Un idioma sin pueblo: El extraño mundo del esperanto
Desde hace más de un siglo existe la Asociación Buenos Aires de Esperanto, una entidad dedicada a enseñar una lengua sin pueblo ni Estado.
Desde hace más de un siglo existe la Asociación Buenos Aires de Esperanto, una entidad dedicada a enseñar una lengua sin pueblo ni Estado.
En la puerta de un antiguo PH de Paraguay 2357 flamea una bandera verde con una estrella blanca. No es la bandera de ningún país, es la bandera de un idioma, de un movimiento. Bienvenidos al esperanto, la lengua diseñada para comunicar a toda la humanidad.
Me recibe uno de sus hablantes y atravesamos el largo pasillo que va desde la puerta de la calle hasta la puerta de la Asociación Buenos Aires de Esperanto. En todo ese trayecto me da una bienvenida en su lengua, luego me traduce al castellano y me invita a pasar. En la habitación central se encuentra Silvia Rottenberg, la presidenta de la asociación. “En el año ochenta tuve un poco de tiempo libre después del fracaso con el inglés y el francés”, explica Silvia, que desde casi cincuenta años estudia y enseña el idioma, y en la actualidad se encarga de seguir difundiéndolo. Es una de sus principales impulsoras.
Bienvenidos al esperanto, la lengua diseñada para comunicar a toda la humanidad.
Entre bibliotecas y estantes llenos de libros, banderines y fotos colgadas de su fundador, Lázaro Zamenhoff, me encuentro rodeado del núcleo duro de la asociación, algunos de sus hablantes no llegan a los treinta años de edad. La entrevista se convierte en una conversación, de momentos su entusiasmo es tal que mis preguntas parecen disparadores para que dialoguen entre ellos:
—Escuchame, yo te decía que cuando éramos chicos se daban clases en la década del sesenta en lo que es el Normal 1. Después, cuando fuimos, cuando yo era más adolescente, más grande, daban clases en el... ¿cómo se llama la que está al lado del Colón?
—El Ilse o el Pellegrini. No, no.
— El que está al lado del Colón. La escuela Roca. Ahí también seguimos, ahí como que me especialicé. Después ya no hubo más clases en lugares público.
—Considero que es una ventaja el hecho de que sea libre, de que no se imponga el idioma, porque se genera también resentimiento cuando uno se obliga, le obligan a estudiar un idioma que no quiere.
—Yo creo que sí, no es que me obligaran. Porque nosotros nos divertimos muchísimo, éramos chicos y nos divertíamos muchísimo.
Una de las personas que conversan es Elena Morteo que lo estudia desde los años sesenta, la hablante del esperanto con más años en el mundo. Su madre la mandó, junto a sus hermanas, a aprenderlo de chicas, no solo por la lengua en sí sino por lo que se generaba alrededor, la comunidad, lo social, la hermandad entre los hablantes, como si se ingresara a una especie de sociedad secreta, un club exclusivo internacional.
En la charla se ceban y nacen ideas, se abren mil pestañas diferentes, todas interesantes: hablar con tal colegio, con tal institución. Yo propongo el laboratorio de idiomas de la UBA, donde comento que, si se enseña lenguaje de señas y otros idiomas bastante transversales, debería dársele una oportunidad al esperanto. Rápidamente me siento parte, quiero aportar, quiero que el esperanto crezca y sea hablado por todos. Aunque las opiniones varían: “Es una enseñanza libre, voluntaria. Por ahora nuestro foco es más propagar el curso desde la propia asociación, porque es más económico para la gente que quiera hacerlo. Inclusive a veces son gratuitos”, explica Lisandro Chocobar, políglota que además del esperanto habla inglés, alemán, ruso y turco, entre otros.
El entusiasmo de los miembros de la asociación se nota en cada respuesta a mis preguntas. La primera y principal es: ¿Qué es exactamente el esperanto? Se trata de una lengua inventada por el oftalmólogo polaco Lázaro Zamenhoff en 1887. Oriundo de Bialistok, vio como la dificultad de entendimiento entre los diferentes grupos étnicos que habitaban Polonia en esos años (lituanos, alemanes, polacos y rusos) generaba disputas y conflictos. Su idea fue crear una lengua neutral que no perteneciera a ningún país ni cultura, sin hablantes nativos, que permitiese poner a todos en igualdad de condiciones y que fuera sencillo de aprender. Es un idioma lógico y con normas y reglas claras, no hay excepciones gramaticales. Se compone de dieciséis reglas, y comprenderlas es suficiente para comenzar a incorporar vocabulario, y hablarlo y leerlo sin demasiada dificultad.
