Neon Genesis Evangelion: Mechas y crisis existencial
Neon Genesis Evangelion: Mechas y crisis existencial
Estás yendo al colegio, pero de repente comenzás a oír explosiones, mientras ves un monstruo asomarse detrás de las colinas de Hakone. Antes de que puedas asustarte, llega un auto deportivo, se baja una piba que está tremenda, y te dice que la acompañes. Te lleva a una base militar donde tu papá armó un robot gigante y te dice que sólo vos podés pilotearlo. En otra serie, el protagonista se entusiasmaría. Acá no.
El género del mecha siempre fue un poco una fantasía de poder, la tecnología como extensión del humano que le permitía realizar cosas imposibles. El piloto siempre está listo para pelear, la batalla es justa, y para ganar alcanza con el coraje. Tener un robot es, ante todo, cool. Evangelion arranca un poco distinto: con una crisis de angustia. ¿Cómo tu viejo te va a pedir que manejes un robot? ¿Sabe lo peligroso que es? ¿Te llamó solo por esto después de años sin verte? Esa era la premisa con la que arrancaban el estudio Gainax y el director Hideaki Anno para la serie de 26 episodios en 1995. Pero empecemos desde el principio.
La historia de los mecha
El género “mecha” (pronunciado “meca”) es el género de los robots gigantes con un piloto humano. Esta distinción es válida para diferenciar los Astro Boy, Mega Man o Ghost in the Shell de los Robotech, por ejemplo. Antes de Evangelion, el mecha tenía dos grandes tradiciones, ambas originadas en los setenta. Mazinger Z (1972) inventó lo del piloto dentro del robot, el formato "monstruo de la semana", el héroe que vence y vuelve al garaje y lo reciben sus amigos. Era entretenimiento puro, fábrica de juguetes, optimismo japonés de posguerra.
Evangelion dice que aún sin enemigos, los pilotos libran terribles batallas contra sí mismos.
Como contrapunto, más tarde apareció Gundam (1979), que dotó al género de cierta sofisticación: robots como armas militares, política y facciones que no eran malas o buenas. Esta es la misma tradición de Robotech/Macross, o cosas más modernas como Escaflowne o Nadesico. El punto en común era el tono épico, de acción, del héroe dando un discurso que lo cambia todo e inspirando con su coraje.

Lo que ambas tradiciones tenían en común era el conflicto piloto contra el invasor o piloto contra el sistema. El enemigo era el Emperador de la Oscuridad, Eje, los Zeon, los Zentraedi, los aliens. El robot era el poder que el héroe necesitaba para derrotarlo. Podía haber momentos oscuros, pero al final del día el enemigo era aquel que interrumpía la vida pacífica. Evangelion dice que aún sin enemigos, los pilotos libran terribles batallas contra sí mismos.
Los Eva en cuestión no son máquinas sino entidades biológicas que forman un vínculo psicológico con el piloto. Cuando el Eva recibe golpes, el piloto los siente en carne propia. Cuando el piloto no está en el estado mental correcto para pilotear, el Eva directamente no arranca. Shinji no pilotea la Unidad 01, sino que literalmente le presta su cuerpo y alma. Esto es una subversión consciente de parte del creador de la serie, Hideaki Anno, que se forjó animando secuencias en Macross, Gundam y demás, y conocía todas las reglas del género.
El tono depresivo de Evangelion
El tono de Evangelion no fue casual. Hideaki Anno estaba clínicamente deprimido cuando hizo la serie, y esto no es ni una anécdota simpática ni un detalle menor. Es el motivo de por qué la serie es así. No es una oscuridad “caprichosa”.

Esto permeó directamente en los personajes. Al héroe Shinji Ikari le ofrecen el sueño de cualquiera: pilotear un robot cool, estar rodeado de minitas y tener una mascota icónica. Pero el tipo es terriblemente introspectivo y piensa que pilotear el robot es lo único que lo hace merecer siquiera un lugar en el mundo, porque él no vale nada.
