Argentina: El origen de los primeros dinosaurios
Los primeros dinosaurios nacieron en Argentina y conquistaron el planeta.
Los primeros dinosaurios nacieron en Argentina y conquistaron el planeta.
En las notas previas vimos a los gigantes que dominaban la Patagonia hace millones de años; icónicos carnívoros, saurópodos titánicos y los pterosaurios dueños de los cielos. Pero nuestras tierras no solo eran el hogar de colosos, también fueron el escenario del comienzo de la gran historia evolutiva de los dinosaurios. Esta vez no veremos los ejemplares más grandes de su especie, sino de los primeros, los ancestros que capaz no conocías.
Para encontrar a los dinosaurios ancestrales esta vez no hay que ir a Patagonia. Aunque la mayoría de las formaciones mesozoicas más conocidas se encuentran allí, abarcan el Jurásico y el Cretácico que corresponde a épocas donde los dinosaurios ya dominaban el planeta. Lo que hay que buscar son los sedimentos Triásicos, los cuales se encuentran concentrados en San Juan y La Rioja. Allí entre los increíbles paisajes y arquitecturas rocosas de Talampaya y el Valle de la Luna (Ischigualasto) se conserva el principio de la historia de estos reptiles.
Uno de los dinosaurios de los cuales sigue siendo material de controversia hasta el día de hoy es Herrerasaurus ischigualastensis. El primer ejemplar fue descubierto en 1959 en el Valle de Ischigualasto por Victorio Herrera, un baqueano local que formaba parte de la comisión paleontológica de la Universidad Nacional de Tucumán. El espécimen fue estudiado y nombrado por el Dr. Osvaldo Reig, quien, rindiendo homenaje a su descubridor y a la localidad, lo consideró inicialmente un terópodo carnosaurio ancestral (el grupo que más tarde incluiría a gigantes como los alosauroideos o los carcarodontosáuridos como el Giganotosaurus).
Nuestras tierras no solo eran el hogar de colosos, también fueron el escenario del comienzo de la gran historia evolutiva de los dinosaurios.
Desde aquel hallazgo, se han encontrado varios especímenes en la formación correspondientes a este dinosaurio, incluyendo esqueletos articulados, cráneos completos e individuos juveniles. Y sigue siendo a la fecha uno de los dinosaurios más primitivos de los que se tiene registro; era un carnívoro bípedo de estructura grácil, cola larga y cráneo alargado, con una longitud estimada de entre 3 y 6 metros y un peso aproximado de 200 a 350 kg, es decir, de un tamaño considerable si consideramos que se trata de una de las formas más tempranas del grupo.

La principal controversia radica en su posición en el árbol evolutivo de los dinosaurios. Aunque presenta características representativas (sinapomorfías) claras de Dinosauria, conserva rasgos ancestrales (plesiomórficos) comunes a arcosaurios no dinosaurianos. Su pelvis es del tipo saurisquia (con la típica disposición trirradiada, donde el pubis se orienta hacia adelante y abajo y el isquion hacia atrás) pero su acetábulo (la cavidad articular donde se inserta la cabeza del fémur) está solo parcialmente abierto. Además, su ilion se articula con solo dos vértebras sacras (región de la columna que articula con la pelvis), una condición primigenia frente a las tres o más vértebras del sacro de dinosaurios más derivados. Al mismo tiempo posee rasgos avanzados como un pubis largo con una marcada "bota púbica" en el extremo y centros vertebrales con cintura estrechada (en forma de reloj de arena), similares a los de terópodos más avanzados como se encuentra en Allosaurus.
Esta combinación de características hace que no sea tan sencillo clasificarlo entre los grandes grupos de dinosaurios. Se sabe que es un saurisquio, pero su posición pivota entre considerarlo un terópodo ancestral o un saurisquio primitivo divergente previo a la separación entre terópodos y saurópodos. ¿Qué implicancias tiene cada hipótesis?
Si se interpreta como un terópodo verdadero, esto implica que las tres grandes líneas de dinosaurios (terópodos, que son los carnívoros bípedos; sauropodomorfos, los cuello largo; y ornitisquios, formas ornamentadas/acorazadas) ya se habían diversificado antes del Carniano medio (~232 Ma), y que ciertas características "avanzadas" del esqueleto locomotor se adquirieron de manera independiente en distintos linajes, tales como una articulación de tobillo más avanzada o un acetábulo abierto.

