Ryan Gosling, el sigma male definitivo
A través de un meme, el sigma male refleja la búsqueda de sentido en una cultura atomizada. Un retorno al amor y al trabajo.
A través de un meme, el sigma male refleja la búsqueda de sentido en una cultura atomizada. Un retorno al amor y al trabajo.
Voy a hacer algo que no hacía hace un tiempo. Voy a hablar de un meme. En este artículo voy a revisar la breve evolución del concepto de sigma male y qué nos dejó en la ya archinormalizada cultura de internet. Mejor dicho, qué nos revela el estado (no tan) actual de dicha cultura. Aviso a los redactores de 421: no tiene más sentido escribir sobre las “subculturas” de internet. Internet es la cultura.
Volvamos. Primero lo primero. Estados Unidos irradia su cultura a través de internet al resto del planeta como la luz de una supernova en extinción. La vemos brillar con intensidad pese a que lleve muerta algunos años. En el caso de Estados Unidos podemos decir que es una súper boba, cuya estupidez nos llega con un retraso de cinco, diez o quince años. Pero llega. Lo que hoy vamos a analizar se codifica en ese delay. Ese lapso en el que nosotros vemos el brillo de algo que ya no existe. Que encima puede durar millones de años.
Tampoco tiene mucho sentido renegar en exceso sobre la “degradación” que implicó la cultura de Internet, la memificación de la cultura. Es un proceso irreversible. Es parte de la velocidad a la que evoluciona el planeta, el sistema de producción material y los sistemas de producción simbólicos. Como diría McLuhan “es la gramática de la electricidad”. Electricidad e información van de la mano. Son casi, casi, el mismo fenómeno. La única diferencia significativa entre la introducción del telégrafo e internet es la reducción de la latencia en el loop.
Estados Unidos irradia su cultura a través de internet al resto del planeta como la luz de una supernova en extinción. La vemos brillar con intensidad pese a que lleve muerta algunos años.
La aceleración memética, como explicamos acá, responde a un bucle de retroalimentación positiva entre los medios de transmisión de información. Luego esa información moldea la cultura, volviendo a insertarse en el flujo como nueva información que a su vez vuelve a moldear la cultura. And so on, and so on.
El arquetipo del macho sigma (sigma male) apareció como contraposición a dos polos dominantes de la cultura de internet, que, como decíamos antes, es una continuación de la cultura norteamericana por otros medios. Cualquiera que haya visto una película sobre la vida social adolescente en la preparatoria podría encontrar las diferentes versiones de hombres respecto de su éxito en dos áreas fundamentales de la vida adolescente norteamericana: el deporte y las mujeres. El éxito o el fracaso en una u otra determina la pertenencia a una de dos cohortes: alfas (exitosos en ambas) y betas (fracasados en ambas).
Los alfas suelen ser los bellos, deportistas y socialmente exitosos mientras que los betas suelen ser feos, no deportistas y socialmente ineptos. La dialéctica entre alfas y betas se desarrolló en las pantallas desde más o menos los años 70-80 y tuvo su propia evolución construyendo un camino que puede ir desde “La revancha de los nerds” a “Superbad”. Pese a que el género puede ser tildado como menor, es imposible soslayar su influencia y la calidad de algunos de sus productos destacados. Desde el impacto cultural de “The Breakfast Club” a pequeñas joyas como “Dazed and Confused” dirigida por el mismísimo Richard Linklater.
A partir de “La revancha de los nerds” se les permitió a los betas conseguir una nueva posición en este juego dialéctico. La inteligencia aparecía como contraposición de los atributos físicos (belleza y atletismo), dando lugar a que los betas, bajo ciertas circunstancias, también pudieran ganar y, por lo tanto, participar de lo americano. Que, más que nunca, en la era Trump, es sinónimo de ganar. De la revancha de los nerds pasamos a la entronización del magnate de la era de la computación como figura indiscutida del capitalismo cognitivo: Bill Gates, Steve Jobs, Elon Musk, Peter Thiel.
