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¿El Truco como teoría de análisis geopolítico? Mentiras, alianzas e incertidumbre global

¿Aburrido de que te expliquen la geopolítica con el ajedrez? Esta nota patea el tablero y demuestra que el sistema internacional se parece mucho más al Truco: un juego de múltiples actores, alianzas cambiantes, información opaca, incertidumbre, y, sobre todo, habilidad para mentir.

¿El Truco como teoría de análisis geopolítico? Mentiras, alianzas e incertidumbre global

Prendés la tele, chequeás el celu. Ahí está, por enésima vez la analogía del ajedrez para contarte y comentarte sobre geopolítica y relaciones internacionales. Los peones, los reyes, el jaque. Todo muy lindo, pero como diría Néstor Pipo Gorosito:

Ajedrez

La realidad es que el ajedrez ni de cerca es una buena representación: información perfecta, número mínimo y limitado de jugadores. Nada que se parezca al Sistema Internacional.

Lo cierto es que hay un juego que, sin ser una analogía perfecta, contiene en sus características muchísimos rasgos del sistema internacional. Me refiero a nuestro estimable Truco.

Los problemas del ajedrez

Hablemos de números. El ajedrez enfrenta a dos jugadores; una configuración que, incluso queriendo pensar en un escenario acotado, regional, es imposible de aceptar porque los actores del Sistema Internacional (lo que coloquialmente llamamos "países", para no complejizar más de la cuenta) no se desarrollan en un “estado de naturaleza”. No existen abstraídos de lo que se denomina estructura.

¿Qué es la estructura? En resumidas cuentas, la estructura responde a la pregunta sobre cuál es el modo en el que se organiza el Sistema (quiénes son las potencias, quiénes ocupan el núcleo), su forma (cómo es la relación de poder con el resto de los países: de qué manera “orbitan” las unidades periféricas) y el tamaño de las unidades (cuán poderosos son esos países). Las interacciones y el aumento del tamaño de su poder define cómo se configura la estructura, establece quién(es) ocupa(n) el núcleo y quiénes están satelizados. El Sistema responde el qué y la estructura el por qué.

La realidad es que el ajedrez ni de cerca es una buena representación: información perfecta, número mínimo y limitado de jugadores. Nada que se parezca al Sistema Internacional.

La Argentina y Brasil, por pensar solo en un ejemplo, no están escindidos de un marco (de mínima) regional. Ya sea por geografía, por historia, por cultura, institucionalidad y por mil cosas más.

El truco supera la limitación del ajedrez. Al igual que el Sistema Internacional, el truco puede disponer de varias configuraciones. Se puede jugar de a tres, de a cuatro, de a seis (y algunos, los que le ponen chuker al mate, juegan de a dos). Esa pluralidad de actores permite y habilita un montón de relaciones que el ajedrez no dispone ni propone.

Opaco, pillo

El ajedrez presenta otra falla. Es un juego de información perfecta: todos los elementos están desplegados sobre el tablero: “Hola, mucho gusto. Soy esto”.

El Sistema Internacional no es así. De hecho, mucho de lo que hacen las unidades, sobre todo, las más débiles, es, a través de los organismos y regímenes internacionales (principios, normas, reglas y procedimientos de toma de decisiones), tratar de reducir ese desconocimiento de lo que sabemos de los otros.

El sistema es un ámbito, una dimensión, donde la incertidumbre es tanto medio como fin. Como pasa en el truco, no tenemos toda la información; y esconder nuestros recursos es tanto un instrumento como un objetivo.

En relaciones internacionales la incertidumbre se encuentra en todos lados. Empezando por la concepción teórica de la Anarquía como ordenadora del Sistema Internacional (ausencia de un gobierno mundial), que nació al calor del Tratado de Westfalia (1648), donde reyes y emperadores le echaron flit al Papa para dar inicio al principio de soberanía y no intervención. Pero, además, y especialmente, la incertidumbre está presente en las percepciones: en cómo un país lee a otro (y sus dificultades para hacerlo).

meme

Ya lo dijo Raymond Aron en “Paz y Guerra entre Naciones”:

“La acción política y militar se desarrolla en un marco de incertidumbre inherente a las relaciones humanas, donde las intenciones del adversario, la reacción de los aliados y las consecuencias de cada decisión no pueden ser previstas con certeza absoluta.”

En el truco se reciben las cartas boca abajo. Uno no conoce las cartas del otro. Lentamente, y si nuestra pareja nos comunica con astucia a través de las señas (ya que no siempre se puede), empezamos a hacernos de información.