Otro exponente clave en el origen de los dinosaurios es un pequeño bípedo hallado en el Valle de la Luna en 1991, durante una expedición conjunta del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de San Juan y el Museo Field de Chicago (liderada por Paul Sereno y Ricardo Martínez). A este pequeño ejemplar prácticamente completo que incluía el cráneo conservado lo bautizaron Eoraptor lunensis, cuyo nombre significa “el primer cazador del Valle de la Luna”. La denominación de "primer cazador" lo tiene bien puesto porque la formación en la que se encontró tiene una datación de 231 a 228 millones de años (Triásico Superior, Carniano), lo que lo ubica entre los dinosaurios más antiguos conocidos.
Eoraptor en un pequeño dinosaurio bípedo de 1,3 metros de longitud y con un peso estimado de 10 kg. Su anatomía muestra rasgos primitivos y un estado evolutivo extremadamente cercano a la condición hipotética ancestral de todos los dinosaurios. A diferencia de los carnívoros más derivados, Eoraptor tiene una mano primitiva de 5 dedos (de los cuales solo los tres primeros tenían garras funcionales que utilizaba para agarrar presas, mientras que los dedos 4 y 5 estaban reducidos). Además, carecía de la articulación móvil en la mandíbula inferior que utilizaban los terópodos para tragar presas de gran tamaño.
A este pequeño ejemplar prácticamente completo que incluía el cráneo conservado lo bautizaron Eoraptor lunensis, cuyo nombre significa “el primer cazador del Valle de la Luna”.
Un rasgo muy particular es su dentición: tiene dientes premaxilares superiores recurvados y aserrados (típicos de carnívoros/terópodos) junto con dientes mandibulares en forma de hoja (típicos del ancestro de los saurodópodos/herbívoros basales). Por esta característica se sugiere que poseía una dieta omnívora u oportunista. Por todo esto, la posición de Eoraptor también ha pivotado en la literatura científica entre ser el terópodo más primitivo conocido o bien uno de los sauropodomorfos más basales, situándolo muy cerca de la raíz misma de Saurischia.

Como vengo explicando, estos dinosaurios ancestrales más allá de que se sigue discutiendo su exacta posición en el esquema evolutivo, son considerados dinosaurios hechos y derechos. Pero también es importante para poder entender el paso evolutivo previo, o lo que se denomina dinosauriforme. Y para encontrar a estos “casi dinosaurios” hay que descender un poco más en la secuencia geológica y ver la Formación Los Chañares (La Rioja), cuyas rocas son ligeramente más antiguas que las de Ischigualasto (aprox. 236 a 234 millones de años, en el Triásico Medio-Superior).
El siguiente reptil del que voy a hablar fue parte de un enredo taxonómico durante 50 años. Entre 1964 y 1965, expediciones conjuntas de la Universidad de Harvard, el Museo de La Plata y el paleontólogo argentino José Bonaparte desenterraron en los sedimentos rojizos de Chañares los fósiles de pequeños reptiles de apenas 30 centímetros. En 1971, el paleontólogo estadounidense Alfred Romer describió al primer ejemplar con el nombre de Lagosuchus talampayensis, su nombre significa “cocodrilo conejo de Talampaya” y hace referencia a su pequeño tamaño y aspecto ágil. En ese momento, Romer lo clasificó dentro de los "pseudosuquios", un grupo que está más cercanamente emparentado con los cocodrilos que con los dinosaurios (ya voy a hablar de ellos: nota pendiente).
Poco después, en 1975, Bonaparte reexaminó el material y planteó la hipótesis de que Lagosuchus no era un simple arcosaurio primitivo, sino el nexo anatómico crucial entre los arcosaurios ancestrales y los dinosaurios saurisquios. Sin embargo, en 1994 los paleontólogos Paul Sereno y Andrea Arcucci analizaron el esqueleto holotipo original (L. talampayensis, catalogado como PULR 09). Y consideraron que el fósil estaba demasiado incompleto y su preservación era mala por lo que no podían observarse claramente los caracteres diagnósticos que definen la especie, y lo declararon nomen dubium (nombre dudoso). Para poder clasificar los ejemplares mejor conservados que se encontraban en el Instituto Miguel Lillo de Tucumán, definieron un nuevo género y especie: Marasuchus lilloensis. Marasuchus significa “cocodrilo mara”, lo que es un guiño al nombre original ya que las maras se conocen como liebres patagónicas. Durante 25 años, Marasuchus fue el nombre estandarizado en las publicaciones científicas internacionales.