En definitiva, ambos arquetipos se pueden remontar a la antigua dicotomía entre Atenas (la polis del conocimiento) y Esparta (la polis del cuerpo). Lenguaje que se recodificó en la cultura de internet bajo nuevos disfraces. De ahí surgieron los ultraconocidos “Virgin” y “Chad”, cuyo pico podemos remontar a la época de la pandemia y que luego dieron pie a la popularización de Wojak, el Gigachad y el Chud, hoy los últimos personajes en pie de esa ola memética.
Pero la cultura memética tenía un aporte original para operar sobre esa dicotomía preexistente agregando una nueva categoría y, en consecuencia, ampliando el campo de batalla. La aparición del sigma male representa una suerte de tercera posición entre los dos polos. Al calor del lenguaje meta y post irónico de internet el concepto del sigma fue escribiéndose como una apropiación de ciertos arquetipos de personajes de ficción, fundamentalmente cinematográficos, que representaban la tipología perfecta de este nuevo estereotipo.
El primero es Patrick Bateman, que, dejando de lado el pequeño asunto de que era un asesino serial, lo que se rescataba del personaje era su disciplina, el cuidado a la perfección de su imagen, y en particular su actitud de indestructible. El meme de Bateman mirándose en el espejo/pantalla y diciendo “soy ese”, funciona como canalización del ideario de quienes ven a Bateman y dicen “soy ese”. O el otro meme del mismo personaje caminando por el pasillo de la oficina con auriculares puestos sin dar ningún tipo de bola a lo que lo rodea y con una clara actitud de estar locked in. Pero además, el meme del sigma male traía adherido un concepto más, el de grindset.
Dice Urban Dictionary:
"Grindset" (a blend of "grind" and "mindset") refers to a hyper-focused, disciplined approach to life centered around continuous productivity, skill acquisition, and personal or financial growth. Popularized both as genuine self-improvement philosophy and as an internet meme (the "sigma grindset"), it emphasizes long-term goals over short-term comfort.
Y continúa:
The sigma male grindset refers to the superior mindset possessed by the male at the top of the social hierarchy, also known as the sigma. This grindset is often mentioned when the sigma does something that may be considered based and redpilled. Society (runned by betas) views the Sigma as a threat. He is thus often a victim of societal ostracism for his intrinsically based nature. He is the victim of a systematic societal hate crime.
La que pretende ser la definición canónica de Urban Dictionary, creo, sólo puede recuperar el problema de superficie y no puede atrapar las consideraciones meta irónicas del arquetipo. Lo mismo sucede con este artículo de GQ de tono alarmista y determinado por la jerga periodística en torno a las culturas de internet. Para esta lectura el meme del sigma es otro más en la ya explorada cultura de la radicalización online. Reducir el análisis a otros conceptos ya trillados como Incel o manosfera (por dios, lo odio), nos priva de la dimensión simbólica más interesante de todo el asunto.

Los propios sentidos comunes en torno a este análisis encuadran de nuevo la aparición de estos conceptos dentro del ya mentado escenario de crisis múltiples a las que el planeta parece estar sometido: crisis de representación política, crisis climática, crisis geopolítica, crisis de natalidad y un largo etcétera.
En este caso la aparición del sigma sería una respuesta a la “crisis de la masculinidad” (otro concepto infumable). La explicación entonces sería: como existe una “crisis” de modelos de masculinidad, los varones que transitan el mundo online se dedican a buscar modelos en diferentes conceptos simbólicos y memes que circulan en internet. Pero esto puede decirse básicamente de cualquier época de los 70 para acá, en pleno momento de transición de la cultura moderna a la posmoderna. O, como intentamos dilucidar acá, la transición de sociedades de vigilancia a sociedades de control.
La propuesta de superficie del meme sigma trata de adquirir la capacidad de la disciplina. O una rutina que permita elevarse de los problemas de la vida cotidiana y/o común, a la vez que romper con las “jerarquías” sociales previamente impuestas (Alfas y Betas). Con el agregado de que, según la definición canónica, son los betas los que actualmente manejan la sociedad (producto de la revolución informática). La búsqueda de un determinado grindset es, en definitiva, el intento de la cultura de internet de abrazar el problema antropotécnico. Lo significativo es que los “modelos” de esos personajes ya no son personas reales, sino arquetipos de ficción.
