MindWar de Michael Aquino: satanismo y guerra cognitiva
Oficial del ejército, satanista y politólogo: Michael Aquino teorizó en MindWar sobre el control mental y la geopolítica.
Oficial del ejército, satanista y politólogo: Michael Aquino teorizó en MindWar sobre el control mental y la geopolítica.
“Si el Diablo tiene un Papa, es el Dr. Aquino”.
En el especial The Devil Made Me Do It de 1990, así presentaba el periodista Ian Leslie a Michael Aquino, especialista en guerra psicológica del ejército de Estados Unidos, doctor en Ciencia Política por la Universidad de California, y Sumo Sacerdote del Templo de Set.
Nacido en San Francisco durante la década del cuarenta, Aquino se formó como politólogo, se enroló en el ejército y se unió en su juventud a la Iglesia de Satán de Anton Lavey, a quien conoció en una proyección de Rosemary's Baby. Sobre el final de la década del sesenta, sumarse a la propuesta hedonista, materialista, y de rechazo de la moral judeocristiana que llevaba adelante Lavey era una opción, la más extrema quizás, entre las muchas que proponía la contracultura. Puede parecer contradictorio viniendo de una persona que en paralelo se unía al ejército, pero esa tensión es también una de sus mayores virtudes. Estas tres facetas acabarían fundiéndose para dar vida a su obra cumbre sobre la guerra mental. ¿Cómo teoriza el futuro del control geopolítico y la manipulación psicológica un oficial del ejército que le rendía culto a Satanás?
¿Cómo teoriza el futuro del control geopolítico y la manipulación psicológica un oficial del ejército que le rendía culto a Satanás?
La imagen que describe Aquino sobre Lavey en The Satanic Bible: 50th Anniversary ReVision es la de de un gurú carismático, un maestro cariñoso y un hombre que a todas luces no creía en la existencia literal del Diablo. Esa fue la causa de su separación.
Dos meses después de unirse a la Iglesia de Satán, Aquino partió hacia Vietnam para desempeñarse como especialista en PSYOPS. Durante el tiempo que permaneció en el campo de batalla, se dedicó a escribir en “viejos edificios bombardeados que databan de la ocupación francesa, en helicópteros, en carpas y en medio de la maleza en las zonas de fuego del 'Triángulo de Hierro' y el 'Trapezoide', sobre cualquier cosa que tuviera a mano: el reverso de formularios, mapas y afiches de operaciones psicológicas (PSYOP)”, dando forma a un texto frecuentemente interrumpido o destruido por las explosiones: el Diabolicon. El autor afirma que este libro le fue dictado por el dios Set, a quien considera el creador de la autoconciencia individual y la fuente de la inteligencia humana. Según Aquino, Set es la entidad que la cultura occidental conoce como Satanás o Lucifer, y su histórica difamación solo busca anular el potencial de la razón pura y la voluntad individual.
Para 1975, esta diferencia de concepción con Lavey lo llevaría a separarse de la Iglesia de Satán y fundar El Templo de Set. Unos pocos años después realizaría para el ejército un informe titulado, en una explícita referencia a Star Wars, From PSYOP to MindWar: The Psychology of Victory. Este es un balance sobre el desempeño de las Fuerzas Especiales dedicadas a las operaciones psicológicas en la guerra de Vietnam y el predecesor del libro MindWar, del que vamos a hablar más adelante.
En este informe Aquino plantea una serie de cuestiones fundamentales respecto a lo que considera el futuro de la guerra. En primer lugar, sostiene que la guerra psicológica está infrautilizada en tanto que se la usa como apoyo a la guerra, un “multiplicador de fuerzas”, y opera sobre un campo ya dado. En cambio, él cree que es fundamental realizar acciones antes de iniciar cualquier conflicto con la finalidad de que este inicie con una predisposición inevitable a la derrota inserta en el enemigo: “La MindWar debe comenzar en el momento en que la guerra se considere inevitable. Debe buscar captar la atención de la nación enemiga a través de todos los medios disponibles, y debe atacar a los potenciales soldados de la nación antes de que se pongan el uniforme. Es en sus hogares y en sus comunidades donde son más vulnerables a la MindWar. ¿Fue derrotado Estados Unidos en las selvas de Vietnam, o fue derrotado en las calles de las ciudades estadounidenses?”.
