/ tecnologia

¿Qué es Cybercirujas?

Hacktivismo sudamericano que rescata tecnología de la basura y usa software libre para recuperar la soberanía digital.

¿Qué es Cybercirujas?

En 421 hemos hablado directa e indirectamente de las prácticas que hacen al particular grupo de hacktivistas sudacas que se reapropian del hardware y el software, a la vez que debaten, divulgan y accionan contra los oligarcas del cómputo. Pero nunca hemos ahondado en quiénes son ni qué buscan: toca hoy una evangelización en la doctrina cyberciruja.

En el 2do Encuentro Federal Cyberciruja desarrollado en la ciudad de Rosario el 31 de agosto de 2024 se presentó el Primer Censo Federal Cyberciruja. El mismo había sido confeccionado por uno de los miembros de la comunidad y contó con 384 respuestas: de esas personas, 307 mencionaron percibirse a sí mismas como cybercirujas. Además, 120 están en CABA/AMBA, 55 en Córdoba, 41 en PBA, 25 en Santa Fe y 25 en otros países, por lo que existe evidentemente algún tipo de identidad cyberciruja que aúna a todas esas personas y que cada vez crece más: hace semanas nació la Célula Cyberciruja de Mendoza.

Nunca hemos ahondado en quiénes son ni qué buscan: toca hoy una evangelización en la doctrina cyberciruja.

Días atrás, distintos investigadores cybercirujas de la Universidad Nacional de Cuyo publicaron un artículo en la revista de la Universidad Nacional de La Plata analizando el movimiento. En el primer artículo que publiqué en 421, definí a Cybecirujas como gente que recupera, reutiliza y hackea tecnología descartada para construir su propia infraestructura digital autónoma. No cabe duda que es una grupalidad activa y que se esparce como un virus en todo sentido: no solo se replica a sí misma, sino que esa reproducción virósica construye saberes y prácticas que muestran alternativas ante la apatía generalizada en torno a la tecnopolítica que nos toca vivir.

Hacktivismo a la sudaca

Cybercirujas se puede definir como un grupo de hacktivistas. La palabra se explica por sí sola, pero también hay que decir que no hay una clara definición de hacktivismo. Sí podemos decir que el término surge de un grupo primigenio pre-Internet, el Cult of the Dead Cow(cDc), formado en Texas en 1984 y que operó en un BBS (Bulletin Board System), aquellos foros en modo texto online, accesibles vía línea de teléfono y módem de computadora.

En 1995 se sumaron a la lucha contra la Cienciología, que ya comenzaba a denunciar a foros y sitios de Internet que exponían el curro y choreo de esa “iglesia”. En el calor de los juicios, se popularizó la palabra "hacktivismo" para asociarla a la lucha política y social mediada fuertemente por herramientas digitales/tecnológicas, más o menos desorganizada pero con cierto grado de cohesión forjada por lazos digitales.

Generalmente conectada con las luchas en Internet contra la censura y los derechos digitales, el hacktivismo tradicional, o el yanki-europeo, no es el que más representa a Cybercirujas, una agrupación netamente sudaca, con lo que eso conlleva. Hay límites concretos en la región. Sin acceso generalizado a computadoras y al conocimiento de lo que el cómputo ofrece, como en muchos casos sucede, es difícil avanzar en serio hacia luchas sobre derechos digitales, privacidad de los datos o neutralidad en la red. ¿Cómo podemos discutir sobre modelos de redes, de datos o de la problemática de la concentración total del cómputo en unas pocas manos, si no hay un conocimiento de base sobre qué podemos hacer con los dispositivos informáticos que tenemos a nuestro alcance? O peor aún, si ni siquiera tenemos acceso más que a un celular pedorro vendido exclusivamente para enchufarnos en un ecosistema de aplicaciones estandarizadas.

Datos del Censo Cyberciruja.

Teniendo en cuenta estos límites materiales, el hacktivismo cyberciruja avanza. Se parte de la base de que el acceso a las computadoras debe ser universal y, si eso no sucede, es la Comunidad Organizada quien debe proveerlo. Para llevar a cabo ese objetivo base, Cybercirujas se organiza en células locales, algunas con espacios físicos concretos y otras no, y realizan juntadas de reparación y reacondicionamiento de equipos. Estas computadoras o dispositivos informáticos se consiguen mediante donaciones o bien se encuentran en las calles de las grandes urbes donde siempre se tiran miles de kilos de equipos: justamente de ahí viene el nombre, la conjunción entre cibernética y cirujeo.

