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Jonathan Hickman: obsesión, conspiranoia y posthumanismo

¿Y si los cómics se diseñaran como planos arquitectónicos obsesivos? Jonathan Hickman usó infografías, tramas políticas y distopía para reconstruir los universos de Marvel. Descubrí al arquitecto detrás de los X-Men y los Avengers.

Jonathan Hickman: obsesión, conspiranoia y posthumanismo

Jonathan Hickman nace el 3 de septiembre de 1972 en Carolina del Sur. Allí creció, influido por la “caballerosidad sureña”. Como mencionó en una entrevista: “En mi familia se daba mucha importancia a ciertas cosas que yo ahora doy por sentadas, como la forma de comportarse y los buenos modales. Se trata simplemente de un cierto sentido de la corrección en el comportamiento que se supone que uno debe tener, algo que a mí me fascina, pero que a otras personas no”. Esta fascinación con las formas culturales del Sur estadounidense aparecerá en algunas de sus obras posteriores, particularmente, en East of West.

En su juventud también tenía una fascinación por el dibujo y por el deporte. Era, entonces, un nerd que caminaba entre dos mundos. Hickman es uno de los poquísimos creadores de historieta estadounidenses que aprecia el fútbol, y en más de una ocasión expresó lo mucho que le gusta el Mundial. Asimismo, es un lector voraz de fantasía y ciencia ficción. Su autor favorito es Frank Herbert, pero también ama a Tolkien y William Gibson. Otra influencia que menciona a menudo es Cormac McCarthy, y la concepción mccarthyana de la moral y el nihilismo, y de la soledad del hombre frente a un mundo impiadoso, han influido mucho en sus trabajos. La fantasía, por su parte, impactó en su concepción del worldbuilding, la atención al detalle en la creación de un universo ficcional.

Los cómics le llegaron de la mano de un número random de la Legión de Súper-Héroes, y durante toda su adolescencia fue un lector de DC Comics. De Marvel solo tenía afecto por los X-Men. Esta preferencia de Hickman es amargamente irónica, ya que hasta el día de hoy no trabajó para DC. El único momento en que estuvo muy pero muy cerca fue alrededor de 2016-2017, cuando estaba todo prácticamente cocinado para que se hiciera cargo de la Legión y, al final, Dan Didio se la dio a Bendis para que hiciera uno de los peores runs de la historia. Qué sueño hubiese sido emparejar la obsesión sistémica de Hickman con el expansivo y riquísimo mundo del mañana de la Legión. Tal vez algún día…

Durante toda su adolescencia fue un lector de DC Comics. De Marvel solo tenía afecto por los X-Men. Esta preferencia de Hickman es amargamente irónica, ya que hasta el día de hoy no trabajó para DC.

Una vez terminada la secundaria entró en la Clemson University de Carolina del Sur y obtuvo su título de arquitecto en 1994. En ese momento lo único que quería era ser dibujante de historietas, e, impactado por el éxito de Image, copiaba a Jim Lee e intentó laburar en la industria del comic, fracasando en el intento. Este fracaso lo llevó a trabajar como diseñador de cd-roms y páginas web, y en el campo de la publicidad como director de arte. Ahí ya comenzó a incubar la perspectiva que lo destacaría como autor: una mezcla de diseño, infografías y narración. Según sus propias palabras se pasó al guion porque “no encontraba a nadie que escribiese los cómics que él quería dibujar”.

The Nightly News #01 (Jonathan Hickman, 2006)
The Nightly News #01 (Jonathan Hickman, 2006)

Alrededor de 2004, aburrido y deprimido por su trabajo corporativo, el tipo se sentó y escribió un “plan quinquenal" para entrar en los cómics. Luego, armó un pitch profesional para su primera miniserie, The Nightly News, que presentó a Image. Utilizando su trasfondo en publicidad, propuso un plan de negocios en el que él financiaba la publicación del cómic, y eso le permitió venderlo sin contactos previos. The Nightly News, que Hickman escribió, dibujó, coloreó y letreó, sigue a un experiodista que forma un culto dedicado al asesinato de miembros de la prensa y a actos de terrorismo contra las empresas dueñas de la información. El cómic era una pieza extraña, por momentos infografía, por momentos cómic, por momentos panfleto político, y le granjeó un importante hype.