El debate pareció cerrarse en 2019, cuando los paleontólogos argentinos Federico Agnolín y Martín Ezcurra reexaminaron el holotipo original con técnicas modernas. Su estudio concluyó que el primer esqueleto sí posee rasgos diagnósticos suficientes e indistinguibles de los especímenes asignados a Marasuchus. Al aplicar las reglas de nomenclatura zoológica, restituyeron la validez de Lagosuchus talampayensis por prioridad histórica, aunque en la literatura paleontológica ambos nombres continúan estrechamente vinculados.
Marasuchus (o Lagosuchus) era un animal pequeño el tamaño aproximado de una paloma o una mara pequeña, de postura bípeda, cuello grácil en forma de "S", cola alargada y hábitos carnívoros u omnívoros. Su maxilar tenía dientes aserrados en forma de cuchilla, mientras que los dientes posteriores eran menos curvados y con forma de hoja. Este pequeño reptil también carecía de una articulación intramandibular deslizante que es característica de terópodos para manipular presas grandes. Las vértebras del cuello estaban alargadas y dispuestas para dar curvatura a la columna muy similar a lo que uno ve en las aves hoy en día. En la cadera conservaba solo dos vértebras sacras (frente a las tres o más características de los dinosaurios).

Aunque sus proporciones corporales y la cabeza del fémur reflejan una locomoción bípeda adaptada a la carrera, aún conservaba un acetábulo cerrado (con pared ósea interna sólida), a diferencia de la cavidad abierta perforada propia de los dinosaurios. De ahí a que se lo considere dentro de los Dinosauriforme, es decir, es primo de todos los dinosaurios. Asimismo, mostraba un estado de transición en la cadera, el contacto entre el ilion y el isquion a lo largo del borde del pubis comenzaba a reducirse, prefigurando la cavidad articular abierta que definiría a los dinosaurios posteriores.
Tanto énfasis en la anatomía de la cadera no es un capricho de los paleontólogos, la pelvis es la clave biomecánica de esta revolución evolutiva. El paso de una postura semi-extendida (con las patas a los lados, como las lagartijas) a una postura erguida (con las extremidades ubicadas directamente debajo del cuerpo) cambia la forma de desplazarse. Esta reestructuración les otorgó una velocidad y agilidad superiores para correr, maniobrar y explorar el entorno de manera mucho más eficiente. Y, asimismo, de esta conclusión se desprende que ese estilo de vida tan activo exigía un consumo energético enorme, lo que impulsó un aumento en el ritmo metabólico y probablemente desarrollaron endotermia o “sangre caliente”.
Como vimos, los primeros dinosaurios y sus ancestros eran de pequeño tamaño, pero además eran componentes menores dentro de los ecosistemas de Pangea. Los sedimentos de Chañares e Ischigualasto muestran que la mayoría de los nichos terrestres estaban compuestos por de los pseudosuquios (parientes lejanos de los cocodrilos) y de diversos grupos de sinápsidos (parientes y ancestros de mamíferos).
Mientras los primeros dinosaurios correteaban entre los antiguos helechos, el tope de la cadena alimenticia les pertenecía a sus parientes arcosaurios raisuquidos, que eran como grandes cocodrilos terrestres de postura erguida y cráneos robustos, y a cazadores semiacuáticos como caimanes ágiles de metro de largo que ya existían para el Triásico. La gran masa de herbívoros sí era más variada, con rincosaurios, que son arcosaurios rechonchos con picos de loro que usaban para excavar y buscar raíces; los aetosaurios, pseudosuquios acorazados de 3 a 6 metros con placas óseas y espinas con hocicos similares al de un chancho; y dentro de los parientes de los mamíferos, dicinodontes que eran del tamaño de rinocerontes ramoneadores con su pico desdentado y con solo dos colmillos, que convivían con cinodontes de tamaños similares a jabalíes, que poseían molares para masticar la vegetación.