Más que una “crisis” de masculinidad, estamos en una era donde no sólo los modelos dejaron de existir y por lo tanto serán suplidos con categorías ficcionales, sino que además no existen ya los lugares donde los hombres (y las mujeres) sean entrenados, habituados, o domesticados de tal o cual forma. Los lugares que lo hacían perdieron relevancia (la escuela, el ejército, el trabajo) o fueron reemplazados por gimnasios, cursos, talleres y cosas por el estilo. Es decir, en gran parte, pequeñas unidades de entrenamiento en lifestyle.
Esta ausencia de proyecto antropotécnico de gran alcance explica de alguna forma la explosión de la autoayuda en los últimos treinta años y de diferentes sistemas disciplinares que suplen esa necesidad de los hombres de crear hábitos y de tener un sistema de navegación social. Más que una crisis es un modelo de fragmentación disciplinar donde la pérdida del marco común deviene en muchos modelos en competencia acorde a necesidades tanto personales como de mercado.
Esta ausencia de proyecto antropotécnico de gran alcance explica de alguna forma la explosión de la autoayuda en los últimos treinta años.
Si entendemos a la cultura de internet como un espacio cuyos núcleos de congregación ya no son lugares físicos o espacios institucionales sino complejos meméticos (memeplex), es totalmente lógico que sus categorías simbólicas estén determinadas por el folklore digital compartido a través de un concepto memético común y que, en definitiva, aparezcan memes con capacidad de operar sobre una realidad que los antecede. En este caso, la atomización antropotécnica. Así como hay varones que buscan un modelo en los libros de Bernardo Stamateas, Gabriel Rolón, el local de Crossfit de la esquina, levantar pesas, andar en skate, hacer cerámica, ir a ver a Boca o escuchar a Luquitas Rodríguez; también hay otros que adoptan sus personalidades a partir de conceptos que circulan a través de internet.
Más que crisis o incluso atomización, a lo que asistimos es a un gran igualador y aplanador de jerarquías de los modelos masculinos. Todos compiten por igual en el mismo mercado de la atención sin importar jerarquías previas (Ejército, Iglesia, Escuela y Familia).
El arquetipo sigma es bastante claro: hombres que parecen tener algún grado de neurodivergencia (en el sentido folk, no en el clínico) o hiperfoco y desinterés en cómo los otros dos arquetipos participan de la vida social amorosa. Es lo que hace unos años sencillamente uno nombraba como alguien "raro". La identificación con el hombre sigma y su peculiar ángulo de ataque está relacionada, en superficie, con la autodisciplina, pero, más en profundidad, con una forma de sacrificio.
Ahora es donde la cosa se pone mucho más interesante. Quizá todavía se estén preguntando por aquella característica constitutiva que define por completo al arquetipo sigma y lamento decepcionarlos. Como algunos ya deben saber a esta altura del partido, no soy partidario de las definiciones esenciales (un fundamento unívoco que da sentido a la cosa) sino que soy de otro grupo. No creo en los rasgos esenciales sino en un conjunto de características que, además, están sujetas a cambiar a medida que cambia el consenso que define a la cosa. Caso Plutón: cuando la definición de lo que es un planeta cambió acorde al consenso científico, el estatus de Plutón como planeta se fue al tacho (todavía me duele).
El canon es también la historia de la modificación del canon. En este sentido, una definición clara del arquetipo sigma al menos en el estado actual de cosas refiere a: a) algún tipo de obsesión que estructura su personalidad (hiperfoco) b) opera bajo la lógica del sacrificio personal, c) esto le otorga un aura de melancolía que lo acompaña de forma permanente.
Para probar esto vamos a ir al punto cero del meme. La historia de origen. Quien, creo yo, supo performar al sigma definitivo a lo largo de su filmografía: Ryan Gosling.
Como el western clásico tuvo a John Wayne y el spaghetti western tuvo a Clint Eastwood, los locos años 2010 tuvieron a Ryan Gosling. Inscripto en la tradición más clásica de la máquina deseante, cada década nos regala un galán, un hombre definitivo, un arquetipo masculino que define lo que es un héroe de las películas. Por definición son tipos hétero (allegedly), caucásicos, mejor si son rubios y de 1,80 m para arriba. All American. El Big Mac humano.