Entonces, Hickman se mandó con otras miniseries: Pax Romana, sobre un grupo de caballeros que son enviados por el Vaticano en un viaje en el tiempo para evitar la caída de Europa frente a las fuerzas islámicas; Red Mass for Mars, con Ryan Bodenheim, su versión de la deconstrucción súper heroica, con un análogo de Superman que aterriza en la tierra en la Edad Media; y Transhuman, con J.M. Ringuet, una historia de ciencia ficción sobre el ascenso de tres corporaciones transhumanistas, contado como si fuese un documental.

Gracias a estas cartas de presentación recibió la llamada de Marvel. Brian Michael Bendis había leído sus cómics y lo recomendó para hacerse cargo, junto con él, de una serie llamada Secret Warriors, un spin-off del evento Secret Invasion de 2008, que seguía a Nick Fury y un grupo de jóvenes agentes secretos limpiando la tierra después de la invasión Skrull. De aquí pegaría el salto a un proyecto un poco más personal, que de hecho tuvo su origen en un concepto para una serie, propiedad del autor, protagonizada por Da Vinci: S.H.I.E.L.D., la historia secreta de la organización de espías, con apariciones estelares del propio Da Vinci, Nikola Tesla, Isaac Newton, Zhang Heng, Galileo Galilei, Miguel Ángel y los padres de Tony Stark y Reed Richards, Howard Stark y Nathaniel Richards. Aquí, Hickman ya desplegaría varias de las movidas de su marca autoral: historias estructuradas, pensadas desde el principio; maquinarias complejas formadas por las habilidades de un conjunto de personajes (sinergia en el sentido de los súperpoderes); una historia secreta del mundo, que nos revela los hilos ocultos que lo mueven; una mezcla entre figuras históricas y personajes ficcionales absurdamente pop; una preocupación por el poder y quién lo empuña. Además, ilustra otra característica de Hickman: su imaginación fervorosa, siempre dispuesta a producir nuevos conceptos, y su deseo de no guardárselos para un proyecto futuro en el cual pueda sacarles más jugo.

S.H.I.E.L.D. #01 (Jonathan Hickman & Dustin Weaver, 2011)
S.H.I.E.L.D. #01 (Jonathan Hickman & Dustin Weaver, 2011)

De ahí produciría su primera obra maestra en Marvel: el largo run en los Fantastic Four que se inició en 2009, quizás el mejor run moderno de la Primera Familia. Para mí, lo que lo hace grande es la forma en que Hickman emplea las variables "familia y exploración" para expandir el mundo de vínculos de Reed, Sue, Ben y Johnny hacía una familia ampliada sin renunciar a la ciencia ficción y a lo monstruoso. Además, este run ya pone en primer plano algo que estaba en S.H.I.E.L.D., pero que se perdía un poco frente a la deconstrucción de la historia secreta del universo Marvel: la relación entre padre e hijo, y el legado que puede dejar.

