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26 años de Ferro en la B

Más de 26 años en el infierno y una pasión intacta. Una odisea de lealtad, dolor y esperanza: la lucha inolvidable de Ferro por volver a Primera.

26 años de Ferro en la B

Hace más de 26 años, Ferro descendía a la segunda división del fútbol argentino. Desde ese momento, volver a la máxima categoría está siendo una odisea que padecen más de tres generaciones de hinchas verdolagas que anhelan el sueño supremo. Cientos de kilómetros recorridos, más de 35 técnicos, 300 jugadores, canchas en todo el país, horarios extraños, transmisiones defectuosas, equipos ignotos, situaciones insólitas, 38 clubes peleando por dos pasajes a la Liga Profesional y un amor que resiste.

El 17 de julio de 2000, en una noche fría rosarina, Ferro jugó su último partido en la Primera División del fútbol argentino. El equipo que lo escoltó al pozo de la segunda división fue Newell's Old Boys. La Lepra ganó 2 a 0, pero el descenso se había concretado cinco fechas antes, cuando Lanús le dio el tiro de gracia goleando por 7 a 0 en Caballito. El Verde venía a los tumbos desde hacía rato y, salvo algunas temporadas aisladas con actuaciones interesantes y amagues de grandeza, no podía hacer pie en los antiguos torneos cortos, llegando a estar sin meter un gol por más de 873 minutos y siendo la burla de todos. Las estadísticas eran duras: en el Torneo Clausura 2000 solo ganó 2 partidos, empató 2 y perdió 15, redondeando una de las peores campañas de la historia. El final era inevitable y Ferro se fue a la B. Aun así, el infierno tiene más círculos y, 24 fechas después, sufrió un segundo descenso a la B Metropolitana, siendo olvidado por cualquier deidad divina.

Volver a la máxima categoría está siendo una odisea que padecen más de tres generaciones de hinchas verdolagas que anhelan el sueño supremo.

En ese momento, mi abuelo Osvaldo Pascual Alcaide, enfermo de Ferro y del barrio, me rogó que yo me hiciera de otro club para no sufrir tanto; le dije que ya era tarde: me había enamorado del barrio, los colores y la devoción de la gente. Ferro era la representación de la clase media argentina y se derrumbaba a la par del país, pero mi inocencia seguía intacta. Luego de batallar una temporada en la B Metropolitana, en un torneo titánico y absurdo, el 5 de julio de 2002 el Verde jugó el partido de vuelta contra Deportivo Español. Por más que ganó 1 a 0 con gol de Cristian Tula (mi ídolo personal y terrenal), no le alcanzó (en el partido de ida en el Bajo Flores había perdido 3 a 1) y se quedó en las puertas de la segunda división. El golpe fue terrible y se hizo carne en los palazos de la policía y en el gas lacrimógeno que nos hacía llorar más que el propio dolor deportivo. En la Navidad de ese año se decretó la quiebra y Ferro tocaba definitivamente fondo.

Luego de eso vino el famoso juez Herrera, que intentó vender terrenos del club en beneficio propio y cuyo plan se frustró gracias a la cámara de Telenoche. Más tarde llegó la incursión de Mascardi para darle un salto de calidad al plantel y pelear en la temporada 2003 (devolviendo a Ferro a la segunda división), seguida por la posterior huida del empresario, lo que frustró la promesa de: "No se asusten, en un año nos vemos", chicaneando a los hinchas de Boca y River.

Sin darnos cuenta, los hinchas de Ferro fuimos protagonistas de una odisea deportiva y urbana para volver a la Primera División. En las siguientes temporadas, Ferro penó en la segunda división sin protagonismo alguno, salvo cuando disputó la promoción para no descender en el año 2007 contra Estudiantes de Buenos Aires. Luego fue una pesadilla: podía ser protagonista, pero se quedaba sin nafta cuando había que estar a la altura.

Mi abuelo Osvaldo Pascual Alcaide, enfermo de Ferro y del barrio, me rogó que yo me hiciera de otro club para no sufrir tanto; le dije que ya era tarde.