En esa línea histórica podríamos incluir, sin dudas, a Robert Redford, Clint Eastwood, Brad Pitt y Leonardo DiCaprio. De ahí la importancia de “Había una vez en Hollywood” que logra reunir a dos de los titanes de la época. Pienso que le disputan a Gosling el puesto de all american guy Christian Bale (Bateman, Batman y el de Michael Burry). Y, por otro lado, Matthew McConaughey. Que empezó como un tímido galán y se consagró con Interstellar, El lobo de Wall Street, Dallas Buyers Club y, por supuesto, True Detective. Quizá con estos otros dos ya nos alcanza para armar una genealogía.
Podríamos decir que en líneas generales es un raro, y que, en lugar de someterse a las reglas sociales, elige seguir las propias, con el riesgo (y la libertad) que eso implica.
Pero de todos estos que mencionamos, Ryan Gosling es el indiscutido héroe sigma. El sigma male tiene un ángulo de ataque extraño. Podríamos decir que en líneas generales es un raro, y que, en lugar de someterse a las reglas sociales, elige seguir las propias, con el riesgo (y la libertad) que eso implica. La aparición del sigma permite traer a la realidad una ficción creadora. Ya hablamos del poder de la ficción para moldear la realidad acá. El modelo sigma primero existe fuera del “mundo real” para luego introducirse en el mismo. Tiene la potencia de las ideas contagiosas, autoproducidas, hipersticionales.
Uno de los personajes más sigma de todos los tiempos y que no está en ninguna de las listas o notas al respecto pero que, sin embargo, para los sigma reales es el arquetipo indiscutido.
Drive es la película más sigma jamás creada. Ryan Gosling tiene una obsesión con manejar. Es un tipo que maneja, su vida es manejar. Punto. Maneja muy bien. Conoce a una chica con un hijo y con el marido preso. Se enamora. Los cuida. Se vuelve la única figura paterna para ese niño. El dorima de la mina sale de la cárcel. Pone en peligro a todos. Gosling toma un par de decisiones para salvar a la mina y al pibe. Sacrifica su amor. Maneja. Además, a partir de esta película explota Kavinsky (QEPD) con su icónica “Nightcall”, que había salido en 2010 pero que desde acá marcaría época y a un par de generaciones y le daría impulso a la música de sintetizadores que se volvería canónica en los años siguientes. Pienso en artistas como Perturbator, como Carpenter Brut, en el vaporwave o en las miles de millones de canciones “synthwave” que inspiró. Realmente el sonido de una época.
Drive es una película de época, generacional. Establece además el nexo estético entre sigma y synthwave.
Ryan Gosling es motoacróbata en un circo. También está asociado al robo (o sea, es un turro pero blanco). Conoce a una chica, que queda embarazada. Se la juega con todo para darle un futuro a su hijo. Lo matan. Pero algo deja a futuro. Peliculón. Roba bancos en moto con una remera sin mangas de Ride The Lightning. Quince años después su hijo se cruza con el policía que mató a su padre. Tras un incidente de violencia, perdona la vida del policía y recupera la foto de él de bebé con su papá y su mamá. Se va en moto del pueblo. El poli, ahora devenido político, se queda con su familia reventada.
Gosling en estado de gracia total: Motoacróbata, remera de Ride The Lightning, cara tatuada y en plena América blanca y posindustrial, amor interracial con una latina, Eva Mendes, quien terminaría siendo su esposa en la vida real. Acá es el sacrificio por el hijo. La vida por la gorda. Una pequeña sagrada familia rota, tercermundista y marginal. Top.

Full auto. Timidez extrema y antisocial, pánico al contacto físico. Se compra una muñeca inflable. Se enamora. La presenta como su novia. La familia y la “comunidad” (la gente del pueblo y la Iglesia) le siguen el mambo. La solución sigma a un trauma no resuelto: la muñeca inflable como novia, no como objeto sexual. Para anotar cuando hablamos de “extraño ángulo de ataque”. Gracias al apoyo de su familia y la comunidad, Lars va evolucionando en la comprensión de su trauma hasta que eventualmente la muñeca “fallece”, Lars hace el duelo y finalmente logra invitar a salir a la chica de la Iglesia. Es una película de 2007, pero parece de otro siglo directamente. El quiebre de los lazos comunitarios es la clave y explica la decadencia de una parte no menor de Estados Unidos en lo que va del siglo.