A raíz de este buen desempeño, a Hickman le darían Avengers, la serie principal del universo Marvel, justo cuando Brian Michael Bendis la estaba dejando después de una década de conducir los destinos de los “héroes más poderosos de la Tierra”. Hickman inmediatamente diagramó un plan en dos series: por un lado, Avengers iba a ser la serie sobre “la luz”, la apolínea, sobre un equipo idealista de Vengadores que busca perfeccionar la “máquina Avengers” para incluir más personajes, más habilidades y combatir mejor el mal. Por otro lado, en New Avengers, la oscuridad, lo dionisíaco: los Illuminati, la sociedad de los hombres dispuestos a tomar las decisiones difíciles del universo Marvel, que incluye a Black Panther, Reed Richards, Tony Stark, Doctor Strange, Black Bolt y Namor. Ellos se enfrentan a las “incursiones”, superposiciones de universos durante las cuales hay dos opciones: la destrucción de ambos, o tomar la decisión absoluta, la de aniquilar un universo para que el Marvel pueda seguir. Hickman en algún momento dijo que su run de los Avengers planteaba la pregunta de qué pasa con los héroes cuando no pueden ganar: ¿siguen siendo héroes? ¿Cambian y se convierten en villanos? Durante este run, además, creó a The Black Order, los “hijos” de Thanos, que terminarían apareciendo en Infinity War y Endgame. Con el tiempo, las dos partes colapsarían una sobre la otra, y la oscuridad dominaría para dar lugar a Secret Wars, uno de los mejores crossovers de Marvel de la historia, situado en Battleworld, un mundo formado por las islas de todas las tierras alternativas, todos los pedacitos de historia, que sobrevivieron a la incursión final, que aniquiló el multiverso, dominado por un Doctor Doom ultrapoderoso que le robó la familia a Reed Richards. Sí, como se imaginan, este evento también sirvió como cierre de los Fantastic Four y de toda la primera etapa de Hickman en La Casa de las Ideas.

Fantastic Four #604 (Jonathan Hickman & Steve Epting, 2012).
Fantastic Four #604 (Jonathan Hickman & Steve Epting, 2012).

En paralelo, el autor continuó regando su jardín de proyectos propios con dos series excelentes: East of West, con Nick Dragotta, y The Manhattan Projects, con Nick Pitarra. La primera es, de forma simultánea, una historia de amor, un historia apocalíptica y una reflexión sobre el tejido que une a los Estados Unidos. Este mundo, mezcla de fantasía, western y ciencia ficción, ve a los EEUU divididos entre varios países a raíz de la prolongación de la Guerra Civil Norteamericana hasta 1908 y la caída de un cometa de raigambre mística. En ese momento las seis partes se reúnen en Armisticio, el lugar de aterrizaje del cometa, y deciden el fin de la guerra y la división de Estados Unidos en seis países: La Unión, La Confederación, el Reino de Nueva Orleans, fundado por exesclavos, la Nación Infinita de las tribus originarias, la República de Texas, y la PRA, la República del Pueblo de América, un estado socialista fundado por un exiliado Mao Zedong en la costa del Pacífico. En el 2064, cuando comienza la serie, despiertan los Cuatro Jinetes del Apocalipsis y se deciden a acometer el Fin de los Tiempos, y ahí, sobre esa fina base de geopolítica e historia alternativa, Hickman y Dragotta espolvorean escatología a raudales.

Hickman, en su run de los Avengers, planteaba la pregunta de qué pasa con los héroes cuando no pueden ganar: ¿siguen siendo héroes? ¿Cambian y se convierten en villanos?

El segundo es una especie de extensión de la lógica de S.H.I.E.L.D., pero en vez de ir del Renacimiento al presente, y estar entrelazado con el universo Marvel, gira alrededor del Proyecto Manhattan y sus protagonistas son científicos locos como Einstein, Oppenheimer y Fermi, pero con mucha perversidad, gore y ciencia ficción. En 2016, además, sumaría The Black Monday Murders con Tomm Coker, que contaba la historia de un grupo de familias megamillonarias que operaban en el mercado gracias a la magia negra del dios Mammon, y que lamentablemente está inconclusa hasta el día de hoy.

