¿Piernas adormecidas por mirar reels en el baño? Hay alternativas: volvé al Game Boy y al placer de jugar sin notificaciones permanentes. Un camino para soltar el celular, vencer al algoritmo y recuperar tu atención.
Ya se te adormecieron las piernas mientras estabas en el baño de tantos reels que viste y mandaste a ese grupo de amigos en el que no intercambian palabras, solo se comunican a través de memes y videos de cuentas sedientas de tu atención. Pero qué harías si tuvieras la alternativa de encarnar a Kratos y blandir sus espadas del caos para salvar a tu hermano perdido en el God of War: Ghost of Sparta; o si pudieras entrar en la famosísima Cave of Origin para atrapar de una vez por todas a Kyogre en Pokemon Zafiro. Todo esto, sin recibir ni una sola notificación que te interrumpa.
No es ficción, eso sucedía hasta hace pocos años. El nuevo milenio había comenzado, las televisiones aún tenían cajas enormes detrás de ellas, los videoclubs empezaban de a poco su conversión a los DVD y la tecnología de los videojuegos avanzaba a pasos agigantados. Sega había lanzado su futurista y poco exitosa “Dreamcast” en 1998, que ya venía jugando lesionada por las crisis financieras del erizo azulado, y que se vio totalmente opacada por el anuncio en 1999 y futuro lanzamiento a principios de los 2000 de la Playstation 2.
Así comenzaba lo que yo a mis 28 años llamo “La era dorada”. Xbox y PS2 fueron la punta de lanza de las consolas: GTA, Call of Duty, Halo, God of War y muchos títulos más ponían por delante a Microsoft y Sony, con gran ventaja. Pero había también un mundo increíble y mágico, en donde Nintendo todavía era amo y señor desde 1989: el hermoso mundo de las consolas portátiles. Más precisamente, Game Boy.
Una breve historia de las handheld
En 1989 el gigante de Kyoto lanzó al mercado su primera consola portátil, o “Handheld”, bajo el nombre de Game Boy. Ese mismo año Atari y Sega también contribuyeron a este apartado de los videojuegos con sus respectivas consolas, aunque no llegaron a los números ni al shock generacional que provocó Nintendo con su pequeño rectángulo gris. Apoyándose en la exclusividad y reconocimiento de títulos como Super Mario Land 2, Metroid 2: Return of Samus, The Legend of Zelda: Link’s Awakening, Pokémon Rojo y Tetris (pueden interiorizarse más sobre la historia del Tetris en esta increíble nota de Sole Zeta), Nintendo conquistó así los corazones de un público completamente heterogéneo: desde niños a adultos, empresarios y obreros, desde Japón hasta el mundo entero. Los pocos inconvenientes que tenía esta pequeña consola era la falta de luz en su pantalla, la opción única monocromática y la utilización de 4 pilas AA para su funcionamiento.
Game Boy. Foto: Alejandra Morasano.
Como es de costumbre para las mentes maestras que trabajan en Nintendo, las iteraciones de la famosísima Game Boy comenzaron a surgir poco después. “Game Boy Light”, “Game Boy Pocket” (exclusivas y solamente en Japón), hasta que en 1998 el mercado recibió el regalo del color y la reducción de la cantidad de baterías con la poderosa “Game Boy Color”. Muy poquito tiempo después y con un lanzamiento atrasado. llegó la “Gameboy Advance”, cambiando el diseño original en vertical por uno en horizontal. Finalmente en el año 2003, poniéndole un grandioso final a la era Game Boy de Nintendo (en esta casa no hablamos de la Game Boy Micro), conocimos a la espectacular “Game Boy Advance SP”, que es, en mi humilde opinión, la consola portátil definitiva de Nintendo.
En 1989 el gigante de Kyoto lanzó al mercado el Game Boy. (...) Nintendo conquistó así los corazones de un público completamente heterogéneo: desde niños a adultos, empresarios y obreros, desde Japón hasta el mundo entero.
