Videojuegos argentinos: cartas, hackers y cyberpunk en Into the Grid
Into The Grid fusiona el cyberpunk con los TCG. Explorá clústers, hackeá la Grid y gestioná tu nivel de alarma en un roguelite de cartas asfixiante, estratégico y brutal.
Into The Grid fusiona el cyberpunk con los TCG. Explorá clústers, hackeá la Grid y gestioná tu nivel de alarma en un roguelite de cartas asfixiante, estratégico y brutal.
Jugar juegos de cartas tiene ese “no sé qué”. Desde quedarse maravillado por el arte hasta esa sensación de descubrimiento en la medida que vamos entendiendo efectos, mecánicas generales y cómo crear las combinaciones que más nos convienen. El azar es un elemento intrínseco en el género: a fin de cuentas, nunca sabemos qué cartas nos tocarán en el siguiente turno, y eso es un poco la gracia. Sin embargo, gran parte de ser ducho en estos juegos tiene que ver con volvernos más grandes que la suerte.
Un día, a alguien se le ocurrió mezclar los roguelites con los “deckbuilders” (juegos en los que vas armando mazos de cartas a medida que avanzás). En los roguelites iniciamos “runs” (partidas) con un principio y un final claros, muchos de sus elementos son aleatorizados, y cuando las terminamos victoriosos o derrotados, tenemos que comenzar desde el principio. Pero siempre ganamos algún tipo de recurso o moneda que nos permite comprar mejoras permanentes, como para estar un poco mejor posicionados y no tan a la intemperie para la próxima. Esto le viene como anillo al dedo a los juegos de cartas, ya que en esa aleatoriedad de la partida vamos a tener diferentes mazos y obstáculos en los cuales pensar mejor qué combinaciones posibles tenemos.
Parido por el cyberpunk, Netrunner y sus enseñanzas, en Into The Grid somos un Runner hackeando, justamente, la Grid, una infraestructura digital.
Algunas de mis obras favoritas en el género son Balatro (LocalThunk, 2024) y Slay the Spire (MegaCrit, 2019). Ambos llevan al máximo su propuesta, cada partida es distinta a la anterior, ofrecen prácticamente infinitas posibilidades de “builds” (grosso modo, la composición de tu mazo) y te permiten llegar a ese mágico en el que la experiencia y el conocimiento recolectados nos permiten ver los ceros y unos para romper el juego a nuestro placer.
Cuando experimento un nuevo título de este género, no espero mucho: alguna mínima vuelta de tuerca, un apartado artístico en las cartas que me obligue a apreciarlas durante prolongados segundos y/o un loop jugable que me dé ganas de tirar una partida una y otra vez, independientemente de cómo me haya ido. Afortunadamente, el argentino Into The Grid (2025), creado por Flatline Studios, cumplió con los tres puntos.

Parido por el cyberpunk, Netrunner y sus enseñanzas, en Into The Grid somos un Runner hackeando, justamente, la Grid, una infraestructura digital. La misma está formada por Layers (“pisos”), cada una con Clústers que funcionan como habitaciones. Dentro de los Clústers vamos a encontrar Centinelas, los enemigos cibernéticos a derrotar, Puertas que se abren al cumplir alguna condición y Nodos ("máquinas") que ofrecen diversas recompensas.
Los combates son lo que uno espera: recibimos una mano, cada carta tiene una acción y/o efectos, ya sea atacar, darnos puntos de barrera o alguna mejora extra, y tenemos que gastar un tipo de energía llamado Clock para poder usarlas. En nuestro turno ya sabemos qué va a hacer el enemigo cuando le toque moverse, entonces tenemos que anticiparnos lo mejor posible e ir planteando nuestra mejor estrategia. Como extras interesantes, cada carta nuestra genera cierto valor de Memoria Virtual (VIM), el cual nos permite usar habilidades únicas (Comandos) de vez en cuando, como robar una carta extra o elegir una del mazo para llevarla a nuestra mano, y hay cartas con otros efectos según nuestro VIM total. También, si bien siempre peleamos contra un solo enemigo a la vez, a veces este tiene partes especiales que podemos (o debemos) atacar primero para generar algún efecto beneficioso.
En las primeras runs no noté una variedad de opciones muy diversa frente a los combates. Se resolvían de forma muy convencional y con pocos agregados que le inyectaran un picante al asunto. Por suerte, a medida que fui comprando nuevos mazos de cartas de forma permanente, el abanico se empezó a abrir. Por ejemplo, empecé a crear una build de Fiereza, un efecto que aumenta un poco el porcentaje de daño que mi Runner puede hacer. La mejora al principio es marginal, pero con muchas cartas que den Fiereza sucesivamente, podés hacer destrozos en pocas rondas.
El punto de quiebre de Into The Grid, sin embargo, está en su exploración. En vez de elegir un camino en el mapa, como en Slay the Spire, tenemos que movernos a través de estos Clústers, sin saber exactamente para dónde ir. Podemos dar vueltas varias veces, enfrentándonos a varios enemigos innecesariamente, sin encontrar la habitación que necesitamos para pasar a la otra Layer. Este nivel de exploración ya cambia bastante la ecuación y el feeling general de la experiencia, generando algo más orgánico hasta cierto punto y similar a un juego de mesa. Si bien nos podemos mover todas las veces que queramos dentro de las habitaciones y volver a otras ya exploradas dentro de la misma Layer, hay una mecánica transversal que influye en todo lo que hacemos: el sistema de Rastro y Alarma.