Pero si eran apenas los actores de reparto de las faunas terrestres, ¿cómo lograron el dominio global? Para lograrlo, los dinosaurios necesitaron un cambio de escenografía a escala planetaria.
La primera sacudida ambiental fue el conocido como Episodio Pluvial del Carniano (CPE), entre los 234 a 232 Ma. En aquella época, el supercontinente Pangea era un gran desierto. El evento interrumpe este régimen de clima árido con un hiato de entre 1 y 2 millones de años de clima cálido y lluvias intensas. Este nuevo clima transforma el paisaje y desencadena una diversificación florística en la que proliferan las plantas higrófilas (amantes de la humedad), como coníferas, helechos y bennetitales. La reestructuración floral desestabiliza a los herbívoros especialistas: grupos antes prospero como los rincosaurios y dicinodontes vieron reducida su versatilidad dietética y comenzaron a perder terreno. En contraste, los herbívoros mas generalistas se vieron beneficiados, los ancestros de los saurópodos experimentaron su primera gran diversificación. Si bien esto no los convirtió en las formas dominantes de las faunas, funcionó como primer catalizador de su evolución y les permitió ganar terreno mientras sus principales competidores perdían versatilidad.

El siguiente evento termina de consolidar la posición de los dinosaurios. Hace 201 millones de años, a fines del Triásico ocurre una extinción masiva. Extensivas erupciones volcánicas de lo que se denomina la Provincia Magmática del Atlántico Central, que es el evento geológico que inicia la separación del supercontinente Pangea y la apertura del Atlántico, produjo cambios climáticos y ambientales a escala global. La flora se vio significativamente afectada por los cambios ambientales, lo que hizo que las comunidades florares pasaran por una reestructuración ecológica mayor. El cambio de tipo de flora provoca que las grandes faunas terrestres que dependían de ella se vieran profundamente golpeadas, como los pseudosuquios y los sinápsidos de gran tamaño que no pudieron sobrevivir a la crisis y se extinguieron.
Si eran apenas los actores de reparto de las faunas terrestres, ¿cómo lograron el dominio global? Para lograrlo, los dinosaurios necesitaron un cambio de escenografía a escala planetaria.
Fue una oportunidad evolutiva definitiva. Al ser animales generalistas y con mayor plasticidad, los dinosaurios pudieron pasar el filtro de la extinción. Con los grandes nichos ecológicos terrestres vacantes, pasaron por una explosiva radiación adaptativa, diversificando y ocupando rápidamente todos los hábitats disponibles, convirtiéndose en las formas dominantes por el resto del Mesozoico.
Los sedimentos de nuestro país nos muestran todo un imperio de grandes reptiles desde su mismísimo comienzo. Lejos de las grandes e impresionantes titanes que dominarían la Patagonia por millones de años, sus ancestros eran criaturas modestas que podrían haber pasado sin pena ni gloria si no fuera porque la Tierra les dio ese empujoncito de gracia que necesitaban para convertirse en amos y señores. El Triásico nos enseña que a veces no hace falta ser el más grande de todos para dejar la huella más profunda en la historia de la vida
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