Nos encontramos, entonces, con que debemos superar un escenario de opacidad. Los Estados deben encontrar formas resolutivas para hacerse de información y planificar a partir de ella.

Eso nos lleva a identificar que el Truco permite iteraciones bastante similares a la teoría de juegos de las relaciones internacionales de la escuela neorrealista: juegos de suma cero que “permiten” ganancias relativas. Esta teoría entiende el papel de los organismos internacionales como instrumentos de las potencias: son espacios de competencia ordenada para preservar el statu quo.

El Truco favorece estos movimientos, ya sea en envidos no queridos como a través de manos entregadas al rival para atraerlos a una posición de confianza y finalmente vencerlos.

Callado, cantalo

Incluso podemos pensar que cada mano tiene su lectura teórica, como un metajuego. Si bien no siempre hay tres manos, lo cierto es que las partidas más elaboradas son las que acumulan más manos (y puntos). De esta manera, la primera mano tiene mucho de las teorías neorrealistas, tanto de carácter defensivo como ofensivo. Los defensivos consideran que los Estados buscan maximizar seguridad mientras que los ofensivos piensan que lo que se persigue es poder. Porque desconocen las cartas (recursos/intenciones), entienden que los rivales son necesariamente una amenaza y eso los lleva a querer neutralizarlos (para restituir el statu quo), como superarlos (para imponer un statu quo).

La primera mano tiene una primera instancia (si bien no obligatoria): la del canto. Hasta nos permite la clausura del juego: te canto la falta; una disrupción del sistema que favorece a rogue states o jugadores audaces. Los realistas defensivos son más propensos a no cantar ni aceptar el envido para cerrar rápidamente la mano (neutralizan la amenaza). Los ofensivos cantan de inmediato y escalan sin temor (imponen).

La primera mano tiene una primera instancia (si bien no obligatoria): la del canto. Hasta nos permite la clausura del juego: te canto la falta; una disrupción del sistema que favorece a rogue states o jugadores audaces.

Pero las relaciones internacionales no se explican desde un solo lugar, desde una sola escuela. Los liberales también juegan (o los dejan jugar). Al interior de los equipos opera informalmente esta teoría en la que ciertos valores (especialmente, la fortaleza de los organismos internacionales) son ponderados porque trabajan con el objetivo de aumentar la transparencia, proveer información y reducir los costos para coordinar intereses. Y, a diferencia de los realistas (clásicos o nuevos) entienden que el sistema no se circunscribe a un juego de suma cero, porque creen que se puede perder una mano pero luego ganar otra; y así, todos tienen oportunidad de ganar. Desde esta perspectiva, en el Truco, la mano mejor jugada es la que se construye en pareja o de a tres para optimizar los puntos sin que ninguno de los jugadores dentro del equipo gane/pierda más que el otro.

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Los liberales.

Las manos subsiguientes son de definición. Sí, técnicamente se pueden conseguir más puntos con una buena secuencia de envidos (¡Hola, Trump!), pero no es común cerrar las manos de esa forma, como así tampoco ningún Estado busca alterar violentamente el statu quo sabiendo las consecuencias de ello. En otras palabras: dale, animate a cantar la falta con 22…

Señales e Identidad

Las señas, el diálogo y la confianza en la pareja son absolutamente vitales: “vení/voy”, “poné vos/pongo yo”, “hacé/hago primera”. Si bien en las relaciones internacionales no hay estrictamente parejas, tampoco hay orden internacional sin un otro y la necesaria y consecuente relación con éste. Por eso, compartir información y tener gestos hacia una vecindad es fundamental.

Las manos definitorias son las que despliegan las tácticas más depuradas. Por supuesto hablamos en el mejor de los casos, donde cada uno, conociendo las cartas propias y de los compañeros, sabe el rol que debe ejercer. Cuándo delegar, cuándo engañar, cuándo bajar. No siempre es así. Pasa en la vida, pasa en TNT (preguntale a Stalin por junio de 1941 o a Bush hijo la mañana de un 11 de septiembre).

Acá, y aunque suene a una frase del Loco Bielsa, es donde entra a jugar la jerarquía de los recursos utilizados. Las herramientas de los Estados (soft power, bombas, lo que te imagines) encuentran correlato con las cartas del mazo: figuras, cartas de apure, sietes, anchos. El prestigio de las naciones, la diplomacia para hacer gala de la cronopolítica (el uso del Tiempo), la fortaleza económica y, por supuesto, los fierros. Cada carta, bien jugada, permite ganar la mano. Cada carta, si no se hace un uso eficaz de la misma, es un recurso perdido.