Los secundarios, Misato, Asuka y Rei, tienen casi tanta cámara como él, y son arquetipos de personajes similares en otros animé, pero con sus propios traumas específicos. Su capitana y figura materna adoptiva, Misato, tiene una relación complicadísima con su padre muerto; Asuka necesita la validación constante de los demás para poder funcionar; y Rei es directamente una chica que no tiene identidad, más parecida a un sifón de soda que a una persona. Lo que tienen todos en común no es solo que son huérfanos (de ahí derivan muchos de sus traumas), es la terrible soledad que atraviesan. En términos del propio animé, el infierno es la individualidad, la barrera física que nos separa de los demás y la sensación de soledad absoluta que atravesamos en diferentes momentos. La serie llama a este concepto el "campo AT", o "campo de terror absoluto", un limite espacial manipulable capaz de formar una literal barrera que detiene ataques.
En términos del propio animé, el infierno es la individualidad, la barrera física que nos separa de los demás y la sensación de soledad absoluta que atravesamos en diferentes momentos.
Y, un poco el Proyecto de Instrumentalización de la Humanidad que quieren implementar los “villanos”, es la disolución de ese límite. Dejar de ser personas para transformarnos en una mente colectiva. Ah, sí, ¿creíste que los enemigos eran otros "robots"? Porque también están. Son los Ángeles, las extrañas criaturas biológicas a las que se enfrentan en cada episodio, pero villanos no son. Sería un poco como pensar un tornado o un terremoto: simplemente ocurren, y te toca bancar las consecuencias. El toque que suma a la desesperanza de la serie es que inevitablemente vienen, nadie sabe por qué, y lo mejor que pueden hacer "los buenos" es estar preparados (un poco como Godzilla).

Con todo esto dicho, es importante destacar que Evangelion no es amarga. Especialmente con la llegada de Asuka en el episodio 8, la serie encuentra su ritmo. Hay acción, combates y un fino balance entre ciencia ficción, pajereadas de adolescente (no olvidar que los protagonistas tienen 15 años) y momentos genuinamente oscuros y escalofriantes. El poder real de la serie está en esos contrastes, en cómo lo convencional del género se contrapone con una oscuridad que, por contraste, es mucho más demoledora que otras obras introspectivas.
Lo interesante es que planteando que en el mundo existe todo este dolor, la conclusión de la serie no es algo oscuro hecho para tirar facha y que los adolescentes dark lo usen en remeras (spoiler: lo usamos igual). Evangelion no es nihilista. Es una obra que toma la desesperanza, la profundiza y después de 26 episodios y la película The End of Evangelion, elige la vida.
Un detalle interesante: si bien la serie termina con este mensaje contundente y esperanzador, lo cierto es que Anno contó en entrevistas que durante toda la creación estuvo “casi al borde del colapso mental”. El arte no lo curó, sino que fue parte de lo que atravesaba, aunque inspiró a muchísimos otaku a mirarse a sí mismos.
El Japón de los noventa
El arte de los noventa en Japón fue terriblemente subversivo en comparación al optimismo naif de los ochenta. Esto no es mérito exclusivo de Evangelion, aunque estuvo en esta camada de obras posmodernas que usaban su respectivo género para decir algo muy diferente de lo que el espectador esperaba.
El advenimiento de este movimiento estuvo ligado a una serie de coincidencias del contexto. Pensando en argentino: no es casualidad que Okupas y Los Simuladores hayan salido relativamente juntas. En el caso de Japón, el detonante fue el fin de la burbuja económica de los ochenta recién en 1991. El archipiélago atravesaba una década de estancamiento que se llamó "los años perdidos". El optimismo se había agotado y el entretenimiento japonés empezó a reflejarlo.
En videojuegos podemos hablar de Final Fantasy VII (1997), un JRPG donde el héroe protagonista tiene un trauma de identidad tan profundo que reescribió su propia historia para no colapsar. El boss final no quiere conquistar al mundo sino que es el nihilismo puro, un hombre que decidió que la vida no tiene valor y quiere que el planeta se convierta en una nave muerta que lo lleve a un mundo mejor. Metal Gear Solid (1998) y Metal Gear Solid 2 (2001), como juegos de espionaje y acción, tienen un protagonista que emula a Bond y al Snake de Russell en Escape From New York, pero ambos van derecho a un arco final con cinemáticas eternas acerca de filosofía, libre albedrío, identidad y control social.