En 2014 se levantó la quiebra gracias a los socios y las esperanzas volvían a ser verdes. Institucionalmente Ferro volvía a crecer y el club comenzaba a resurgir de sus cenizas. Empezó a invertir en sus tierras, expandiéndose por los terrenos cedidos por el Estado y dándole bola a todas esas cosas que lo habían hecho crecer en los años ochenta: sus múltiples disciplinas y el ser el corazón de la Ciudad de Buenos Aires.

La pregunta que más se hacía en ese momento (y que por momentos aún persiste) es si Ferro es un club con fútbol o un club de fútbol. La realidad más próxima es que el fútbol es el motor económico de cualquier club, y que Ferro volviera a la Primera División tenía que ser el objetivo principal. En la temporada 2015 casi se logra el sueño, pero luego de una campaña sorprendente, el Verde se quedó en semifinales contra Santamarina de Tandil, frustrando su ansiado regreso a la élite del fútbol argentino.

Ferro volvió a pelear de nuevo recién en 2021, cuando hizo una campaña descomunal con Brian Fernández y Federico Fattori como protagonistas, llegando solamente a semifinales tras ser perjudicado arbitralmente contra Quilmes. ¿Quién subió esa temporada? Barracas Central. Caso parecido al de la temporada 2023, donde nuevamente fue perjudicado por el poder arbitral de turno para quedarse afuera en cuartos de final contra Almirante Brown (ese año subió Riestra). Todo dicho. Los errores arbitrales son una ruleta rusa que por lo general nunca benefició a Ferro. En 2024 era el equipo más goleador, pero también de los más goleados, y se quedó por un punto fuera del reducido. En 2025, Ferro parecía que iba a pelear el torneo (con técnico estrella y un equipo con figuras de la temporada anterior) y terminó peleando por no descender, zafando tres fechas antes luego de ganarle a Los Andes en Lomas de Zamora.

En 2025, Ferro parecía que iba a pelear el torneo (con técnico estrella y un equipo con figuras de la temporada anterior) y terminó peleando por no descender, zafando tres fechas antes.

En ese momento, los únicos sentimientos que me dominaban eran el miedo a descender de nuevo y la duda de cómo se podría sostener que un chico fuera hincha de Ferro con resultados deportivos tan adversos, años de frustraciones y carencia de ídolos auténticos. El apego y el sentido de pertenencia que te da el barrio y ser parte de un club son un poco la respuesta. Todo ese amor heredado por la familia resiste aun en las malas y permite disfrutar todavía más los buenos momentos. Los músculos institucionales de Ferro son sus múltiples disciplinas y el alma es el fútbol.

Esta temporada, Ferro arrancó con el pie izquierdo al mando de Sergio Rondina (actual técnico de Chacarita), pero repuntó con la llegada de un viejo conocido de la casa: Juan Sara, hincha y exjugador de la institución, quien se hizo cargo del primer equipo luego de una mala experiencia en la temporada 2023. Ni el hincha verdolaga más optimista hubiera pensado que bajo su conducción el equipo iba a llegar a los 11 partidos invicto, alcanzando la punta del torneo más difícil del mundo con estadísticas abrumadoras (12 victorias, 1 empate, 3 derrotas). Luego de dos traspiés contra Morón y Godoy Cruz (perseguidores en la ruta símil Mad Max que es la divisional), Ferro volvió al triunfo ganándole 2 a 1 a Los Andes en Lomas de Zamora (con el hecho histórico de la vuelta de los visitantes al Estadio Gallardón). También le ganó a Atlanta , All Boys de local y empato contra Estudiantes de Buenos Aires . Hasta este viernes , cuando se enfrente a Mitre de Santiago del Estero , la distancia con su inmediato perseguidor es de solo 4 puntos.

Ferro depende de sí mismo. Al día de la fecha aún quedan 9 fechas para la ansiada final y el sueño sigue en pie. No conozco a nadie que no quiera que Ferro vuelva a la élite del fútbol argentino; hasta Vélez, el clásico rival, ansía la vuelta del Verde a Primera. Estoy convencido de que todo el dolor padecido durante estos años será recompensado con la alegría máxima y no puedo imaginar el sentimiento que me va a invadir en ese momento.

Créditos de las imágenes: Nacho Carrión para @ferroweb

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