La acción de recircular computadoras incorpora otro de los pilares políticos básicos de la agrupación: el derecho a reparar. Ninguna empresa dejará de inundar el mundo con dispositivos, no cesarán de imponer hábitos de consumo y menos aún de colaborar con el ecosistema de oligarcas del cómputo que manejan toda nuestra información a través del software que vive en el hardware que estos venden. Cybercirujas trabaja contra esas prácticas con herramientas concretas: la recuperación de hardware duradero y la utilización de Linux como armamento de avanzada contra la obsolescencia programada.

Sin acceso generalizado a computadoras y al conocimiento de lo que el cómputo ofrece, es muy difícil avanzar en serio hacia luchas sobre derechos digitales, privacidad de los datos o neutralidad en la red.

Lo particular de las prácticas cybercirujas se da precisamente en su nexo con lo territorial. No solo porque la recirculación del hardware conecta con las necesidades de las personas de carne y hueso, sino porque además muchos de los miembros son militantes territoriales. Según el censo mencionado, el 57% participa en distintas organizaciones, asociaciones, agrupaciones de la sociedad civil u organizaciones políticas. Solo por citar un ejemplo: una de las referentas cybercirujas de la célula cordobesa, Paula Nieto, forma parte de la asamblea barrial de Campo de la Rivera, un barrio popular de la capital de esa provincia. Ella buscaba computadoras para reparar y llevarlas a su espacio político, pero no sabía cómo hacerlo: así conoció Cybercirujas. Como dice Nicolas Wolovick, docente de la UNC, investigador y cyberciruja línea fundadora:

Si lo médicos tienen un juramento hipocrático, un deber moral para tratar a los enfermos, quienes sabemos de informática tenemos el deber moral de ayudar a quienes necesiten arreglar una compu, ponerla a punto o lo que sea.

Rituales

La relación que Cyberciruja plantea con el cómputo sigue la línea del software libre, mezclada con el punk y nuestra idiosincrasia local. Del software libre nace la idea básica: la computadora es tuya, es una herramienta que debe servirte a vos y no vos servirle a ella. Del punk surge la esencia contracultural y la no aceptación de las cosas por default. Lo local define cómo se organiza cada célula y sus rituales: juntadas de reparación, de socialización, de recirculación, de experimentación, de concientización, etc.

En Córdoba, donde existe una de las células más activas, se juntan regularmente los últimos sábados de cada mes en la explanada del Datacenter de la UNC en el marco de una feria agroecológica. Allí se lleva a cabo uno de los mayores actos que Cybercirujas aportó a la cultura hacktivista sudaca: la Olla de Hardware Popular.

Cualquiera que sea de esta parte del Cono Sur capta la idea enseguida, pero la parte de hardware puede confundir. Así como en una olla popular cada cual colabora con lo que puede para llenar el puchero, y nadie te impedirá que te sirvas un plato, en la Olla de Hardware Popular la gente deja hardware que cualquiera puede llevarse, ejemplo máximo de “economía circular”.

El caso de la célula cordobesa es emblemático porque ya van más de 50 encuentros realizados, lo cual demuestra que la agrupación ya se encuentra incrustada en el territorio. La práctica es además un concepto fundante: el hardware se comparte, al igual que el conocimiento para operarlo y hacer que funcione para lo que vos quieras.

1er Encuentro Federal Cyberciruja.
1er Encuentro Federal Cyberciruja.