A medida que hacemos ciertas acciones, como pelear contra Centinelas o elegir algunas recompensas, ganamos uno o más puntos de Rastro. Si llegamos a nuestro máximo de Rastro permitido, este contador se reiniciará y nos dará un punto de Alarma. A mayor Alarma, enemigos más jodidos en el camino. Para complicar más el asunto, algunas recompensas requieren un ítem llamado Hashkey, que nos obliga a enfrentar enemigos o tomar otras recompensas poco favorables, y cada Clúster tiene un Vigía, una criatura que nos sumará Rastro extra al hacer X tipo de acción según su tipo, y solo podemos romperla con una herramienta específica. Verbigracia, la peor Vigía que me cruce, te hace ganar dos de Rastro por cada combate contra un Centinela.
El punto de quiebre de Into The Grid está en su exploración. En vez de elegir un camino en el mapa tenemos que movernos a través de estos Clústers, sin saber exactamente para dónde ir.
Es en el interjuego entre este tipo de exploración y el sistema de Rastro y Alarma donde Into The Grid brilla en jugabilidad y conceptualmente. En el género cyberpunk, ya no tan lejos de nuestra era, las corporaciones son dueñas de cada aspecto de nuestra vida y juezas de cada paso que tomamos. La opresión del sistema capitalista-adjetivo-que-quieras son exacerbadas hasta la máxima potencia por las corpos. Nos queda vivir con la menor tecnología posible, lo más alejados de la civilización, o intentar reventar al sistema de alguna manera. Este último camino, en el género cyberpunk, suele apoyarse en el uso de aquellas tecnologías que combatimos, y la pérdida de nuestra propia humanidad en el proceso.
En Into The Grid, tenemos que ir sumergiéndonos cada vez más en el sistema, agarrando cada ayuda de este Grid para nuestro Runner, un pobre hacker que entrega todo para tener algo de dignidad para él y su familia. No hay una gran historia desarrollada, pero no sé si hace falta. La lucha eterna contra megacorporaciones (una realidad que, en mayor o menor medida, estamos viviendo) es un clásico.

Jugar a Into the Grid es asfixiante. Como debe ser. Con pocos recursos, recuperar vida es un parto y podemos estar un rato largo sin cartas nuevas. Cada paso que damos está sentenciado por un Rastro, una Alarma y el no poder estar nunca tranquilos. En todo buen juego de cartas, todo accionar es una toma de decisiones estimulante, y acá lo es, por dentro y por fuera de nuestro mazo. ¿Qué recompensa elijo de esta máquina? ¿Peleo contra este enemigo bloqueando aquel camino? ¿Qué sacrificamos al jugar?
Jugar a Into the Grid es asfixiante. Como debe ser. Cada paso que damos está sentenciado por un Rastro, una Alarma y el no poder estar nunca tranquilos.
Somos casi insignificantes ante la corpo. En las primeras horas, quizás demasiado: difícilmente llegues a pasar el jefe de la primera Layer sin haber desbloqueado muchas mejoras permanentes, pero ellas llegarán con los fracasos. Fracasos que, por suerte, acá tienen el potencial de ser infinitos.
Podés encontrar a Into The Grid en su página de Steam y seguir a Flatline Studios en X y Bluesky. No está de más avisar que la obra se encuentra en Early Access al momento de escribir estas líneas. Es decir, es completamente funcional y ofrece muchas horas de juego, pero está siendo actualizado y alterado continuamente en distintos aspectos (balance general, dificultad, cantidad de personajes jugables, variedad de enemigos, recompensas, interfaz, etc.). Considero que lo escrito hasta acá da fe de que se deja jugar y ya podés meterte en su mundo virtual.
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