WIGAR: La red que une mujeres y disidencias en la industria argentina de videojuegos. Cómo esta asociación sin fines de lucro está construyendo espacios, visibilizando talento y transformando el panorama gamer en nuestro país.
Disclaimer: Toda esta nota fue escrita con COSMOS de fondo, una olvidada banda japonesa de los ochenta, formada por tres mujeres tecladistas que en sólo tres discos hacen magia.
Las mujeres juegan. Siempre lo hicieron.
Quizás de formas distintas, ya sea por dinámicas sociales, culturales o hasta exclusivamente económicas. Posiblemente hayan tenido que dejar de jugar mucho antes que el promedio de los hombres: una vez que el juego deja de ser una herramienta puramente didáctica o recreativa en espacios educativos, es normal que la mujer en nuestra sociedad se aleje de lo lúdico para enfocarse en otras tareas. Todo esto, desde ya, proviene de roles y exigencias sociales fácilmente reconocibles. No es el objetivo de este artículo analizar los motivos sociológicos e históricos de esto; hay millones de personas (especialmente mujeres) mucho mejor capacitadas para hacerlo.
Por suerte ésta generalización fue cayendo más y más en las últimas décadas, propulsada primero por la conquista de los videojuegos como forma legítima de ocio y expresión artística, direccionada por la profesionalización de muchos más deportes con variante femenina y reforzada en años más recientes por el boom de los juegos de mesa como espacio de encuentro y entretenimiento abiertos a todo público.
Las mujeres juegan. Siempre lo hicieron. Quizás de formas distintas, ya sea por dinámicas sociales, culturales o hasta exclusivamente económicas.
En este junio especialmente convulso, y aprovechando el trabajo que venimos haciendo desde 421 con la cobertura de videojuegos nacionales, es necesario tener conversaciones con mujeres de nuestra industria, sus espacios y lo que fueron construyendo a lo largo de estos años. Ese es el objetivo de este artículo.
Y no encontré mejor manera para encarar este tópico que teniendo una conversación con algunas representantes de Women In Games Argentina, una asociación civil federal sin fines de lucro que reúne a mujeres y disidencias dentro de la comunidad de videojuegos en todo el territorio nacional. Como siempre, “todo se hará en comunidad y organizado o no se hará” (cita apócrifa).
Mis interlocutoras fueron Valeria “Vale Zumzum” Colombo, diseñadora y programadora de videojuegos y docente con casi 20 años de experiencia y Ayelén “Ayu” García, ilustradora y docente con otros buenos 15 años de camino profesional andado.
WIGAR nació en 2019 como mutación natural de un grupo de WhatsApp de mujeres que se encontraban en la fila de los baños de eventos como la EVA (un verdadero llamado a la acción de quienes venían frecuentando la escena) y dijeron “¿por qué no?”. Al año siguiente, ese mismo grupo de WhatsApp estaba ofreciendo un panel en uno de los eventos más grandes de videojuegos de Buenos Aires. Con el tiempo, llevaron adelante iniciativas de organización de eventos, educativas, laborales, mientras se tejía una red de apoyo y contactos atípica en otras industrias.
“De repente nos empezaron a llamar para ocupar esos espacios que teníamos que ocupar”, me cuenta Valeria con sonrisa nostálgica. Así se decidió ir un paso más y convertir a WIGAR en una organización formal, con estatutos y comisión directiva establecida.
Una de las iniciativas de esta gran cofradía femenina es la organización y creación de espacios como las Game Jams, eventos de desarrollo de juegos de manera express que han servido como el kilómetro cero para un gran número de proyectos y reconocidos profesionales del rubro a nivel mundial. Una de las grandes puertas de entrada para convertirse en desarrollador de Lo Gordo. La próxima es Mujeres de la Independencia Game Jam, desde el 20 de junio al 7 de julio.
Además de servir como motor de propuestas e iniciativas, WIGAR hace su parte de pseudo-sindicato: lleva adelante encuestas y relevos salariales y de calidad de trabajo para brindar una noción a las distintas trabajadoras de juegos, desde programadoras permanentes hasta testers o ilustradoras freelance. En este punto, se hace notorio la pertenencia de grupo y apoyo interno. “Mi actual estudio, Bicho Raro Games, se formó dentro de WIGAR. Muchas personas encontraron a sus equipos y pudieron concretar sus proyectos gracias a la posibilidad de networking que se genera”, señaló Vale.