Ryan Gosling es neonazi. Pero es judío y está cada vez más obsesionado con la Torá. ¿Es acaso la plenitud del sigma? Termina poniendo una bomba en una sinagoga. Se suicida. Contradicciones irresolubles. Imposibilidad de sintetizar. De nuevo, lógica sacrificial. Es el arquetipo sigma, pero en su costado fallido y errático. En términos de Carl Jung, sería la "sombra", es decir, la versión no integrada de la personalidad. Todos los aspectos que en las otras películas resaltan como cualidades estructurantes, en esta versión son una carga difícil de llevar. Este sí es el sigma de la nota de GQ.

Como en Lars y la chica real, en esta, Ryan Gosling está enamorado de un holograma, aunque como aliciente podemos decir que ese holograma es Ana de Armas, le puede pasar a cualquiera. Imagen de época. sigma as fuck. O sea, digamos, la versión del futuro de la novia de goma. No sólo entrelaza ambas películas sino que crea una conexión temática entre los dos personajes. La escena de él viendo cómo su novia holográfica gigante no es más que una pieza de marketing avanzado, se volverá icónica. Hombres melancólicos enamorados de parejas sintéticas.
He’s Literally Me
A partir de allí, su despertar. Una serie de eventos lo llevan a terminar defendiendo a Rick Deckard (y al niño replicante) con su vida. Muere en la nieve luego de sacrificarse por los demás y, finalmente, alcanzar su estatus de ser humano.
Morir por una causa justa es lo más humano que podemos hacer.
Dice la líder de la resistencia. Pérdida. Pérdida existencial.
De todas las películas que vi de Ryan Gosling, esta me parece la lista más acertada. En el resto de sus películas se pueden encontrar rasgos de ese fenotipo, el cual él mismo encarna, pero en estas películas se define en forma clave. Luego, podríamos empezar a notar un patrón donde los propios directores empiezan a usar a Gosling dentro del marco de este arquetipo, como en el caso de Barbie, donde es un poco caricaturesco y obvio, o en el de Project Hail Mary donde vuelve al cauce sigma original. No hay nadie que haya podido representar el arquetipo mejor que Gosling. Nadie. Si alguien cree que hay alguien mejor, lo leo en los comentarios.
A diferencia de los artículos con tono alarmista centrados en la figura de Patrick Bateman, la lectura del arquetipo sigma a través de los personajes de ficción de Ryan Gosling nos permite ver más en profundidad qué es lo que se esconde detrás de este arquetipo de ficción y de la memificación del mismo: es en definitiva la búsqueda de sentido. Lo que pudimos ver es que fundamentalmente el sigma busca romper con la dicotomía éxito-fracaso y establecer vínculos humanos significativos a largo plazo. No ver a las mujeres como un índice del éxito personal o como satisfacción de un impulso hedonista sino como la posibilidad de llevar al varón al lugar que siempre tuvo en la cultura: el de ser un padre y de encontrar un anclaje al deseo a través del trabajo.
El sigma busca romper con la dicotomía éxito-fracaso y establecer vínculos humanos significativos a largo plazo.
Los fundamentos del arquetipo sigma, entonces, no distan mucho de aquello que manifestara Sigmund Freud en "El malestar en la cultura":
"La convivencia humana tuvo, pues, un fundamento doble: la obligación del trabajo, impuesta por las necesidades exteriores, y el poder del amor".
Resulta significativo que algo que podríamos señalar como "híper" posmoderno (la creación de un arquetipo memético a través de personajes de ficción), no sea más que una forma contemporánea de reactualizar aquello que la modernidad (con todos sus problemas) había logrado establecer como el núcleo de la cultura humana: amar y trabajar. El meme del sigma es, entonces, el retorno por vía posmoderna a conceptos modernos y, por lo tanto, estructurantes, en una época carente de estructura.
He aquí una de las claves de nuestra época o mejor dicho, del advenimiento de la siguiente.
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