Aunque no es el idioma de ninguna nación se estima que lo hablan varios millones de personas en todo el mundo, en países tan disímiles como Japón, Sudáfrica y México. Se estima que en Argentina hay unos ocho mil hablantes, y se dictan clases en diversas provincias como Entre Ríos, Rosario y Neuquén. Aunque la asociación es el mejor espacio para aprenderlo y además generar comunidad, hay muchas personas que en la actualidad lo aprenden por internet, incluso con aplicaciones como Duolingo. Los afiches promocionales de la asociación lo presentan como cinco veces más sencillo de aprender que el inglés o el francés y diez veces más fácil que el alemán o el ruso. Lo ostentan como el idioma internacional más hablado del mundo. Además fue reconocido por la Unesco; Google lo sumó a su traductor y Wikipedia tiene casi cuatrocientas mil entradas, convirtiéndolo en la trigésimo séptima lengua con más artículos.
Aunque no es el idioma de ninguna nación se estima que lo hablan varios millones de personas en todo el mundo, en países tan disímiles como Japón, Sudáfrica y México. Se estima que en Argentina hay unos ocho mil hablantes.
Entre las tazas de té y bizcochitos que hay sobre la gran mesa descansan algunos de los títulos más destacables traducidos al esperanto, hay de todo: cómics de Tintín, el Martín Fierro, La metamorfosis de Franz Kafka, la trilogía de El Señor de los Anillos, junto al Nuevo Testamento y el Corán. También me muestran el libro del argentino de Carlos Wappers, titulado La paperoj de Wappers, una antología de reflexiones, aventuras y extravagancias que fue escrito directamente en esperanto, y que se suele usar como una de las lecturas iniciáticas para introducirse en la lengua. “Como son relatos cortos se usa para que los principiantes puedan habituarse”, explica Juan Fertino, secretario de la asociación.

El esperanto no es solo un idioma sin nación, es una comunidad internacional, un movimiento. En 1966 el argentino Rubén Feldman González ideó el Programo Pasaporto, una red para conectar a los esperantistas de diferentes partes del mundo. En 1974 se publicó por primera vez en papel el Pasaporto Servo, una guía organizada geográficamente con los datos de esperantoparlantes de todo el mundo. La idea era que pudiesen contactarse y alojarse entre ellos, crear una verdadera comunidad, adelantada en décadas al proyecto de Couchsurfing. La regla es que no se puede cobrar por el hospedaje y que se tiene que hablar en esperanto. Hay músicos esperantistas que han organizado giras por diversas partes del mundo de esta manera, alojándose en casas, durmiendo en sillones, recorriendo el planeta a la vieja usanza punk. La última edición impresa fue de 2017, en la actualidad el Pasaporto Servo funciona de manera online.
Fertino reflexiona “Yo considero que ya ha evolucionado tanto y ha habido tanta historia por detrás que se ha convertido en un movimiento, por lo menos para la gran mayoría de nosotros. No es simplemente un idioma, sino que hay un objetivo en común entre los miembros”. Admiten que no ha sido difícil que se los confunda con una secta, porque los esperantoparlantes tienen un sentido muy marcado de comunidad: si hablás esperanto sos parte, sos amigo. Este vínculo casi inquebrantable ha hecho que personas de diferentes partes del mundo tengan al menos una cosa en común, un idioma con el que comunicarse y conocerse. Pero nada más lejano a una secta, no hay un líder al que pagarle un diezmo, sino que todo lo contrario, entre todos hacen un esfuerzo para que el idioma y la comunidad siga a flote, se encargan de mantener el PH en condiciones, imprimir los volantes, mantener las redes, organizar congresos internacionales y visitas de esperantistas de diferentes partes del mundo, hacer eventos gratuitos para que la gente se acerque. Aunque me mencionan un hecho intrigante: hay comunidades espiritistas en Brasil que usan el esperanto para comunicarse con sus deidades. El uso de la lengua puede dispararse en cualquier dirección, ya sea para hablar con espíritus, comunicarse con personas de otros países o como lengua neutral para un squat anarkopunk en Europa del Este.