Pero la vida es un péndulo y, luego de la conclusión de East of West, Hickman se vio tentado a volver a Marvel para relanzar a los X-Men, que venían de muchos años de ventas pésimas y una progresiva irrelevancia en el universo Marvel. El tipo reimaginó a los mutantes de la forma más radical en 25 años, dando vuelta la franquicia como una media. He hablado de su run en profundidad aquí, pero baste decir que la ruptura de la moralidad tradicional que presenta, la noción de una nación propia para los mutantes, y el volverlos actores políticos y económicos de peso, sacándolos de su condición perseguida, fueron giros copernicanos tan radicales que la franquicia no tuvo otra que volver al conservadurismo una vez que la Era de Krakoa terminó. Lamentablemente, también, Hickman considera a esta una de las peores experiencias con el trabajo en las grandes compañías porque no llegó a terminar la historia que tenía pensada. Su concepto era de tres grandes arcos, cada uno cambiando el statu quo de manera radical. Pero un poco porque el resto del equipo creativo quería quedarse en Krakoa, otro poco por presión de Marvel, otro poco por los tiempos de la pandemia, Hickman se fue en 2021 dejando la historia en la cúspide del segundo acto.

House Of X #02 (Jonathan Hickman & Pepe Larraz, 2019)
House Of X #02 (Jonathan Hickman & Pepe Larraz, 2019)

En simultáneo, en 2020, Hickman y sus frecuentes colaboradores gráficos Mike del Mundo y Mike Huddleston firmaron un contrato con Substack para crear nuevos cómics en la plataforma. Ahí se largaron a fundar, con asistencia de otros autores como Tini Howard, Ram V y Al Ewing, un nuevo universo de ciencia ficción, llamado 3 Worlds 3 Moons (o sintetizado en 3W3M), compuesto por tres planetas y tres lunas, con un nivel de worldbuilding obsesivo. La carta de presentación, además de una serie de historias cortas, fueron dos sourcebook masivos, muy deudores del mundo de los juegos de rol, en los cuales delineaban la economía, religión y magia de este universo que estaban iniciando. Hickman lo describe como un “universo conceptual” en el mismo sentido que un “disco conceptual”: una obra en la cual las partes son fragmentos de un todo mucho más grande, creado colectivamente.

Más allá de esto, el Hickman del 2021 en adelante parece un poco atrapado, y otro poco disfrutando, de un contrato exclusivo con Marvel en el cual su rol es ser quien desempolva y relanza fragmentos abandonados: la estructura mágica (G.O.D.S.), el universo Ultimate (Ultimate Invasion), el rincón cósmico (Imperial). Los resultados han sido variados, con éxitos como Ultimate, fracasos notorios como Imperial, y proyectos que tienen el aroma de lo personal pero que a la vez se quedan cortos en ejecución (G.O.D.S.). En simultáneo, escribe miniseries tontas de personajes famosos, como Wolverine: Revenge y Avengers versus Aliens, que sirven más de spotlight para dibujantes grosos como Greg Capullo y Esad Ribic que por su escritura. Su producción creator owned, exceptuando por 3W/3M, se ha detenido casi por completo. La sensación es que Marvel lo está desperdiciando, que tiene a una súperestrella en el banco y no lo deja estallar del todo por sus tendencias conservadoras, pero, también, que algo de la ambición que parecía marcar la carrera de Hickman se apagó. Esperemos que no sea así.

El Diseñador Gráfico

Una de las cosas que más llama la atención de los cómics de Hickman, para bien o para mal, es el recurso al diseño gráfico para narrar parte de las historias, o para presentar data que, quizás, tomaría demasiado espacio, o sería muy aburrida, en páginas de historieta. Esto adopta la forma de diagramas e infografías, que interrumpen el flujo de la historia para tirarte una sobrecarga de información, pero también de páginas de diálogo al estilo “informe clasificado del gobierno”. Los detractores de Hickman odian esto: dicen que es el anticómic, que el tipo no sabe narrar, que lo que se muestra en esas páginas debería tomar la forma de imágenes más texto.

