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The Amazing Digital Circus: Prisioneros de un mundo digital

Una serie web donde avatares humanos quedan atrapados en un mundo virtual controlado por una IA. El estreno del último episodio en cines.

The Amazing Digital Circus: Prisioneros de un mundo digital
Aviso: En lo que sigue hay algunos spoilers, pero nada concreto sobre el final de la serie.

El primer capítulo de The Amazing Digital Circus está diseñado para que acompañemos a la protagonista en su extrañeza y confusión. De repente somos lanzados a un mundo colorinche y naif, con personajes que parecen salidos de un videojuego para niños. ¿Dónde estamos y qué es lo que estamos viendo? ¿Cuál es la forma adecuada de reaccionar?

La protagonista, Pomni, que tiene el aspecto de un bufón o juglar, no recuerda su nombre y solo tiene una idea vaga de las acciones que precedieron a su aparición en el "circo". Solo sabe que quiere salir, que esta no es su realidad, que ella es un ser humano y no un muñeco ridículo. ¿Es un sueño, una pesadilla o una falla tecnológica? La serie, que consta en total de nueve episodios (el último de los cuales tuvo estreno en salas de cine), nos revelará gradualmente que se trata de las tres cosas a la vez.

De repente somos lanzados a un mundo colorinche y naif, con personajes que parecen salidos de un videojuego para niños. ¿Dónde estamos y qué es lo que estamos viendo?

The Amazing Digital Circus es una serie web para YouTube creada por la artista conocida como Gooseworx (Cooper Smith Goodwin) y producida por el estudio australiano Glitch Productions. El primer episodio salió en octubre de 2023 y el último en junio de 2026. Al igual que le pasa a Pomni, empezar a verla es preguntarse si uno cayó en el lugar correcto. ¿Cuál es el público destinatario? ¿Es apta para todo público? ¿Puede un cuarentón como yo verla solo en casa tomando un vino? ¿Se justifica atravesar los colores estridentes y el tono naif de un buen número de chistes para alcanzar una historia más profunda y potencialmente terrible?

Completemos un poco más el panorama. El circo digital en el que la cuasi-amnésica Pomni se materializa dista de ser caótico. Está estructurado en tres tipos de personajes: los avatares de humanos como ella (Pomni, Jax, Ragatha, Gangle, Kinger y Zooble), cada uno con una personalidad muy diferente; los NPC, que son creaciones puramente digitales y circunstanciales; y Caine, el maestro de ceremonias del circo: una inteligencia artificial generativa cuya forma es tan graciosa como terrorífica, una dentadura con ojos flotando sobre un frac rojo típico de los antiguos domadores de leones. Caine tiene la capacidad de alterar el mundo a su antojo, pero su preocupación principal, al menos en principio, es entretener a los avatares humanos con aventuras diferentes que tienen lugar en mundos que crea fuera del circo.

Hasta acá podríamos pensar que los avatares son simplemente jugadores humanos disfrutando una experiencia inmersiva de realidad virtual, de esas que la ciencia ficción nos viene prometiendo hace tanto… salvo porque, como descubre Pomni en el primer capítulo, no hay salida del circo. Algo pasó que no debería haber pasado y Caine no ofrece ninguna respuesta satisfactoria ante la insistente pregunta de cómo escapar. Frente a esta imposibilidad, cada uno de los avatares adopta una estrategia distinta: la distancia irónica, la desesperación ciclotímica, la locura o la resignación.

The Amazing Digital Circus
Caine, la inteligencia artificial que controla el circo. Gooseworx, estudio Glitch.

Cuando esta resignación alcanza cierto límite, se produce lo que en el mundo del circo se llama una "abstracción". Cuando un avatar se abstrae (lo que implica que cae en alguna forma de depresión que lo cercena emocionalmente de todos los otros humanos participantes), pasa de su forma circense y naif a la de un monstruo negro y salvaje, lleno de ojos, que ataca a sus antiguos compañeros. En primer término, entonces, la experiencia del circo es la de cómo sobrevivir a una vida guionada por una IA sabiendo que no hay escape y evitando la destrucción emocional de la abstracción. ¿Será eso la vida humana en un futuro cercano?