Lo llamativo y contraintuitivo del informe es que continúa con una crítica a la utilización de la propaganda, en el sentido de la selección o distorsión de la realidad para lograr convencimiento. Para este tipo de operativos, dice Aquino, es fundamental que la mente crea en sus propias decisiones, que sienta que las toma sin coerción y, por lo tanto, se debe trabajar con un principio de honestidad absoluta. Agrega que hay fenómenos naturales como la actividad electromagnética, la ionización del aire y las ondas de sonidos de extrema baja frecuencia que pueden inducir a las mentes a estados “más receptivos a ideas”. Ya en este punto aparece la influencia del satanismo: él parte de la premisa de que todo individuo racional e inteligente va a elegir el bien por sobre el mal.
Hay fenómenos naturales como la actividad electromagnética, la ionización del aire y las ondas de sonidos de extrema baja frecuencia que pueden inducir a las mentes a estados “más receptivos a ideas”.
Aquino continuó su trabajo de investigación y formación sobre guerra psicológica. Hacia 1990 se ganó cierta fama durante el pánico satánico, y el informe From PSYOP to MindWar se volvió una pieza ideal para conspiranoicos y personas chronically online. En 2015 publicó una versión más desarrollada bajo el título MindWar. Está dedicado a las figuras que lo inspiraron para desarrollar su concepto de guerra mental, entre ellas: Walt Disney, Isaac Asimov, Nicolás Maquiavelo, Bruce Lee y Mark Twain.
Lo central de su propuesta es la superación de la guerra física por la guerra mental. Aquino parece escribir con la vaga esperanza de ser leído por alguna cúpula de toma de decisiones. Tanto el principio como el final del libro contienen un diagnóstico sobre la guerra como forma de conflicto y el rol geopolítico de Estados Unidos. Ahí plantea que la guerra es inevitable, pero que llevarla a la instancia física resulta demasiado costosa en términos materiales y emocionales; es cruel y, en última instancia, ineficaz para sus propios fines.
Los consensos posteriores que logra la guerra son quebradizos, a menudo revertidos, y generan tensiones sin resolución. Los únicos beneficiados de la continuación de la guerra física son las corporaciones, empresas y ramas del gobierno, que conforman el complejo militar industrial (que según Aquino asesinó a Kennedy). El autor también afirma que “la guerra física se convirtió en algo demasiado caro, especialmente en la medida en que Estados Unidos es el policía de facto del mundo y el principal Estado guerrero. Es posible argumentar que la guerra y las políticas militares son la razón de ser de los Estados Unidos”.
Por lo tanto, es necesario superar esta instancia y reemplazarla por la guerra mental que entiende como “el condicionamiento psicológico y psicofisiológico de todos los participantes en un problema sociopolítico, primero para estabilizarlo de manera cooperativa sin recurrir a la violencia, y luego para eliminar su base mediante la creación de una comunidad moral que lo reemplace”. Sobre cómo operativizar esta idea y qué tipo de herramientas se pueden utilizar va a tratar el grueso del libro. Esto sucede en un diálogo no dicho pero evidente, y a veces casi textual, con The Satanic Bible. Más adelante vamos a hablar de Métodos subliminales de psicontrol involuntario y otras cosas.
Toda esta ingeniería del comportamiento no flota en un vacío político. En su concepción geopolítica, el sistema de Estados-Nación heredado del siglo XVIII está en evidente desintegración y se encamina a ser reemplazado por una corporación plutocrática internacional. Siendo los Estados Unidos el único súper Estado superviviente, le queda por default el rol de defender y forzar la soberanía del concepto de Estado-Nación al mismo tiempo que sus propias corporaciones lo destruyen. Así, dice Aquino, el enemigo oficial de los Estados Unidos en el siglo XXI son los grupos no-estatales que desafían esa soberanía: los terroristas. A su vez, en la medida que desapareció la amenaza comunista, el enemigo declarado pasó a ser la principal competencia del eje judeo-cristiano, el Islam. Y agrega sobre esto último: “Para testear esto sencillamente busquen alguna mención al ‘terrorismo islámico’ antes de la caída del Muro de Berlín en 1989; no hay ninguna”.
Siendo los Estados Unidos el único super Estado superviviente, le queda por default el rol de defender y forzar la soberanía del concepto de Estado-Nación al mismo tiempo que sus propias corporaciones lo destruyen.