A los fanáticos de Hickman (al menos a este fanático de Hickman) nos fascinan: la sensación es la de una repentina ducha de conceptos y la apertura de puntas narrativas, a menudo intrigantes y oscuras que te propulsan para adelante porque te dejan con ganas de saber más. Las páginas de información de Hickman vuelcan información de forma terrible, pero siempre dejando una puerta abierta a la curiosidad, a las ganas de saber más. Es un mecanismo para generar expectativa, además de para condensar.

La otra estrategia es presentar visualmente los conceptos principales del comic, como la inmensa línea de tiempo de Moira McTaggert en Powers of X. Este recurso está ubicado en algún lugar entre el diseño gráfico y los sourcebooks de juegos de rol. La fascinación por el aspecto visual, y el oficio de vendedor, se extienden también a los logos de las series que agarra y, en ocasiones, al diseño integral del cómic, en una práctica que recuerda mucho al trabajo de Rian Hughes, frecuente colaborador de Grant Morrison. La idea es hacer un cómic que resalte frente a los demás en las bateas, y presentar a la vez parte de la construcción del mundo ficcional de una forma más sintética y divertida que solo personajes hablando los unos con los otros con grandes bloques de texto.

El Fanático de la ciencia ficción

La división es tan antigua como el género: por un lado, tenés la ciencia ficción dura, que intenta ser científicamente precisa, extrapolar los resultados de la tecnología actualmente existente y resaltar la parte más de “ciencia” del género. Ejemplos: 2001, la trilogía de Marte de Kim Stanley Robinson, la tetralogía Children of Time de Adrian Tchaikovski y Project Hail Mary y las novelas de Andy Weir en general.  Por otro lado, tenés la ciencia ficción blanda, que apunta más a extrapolaciones sociológicas y psicológicas del impacto de nuevas tecnologías y de la idea de futuro. Incluso, por momentos, puede llegar a ser poética o conceptual. Ejemplos: la obra de Philip Dick, Dune de Frank Herbert, la trilogía de Bas-Lag de China Miéville y la obra de Brian Aldiss. Cuando comencé a escribir este artículo, yo estaba convencido que Hickman era un cientista ficcional duro, particularmente por su interés en los grandes sistemas.

Pero al repasar los conceptos me doy cuenta de que nada más alejado de la verdad. Hickman parece eso en comparación con tipos menos estructurados como Grant Morrison y Al Ewing, escritores que evocan a menudo el aspecto más metafórico del cómic de superhéroes, su fantasía y su magia simbólica. Pero en realidad es un blando, porque lo que más le interesa es la forma en que los conceptos que introduce, los puntos de partida ficcionales, modifican la sociedad realmente existente y las relaciones de poder. Si bien es detallista en su construcción de mundos, es muy difícil pensar que la noción de la Resurrección Mutante, o de Franklin Richards con Galactus como mascota, o de un cabal secreto de los mega ricos del mundo sacrificando las ganancias del mercado al Dios Mammon a cambio de inmortalidad, tengan algo de realista o de científico. Lo que Hickman trae a los cómics es una sensibilidad ciencia ficción, que no está basada en los relatos cortos (como, por ejemplo, los cómics de ciencia ficción de la EC, que incluso llegaron a adaptar cuentos de Bradbury, o “For The Man Who Has Everything” y la saga del espacio de Swamp Thing de Moore) sino en las grandes sagas épicas (y aquí también expone su amor por la fantasía), las novelas que intentan retratar las fuerzas sociales exagerando y extrapolando lo que sucede en el presente. Cada uno de sus proyectos es encarado con un origen conceptual que cambia el terreno y, luego, la ramificación del impacto de esos conceptos.