Las siglas SP en el título de esta consola significan “Special Project” y muchos como yo creemos que es realmente un pedazo de hardware muy especial. El diseño de la tapa plegable, pantalla con iluminación frontal, batería recargable, la posibilidad de tenerla en el color que más te guste y, por sobre todas las cosas, una biblioteca de títulos interminable que abarca desde los “Game and Watch”, hasta los últimos cartuchos de su predecesora Advance (gracias a la retrocompatibilidad) y todos los anunciados para esa, entonces, nueva era de Nintendo: Pokemon Rojo Fuego y Verde Hoja, The Legend of Zelda: The Minish Cap, Metroid: Zero Mission, Warioland 4, Castlevania: Aria of Sorrow, Pokemon Esmeralda y Zafiro, Final Fantasy VI y muchísimos otros que aportaron a la leyenda de esta consola.
Esta, tal vez, fue la primera consola portátil de mi generación. Los viajes a casa de la abuela dejaban de ser aburridos, las primeras noches con este maquinón se hacían interminables, y esconderse abajo de las mantas para que tu vieja no viera la luz de la pantalla era la técnica perfecta para disfrutarla. No, a la escuela no la podías llevar, pero llegabas a tu casa y te estaba esperando en la mesita de luz, como todos los días. El olor a cartucho nuevo y las letras de colores apareciendo en la pantalla significaban una aventura que se podía transportar del auto a la pieza, al baño, a la cocina, a la casa de los amigos de tus padres (que por, alguna razón, olía a guiso de lentejas todo el tiempo y tenían un hijo que te caía mal, y tus viejos te obligaban a compartir la consola con él... Perdón, tal vez eso fue muy personal). La Game Boy Advance SP fue la puerta de entrada para muchos a esas experiencias únicas e irrepetibles que ofrecen las portátiles. Si bien para el 2003 su tecnología era un poco atrasada, nunca nadie compró un producto de Nintendo para tener lo último en avances de hardware o software: se compraba porque era único y ninguna otra cosa te iba a proporcionar ese entretenimiento.
Por lo menos, hasta fines del 2004.
En los cuarteles generales de Sony, donde la fiesta de la PlayStation 2 no paraba, Ken Kutaragi, el “padre de la PlayStation”, aceptó el desafío de diseñar una consola portátil que sobrepasara los límites de todo lo conocido hasta entonces. En octubre del 2004 Sony presentó la nueva “PlayStation Portable” y el 12 de diciembre salió al mercado, aunque no llegó a las Américas hasta febrero de 2005. Pantalla LCD de 4,3 pulgadas, batería de juego de 3 a 6 horas, lectora de UMD y Memory Stick, WiFi: una bestia. Esto se sentía realmente como la nueva era de los videojuegos portátiles, una consola que no solamente servía para jugar. Podías ver películas o series, navegar por internet, leer libros o documentos. Si todo eso te parece poco, acordate que estamos hablando de una consola de Sony: esta máquina contaba con títulos increíbles como God of War: Chains of Olympus, Metal Gear Solid: Peace Walker, Patapon, GTA: Vice City Stories, Crisis Core: Final Fantasy VII, Silent Hill Origins y muchísimos más juegos. Su diseño gritaba ¡PlayStation!, y era el combo perfecto de una consola portátil con gráficos cercanos a la PS2 y la posibilidad de usar cualquiera de sus funciones extras. Un verdadero titán.
PlayStation 2. Foto: Alejandra Morasano.