Aquí es cuando podemos introducir un concepto que acuñamos con mi colega Martín Pizzi para complementar nociones de la teoría neoliberal de Relaciones Internacionales: El rendimiento.

Así como coloquialmente podemos entenderlo como la cantidad de energía que se obtiene de una máquina en relación a cuánta se invierte en ella, en relaciones internacionales podemos pensar que tanto las personas que viven y conforman la unidad, como los recursos materiales e inmateriales que ésta tiene, son lo que denominamos combustible. El Estado es como un motor a alimentar. Una relación adecuada entre el combustible que se aporta y el tamaño del motor podría darnos la idea, por ejemplo, de una moto que circula eficientemente, como esos países pequeños pero densos, masivos. Y, si lo pensamos al revés, un motor grande pero obsoleto, ineficiente o mal alimentado nos da vuelta la taba: un país que desperdicia su potencial o que tuvo un status que ya no posee (como un destartalado Taunus GT coupé, que lo ves en una ochava de San Telmo con más óxido que Mate de Cars).

Esta comparación nos sirve para ilustrar cómo naciones en contextos que parecen desfavorables (Japón) pueden no sólo ganar densidad sino convertirse en potencias; y, por el contrario, Estados que tienen contextos ampliamente favorables respecto de sus recursos y son poco densos (República Democrática del Congo, por ejemplo, o la Federación Rusa a principios de los noventa). ¿Cómo lo llevamos al Truco? Tener 33 de mano y que el pie se olvide de cantar.

Volvamos a la cuestión del rendimiento. En el Truco nadie juega su carta con información perfecta. Se juega para explotar la incertidumbre del otro y aumentar sus costos a través de esa opacidad, aquello que el otro no sabe.

En el Truco nadie juega su carta con información perfecta. Se juega para explotar la incertidumbre del otro y aumentar sus costos a través de esa opacidad, aquello que el otro no sabe.

Y, además, nuestras certezas están construidas a partir de tradiciones, hábitos y relatos: "Juan no sabe mentir"; "José liga"; " A Fernando le gusta jorobar"; "Luis es conservador"; "Ernesto es ludópata". Esta construcción de identidades es la que va encauzando la partida y permite conocer o intuir los límites de cada jugada: "Juan se va a poner nervioso"; "José es ansioso"; "Fernando va a hablar cinco minutos antes de decir que no tiene nada"; "Luis va a decir ´no, que la remen un poco…´" y "Ernesto va a cantar falta envido todas las manos".

Así, al igual que en el Sistema Internacional, quiénes juegan y cómo juegan son lo que hacen, pero también el mito construido sobre ellos: yankis, chinos, rusos, árabes… Todos cargan con una información acumulada que los acompaña, y que les fue impuesta. No solo es lo que sos, sino lo que dicen que sos.

Truco Gallo/pica-pica

Retomemos la idea del Truco Gallo y pensemos en los Estados Unidos, China y la Federación Rusa. Esta modalidad estipula una partida en la que un jugador hace de gallo (juega solo frente al resto) y puede tener carácter fijo o por turnos. En el pasado (1971-1972), Estados Unidos orientó su política exterior para favorecer un acercamiento a China con la intención de contrarrestar la influencia soviética; ese tándem se reconvirtió con una relación sino/rusa trabajando conjuntamente para socavar el poder estadounidense. De esta manera, los Estados cargan con una identidad fluida producto de los ejercicios de poder. Ayer X fue gallo, mañana mi compañero/a.

Finalmente, dentro de la modalidad de Truco de a seis, tenemos el pica-pica. Una contienda bilateral, ahora sí, inmersa en una pluralidad. Es una competencia dentro de un ámbito mayor que permite, en una misma mano, triplicar la oferta de puntos reproduciendo las mismas características mencionadas anteriormente. Es un partido dentro de otro, un subsistema.

Una peculiaridad es que el pica-pica repite rivales. Es una relación que, por nuestra posición en la mesa (nuestra geografía), se encuentra fija. No podemos elegir a nuestro rival (a nuestros vecinos). Y esa posición permite, naturalmente, más iteraciones que con otros actores.

La analogía no es perfecta. Pero la próxima vez que repitan un análisis usando la analogía del tablero de ajedrez, cantale truco.

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