The Manhattan Projects #06 (Jonathan Hickman & Nick Pitarra, 2012)
The Manhattan Projects #06 (Jonathan Hickman & Nick Pitarra, 2012)

El Posthumanista

Algo que está muy de moda en los debates alrededor de la ciencia ficción y de la imaginación científica contemporánea es el tema del posthumanismo, la posibilidad del ser humano de trascender su corporalidad y sus limitaciones tanto evolutivas como cognitivas mediante mejoramientos biomédicos o cibernéticos. En general se asocia a concepciones como la del cuerpo ciborg, o la posibilidad de migrar la mente a servidores informáticos, o la idea de la clonación como una forma de inmortalidad que, a la vez, incorpora mejoras en el cuerpo para volverlo más resistente o más inteligente. En otros casos, el posthumanismo se expresa en la ruptura de la división humano-naturaleza, en la noción de cuerpos híbridos o en la posibilidad de inteligencias no-humanas (piensen, por ejemplo, en Annihilation de Jeff Van Der Meer). Hickman abreva de manera frecuente en la noción posthumana. Es el centro de su run en los X-Men, tanto en el reconocimiento de la ciudadanía y el estatus de persona a la isla de Krakoa, como a la amenaza latente de la IA como reemplazo de los humanos y los mutantes.

Hickman abreva de manera frecuente en la noción posthumana. Es el centro de su run en los X-Men, tanto en el reconocimiento de la ciudadanía y el estatus de persona a la isla de Krakoa, como a la amenaza latente de la IA.

Pero también está presente en East of West, particularmente en la relación que la Endless Nation tiene con la tecnología, la nación indígena, la más avanzada tecnológicamente del mundo, que cuenta con computadoras que sirven como extensión del cuerpo y reemplazan la adivinación por el cálculo de probabilidades; o en su run en The Avengers, que hace de los Beyonders una raza mega avanzada que existe fuera del Multiverso y tiene el objetivo de protegerlo y cuidarlo como jardineros; o en SHIELD y su concepto de la “máquina humana”, un aparato tecnológico que solo puede ser activado por un conjunto preciso de personajes, cuyas habilidades funcionan como engranajes (luego reciclaría esta idea en el concepto de los “circuitos mutantes”, conjuntos de personajes cuyas habilidades se potencian para lograr algo nuevo).

Al fin y al cabo, si uno lo piensa un poco, el género de superhéroes es el género posthumanista por excelencia, y la particular mezcla de ciencia ficción y fantasía en la que trabaja Hickman les sienta a las formas más ambiciosas del género de maravillas.

The Black Monday Murders #07 (Jonathan Hickman & Tomm Coker, 2017)
The Black Monday Murders #07 (Jonathan Hickman & Tomm Coker, 2017)

El Político/Conspiranoico

Hickman, en general, en sus entrevistas, niega cualquier tipo de enrolamiento político: desprecia el bipartidismo y adopta una posición que es bastante “Corea del Centro”. Lo cual a menudo es una posición un tanto sospechosa, que suele ocultar convicciones políticas que se inclinan más hacia la derecha que la izquierda. Estas declaraciones, sin embargo, contrastan poderosamente con la desconfianza a las figuras de autoridad que empapa todos sus cómics. En ellos hay una obsesión con los hombres poderosos que controlan y manejan el mundo, lo cual permite a Hickman hacer funcionar el mundo de acuerdo a las decisiones de un conjunto reducido de actores, antes que lidiar con cuestiones complejas como las masas.

Pero, en simultáneo, desconfía de los círculos reducidos del poder: en general todos son gente maligna, gente que ha traicionado sus principios u hombres buenos quebrados por el ejercicio del poder y lo que conlleva. Aquí se entiende porque cita a Herbert como una de sus grandes influencias, y de qué modo la deconstrucción de la figura mesiánica que este autor emprende en Dune lo impactó. Sin embargo, esta posición política inherente a sus cómics, mientras produce muy buen drama (uno de los grandes placeres de leer un cómic de Hickman es ver los duelos verbales y morales entre personajes encumbrados) también abona una teoría conspiranoica y lejana del poder político: está en manos de otros, que manejan el mundo de forma oscura, y solo pueden ser desbancados de esta posición por otros igualmente poderosos. En cierta manera, obtura la acción directa desde las bases. Con el paso de los años, esta vertiente de la poética de Hickman se volvió cada vez más omnipresente, quizás en sintonía con un mundo en el que es cada vez más patente que a las élites les importan poco y nada sus gobernados, más allá de la soma inmediata.