Además de servir como motor de propuestas e iniciativas, WIGAR hace su parte de pseudo-sindicato: lleva adelante encuestas y relevos salariales y de calidad de trabajo.
“A varias les llega porque forman parte de nuestras propuestas educativas, o de las Jams que organizamos a nivel nacional; para ser parte de la comunidad no hace falta más que llenar el formulario y automáticamente se da acceso a todos los canales de información y de capacitación que tenemos”, complementó Ayu al preguntarles qué tan complicado era ser parte de la organización.
A esta altura de la conversación era indisimulable mi interés y mi entusiasmo por seguir preguntando. En primer lugar, porque me encanta todo lo que tenga que ver con iniciativas que nacen desde la pasión y convierten la manija en un hecho. En segundo y más importante, porque no podía entender cómo nunca había escuchado de WIGAR en todos estos años, lo cual me dejó una duda dando vueltas en la cabeza: ¿Qué barrera existe todavía y que hace que iniciativas como estas no logren penetrar en ciertos ámbitos? Toda esta movida suena demasiado buena y relevante como para haberme enterado a través de un mensaje de Instagram este año. Tarea para el hogar.
“Pasó que personas tuvieron situaciones laborales donde no conocían a WIGAR, las trajeron con nosotras y pudimos acudirlas, asesorarlas y brindarles un espacio de respaldo”, señalan y, de paso, destacan la bella costumbre argentina de convertir todo en una orga para que nadie quede tirado.
Para ir aterrizando un poco la conversación, les pregunté a ambas qué creen que falta actualmente en la industria, ya sea nacional o global. Vale fue la primera en contestarme: “En este momento que está todo muy pesimista, se necesitan narrativas que den un poco de luz al final del camino; y narrativas que tengan personajes reales: si un personaje es mujer, que la escriba una mujer. Lo mismo con personajes trans. Los videojuegos son una forma mucho más fuerte de transmitir una idea o un mensaje a comparación de un libro o una película, ya que uno como jugador tiene agencia sobre esas decisiones. No generar más violencia de la que ya tenemos, y obvio no me refiero a un GTA o un juego de tiros”. Después, Ayu tomó la posta, y dijo que hay que “seguir fomentando espacios para que más gente real pueda crear juegos; lo orgánico se siente cuando hay alguien siendo honesto detrás. Que se cuenten más historias propias, como lo puede hacer alguien escribiendo un cuento. Es muy importante que un niño de acá pueda jugar un juego y que se sienta identificado porque transcurre en su mismo país, con protagonistas que lo entienden. Se construye una mirada diferente del futuro, mucho más cercana”.
Como cierre les pedí que cada una recomiende un juego, sin importar que sea súper conocido o un indie escondido: “Bury Me My Love” fue la elección de Valeria, mientras que “The Stanley Parable” fue la de Ayu. Dos elecciones a las que adhiero completamente.
Ésta fue parte de mi conversación con Women In Games Argentina, una iniciativa que no conocía y que posiblemente refiera de ahora en más. Un nuevo espacio que viene a dejar en claro, de forma contundente, que las mujeres juegan. Siempre lo hicieron. Por suerte, ahora más que nunca.
Si quedaste con ganas de saber qué más hacen desde WIGAR, recomiendo explorar su canal de YouTube, que tiene un montón de capacitaciones, paneles, charlas y contenido sobre jueguitos.
Por último, si tenés algún proyecto propio de videojuego que te gustaría que probemos y reseñemos, no dejes de pitchearlo en nuestro formulario.
*La imagen de portada fue diseñada con IA con base en arte de @azumi.hikari
Project Manager en la industria de juegos de mesa, juez de Magic y organizador de convenciones. Conduce el programa de radio Acá Nadie Trabaja, su Final Fantasy favorito es el 7 y prefiere Digimon antes que Pokémon.
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