En cuanto al animé, también es la época en que se emitió Berserk. Aunque el manga es de 1989, el anime de 1997 concretamente elige adaptar un arco que es de lo más oscuro que podés ver en una pantalla. La fantasía épica de espadas se convierte en una brutal exploración del trauma, la traición y la pregunta acerca de si tiene sentido luchar cuando el mundo está diseñado para aplastarte.
El género de las Magical Girls, representado principalmente por Sailor Moon, tuvo a Revolutionary Girl Utena (1997). Acá una joven lucha con su espada contra el sistema y el modo en que su colegio opera. ¿Pediste subversión? Acá tenés sexo, traición, manipulación, y una banda de sonido que suena a Deep Purple con arreglos corales.
Todas estas obras usan el mismo recurso: se disfrazan de un género lleno de convenciones para presentar personajes rotos que la audiencia no espera. No le podés vender una obra sobre la depresión y conflicto social a nadie sin que suene bajalínea. Pero lo disfrazas con dos robots y tres pistolas, y tus fans sin querer terminan leyendo a Jung.
30 años después
El 4 de octubre de 2025, Evangelion cumplió 30 años. En Japón hubo reposición de todas las películas, una exposición en el Tokyo City View, merchandising con McDonald's, Sanrio, Transformers. Con los años, Evangelion dejó de ser un animé de autor para convertirse en una franquicia que hace plata. Hasta tuvo una secuela/reimaginación en forma de Rebuild of Evangelion (cuatro películas entre 2007 y 2021), donde volvían a contar la historia con más presupuesto y un cierre diferente, más explícitamente esperanzador.
Lo interesante es que este “remake” era más bien un soft reboot: se podía ver aislada, pero a la vez funcionaba como “secuela” del original. Esto es exactamente lo mismo que está haciendo Final Fantasy VII con su trilogía Remake. El tiempo es un círculo plano o el peso cultural de las franquicias no disminuyó.
Y así, el pasado 23 de febrero de 2026, en el cierre del festival de 30° aniversario en el Yokohama Arena, Hideaki Anno apareció en el escenario y confirmó algo que nadie esperaba: hay una nueva serie de animé en producción.
Evangelion sigue siendo relevante porque el mundo aún no solucionó la crisis existencial que atravesaba hace 30 años.
Esta vez Anno no será el máximo responsable, pero sí ensambló un equipo de sucesores que se forjaron al fuego de sus creaciones. El guionista es Yoko Taro, el creador del juego de acción y RPG NieR: Automata, que justamente usa el género para hablar del valor de existir mientras te muestra el ojete de una androide. La elección es bastante poética: la obra que en 1995 usó el mecha para hablar de depresión y trauma es continuada por un creador que en 2017 usó el lenguaje del videojuego para algo bastante parecido.
La música es de Keiichi Okabe, otro veterano de Nier. Por su parte, la animación será de CloverWorks (Fairy Tail, Darling in the Franxx, Persona 5: The Animation y más) y Studio Khara, el mismo equipo de Rebuild. Todavía no se reveló de qué se va a tratar esta serie, pero ya la elección de equipo da que hablar e inicialmente deja la sensación de que la bestia está en buenas manos.
Evangelion sigue siendo relevante porque el mundo aún no solucionó la crisis existencial que atravesaba hace 30 años. La serie vende muñequitos, modelos, póster, jueguitos, y es un producto de consumo que fascina. Sin embargo, la verdadera potencia se esconde en que todavía resuena. Te mete en el barro, te revuelca, y cuando ya creés que no hay salida te dice que sí la hay. Es lo que todos necesitan oír. Shinji eligió continuar existiendo y, por suerte, la franquicia también.