma: Matrix A y Matrix B, películas que, a su vez, son el argumento del sueño y el genio maligno de Descartes, y el cerebro en la cubeta de Putnam. Por eso creo que el juego te deja elegir no matar a la WAU porque, bueno, entre gitanos no nos vamos a catar las realidades simuladas, ¿eh? Pero, ¿por qué cuatro Simones?

En Soma un empleado, Sarang, planteó el concepto de “tirar la moneda”: cuando te copian el cerebro, debe haber un momento en el que tu conciencia orgánica y la conciencia simulada están en el mismo nivel de “conciencia”, una franja de timing, y en una de esas, en un cara o cruz, el que despierta del otro lado sos realmente vos y el que queda en el cuerpo orgánico tuyo es otro. De modo que lo que sigue es suicidarse inmediatamente mientras vos seguís viviendo en tu simulación.

Hay dos planes maestros para la supervivencia parcial de la humanidad (...). Chun quiere disparar hacia el espacio un simulador con algunas copias de los supervivientes de la base submarina, incluido Simon. Mientras, la WAU quiere extender su gel estructural y poner a las conciencias en un estado de sueño pacífico dentro de sus cuerpos revividos.

La copia de conciencias en Soma es como la copia de archivos en tu computadora: idénticas copias en distinto lugar del sistema. O, más bien, no son el mismo archivo corriendo a la vez, porque los dos ocupan espacios físicos diferentes.

Y ahí entra Daniel Dennet, que plantea que muchos de los experimentos mentales son bombas de intuición que ponen a prueba nuestra percepción. Uno de los experimentos de Dennet es el teleclón de Mary, una astronauta en Marte que encuentra que su base está comprometida y a punto de estallar, de modo que envía por teletransportador una copia de su cuerpo a la Tierra, donde está su familia. ¿Es la misma Mary que estaba en Marte o es una Mary completamente nueva? Y la respuesta es que no importa porque, volviendo a Turing, nadie se daría cuenta porque las propiedades mentales no tienen valor ontológico (al menos para Dennet, Parfit y Hofstadter, que son reduccionistas respecto a las propiedades mentales), pero para el clonado originalmente, bueno, tal vez sí.

El tiempo pasa. La conciencia de Simon-el-canadiense fue copiada, pero murió al mes. Simon-en-Imogen tampoco dura mucho, porque para descender a un abismo tienen que copiar a Simon en un cuerpo que tenía puesto un mejor traje de buzo, y pasa a ser Simon-en-Raleigh, y mientras escucha a Simon-en-Imogen gritarle a Catherine Chun “che, yo sigo acá, qué onda”, y Simon-en-Raleigh puede elegir matar a esa copia o seguir. Y, cuando finalmente logra disparar el Arca del paraíso simulado al final del juego, bueno, es otra copia de él, y Simon-en-Raleigh queda sólo, en el fondo del océano, en un planeta sin esperanza por al menos millones de años porque es un alma robada y...

Conclusiones: reflexión en la oscuridad

Memento mori.

Uno toma consciencia de que se va a morir a los cuatro o cinco años, y desde ahí todo es un bardo. Ahora estoy mucho mejor con ese tema, pero cuando era más nene me dejaba sin dormir muy seguido porque era en plan: cuidado, se termina esto y es la única bala en la recámara. Cuando a Descartes se le murió la hija, hizo una réplica autómata basada en su cuerpo que un capitán de barco tiraría en alta mar por... Bueno, eso un bajón returbio. El gran rival mecanicista pero no dualista de Descartes (esto es, cien por cien materialista), es Hobbes, quien, por su parte, en sus últimos momentos parece que dijo: “Un gran salto hacia la oscuridad”. Nuestra vida es una macedonia de variaciones intensas de luces y colores, que, si ponés un poco de atención, ves nuevos detalles que magnifican la macedonia. Imaginamos la muerte como oscuridad porque ahí no hay nada ni se distingue nada, somos seres fundamentalmente visuales. El fondo oceánico vibra de vida también: no quita que nos dé mala espina su inapelable negrura.

Lo cierto es que no sabemos qué hay del otro lado, o, más bien, lo que sabemos es que, cuando morimos, lo que nos mantiene con vida ahora, nuestro cuerpo, está quieto y en putrefacción, la máquina ya no funciona. Es entrar en la nada. A ese miedo apela Soma¸ al miedo de nuestra frágil existencia, al conocimiento de qué quizá sólo seamos una versión más elaborada de la muñeca autómata que se hizo Descartes luego de la muerte de su hija, que igualmente cuando se le acaba el combustible o se le terminan de deshilachar los componentes, deja de andar and that’s all folks. No es necesariamente traumático. No es un shock que dispara las alarmas, esas que nos hacen creer que hay peligro cerca: no es el miedo del cerebro reptil. Es de uno de nuestro cerebro humano, intelectual. Un miedo único, de la condición humana.

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