Warhammer, The Old World: Batallas en miniatura
Así se vivió un torneo de Warhammer: The Old World en Buenos Aires. Una comunidad que crece.
Así se vivió un torneo de Warhammer: The Old World en Buenos Aires. Una comunidad que crece.
Para ingresar a Torre Dorada hay que saber dónde golpear: la persiana está baja y desde afuera parece que en el local de juegos no hay nadie. Es un domingo de invierno cualquiera, hace frío y el sol, escondido detrás de las nubes, ni siquiera entibia. En otras palabras, un día ideal para jugar wargames. Ramiro, uno de los encargados del local, es quien me abre la puerta. Ya adentro, la cosa cambia: hay varios jugadores y espectadores, y las cuatro mesas ambientadas por estaciones (una otoñal, otra invernal y así) sirven de escenario para las batallas.
Torre Dorada, que queda en Congreso, es una de las tantas sedes de Warhammer: The Old World, un juego de guerra de fantasía medieval. El circuito siempre cambia: se rota de locales y también se abren nuevos espacios. Torre Dorada es un punto fijo, como así también El Imaginario (un club en las galerías de Belgrano), La Última Frontera (LUF), en Munro, Valhal, en Zona Oeste, y el Centro Cultural Adrogué, en Zona Sur (que, dicho sea de paso, tiene una biblioteca hermosa). También está Ludus, en Colegiales, o Hero Factory, en Palermo. Todas los fines de semana hay partidas de The Old World, y el último torneo, en julio, convocó a veinte ejércitos. La comunidad crece.
Esta vez, toca competir en Torre Dorada. El torneo es una prueba del formato Battle March, una versión reducida pensada para partidas de 750 puntos y jornadas más cortas (cuando lo típico es entre 1500 y 2000), con el fin de seguir atrayendo nuevos jugadores. Patrick Glickmann, el organizador, me explica que, justamente por eso, decidieron jugar con ejércitos chicos, en un evento más rápido y con más batallas. En un día, cada competidor tiene que medirse con otros cuatro oponentes.
Todos los meses hay actividades de Warhammer, y el último torneo, en julio, convocó a veinte ejércitos. La comunidad crece.
La variedad de ejércitos sobre las mesas de Torre Dorada refleja bien el universo de The Old World. Hay dos armies del Imperio (el principal reino humano, de estilo renacentista pero con tanques a vapor y otras maravillas steampunk, como si Da Vinci hubiera llevado todas sus ideas locas a cabo en un mundo paralelo), uno de Condes Vampiro (nigromantes malvados, zombis y esqueletos revividos), Guerreros del Caos (antagonista principal en el mundo de Warhammer, hombres potenciados por los dioses malvados que surgen de los abismos), Skaven (hombres-rata que viven en un inframundo de pestilencia), Hombres Bestia (también seres malignos y mutados, que viven en los bosques y cazan humanos), y, por último, un ejército de Enanos (nobles herreros e ingenieros que hacen máquinas de guerra).

Warhammer es un juego de fantasía medieval creado por la editorial británica Games Workshop en 1983. Se conoce en el mundillo de los wargames como Warhammer Fantasy, porque el sistema se basa en la guerra medieval, pero, además de elementos fantásticos, incorpora también el steampunk: magos y dragones, junto a máquinas a vapor primitivas.
En los noventa llegó a la Argentina y tuvo su pequeño boom en el ámbito de los wargames. Sin embargo, con el correr de los años, la franquicia perdió progresivamente adeptos acá y, sobre todo, a nivel mundial. En 2014, debido al descenso de ventas y jugadores, los directivos de Games Workshop debatieron si abandonar su línea de fantasía y concentrarse únicamente en Warhammer 40.000, un juego de estrategia GrimDark, con miles de fanáticos por todo el mundo y que tiene algunos prominentes, como el actor Henry Cavill. Decidieron hacerlo: en 2015, después de tres décadas de existencia, el juego se discontinuó. Era el fin de una era.
Pero Warhammer Fantasy volvió con fuerza en 2024, casi una década después. El renacer se debió al éxito del juego de computadora Total War: Warhammer, que renovó el interés por la franquicia. La empresa Games Workshop cambió de directivos, vio una oportunidad comercial y relanzó el juego fantástico con el título Warhammer: Old World.