Inspiraciones infernales

Una de las inspiraciones más obvias para The Amazing Digital Circus (de ahora en más TADC) es el clásico cuento de ciencia ficción "I Have no Mouth, and I Must Scream" ("No tengo boca y necesito gritar") de Harlan Ellison. El cuento, increíblemente escrito en 1967, nos relata un mundo post-apocalíptico en que la guerra de las naciones por desarrollar una súper-inteligencia artificial (¿te suena familiar?) termina produciendo una que, oh sorpresa, destruye a la humanidad como Skynet pero sin un John Connor que la detenga. En el mundo del futuro, enteramente controlado por la IA, queda un pequeño grupo de humanos que son torturados sin cesar. El único escape es la muerte, aunque, llegado un punto del cuento, ya ni eso es posible. Los personajes de TADC, como los avatares de un videojuego con vidas infinitas, tampoco pueden suicidarse.

Comparadas con las torturas del cuento de Ellison, las de TADC son bastante más blandas. La serie indaga sobre la psique de los personajes de muchas maneras, y la desesperación, la depresión y finalmente la abstracción ocupan un rol central, pero siempre en un registro emocional y sin tocar puntos extremos (aunque amenaza con hacerlo en varias ocasiones). Pero independientemente del nivel de sadismo o crueldad, la pregunta de fondo es la misma: ¿qué pasa si inventamos un Dios que nos odia?

I Have no Mouth, and I Must Scream

La pregunta es también un clásico de la ciencia ficción y la encontramos en varios lugares. En Matrix, el control lo tiene un "Arquitecto" (otra IA, aunque en ese momento quizás no la llamábamos así: era un "programa") que calcula las expectativas humanas y construye mundos que resulten verosímiles para nuestra emocionalidad. Declara explícitamente frente a Neo, en una de las pocas buenas escenas de Matrix Reloaded (The Matrix Reloaded, 2003), que la primera Matrix fue diseñada como una utopía perfecta (lo que a priori parecería más deseable para que ningún ser humano intente escapar de la Matrix, que es su objetivo final) y que ese paraíso fracasó porque la psique humana no aceptaba la posibilidad de que eso fuera el mundo real.

¿Qué garantiza que una IA maligna no convierta su paraíso en un infierno de sufrimiento infinito y sin escapatoria?

Black Mirror exploró este tema en varios episodios, pero en ninguno tan bien como el magistral "San Junipero" (2016). Aunque mucha gente se quedó con cuestiones secundarias, el verdadero drama del episodio surge del problema de si podemos construir artificialmente nuestro propio cielo, y quién es en última instancia el que tendrá control sobre él. Las protagonistas deciden entregarse a una vida ultraterrena donde pueden experimentar su amor con una libertad que no conocieron en sus vidas, pero el costo que pagan por hacerlo permanece en las sombras. ¿Cómo pueden saber que tendrán la posibilidad de terminar con la experiencia y "morir" si así lo desearan? ¿O qué garantiza que una IA maligna no convierta su paraíso en un infierno de sufrimiento infinito y sin escapatoria?

El personaje de Caine en TADC parece genuinamente preocupado por el bienestar y la felicidad de sus avatares, pero eso no significa que tenga la posibilidad de comprenderlos realmente de forma empática (como no la tiene ningún modelo de lenguaje) ni de hacerse una idea de cómo es ser un humano que tenía un cuerpo físico y ahora es un avatar digital de un conejo violeta o una muñeca de trapo. La configuración del mundo que armó les impide, por ejemplo, tener sexo (muy distinto en esto de "San Junipero"). Ese es, a fin de cuentas, otro riesgo de la IA: que para protegernos y controlarnos de nosotros mismos nos convierta en niños. Nada de contenido polémico en redes. Es un chiste común hacia los cristianos señalar que su imagen de la morada celestial es aburrida. ¿Cuántas arpas angelicales compensarán la falta de los placeres sensibles que dejaríamos atrás con nuestro cuerpo, incluyendo, claro, los placeres non sanctos? Mucho se ha escrito sobre el tema.

El código de la realidad

Volvamos una última vez sobre Caine. Al igual que King Candy, el villano de Wreck-It Ralph, o el agente Smith de Matrix, tiene la posibilidad de jugar con el código mismo de la "realidad" (es decir, del mundo digital que la reemplaza). Esta es la idea misma de la magia en sus versiones más exaltadas. El mago es quien puede ver ese código que es invisible para el resto, entenderlo y manipularlo. ¿Existe algo así como ese código en el mundo real? ¿Un sistema de símbolos esotérico que se manifiesta oscuramente en las estrellas, o en las líneas de la mano, o en otros signos herméticos? Es discutible. Pero en el mundo digital, por ejemplo en un videojuego, su existencia es innegable. Cada vez que tirás una bola de fuego en Skyrim se están ejecutando miles de líneas de código, y un programador puede alterarlas para hacer un mod en el que la bola de fuego produzca el doble de daño, o se convierta en una bola de fuego violeta, o que el sonido al lanzarla sea un pedo, etcétera.