Aquino no concuerda con la doctrina de su propio país: afirma que esa insistencia en hacer la guerra hasta obligar al otro a adoptar el “pensamiento correcto” es, en el fondo, la misma lógica de las Cruzadas. La conversión por la espada. Él, en un claro cruce con el satanismo, pone todas sus fichas en la potencia de la razón. En su visión, la guerra mental no busca la destrucción física, sino una especie de redención cívica. El objetivo es restaurar la polis, restablecer el orden y sostener la virtud en el alma, a través de la cooperación. El armamento nuclear debe permanecer como un amedrentador de conflictos posibles, tampoco llega al punto de ser un milico recomendando el desarme, pero se debe desescalar su importancia en el esquema de defensa.
Dice Aquino que las PSYOPS operan a través de la propaganda y esta puede ser de tres tipos: la blanca, donde la fuente es abierta y explicitada; la gris, donde la fuente no es explicitada; y la negra, donde la fuente está deliberadamente oculta y distorsionada. Esto trae una frontera ética problemática ya que se trabaja con herramientas cuyo potencial está en la falsedad y la capacidad de distorsión.
Ahora, lo importante para él es que es poco efectivo: el argumento racional detrás sería que un mensaje creíble haría que la audiencia receptora cambiara su conducta de acuerdo a eso. Pero se basa en la suposición de que las personas construyen sus creencias y actitudes mediante la razón, y que pueden ser inspiradas a actuar en pos de ellas también a través de la razón. Falso. Las personas, explica el Sumo Sacerdote, piensan mayormente a través de patrones inconscientes establecidos a partir de impresiones sensoriales. La actualización de la doctrina va a consistir en controlar “los pensamientos de acción externa del ser humano identificando y ajustando las impresiones sensoriales que la mente utiliza para ensamblarlos, modificarlos y reforzarlos. Los pensamientos humanos basados en los sentidos conforman la base de sus personalidades exteriores construidas y, a nivel grupal, de sus costumbres, prejuicios, creencias, tradiciones, hábitos y tabúes. Así, a través de un proceso gradual, la MindWar controla a los grupos de humanos”.
Para solucionar la enorme contradicción que hay entre plantear el control de grupos humanos y superar de forma ética la doctrina PSYOP, Aquino explica que lo esencial es manejarse con criterios de honestidad y transparencia absoluta: declarar abiertamente la guerra, los operativos a realizar, evitar a toda costa la mentira o el engaño. Él mismo reconoce que es de una inocencia gigantesca, pero dedica una parte considerable del libro a explicar cómo funcionarían estos dispositivos diplomáticos. Parece responder a una inquietud personal o a un ejercicio teórico, es lo más olvidable del libro.
Los métodos de control psicológico que describe entran en dos grandes grupos: voluntarios e involuntarios. Los métodos voluntarios son, básicamente, un ideal de negociación cooperativa racional: individuos que entablan un diálogo para solucionar un problema hasta llegar a un punto que deje satisfechos sus intereses. Muy aburrido.
Cuando ese consenso es imposible, aparecen las estrellas que vinimos a ver: los métodos liminales y subliminales de control psicológico involuntario.
Los métodos liminales operan sobre el pensamiento consciente: la información y la educación de los individuos, la capacidad de persuasión, etc. Primero identifican los patrones de pensamiento que gobiernan a un grupo y luego estimulan sus "lentes de realidad" para que interpreten la información de la manera deseada. Para esto se puede, por ejemplo, eliminar recursos económicos para desalentar el conflicto prolongado o tomarse el trabajo de formar a los individuos del enemigo ocupados de la negociación.
La otra variante de métodos liminales que menciona, como posible en el futuro cercano, consiste en “identificar patrones de pensamiento que tienen el mismo impacto en todos los seres humanos para luego generar y transmitir esos códigos artificialmente a través de medios de comunicación electrónicos”. Con el impacto inmenso que tuvieron redes como TikTok o Twitter, o el uso extendido de celulares en general, no parece tan descabellado el planteo. Aun así, hay una fijación con la dimensión electrónica que va a desarrollar en la siguiente sección.
