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Videojuegos argentinos: Buenos Aires Mirror Line, cuando tomarte un bondi te condena

A lo peligroso de esperar el bondi de madrugada, Buenos Aires Mirror Line le agrega el terror de estar atrapado en un loop infinito de viajes bizarros.

Videojuegos argentinos: Buenos Aires Mirror Line, cuando tomarte un bondi te condena

Decime cuánto tiempo pasás viajando en transporte público y te diré quién eres. En promedio, estudiantes y trabajadores que viven en los alrededores de la Ciudad de Buenos Aires, y usan el transporte público como medio principal de traslado pasan al menos dos horas diarias solo viajando. En jornadas de lunes a viernes, estamos hablando de por lo menos diez horas semanales y cuarenta mensuales. Es decir, 20 días al año de solo existir en colectivos, subtes y trenes. 

Usar estos medios significa muchas cosas, genera muchos efectos, vivimos muchas experiencias. Desde la típica hora pico, donde pasamos a ser una masa casi homogénea, intentando habitar más espacio del existente y quedarnos absortos en nuestros auriculares y lecturas, hasta las madrugadas con menos pasajeros, miradas dormidas, manos curiosas y bolsillos reforzados. Viajar todos los días en malas condiciones produce malestar, estrés y altera nuestros pensamientos sobre el futuro. Paradójicamente, también posibilita el acceso a la salud, a nuestros medios para subsistir y a la proliferación de ambiciones y sueños. La distancia entre tu hogar y tu destino influye irremediablemente en tu existencia.

Buenos Aires Mirror Line nos encierra en las calles nocturnas y poco iluminadas de un barrio del que solo podemos escapar si tomamos los colectivos “correctos” y “aprendemos a ver”.

De todos los trayectos posibles, el de viajar en bondi de noche es uno de los que más sensaciones me despierta. Hay algo en ese querer regresar que se hace eterno, en el cansancio de un día consumido y en los riesgos que aparecen de noche dentro y fuera del vehículo. Es por toda esa mística que el videojuego Buenos Aires Mirror Line (2026) me resulta fascinante. 

El protagonista se despierta en su casa con un mensaje ambiguo, indicando un objetivo difuso, y hay que tomarse un bondi de madrugada para llegar a destino. Lo hacemos, luego de un trágico intercambio con un muchacho de la calle, y cosas extrañas empiezan a suceder: ruidos anormales, visiones de viajeros gritando sin emitir sonido, y el rojo que se apodera de nuestros ojos. Terminamos en la misma parada donde empezamos y un personaje lyncheano nos da algunas explicaciones de lo que está pasando. Buenos Aires Mirror Line nos encierra en las calles nocturnas y poco iluminadas de un barrio del que solo podemos escapar si tomamos los colectivos “correctos” y “aprendemos a ver”.

La mecánica principal del título apela a nuestra observación: el colectivo, su chófer y sus pasajeros son virtualmente siempre los mismos, pero entre viaje y viaje puede haber una anomalía clara o poco aparente. Por ejemplo, los pasajeros cambiaron de asiento, la música suena distinta o está lleno de sillas de plástico. Si el viaje fue "normal", repetimos la parada en donde arrancamos, pero si hubo alguna "anormalidad", tenemos que cruzarnos de calle y tomar el bondi desde otra parada. Así hasta llegar a X número de viajes, sin equivocarnos, o empezaremos de cero.

En un nivel superficial, Buenos Aires Mirror Line es un juego de intuiciones y de “encontrar la diferencia”. Tenemos que elevar nuestros sentidos de la vista y la escucha para estar más atentos a detalles groseros o finos que deschaven la ilusión. Hay un tiempo límite para hacerlo, ya que los viajes no son eternos y en menos de un minuto llegaremos a nuestra parada originaria de manera automática. Es un elemento que agrega la urgencia justa para que nos apuremos, nos volvamos más finos buscando lo que no sabemos, y no nos durmamos en los laureles.

Se agradece que, tan pronto como detectamos una anomalía latente, podemos pedir parada y volver automáticamente a la calle, sin "perder" más tiempo. También es una buena decisión de diseño el hecho de que, si pifiamos, el chófer nos hará un comentario al subir la próxima vez, dando una pista más o menos clara de a qué elemento no prestamos la suficiente atención. Si bien esto podría arruinar algo del desafío para personas más exigentes, con más de 30 anomalías en total que se reproducen al azar, tenemos una buena cantidad de viajes para experimentar y seguir poniéndonos a prueba.

En otro posible nivel de análisis, esta es una obra sobre cómo percibimos el tiempo y cómo actividades y acciones repetitivas (muchas veces indeseadas) perjudican nuestras percepciones. Además de, bueno, el colectivo como canalizador de terrores nocturnos, claro.

Esta es una obra sobre cómo percibimos el tiempo y cómo actividades y acciones repetitivas (muchas veces indeseadas) perjudican nuestras percepciones.

¿Qué tipo de pasajero sos? ¿Cuándo fue la última vez que te detuviste a ver cada rostro padeciente dentro de un colectivo? ¿Sos de quienes solo se hunden en pantallas? ¿Notaste el color de los asientos o cuántos hay en la línea que te tomás todos los días? Si The VHS Paradise me pareció una obra sobre los espacios sociales que vamos perdiendo y la falta de interacción, este título me resultó lo contrario en varios sentidos. Es una licuadora social inescapable, aunque nos perdamos en nosotros mismos. Me hizo pensar en todos los viajes que tuve de noche cuando volvía de la universidad, muchas veces luchando contra quedarme dormido (y fallando), la necesidad de estar atento a mi alrededor, la cantidad de cosas que pasaban por mi mente por fuera de las calles y seres humanos que estaban ahí en ese momento.

En el juego anterior de Luka “Hizo Algo” Rizzi, Mr. Meat, el cual ya recomendé en nuestra lista de videojuegos de 2025, exploraba un recorte muy puntual de un protagonista atravesando un momento difícil. Lo sobrenatural reinaba de una forma grotesca, sangrienta y absurda, con vistazos de un pasado mejor. En esta nueva creación junto a Rafael Di Carlo, vuelve el absurdo de la mano de lo que siempre está ahí, observándote, y no lo ves, pero hay más matices y misterios. Es lo suficientemente azaroso y gracioso para crear contrastes que me hicieron desconectar un poco (sí, hay chiste mate-carpincho-etc.), y a continuación me traía de vuelta de una trompada con una escena perturbadora excelentemente llevada.

Quizás lo más perturbador de Buenos Aires Mirror Line no sea convertir un vehículo de nuestra cotidianidad en una prisión donde nuestro tiempo se vuelve más insignificante que de costumbre, o crearnos nuevas inquietudes sobre esos viajes nocturnos. Sino que, al fin de cuentas, escapamos del terror de un loop para lidiar con una realidad que es todavía peor. Sin arruinar sorpresas, hay múltiples finales, y de los dos que vi, ninguno es mejor que quedarse atrapado en aquello que inevitablemente nos roba el tiempo valioso de nuestras vida todos los días.

Podés encontrar a Buenos Aires Mirror Line en su página de Steam y seguir a Luka Rizzi y a Rafael Di Carlo en X.

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