PlayStation 3 en 2026: una puerta al placer por jugar
PlayStation 3 en 2026: una puerta al placer por jugar
En el bracket casi-30 de los que entramos en la commercial label gamer, hay una queja que es tan común como dolorosa: ya no puedo jugar. La experiencia reiterada de pasarse dos horas instalando un juego y dejarlo a los diez minutos, de estar horas viendo la lista de Steam, de descargar cosas y ni llegar a probarlas. Una especie de existencialismo post-gamer que nos pone en relieve una serie de cuestiones complejas sobre nuestra maduración, sobre el rol del ocio en nuestra vida, sobre nuestras prioridades. Muchos, entendiblemente, ven esta crisis como una ruptura con los hobbies que tenían en el pasado y deciden aceptar el cambio. Otros, en cambio, decidimos salir de la tormenta por arriba. Esta nota es una defensa de los jueguitos como también un argumento a favor de las consolas, de la pi****ría y de los juegos viejos. Pero, antes que nada, esta es una guía para el goce absoluto. Vamos.
La estación de poder
Como gran parte de Argentina, siempre fui partidario de la PlayStation de Sony. La maldita estación de poder es la consola del país por su accesibilidad, su estética inmaculada y sobre todo el aura que tiene usarla, nada se siente igual. Aun así, mi PS3 murió hace años y nunca pensé en reemplazarla. Con mi PC más o menos competitiva y mi Steam bastante cargado en las dulces mieles del Steam en pesos, jamás sentí la necesidad de tener otro espacio para el gaming.
La experiencia reiterada de pasarse dos horas instalando un juego y dejarlo a los diez minutos, de estar horas viendo la lista de Steam, de descargar cosas y ni llegar a probarlas.
Pero con el trabajo, las responsabilidades y proyectos varios cada día jugaba menos. Entendí rápido que ya soy un unc-aso, un viejazo que ya no entra en el loop de consumo gamer contemporáneo, dominado por juegos-como-servicio al estilo Fortnite, los multijugador competitivos o cooperativos para jugar con amigos. Una frustración que me llevó a conectar más con otras artes y otros hobbies. Pero hace un tiempo, gracias a la antigua y noble tradición del trueque, se me fue ofrecida una PS3 Super Slim toda pateada y algo dentro mío no lo dudó ni un segundo: sí, por favor. Volver a tener una máquina así en mis manos, volver a manipular su menú y su interfaz despertó algo en mí. El eje y principio de esta emoción es, sí, la nostalgia. Pero estoy feliz al comprobar que excede la nostalgia: como todo arte respetable, los clásicos no son piezas monolíticas para ver de lejos: son una fuente de energía inagotable que nos sorprende siempre con su actualidad.

Lo primero que hice fue comprar legalmente la mayor cantidad de juegos posibles. Cosas que no hice: buscar guías, como la del video de más abajo, que te ayudan a instalar el Sistema HEN de PS3Xploit, lo que te permite acceder a tiendas como la VIDEOSTORE (disponible para descargar desde la propia consola el catálogo completo de juegos de PS3). Si hubiera hecho eso (siempre todo hipotético), y no me hubiera andado a la primera, habría tenido que probar con la instalación por USB, cosa que podría haber funcionado. Si no andaban las licencias, hubiera estado obligado a bajarlas aparte e instalarlas vía un archivo PKG, que es como los APK de Android para la PS3s. En caso de no funcionar todavía, debería haber bajado Apollo, una aplicación para gestionar datos locales en la PS3 con HEN.
Tal vez ahí sí hubiera podido activar mi consola, requisito para que anduvieran las licencias, y recién ahí hubiera tenido todo desbloqueado. Mi punto hipotético, es que no conocía absolutamente nada de todo esto, pero con la paciencia de quienes amamos las pantallitas, con el indispensable prueba y error de todo manoseo de software y con la invaluable ayuda de extraños de Internet, como siempre, todo es posible. Bah, sería. Si hubiera decidido hacer eso o invitarte a que por favor lo hicieras, también te invitaría, ante cualquier duda, a consultarlo conmigo o con cualquiera de los gordos HEN para que pudieras hacerlo en tu PS3.
Volver a tener un catálogo tan extenso de juegos viejos genera algo extraño. La nostalgia te hace gravitar hacia algunos que ya disfrutaste (primero) y desear los que querías probar y nunca pudiste (después). Pero aparecen rápido nuevas opciones, cosas que nunca te llamaron pero ahora parecen interesantes. ¿Hay un Lego: Señor de los Anillos cuya versión de PS3 tiene cosas que solo podés jugar acá? Ah, mirá vos. ¿Gran Turismo 6 con todos los DLC, toda la trilogía de Ezio en Assassins Creed, los Call of Duty que no probé de esta generacion? Ah, mirá. No puedo creer que esté la version HD del mitiquísimo Shadow of the Colossus. ¿EL MALDITO DEMON SOULS? El HEN, eh, digo, perdón, la compra legal y legítima de estos juegos convierte a esta máquina en una maquinón, y de pronto me ahogo en la abundancia. Tantas opciones me podrían, lo sé, inmovilizar y dejarme eternamente buscando algo para jugar y nunca hacerlo. Decidí que no pasara, porque ya estoy harto. Ahora quiero jugar. Iré uno por uno, probando lo que quiera.