Los métodos subliminales operan sobre los receptores no conscientes de la mente y el cuerpo para predisponer a los sujetos a ser más receptivos a la cooperación, sin que estos detecten la influencia externa: “En acción, un equipo de MFB es ‘invisible’. Sus miembros se materializan sin llamar la atención, trabajan para ajustar la situación sin dar la impresión de interferir en ella, y finalmente desaparecen de manera tan discreta como llegaron. El modelo de MFB no es John Rambo; es Mary Poppins”. En total, enumera catorce de estas herramientas, bajo el nombre de PSYCONS.
Los métodos subliminales operan sobre los receptores no conscientes de la mente y el cuerpo para predisponer a los sujetos a ser más receptivos a la cooperación.
En las PSYCONS que van de la primera a la octava, y en la undécima, Aquino se dedica a analizar fenómenos biológicos del cuerpo y su posible utilización para inducir estados cooperativos. Esto abarca cosas como utilizar campos electromagnéticos de frecuencia extremadamente baja (como una televisión) para alterar tiempos de reacción, inducir estados mentales de agotamiento o cooperación mediante ondas alfa, alterar el equilibrio de iones en el aire, usar la estimulación magnética transcraneal para interrumpir la moral (esto hace tanta agua que ni vale la pena profundizar), manipular ritmos circadianos o la percepción del espacio, y utilizar colores y formas que induzcan respuestas calmas y cooperativas. Toda esta sección está apuntada a la construcción de una especie de sala de debate donde se den las condiciones óptimas para una negociación entre individuos cooperativos en la cual la racionalidad, de la que es devoto, los lleve a un consenso.
La novena y décima PSYCONS son el hipnotismo, entendido como la emisión de mensajes repetidos a una audiencia cansada para que acepte la información, y la maestría marcial, entendida como la transmisión de una ética “ninja” que opte por evitar escaladas de violencia.
La decimosegunda PSYCON es la magia, donde hace una copia textual de The Satanic Bible. Aquino establece que la esencia de la magia en este contexto es la "manipulación de las percepciones de la otra parte" para lograr que el sujeto redefina por sí mismo el problema y sus cuestiones, extrayendo conclusiones sobre la realidad y sus opciones basadas exclusivamente en esa reconfiguración. El objetivo es que la victoria sea "invisible", dejando intacta en el sujeto la creencia de que no ha ocurrido ninguna influencia externa.
La decimosegunda PSYCON es la magia, donde hace una copia textual de The Satanic Bible.
Esta visión coincide con lo planteado en su revisión del texto satánico, donde define la Magia Menor como el esfuerzo deliberado de identificar y ajustar los ya mencionados "lentes de realidad" de otros para alcanzar un resultado deseado. En ambos textos detalla una lista de elementos sobre los que se opera para hacer magia: controlar el ambiente, inventar una “persona” a través de la vestimenta y el lenguaje corporal que establezca una relación dominante, restringir la atención del sujeto a los objetos o procedimientos elegidos, definir las variables, instruir la forma en la que se puede participar para hacer más creíble el resultado, canalizar las expectativas posibles, interpretar el resultado y el significado del evento, y reforzar la nueva percepción de la realidad en el participante.
De lo que quiere convencer al lector cuando escribe sobre satanismo es de que uno tiene la capacidad, a través de la racionalidad, de producir magia y rituales: sentidos propios. Cuando lo traslada a MindWar se ocupa de dejar en claro que es más eficiente y más barato alterar la arquitectura de decisiones de un enemigo que tirarle una bomba. Y, dice él citando a Philip M. Taylor, más ético: “¿Es más inaceptable volarle los sesos a alguien en lugar de persuadir a ese cerebro para que suelte su arma y viva?”.
Lamentablemente, ni MindWar ni The Satanic Bible incluyen un manual para lavar cerebros o detectar conspiraciones internacionales. El libro sobre guerra mental incluye información sobre las PSYOPS (tan de moda ahora), pero fundamentalmente a modo de negación: señala cosas que no considera éticas, como la propaganda negra, o que juzga inútiles, como el MK ULTRA. Y, si bien la propuesta de Aquino tiene un anhelo racionalista desmedido, él es muy astuto a la hora de jugar en el límite entre lo biológico, lo anímico y lo narrativo, abriendo muchas puertas. ¿Cómo se puede afectar el estado de ánimo, el cansancio o el estado de alerta para influir en la toma de decisiones? ¿Qué cosas están diseñadas para esto? ¿Quién está diseñando la arquitectura de decisiones de los que negocian nuestro futuro?