Hiperobjetos, de Timothy Morton: Plásticos, capitalismo y el fin del mundo
Morton asegura que el verdadero fin del mundo sucedió en la Revolución Industrial. La política y la ética ecologistas.
Morton asegura que el verdadero fin del mundo sucedió en la Revolución Industrial. La política y la ética ecologistas.
A la hora de leer Hiperobjetos de Timothy Morton, un ensayo sobre la filosofía y ecología después del fin del mundo, hay que estar listos para la aventura de sumergirse en el viaje propuesto, bajo la premisa de que el planeta Tierra y el hombre finalmente se fusionaron para cambiar sus destinos. Al comienzo de la humanidad esto no era así.
El filósofo británico acuñó el término hiperobjeto para explorar lo que se nos viene encima como especie. Para definirse como tal, debe reunir estas características: ser viscoso, porque se pega a cosas con las que no se relaciona; no tener un lugar definido, sino que está en todos lados; y tener también cierta atemporalidad. El clima, un agujero negro o los materiales que están sobre la corteza terrestre son algunos ejemplos; entes que acompañaron la existencia del ser humano desde los comienzos. Siempre estuvieron ahí.
Pero el futuro llegó hace rato, y sabemos que la vida que tenemos cambió por completo nuestro entorno, el aire y los suelos. Es por eso que una bolsa de plástico también es considerada un hiperobjeto, ya que puede llegar a habitar la Tierra durante 500 años, modificando el entorno a su paso. Morton explora estos fenómenos complejos justo cuando el calentamiento global, lejos de ser una teoría, es una realidad que casi se puede palpar. Morton asegura que el verdadero fin del mundo sucedió en 1784, cuando se patentó la máquina de vapor que le dio impulso a la Revolución Industrial. Y sorpresa: el capitalismo también es un hiperobjeto.
Morton asegura que el verdadero fin del mundo sucedió en 1784, cuando se patentó la máquina de vapor que le dio impulso a la Revolución Industrial. Y sorpresa: el capitalismo también es un hiperobjeto.
Timothy Morton, considerado uno de los filósofos vivos más influyentes, publicó el libro en 2013. Recientemente fue editado por Interferencias. Luce una muy bonita tapa característica de esta serie, con una ilustración en relieve que se nota al tacto y a contraluz. Sus 310 páginas pesan lo suficiente como para no olvidar y ser conscientes de que se carga el peso de la teoría que propone el autor en su ensayo. Dos capítulos, fotografías varias, y una decena de preguntas ontológicas sin responder: somos simples humanos tratando de entender lo que nos rodea.

El objetivo de su obra es interpelar al lector para que deje de mirar hacia otro lado. “La estrategia de este libro, entonces, es despertarnos del sueño de que el mundo está a punto de terminar, porque de eso depende la acción sobre la Tierra (real)”, plantea. Sin embargo, aclara en sus primeras páginas que todavía hay esperanza para la política y la ética ecologistas. “La creencia firme de que el mundo está por terminar ‘a menos que actuemos ahora’ es paradójicamente uno de los factores más potentes para inhibir un compromiso real”, reafirma en sus palabras.
Además de dar clases de filosofía en la Universidad de Rice, Texas, Timothy Morton ganó una beca al destacar por sus calificaciones académicas. Es autor de 25 libros y fue traducido a más de 20 idiomas. Algunos de los más renombrados fueron “Ecología Oscura”, “Aeronave”, “Humanidad” y “Todo arte es ecológico”, y en todos ellos apela a un tono que siempre resulta provocador, mezclando de manera afilada y certera tanto las ciencias como el arte para narrar sus teorías.
Los consumos culturales del autor asoman en sus entrelíneas a lo largo de la publicación. Tal vez sean las muletas necesarias para que un texto de estas características ofrezca una lectura fluida. Su teoría se va plasmando entre ejemplos y referencias que navegan la cultura pop, la música, la literatura, el cine, los papers universitarios y la filosofía antigua. Desde Twin Peaks a El Señor de los Anillos, pasando por los Beatles, Slavoj Žižek, Apocalipsis Now, Kafka y Aristóteles, entre muchos otros. Muchos: hay una buena guía de fuentes sobre el final del libro, organizado por capítulos, de manera amable para consulta del lector.
Hay una historia muy linda y particular que une a Morton con Björk, que creo que define la personalidad de su obra. En la era de Internet, la cantante islandesa decidió mandar algunas cartas a quienes habían escrito sus libros favoritos. En ese listado entró Timothy. “Quise escribir esta carta durante mucho tiempo”, apuntó ella en su segunda oración. Y resultó ser que él amaba su música. Como si fuese poca la intimidad, Björk le contó que estaba en búsqueda de una etiqueta para su arte, una definición. Tanto para ella como para poder explicarse hacia los demás, a través de las generaciones.
En nuestro día a día, ¿qué tanto elegimos, si fueron las generaciones previas las que modificaron para siempre el planeta Tierra en el que ahora vivimos?
Ahí mismo nació el germen de algo más grande que sus obras en conjunto, una influencia retroalimentada y compartida a todos, ya que algunos fragmentos de sus cartas fueron expuestos en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 2015.
En uno de los pasajes, Morton asegura que el slogan de su filosofía es: “Pensar nos debería enseñar cómo reír y cómo llorar”.
El Antropoceno nos interpela a la acción, pero en realidad no hay tantas herramientas para escaparle al sistema. Se calcula que, en una semana, un humano ingiere alrededor de 2000 microplásticos, lo que equivale a 5 gramos, o al tamaño de una tarjeta de crédito. En nuestro día a día, ¿qué tanto elegimos, si fueron las generaciones previas las que modificaron para siempre el planeta Tierra en el que ahora vivimos?
“No todos estamos preparados para sentirnos lo suficientemente perturbados”, le dijo Morton a The Guardian en una entrevista de 2017. ¿Vos sí? ¿Y qué vas a hacer al respecto?
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