Experimentando el poder
Empiezo con Gran Turismo 6. Exclusivo de PS3, absolutamente ningún juego se siente así. Ninguno, eh. Tengo no menos de diez juegos de carreras en Steam, todos buscando la misma sensación que tuve cuando probé este juego hace años. Vuelvo a sus pistas y confirmo: absolutamente nada se siente así. Pongo música de fondo y juego varias veces las mismas pistas, farmeando guita para comprarme algún auto que me gustó. Lo tuneo de a poco mientras escucho Jungle DNB y me tomo el tiempo de ver cada cosa, de explorar cada parte de la interfaz, de buscar exactamente qué auto quiero. La experiencia es única. Singular. No requiere de nada más que tu deseo de vivirla. No me doy cuenta y son casi la una de la mañana de un martes y mañana laburo temprano… Pero quiero seguir jugando. Apago la consola a regañadientes. Pero al otro día en el trabajo no puedo dejar de pensar en ese Tommykaira ZZ que me quiero comprar. Algo hizo clic.
Tantas opciones me podrían, lo sé, inmovilizar y dejarme eternamente buscando algo para jugar y nunca hacerlo. Decidí que no pasara, porque ya estoy harto. Ahora quiero jugar.
Sigo con Uncharted. Nunca me llamó especialmente la atención, pero sí jugué The Last of Us y me encantó. Así que me dan ganas de probarlo, más siendo un exclusivo de PS3. Juego sus primeras partes y lo dejo medio rápido. Uno puede argumentar que envejeció y tampoco es que me muera por jugarlo. Pero me obligo a seguir y seguir hasta que algo, por fin, hace clic. Quiero saber a dónde va esta historia, el gameplay me empieza a gustar. Sus capítulos son cortos, intensos, no pierde el tiempo ni un segundo pero a la vez me deja disfrutar sus partes más tranquilas. Sin darme cuenta, puedo pasar horas jugándolo. Tengo ganas de hablar con otros de la historia o de los detalles que noto al jugarlo. Me encuentro, en fin, viciando. Decido rápido que voy a jugar la trilogía completa de PS3, para qué mentirme. Pero me doy cuenta que la quiero jugar como quien lee una buena saga de libros, sin apurarme, disfrutando cada capítulo, dedicándole el tiempo que requiera y, cuando lo haga, dándole toda mi atencion. Así se disfruta esto, como un buen vino. Me hace darme cuenta de algo.

Que jugar sea como leer
Es inevitable que el gaming vaya evolucionando hacia las nuevas formas de consumo de productos multimedia. Oponerse a eso es un sinsentido, por su inevitabilidad. Pero tampoco se trata de alejarse cuando algo no nos gusta o comienza a ser ajeno a nosotros. Volver a jugar en consolas-no-tan-retro es uno de esos caminos. Desde que tengo mi PS3, ya organice dos juntadas para probar y jugar cosas con amigos. No cosas de split screen (que también serán jugadas, obvio), sino un plato principal con algún juego que queremos jugar todos, turnándonos el joystick mientras charlamos o hacemos otra cosa. Es mi comunidad de viejazos, que encuentra calor en esta hoguera y que conecta con el hobby de nuevo y en comunidad. Casi como si jugar fuera una responsabilidad, una actividad principal y no solo algo secundario. Darle seriedad a lo que hacemos es parte de que deje de parecernos indistinto.
Desde que tengo mi PS3, ya organice dos juntadas para probar y jugar cosas con amigos.
Este es mi take más unc-aso, más polémico, pero para mí, la clave para el goce: jugar tiene que ser como leer, no como ver un reel. Como esas primeras cien páginas de Los hermanos Karamazov que no parecen ir a ningún lado, que tanto nos tientan a dejarlas de lado, así puede ser el comienzo del Shadow of the Colossus. Darle aire para que nos empape con su mundo y dejar el celular de lado pueden ser la clave para dar lugar a un interés genuino, para que nos haga disfrutar de la obra. Jugar tiene sus propios tiempos. Abandonarlo rápido es la excusa del que “no lee por falta de tiempo”, pero pasa cinco horas diarias en Tik Tok. Acostumbrados a una forma de consumo sobrecargada de estímulos y que se alimenta del hype que nos escupe el algoritmo (y retroalimenta con nuestro entorno), el disfrute de obras que están fuera del loop es un desafío. Detrás de ese sesgo cognitivo hay un goce infinito. Todos esos juegos disponibles tienen historias para emocionarnos, aventuras para estimularnos, desafíos para probarnos. A veces solo hace falta decisión y silencio para entender que un juego, una película o un libro son la pieza que puede cambiarnos la vida.
Los videojuegos están cambiando el mundo, eso es innegable. Como industria hoy es un titán que funciona bajo sus propias reglas. Pero aparte de una industria, son una forma de arte. Y las consolas-no-tan-retro son un camino para experimentar las mejores obras, para vivir tus propios Ciudadano Kane por precios de reventa irrisorios y precios de nuevas que no superan los 150 dólares. Hay un valor inmenso en estas forma de consumo “retro” y en volver a experimentar juegos e historias single player en silencio, con calma, con disfrute. Como un buen libro antes de ir a dormir. O con amigos, turnándose, dándose el tiempo de discutir cada detalle. Para mí, ahí está la clave para volver a jugar, para disfrutar del arte, para gozar de la vida. Y deseo de corazón que para vos también.