Pero pará, pará, pará: Nintendo no estaba en la penumbra, llorando por una batalla perdida y lamentando haberse quedado atrás. Porque ese mismo año, y en fechas casi gemelas, pudimos ver en las góndolas a la Nintendo DS, sucesora de la Game Boy Advance SP y el nuevo proyecto Handheld de la compañía. Manteniendo el diseño plegable, pero ahora con dos pantallas y, una de ellas, táctil. La primera edición de está portátil es tal vez la más versátil y más exitosa entre sus futuras hermanas. El anuncio del nuevo hardware japonés vino de la mano de una biblioteca gigantescas de juegos completamente nuevos. Pokemon Oro y Plata, Dragon Quest V, GTA Chinatown Wars, New Super Mario Bros, Animal Crossing: Wild Worlds, The Legend of Zelda: Phantom Hourglass y muchísimos nombres más. Manteniendo la tradición de la retrocompatibilidad, Nintendo instaló una lectora de cartuchos de Game Boy en la parte inferior de la consola, y, en la superior, el lector de los cartuchos general. Está máquina era, en ese momento, el futuro de las Handheld de Nintendo, y llegó a ser la segunda consola más vendida de la historia. Las evoluciones a lo largo de los años la mantuvieron en boga hasta luego, incluso, del lanzamiento de la Nintendo Switch, ya que la tienda online de la 3DS siguió en funcionamiento hasta el 2023.
Nintendo y Sony fueron las dos grandes cabezas del gaming durante los dos mil. Ambos conquistaron los corazones de los más intrépidos jugadores de portátiles.
Nintendo y Sony fueron las dos grandes cabezas del gaming durante los dos mil. Ambos conquistaron los corazones de los más intrépidos jugadores de portátiles. Podríamos argumentar que los exclusivos de Sony eran muchísimo mejores que los de Nintendo, o que el estilo y diseño versátil de la DS le ganaba por goleada a la PSP. Sería una lucha de nunca acabar, aunque es cierto que, para el 2018, Sony desistió de las portátiles cediendo el trono a Nintendo. Pero lo importante de esta historia es recordar que en esos tres años en los que las compañías dejaban el corazón a la hora de diseñar sus Handheld, nosotros, los fanáticos, no podíamos realmente hinchar exclusivamente por ninguna: definieron la edad mítica de las consolas. Cada una con su estilo y diseño único nos hizo creer que el entretenimiento y la pasión por los videojuegos podía estar en cualquier rincón de nuestra vida. Simplemente metías un cartucho o un UMD, prendías tu consola de preferencia y, no importaba si estabas en una reposera en Monte Hermoso o volviendo a tu casa de noche después de ir al cine a ver Troya, enfrente tuyo había una aventura y un mundo por descubrir.
Nintendo 2DS XL
¿Para qué si lo puedo emular en el celular?
Corre el año 2026 y nuestra vida está ligada a aparatos de alta complejidad tecnológica que entran en el bolsillo de un pantalón. Siempre recuerdo esa entrevista al querido y legendario Ricardo Iorio (Q.E.P.D), en la cual describe al celular como “la biblioteca de Alejandría multiplicada por trescientos mil, a velocidad lumínica”. Es, efectivamente, el aparato de entretenimiento que más a mano tenemos en el día a día, y su tecnología ya es capaz de correr juegos que ninguna de las consolas anteriormente nombradas podría reproducir. Juegos con gráficos de máxima categoría como Alien: Isolation ahora pueden ser reproducidos desde tu celular. Entonces, ¿para qué quiero una consola portátil de hace 20 años con juegos viejísimos?
Seamos sinceros con nosotros mismos: ¿cuántos de nosotros realmente dimos vuelta un juego en el celular? Los únicos que duran instalados más de dos semanas en nuestra librería son Candy Crush, Clash Royale y Subway Surfer. Son esos juegos de satisfacción inmediata. Yo también intenté sostener la regularidad de juego de un Stardew Valley, pero la más mínima notificación interrumpía mi sesión de cosecha en la granja. Lo mismo me sucedió cada vez que, gracias a un emulador y un rom descargado de una dudosa página web, intenté completar un Pokedex en Pokemon Rojo Fuego. A esta altura del partido, y citando a Juan Ruocco, “hemos perdido la potestad de elegir”.