Fue en ese momento que volvieron muchos jugadores, yo incluido. Y también se sumaron nuevos, hasta consolidar una comunidad argentina bastante amplia. De apenas un año y medio de vida, esta comunidad nació de la manera más simple: alguien preguntando si había con quién jugar. Glickmann lo sintetiza bien: "Un grupo chico de gente con este interés en común se encontró por Reddit. Yo hice una pregunta, si alguien practicaba esto en Buenos Aires, porque no veía que hubiera ninguna comunidad formada. Había algunas tiendas que vendían algo, pero, cuando les preguntaba, tampoco conocían una comunidad así". A Glickmann le interesaba encontrarse a jugar: llevaba varios años viviendo en Dinamarca, acababa de llegar a la Argentina, y quería despuntar el hobby. "Ahí encontré a unos chicos y en principio éramos cinco, siete; después fuimos diez, doce, y ahora somos ochenta en el grupo de WhatsApp. En un año creció bastante. El próximo objetivo, me dice, es sumar a los grupos que fueron surgiendo en este último año, pero que son más chicos y están dispersos por el AMBA: "Hay bastante gente a la que le gusta esto, pero que todavía no se conoce demasiado entre sí. Esa es la próxima misión: juntar a la comunidad".
La empresa Games Workshop cambió de directivos, vio una oportunidad comercial y relanzó el juego fantástico con el título Warhammer: Old World.
Lautaro, un jugador de Imperio (y que vino como espectador a Torre Dorada), me cuenta cómo se sumó a ese primer grupo, y desde un lugar bien distinto al del wargaming tradicional: "Entré hace un año y medio por Reddit. De chico me encantaban las miniaturas, nunca había jugado, y a los 38 años se me ocurrió empezar. No vengo de Fantasy como casi toda la gente: siempre jugué rol en la compu y Magic, pero miniaturas y wargames, jamás. Sí me gustaba mucho pintar aviones, barcos y tanques de chico. Volví con la pandemia y unos años después junté mi gusto por la pintura con las miniaturas". El contacto inicial fue tan anónimo como efectivo: "Por Reddit me contacté con Pato Glickmann y muchos otros completamente anónimos, porque ellos habían hecho posteos buscando gente para jugar acá. Había tres o cuatro personas en la misma situación, todos atomizados jugando con gente conocida. Ahí nos juntamos los cuatro y creamos el primer grupo de WhatsApp. Antes de empezar a jugar, me hice imprimir un ejército chiquito en impresora 3D, y ahí arranqué".
Hay diferentes formas de entrar al mundo de Warhammer: The Old World (la mía la cuento acá, así que pasemos). La primera, y creo que más importante, es por el lore del juego: una mitología que, como dije, hace un collage de fantasía medieval (elfos, enanos, orcos, lo de siempre; dejemos de robarle a Tolkien por dos años, viejo), pero con toques de terror gótico (Vampiros, Reyes Funerarios), renacentismo steampunk (Imperio, Enanos del Caos, etc.) y también un fascinante horror cósmico lovecraftiano (los Dioses del Caos llegan desde las profundidades del universo a través de portales ínterdimensionales, y se alimentan de las debilidades humanas). Cada manual de ejército profundiza en la historia de las facciones y, además, hay novelas que narran las guerras entre los Ancestrales y el Caos, o entre elfos y enanos.
Pero los nuevos jugadores también se incorporan por otras dos razones: por la estrategia y por el arte. A muchos les gusta exclusivamente lo competitivo: planificar tácticas, mover unidades, tirar dados y ganar. A otros, a los artistas, lo que los engancha del hobby es, justamente, la parte de hobby: pintar minis (más abajo, en las galerías de fotos, se pueden ver las maravillas que hacen con el pincel).
Patrick Glickmann, el organizador, comparte esta visión multifacética de Warhammer. Para él, el torneo es apenas una de las puertas de entrada, entre la pintura, el lore y las reglas del juego: "El hobby apela a que puedas imaginarte que estás en otro mundo y dejarte llevar por un aspecto visual (que también tiene que ser gran parte de lo que te seduzca), en vez de jugar juegos de mesa comunes como el ajedrez o el backgammon, que tienen un alto nivel estratégico pero no una parte visual tan enriquecida. Hay gente a la que le interesa más pintar que jugar, y ahí la manera en que pintás se puede convertir casi en un arte. Y después está el lore, porque mucha gente que ama la ciencia ficción o la fantasía encuentra acá un universo enorme, armado durante muchos años, que seduce mucho".
Desde luego, si algo quedó claro en las charlas al costado de las mesas es que la elección de ejército rara vez responde a una sola razón. Y, algunas veces, tiene que ver también con una experiencia biográfica, casi trivial. Para Ariel, por ejemplo, que juega con Guerreros del Caos, la historia empezó a sus doce años: "Pasé por un local y vi un Señor de las Transformaciones [Tzeentch, uno de los Grandes Demonios del Caos, una figura humanoide con cabeza y alas de buitre]. No sabía qué era, me lo compré y me enamoré del Caos para siempre". Pero el estilo de juego de este ejército también lo terminó por seducir, tan visceral y despiadado como su origen en los abismos: "Me encanta la forma de jugarlos, que es ir para adelante y pelear cuerpo a cuerpo, que es lo que más me divierte del Rank and File [unidades en cuadros]". La jornada de batallas en Torre Dorada demostró algunos puntos flojos de su army: "Ejércitos con disparo y mucha movilidad son mi punto más débil. Puse un personaje hostigador para que cargue a 360 grados y ni así enganché nada".