Aquí entra la parte netamente “hacker”, si se quiere, de Cybercirujas. Son los fabricantes de hardware y software quienes ponen trabas o condiciones para usar los equipos que ellos mismos producen y venden. Pero una computadora hoy en día no es un electrodoméstico insulso, que simplemente se rompe cada tanto. No es una cocina, un lavarropas o una tele: es la puerta de entrada a un cyberespacio que hoy opera en la realidad física; y, como tal, es un dispositivo de liberación o dominación. El celular es el claro ejemplo de esto: es una computadora de mano que opera por diseño como un dispositivo de control social. Lograr torcer ese destino manifiesto del celular es el accionar hacker por excelencia de los Cybercirujas. Pocos imaginan que pueden utilizar el Smartphone de otra forma porque se ha naturalizado que se consuma “por default” como viene. Pero una Comunidad Organizada como lo es Cybercirjas no solamente busca denunciar enérgicamente esto, sino que también acciona: teje lazos con otras organizaciones que plantean un nuevo ecosistema de celulares, crea una distribución de Linux tuneado exclusivamente para los primeros modelos de Conectar Igualdad o bien modifica posnets de Mercado Pago para sacar fotos o hacer música (dispositivos únicos y hechos con pedazos electrónicos diversos, que sirven para experimentar con retroconsolas o retrocomputadoras).

La particularidad no está tanto en lo trambólico de las creaciones, sino más bien en la socialización de todas estas ciencias cybercirujas: ya sea en los eventos de las células, como así también en el Club del Cybercirujeo y en el Encuentro Federal Cyberciruja (que reúne a la comunidad de manera anual). Todos estos espacios son abiertos a quien quiera acercarse a conocer de qué va esto. Probablemente el Encuentro Federal sea el más emblemático, ya que moviliza a cybercirujas de todos los puntos cardinales con el fin de debatir y construir conocimiento colectivo.

La conquista del cómputo

Las luchas digitales, otroras emblemas del hacktivismo más tradicional y originario, ya no se circunscriben al cyberespacio. O, más bien, sí, porque el cyberespacio básicamente esta insertado en el tejido de la vida real: desde la obligación de hacer ciertos trámites en aplicaciones a cuestiones más profundas, como sistemas de reconocimiento faciales que sirven para vigilar a la población, centros de datos que depredan recursos, o Estados que ceden soberanía al alojar información sensible de sus ciudadanos en nubes regenteadas mayormente por Estados Unidos.

Precisamente, viviendo en una era donde el cyberespacio y la vida real ya no tienen separación, cabe preguntarse si como sociedad podemos aceptar estas injusticias. ¿Por qué debemos conformarnos con “regular” plataformas digitales que no dejan de ser computadoras de Estados Unidos? ¿No tenemos acaso las herramientas para poder construir nuestras propias plataformas?

Cybercirujas propicia la desterritorialidad digital y la descentralización total. Hemos aceptado y naturalizado que lo ideal es que todos estemos amuchado en la misma “plaza pública”, como se le decía a Twitter en sus primeros años. Parece estar bien que estemos expuestos a millones de personas, como si nuestro cerebro estuviese adecuado a eso. Pero no. Y tenemos las herramientas para poder crear nuestras comunidades autogestivas. ¿Acaso no bancamos y apoyamos al teatro autogestivo, a los centros culturales, a las bibliotecas populares, a los espacios territoriales de militancia? En la digitalidad total, podemos gestionar nuestros propios servidores para comunicarnos de forma autónoma y soberana con quienes querramos, ¡teniendo además la posibilidad de participar en cómo esas comunidades se regulan!

En la digitalidad total, podemos gestionar nuestros propios servidores para comunicarnos de forma autónoma y soberana con quienes querramos.

Valga otro ejemplo. Hoy en día el streaming pasa casi exclusivamente por YouTube y Twitch. Si el día de mañana cambian sus políticas y no se puede decir “boludo” o “pelotudo” porque te banean, todo el mundo se autocensurará. Linux, el software libre y las comunidades de hackivistas como cybercirujas nos permiten construir nuestras propias plataformas de comunicación y de difusión sin tener que depender de patrones ni de Estados Unidos o el país que fuera. ¿Cómo puede ser que organizaciones políticas y sociales, personas completamente expuestas en lo político, sigan relegando sus comunicaciones y su vida digital a empresas yankis que, cuando quieran, pueden compartir su información con el gobierno de turno? Cybercirujas actúa como grupo hacktivista para poner en discusión estos temas, pero no solo desde lo discursivo, sino aportando ejemplos concretos de cómo se puede vivir digitalmente sin esconderse en una cueva.