El origen del circo. Gooseworx, estudio Glitch.

Tanto en Matrix como en TADC parte del descubrimiento de los personajes humanos tiene que ver con la posibilidad de alterar ellos mismos el código, es decir, de no estar siempre bajo el poder de un Dios algorítmico. En Matrix, por otro lado, existe un afuera, un mundo real al que en última instancia hay que volver. En TADC, la pregunta por el afuera se va volviendo más y más enigmática.

Se viene hablando últimamente, en parte por cuestiones técnico-políticas muy concretas, de los "dobles digitales". En un sentido muy obvio, es un viejo tópico de internet: me creo un usuario, un avatar, y puedo jugar a ser otro, o varios otros. Como se ha advertido muchas veces, eso no está exento de peligros. Ese otro que creo puede terminar siendo más real que mi yo "normal", puede cobrar una cierta autonomía y volverse un peligro para los demás o para mí mismo. Puedo terminar siendo su sirviente, lo que implica un debilitamiento radical de mi posibilidad de interactuar de forma significativa con mi entorno real. Varias de las advertencias ya decimonónicas sobre el Doppelgänger se volvieron más literales.

En Matrix existe un afuera, un mundo real al que en última instancia hay que volver. En TADC, la pregunta por el afuera se va volviendo más y más enigmática.

Pero además, en un mundo algoritmizado, el doble digital pasa a tener un estatuto cada vez más autónomo. ¿Quién puede distinguir tan claramente el mundo real del virtual si nuestro dinero está en una app, nuestras citas románticas surgen de otra app, nuestro diálogo cotidiano con nuestros seres queridos se da en una app, buena parte de nuestro trabajo está en apps (por ejemplo, yo doy muchas clases virtuales por Zoom o Google Meet, y el 99 % de mi escritura como investigador y ensayista es en procesadores de texto) y casi todos nuestros consumos culturales están en otras apps? Ese "otro" que somos en las distintas interfaces de usuario por las que navegamos cotidianamente es cada vez más fácil de sistematizar en la medida en que las inteligencias artificiales pueden hacer el trabajo semántico de conectar información de fuentes diferentes y crear nuestros dobles con una precisión que era inimaginable antes del machine learning. ¿Habrá un momento en que ese doble digital sea más real que yo mismo? ¿Y quién escribe estas líneas?

Coda: una pequeña decepción

Creo que TADC plantea respuestas imaginarias a estos problemas reales de forma muy interesante y amena, ¿y qué más se le puede pedir al arte? Pero no me voy a abstener de hacer una pequeña crítica que atañe sobre todo a su final. Así que, si no lo viste, acá es donde deberías dejar de leer. Y si lo viste y te pareció absolutamente perfecto, puede que esta última parte tampoco te guste.

El episodio final, el que salió originalmente en el cine, está casi enteramente centrado en las emociones de los personajes, y sobre todo en uno, Jax (el conejo violeta), que tiene un coming out muy comentado en redes entre los seguidores del programa. Para los que seguíamos la serie más intrigados por el world-building y por la forma en la que articula las dimensiones existenciales a las que hice referencia en este artículo, eso fue algo decepcionante. Las preguntas más ontológicas y políticas quedaron relegadas frente al despliegue de los problemas personales de los avatares. Uno podría decir que eso es, en última instancia, lo importante en cualquier caso, aunque a mí, como espectador, no me haya resultado tan interesante. La serie buscó en su cierre una identificación fuerte con un público predispuesto a empatizar con la fragilidad emocional de personas "no hegemónicas" que están buscando su lugar en el mundo. Caine, la misma IA, termina adaptándose a ese esquema. "Estamos rotos, pero podemos apoyarnos entre nosotros", podría ser el mensaje. Habrá muchos que encontrarán en eso, y en la exploración de los traumas de los protagonistas, un final satisfactorio. Personalmente, salí de la sala de cine algo decepcionado de que varias de las expectativas que la serie había ido generando derivaran ahí.

Pero bueno, los finales son siempre difíciles.

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