Del otro lado del tablero, Rodrigo eligió Skaven por el trasfondo antes que por las reglas. "El lore es muy curioso. Este juego está inspirado en la mitología celta, y los Skaven son un invento propio de la franquicia: los hombres rata no existen, por ejemplo, en El Señor de los Anillos. Creo que representan lo peor del capitalismo, en el fondo. No creen en el pasado ni en el futuro, solo conocen el presente, y por más que los engloben con el Caos, no son parte del Caos: son ellos mismos y nada más", describe. Aunque reconoce que, en cuanto a reglas, la edición actual no les es del todo favorable, le gusta el estilo de juego: "históricamente juegan de un modo bastante único, y es muy divertido para el oponente jugar contra Skaven". Me consta: los enfrenté varias veces y todo su army depende, para bien y para mal, de la suerte en las tiradas de dados. Puede pasar casi cualquier cosa, azar puro.
Lautaro, por su parte, eligió el Imperio por motivos puramente visuales, antes incluso de entender las reglas: "Empecé a intentar conocer cada facción viendo imágenes en Google y consultando la forma de juego en ChatGPT. Hubo algunos modelos que me encantaron a nivel estético: el War Wagon [un carro con mosqueteros francotiradores y otras delicias], el Steam Tank [un tanque a vapor], las tropas imperiales. Fue una cuestión estética la elección, no sabía nada de las mecánicas".
A muchos les gusta exclusivamente lo competitivo: planificar tácticas, mover unidades, tirar dados y ganar. A otros, a los artistas, lo que los engancha del hobby es, justamente, la parte de hobby: pintar minis.
A Seba, otro de los competidores, le atraen los Condes Vampiro por su historia y mecánica de juego: "me gusta eso de revivir muertos todo el tiempo. Es algo eterno. Y es muy rompepelotas, me gusta romperle las bolas al contrincante", cuenta. Es dueño, además, de una tienda de wargames, y se toma en serio la estética de sus tropas: "Como dueño de una tienda y ofreciendo un servicio de pintura, lo mínimo es tener mis minis pintadas. Trato de que generalmente lo que esté en la mesa esté pintado". Seba es, como los llamo, uno de los artistas de Warhammer.







Para Julia, que jugó con Demonios del Caos, la elección fue casi por descarte: "No me gusta mucho la alta fantasía, entonces no me gustan mucho los humanos, elfos, orcos. Tengo un ejército que se ajusta a lo que no es eso, digamos. Además son los malos, y me gusta jugar con los malos". Su presente competitivo como jugadora de Warhammer es inmejorable: viene de ganar la edición anterior y llegó invicta a la última ronda de este torneo: "Vengo ganando las tres partidas, sí… puede ser que el bicampeonato esté cerca", se ríe, aunque prefiere no confiarse ante el cruce que se le viene contra Ariel (que también usa Guerreros del Caos). Sobre la tercera batalla, la que está jugando contra Condes Vampiro justo cuando la entrevisto, hace su análisis: "Viene pareja, él tiene una unidad que pega mucho [una caballería esquelética] y que estoy intentando evitar, y tiene un mago que cargué para intentar matarlo pero no lo logré". Mientras ella me cuenta esto, veo una hoja escrita a mano donde planifica los movimientos de sus tropas y suma los puntos que lleva ganados. Lo que se dice, una profesional.
Gustavo, al igual que Julia, es uno de los jugadores que se sumó a la comunidad por el lore, pero, sobre todo, por el aspecto competitivo. Esta vez, juega con Enanos, y presentó una de las listas de ejército más particulares del torneo: una fuerza aérea íntegra, algo raro para un pueblo, el Enano, al que le gusta pisar firme en el suelo. "Es la fuerza aérea del Gremio de Ingenieros de Zhufbar: diez girocópteros exploradores y un girobombardero antiinfantería [todos ellos helicópteros a vapor]. Me gusta mucho la movilidad, el disparo, así que me hallo bien con los enanos, con los girocópteros sobre todo", explica Gustavo, que además ya se consagró campeón en un torneo anterior, durante mayo, con otro ejército: "Gané un torneo con Elfos Silvanos, que es mi ejército de toda la vida, desde hace catorce años. Pero en Battle March pierde algunas facultades que en 2000 puntos sí puedo aprovechar. Los enanos me ofrecen un poco lo mismo que los silvanos a esa escala: mucho movimiento y solo disparo". Un obsesivo de las reglas y la táctica, Gustavo no deja casi nada al azar.