El primer congreso de 1905 definió qué es un esperantista: aquel que habla y conoce el idioma. Zamenhoff quería desligarlo de cualquier finalidad lateral más que el simple uso de la lengua, ya sea un hablante u organización de izquierda o de derecha. La ideología es de las personas, no de la lengua. Por eso es que hay muchos hablantes que se niegan a que sea institucionalizado, por ejemplo utilizado como lengua neutra en las Naciones Unidas, que no se trate de una imposición ni que vaya de arriba hacia abajo, que sea un uso orgánico por el deseo mismo de aprenderlo y usarlo. Sin embargo hubo una intención por parte de la Asociación Buenos Aires de Esperanto de acercar el esperanto a cancillería para que sea enseñado a los embajadores y cónsules.
La Asociación Buenos Aires de Esperanto nació en 1916, originalmente con el nombre de Asociación Argentina de Esperanto, y al mismo tiempo se fundó la revista Argentina Esperantisto. A lo largo de las décadas la sede ha cambiado de ubicación: la actual fue comprada con fondos propios en 1966, pero otros inmuebles han sido donados por integrantes. La sede de la calle Paraguay está conformada por un espacio donde se dan las clases y se tienen las reuniones, y otras habitaciones que ofician de biblioteca y hemeroteca, donde los socios pueden acudir a todo el material. Uno puede encontrar rarezas lúdicas como una versión del Scrabble con los caracteres necesarios para conformar palabras en esperanto, como también discos musicales grabados íntegramente en la lengua.

En 2014 Argentina fue hogar del 99º Congreso Anual de la Asociación Mundial de Esperanto, que tuvo su inicio el 27 de julio y albergó a más de ochocientas personas de una cantidad enorme de países. En ese contexto también se conformó el partido inicial de la selección de fútbol de esperanto con jugadores de Argentina, Brasil, Cuba, Colombia, Nicaragua, Uruguay, Alemania, Congo y Rusia. La idea es continuar con la iniciativa y enfrentarse a equipos que no sean parte de la FIFA, como los miembros del Consejo Sudamericano de Nuevas Federaciones, aunque no puedan entrenar de forma recurrente por los diversos orígenes de los integrantes del plantel.
Uno puede encontrar rarezas lúdicas como una versión del Scrabble con los caracteres necesarios para conformar palabras en esperanto.
Pese a tratarse de un idioma que no es hablado oficialmente por ninguna nación hay algunos pocos casos de hablantes nativos, como el de Judit Polgár, una maestra ajedrecista retirada a la que su padre le enseñó esperanto antes que la lengua de su país, el húngaro. Dentro de la comunidad esperantista es una especie de rockstar, de figura admirada y reconocida. Otro (supuestamente) ha sido el empresario George Soros. Su padre, Tivadar, escribió varios libros en esperanto: Modernaj Robinzonoj (Robinsons modernos), de 1923, retrata su escape de un campo de prisiones ruso; mientras que Maskerado ĉirkaŭ la morto (Mascarada alrededor de la muerte) de 1965, es una novela autobiográfica sobre la ocupación nazi de Budapest. Fue traducida al inglés, francés, español, húngaro, italiano, polaco, checo, ruso, alemán y turco. Además, en 1922 fundó la revista literaria en esperanto Literatura Mondo. Sin embargo, Silvia no le tiene mucho aprecio, al parecer habría entregado a esperantistas durante la ocupación nazi.
Más de un siglo después de su invención, el esperanto sigue hablándose y adaptado a las nuevas tecnologías y necesidades. Lejos de llegar a su cometido final, que sea una lengua hablada por toda la humanidad, continua modestamente ganando terreno entre personas que no quieren ser sometidas por los idiomas dominantes. Aunque ha logrado algo quizás más importante: una comunidad sólida y unida, que extraños de diferentes partes del mundo se conozcan y comprendan. Es decir, un mundo un poco más cercano.
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