Por eso les propongo, inspirado en las estrategias para recuperar nuestra atención, que se imaginen un aparato que no tenga notificaciones, ni un millar de aplicaciones, ni constantes estímulos que mendiguen por tus ojos y tus clics. Una máquina que te deje jugar en paz y sin la necesidad de estar pensando en esa otra pantalla que te está esperando para que muevas los engranajes de Internet. Tenemos la bellísima oportunidad de disfrutar de momentos con nuestras mentes limpias de cualquier distracción. Tenemos el privilegio de poder estar horas sentados disfrutando mundos inmersivos e historias legendarias que serán memorables. Hoy, ahora, podemos disfrutar de esas experiencias en la manera en que deben ser experimentadas. Con nuestra total atención.
Lo inmaculado de lo usado
Game Boy. Foto: Alejandra Morasano.
Hace poco decidí incursionar en el concepto “low tech, high life”. Un poco gracias a la nota de Juan Ruocco y otro poco por esa constante sensación de pérdida de la independencia a la hora de prestar atención. Decidí volver a escribir en papel, leer libros físicos y me conseguí una Game Boy Advance SP en excelentes condiciones, con su cargador, manual y caja. Junto con ella, y para no tenerla únicamente como un objeto coleccionable, conseguí el Pokemon Zafiro, uno de los primeros juegos de Game Freak que me di vuelta en algún año perdido de los dos mil. La condición de la consola me hizo entender que no había sido usada mucho tiempo. Tal vez fue un regalo que se guardó y nunca se sacó, un hardware perdido en la parte más alta de un placar, que andá a saber qué otros misterios ocultaba.
Les propongo que se imaginen un aparato que no tenga notificaciones, ni un millar de aplicaciones, ni constantes estímulos que mendiguen por tus ojos y tus clics.
Las primeras sensaciones al usar una consola fueron de emoción y nostalgia, algo raro en un cerebro demasiado toqueteado por los algoritmos. Pero en algún momento la dejé tirada y volvió a transformarse en un objeto de colección, o peor aún, de decoración. Tardé un tiempo en entender que, en realidad, me había frustrado por un obstáculo del juego en el que tenía que “grindear” y subir de nivel mis pokemones para poder enfrentar al último líder de gimnasio. Encarando de nuevo el grindeo, fue entonces que entendí que esa era la experiencia que tanto estaba añorando. Estuve horas descubriendo nuevas habilidades y explorando un mapa gigantesco, escuchando la canción distintiva de cada ciudad, cazando todo tipo de pokemones y completando el pokédex. Todo sin distracción, sin más estímulos que el juego corriendo en la pantalla pequeña del Game Boy. No pretendo reemplazar la utilización del celular ni negar la utilidad de estos aparatos. Pero sí quiero dejar en claro que la belleza del Game Boy solo se puede apreciar luego de limpiar la atención de tanto estímulo algorítmico.
Bajo ningún concepto quiero decir que las opciones de emular estas experiencias en un celular o en una computadora son inviables. Solo reconocer que consiguiendo una consola usada y algún cartucho o hack que nos pueda dar miles de opciones de juegos para disfrutar es una forma de cuidar nuestro bienestar y alejarnos de esas ansiedades ante la inminencia de lo que algún día desaparece fácilmente. Recordar que de a un paso y con una sola cosa en mente podemos volver a disfrutar del arte de lo restrictivo. Sin mencionar que nos puede beneficiar monetariamente hablando. Hay muchas preguntas que nos podemos hacer sobre la dirección que están tomando los videojuegos ¿Es la sofisticación de los sistemas de entretenimiento algo positivo o realmente el foco lo debemos poner en la simpleza de tan solo sentarse y jugar? Yo por mi parte voy a agarrar mi Game Boy Advance, soltar un poco el celular e intentar completar todos los pokedex que pueda.
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