Zonas temporalmente autónomas y diversas

No existe un cabecilla, no hay una cuenta centralizada, no hay un presidente ni un dictador benévolo: en Cybercirujas todas las células actúan por su cuenta, siguiendo mas o menos los lineamientos mencionados. Cuando uno busca en Internet sobre el grupo, es probable que llegue a alguna noticia alusiva, al foro, al blog, o a alguna de las cuentas de Instagram de las distintas células. La propia lógica de esta grupalidad funciona de tal manera que a quién le quepa el sayo se lo pone y acciona. Por supuesto que hay ciertos valores que no se negocian: no se puede ser Cyberciruja y bancar a los oligarcas del cómputo y sus secuaces. No hay medias tintas ni grises en algunas cuestiones. En algunas cosas puntuales, estás de un lado o estás del otro. No se puede pelear por un computo popular y a la vez bancar a Musk, Thiel, Zuckerberg o cualquiera de esos oligarcas informáticos.

Cada célula tiene sus configuraciones, que van mutando y evolucionando. La célula CABA se ha mudado de espacio varias veces, pero siempre ha hecho un gran trabajo de reparación y entrega de computadoras, conectándose con individuos pero también con distintas agrupaciones de la sociedad civil. Además, desde allí se gestan los eventos del Club del Cybercirujeo, verdaderos espacios de ocio tecnológico y experimentación, donde justamente se muestra que la informática y el cómputo están para pasar el rato conectados con otras personas.

La célula rosarina está hace tiempo asentada en el Centro Cultural de La Toma, otrora supermercado, tomado por sus antiguos trabajadores. Córdoba, una de las células más activas y que más equipos recupera, trabaja de forma más bien anárquica, pero juntándose regularmente y con un esquema muy aceitado que teje nexos entre quiénes necesitan computadoras, quienes pueden donarlas y quienes pueden repararlas.

Composición, diversidades y lucha colectiva

Citando nuevamente el censo realizado en 2024, al menos 50 personas de la comunidad se perciben como miembros de la comunidad LGTBQ+. Para espacios relacionados con la “tecnología” no es poco decir, ya que históricamente se encuentran dominados por masculinidades más bien tóxicas o, como decimos, “tuercas informáticos”. Otro detalle no menor es justamente eso: no todos en nuestra comunidad son expertos informáticos o gente del rubro. En la composición de la grupalidad, l@s miembr@s que laburan en IT son mayoría, sí, pero un porcentaje importante trabaja en educación, en comunicación, en cultura, etc.

En este panorama, surgieron los fundamentos de la comunidad: hay un consenso mayoritario sobre el uso de software libre para garantizar soberanía tecnológica, sobre la participación activa de la sociedad civil para motorizar cuestiones tecnopolíticas o sobre la desconfianza hacia el “mercado” como solucionador de los problemas relativos a la brecha digital o el acceso a Internet.

Esa computadora, hoy por hoy, a la cual le brindamos toda nuestra vida, en realidad es la computadora de otro. ¡Pero puede ser nuestra!

El hacktivismo de Cybercirujas se escapa de la tradición clásica porque se enraíza fuertemente en el territorio y lo conecta con el cyberespacio. La lucha por el acceso al cómputo y por la creación de un cómputo popular y soberano es nuestra bandera. En un país con tantas dificultades sociales cuesta ver que gran parte de los problemas tienen que ver con este sistema tecnológico en el cual vivimos, pero al que todavía no nos animamos a hacerle frente. Las consecuencias son claras: cada vez más jóvenes con trastorno de ansiedad, dificultades en el aprendizaje, depresión.

Si estás por el AMBA, el próximo 16/8 se estará realizando el 4to Encuentro Federal Cyberciruja en la ciudad de La Plata, el lugar y momento ideal para sumarte y conocer esta comunidad.

La única forma que existe de dar batalla es motorizando una lucha general. Pero antes hay que entender que lo digital ya es parte de lo real, y todo lo digital esta mediado por una computadora. Y esa computadora, hoy por hoy, a la cual le brindamos toda nuestra vida, en realidad es la computadora de otro. ¡Pero puede ser nuestra! Cybercirujas es una grupalidad abierta a todo el mundo y con inquietudes sobre la situación actual: si algo de lo que sucede no te cierra, si estás cansado de la apatía generalizada, de la aceptación por default de todos estos problemas, si creés que es momento de militar desde otra mirada, ¡probablemente ya seas Cybeciruja! No hace falta mucho para sumarte: ni conocimientos ni credenciales, solamente la imperiosa necesidad de querer cambiar las cosas.

Sumate a 421 →