También hubo espacio para un ejército temático del Imperio: los Desertores de Stirland de Fede, una facción muy narrativa: "Son básicamente una región autónoma anarquista dentro de Stirland, comandada por una cazadora de brujas, Priscilla, que sostiene que el Caos en realidad sale de la avaricia y la codicia de los hombres. Hacen caza de brujas, pero no de cualquiera: buscan terratenientes y los prenden fuego", describe. Es una facción que, al contrario de otras del Imperio, tienen muy poco disparo a larga distancia, casi no tienen pólvora ni magia, pero sí muchos fanáticos religiosos. Fede es uno de los mejores artistas, y suele ganar la competencia de pintura, una de las cosas que también se vienen premiando en los últimos torneos. Él se encarga de remarcar el trabajo detrás de cada miniatura: "El ejército tiene mucho laburo con LEDs, con circuitos para tener fuego en las cosas que están prendidas. Está relindo. Me encanta jugarlo, pintarlo, todo". Para quienes no pudieron verlo en vivo, muchas de las miniaturas de Fede tiene fogatas o antorchas iluminadas con luces artificiales, diminutas. Lleva el hobby a otro nivel.
El ejército tiene mucho laburo con LEDs, con circuitos para tener fuego en las cosas que están prendidas. Está relindo. Me encanta jugarlo, pintarlo, todo.
Con Hombres Bestia (Caos), la jornada de Ramiro tuvo de todo: "Empaté una, perdí la otra por lo justito, y ahora, contra el Imperio, estamos a medio camino. Las Bestias se han portado bastante bien, han hecho mucho daño, maté al general en el primer turno". Justo cuando estoy charlando con él, sobre el final de la tarde, su mesa concentra de pronto la tensión de toda la sala. Su contrincante, el Imperio, dirigido por Juanma, trata de derribar con su cañón de salvas Hellblaster (una ametralladora Gatling capaz de disparar hasta treinta tiros por turno) a un Engendro del Caos, antes de que este arrase con la artillería. Juanma me trasmite el dramatismo del momento: "Si logro cargarme a esa miniatura tengo alguna chance; si no, muero. Acá se termina la batalla y no tengo chance de remontarla", resume antes de la tirada decisiva. Cuando los dados caen a su favor, la reacción no se hace esperar: "Estoy muy contento, esto es un día glorioso, felicísimo para el Imperio. Tengo chances todavía. Es mucho lo que acaba de pasar, es un punto de inflexión. Esto puede cambiar el curso de la historia" (Spoiler: a pesar de esa tirada milagrosa, Juanma perdió contra los Hombres Bestia, y salió último en el torneo).

El crecimiento de la comunidad durante este último año y medio desembocó en una idea que, hasta hace poco tiempo, parecía una locura: participar en el Mundial de Warhammer: The Old World que va a realizarse en Talavera, España, en septiembre. Algo impensado el año pasado, fue tomando forma durante el primer semestre de 2026. "Estuvimos buscando patrocinadores, y fue un poco difícil armar un equipo por las circunstancias logísticas y económicas, así que principalmente va a ir gente de Argentina que vive en Europa, con las excepciones de los que podemos viajar desde acá. Pero ya estamos con ocho jugadores listos para ir", cuenta Glickmann que, como capitán de la selección, lidera esa preparación. "Ahora estamos practicando. Y ya conseguimos un patrocinador para los dados que vamos a usar: van a tener logos argentinos, para que sea más patriota". Dato no menor: la selección argentina de Warhammer es la única que representa a América Latina en el torneo.
Pero no todo se trata del Mundial. Patrick también mira hacia las actividades de octubre en Buenos Aires. El formato reducido de Battle March, confiesa, funcionó muy bien en su prueba en Torre Dorada, así que se puede hacer una edición más amplia, que siga atrayendo nuevos jugadores. También tiene en mente para el futuro una gran batalla de varios ejércitos en simultáneo, además de una campaña de tipo narrativo, en la que héroes y unidades vayan mejorando contienda tras contienda.
Más allá de los planes futuros que Patrick me detalla, el torneo continua en Torre Dorada. Con la cuarta ronda cerrando una jornada de casi siete horas de juego, Julia, de Guerreros del Caos, es la que levanta por segunda vez consecutiva la copa. Entre las mesas ambientadas por estación y las miniaturas pintadas a mano, el torneo de Torre Dorada deja una postal clara: en Warhammer: The Old World, ganar la partida es solo una de las razones por las que la gente vuelve, actividad tras actividad. También está la pintura, la mística del lore, pero, sobre todo, el hecho de juntarse a jugar con amigos.
Y a cada colaborador se le paga por su trabajo. Las dos cosas dependen de los suscriptores.