New Avengers v3 #06 (Jonathan Hickman & Steve Epting, 2013)
New Avengers v3 #06 (Jonathan Hickman & Steve Epting, 2013)

El Arquitecto

Como mencioné más arriba, Hickman tiene el título de arquitecto. Este rol, en los cómics de superhéroes, sin embargo, se puso de moda en el nuevo siglo para calificar a aquellos escritores que organizan la meganarrativa del universo, más allá de los títulos individuales. Un poco fue el rol que tuvo Brian Michael Bendis durante su largo run en los Avengers, Geoff Johns durante Rebirth o que ahora ostentan Joshua Williamson y Scott Snyder en DC. Un buen arquitecto señaliza los hitos narrativos como en una ruta: estamos dirigiéndonos hacia aquí, este evento sucederá en tal fecha, la idea es revitalizar a tales personajes. Y también el tono: con Bendis al comando lo que garpaba eran los personajes al nivel de la calle y los largos diálogos, y había una distancia de los elementos cósmicos.

El rol que Hickman cumple hoy en Marvel es un poco análogo al del arquitecto, pero no tanto. Si bien en trabajos como X-Men y el universo Ultimate es igual, en otros como Imperial o G.O.D.S. su rol es más bien el de desempolvar propiedades abandonadas e insuflarles nueva vida. No está en el centro, sino en sus márgenes, pero intentando que esos márgenes se desplacen al corazón (o al menos den una ganancia). El otro aspecto en el cual Hickman es arquitectural es en la estructura narrativa, su obsesión con planificar todo el edificio antes de arrancar a escribir, y su frustración cuando sus planes no se concretan, como en el caso de los X-Men. Este deseo de concebir la ficción como un conjunto de piezas erigidas una encima de la otra es una de las críticas más frecuentes a Hickman, lo cual nos lleva al último punto…

East of West #01 (Jonathan Hickman & Nick Dragotta, 2013)
East of West #01 (Jonathan Hickman & Nick Dragotta, 2013)

El Caracterizador

¿Es Hickman un buen escritor de personajes o no? Alrededor de esta pregunta gira gran parte del debate y las críticas a su figura. El campo anti-Hickman dice que sus cómics son engranajes perfectos en los cuales los personajes están colocados en el rol que él necesita, y actúan de acuerdo a lo que la trama requiere, como autómatas. El campo pro-Hickman, en el cual me incluyo, argumenta que ciertas obras son así (por ejemplo, es imposible no observar que S.H.I.E.L.D. tira por la ventana cualquier intento de caracterización de su personaje principal en pos de su fascinación con las historias alternas y la “máquina humana”), pero que las mejores del escritor tienen detalles humanos muy conmovedores, como la relación entre Reed Richards, Franklin y Nathaniel Richards en Fantastic Four, una historia de amor intergeneracional en el cual Reed elige a su familia frente a los cantos de sirena de “arreglarlo todo” que le propone el Concilio Multiversal de los Reeds, porque sabe que un pater familias sin amor es un monstruo. O el hecho de que East of West está enteramente construido alrededor de una historia de amor. O la belleza de Ultimate Spider-Man y su lenta exploración de los personajes a lo largo de dos años, y el evidente disfrute que Hickman obtiene de jugar con los arquetipos del mundo de Peter Parker ligeramente modificados. O la sensación de horror inminente de New Avengers, un cómic en el cual todo depende de las (malas) decisiones de sus personajes, quienes se van comprometiendo éticamente cada vez más en un callejón sin salida.

La respuesta, como muchas veces, está en algún lugar intermedio: es cierto que Hickman a veces conceptualiza a sus personajes como los proverbiales círculos de una bella infografía. Pero en otras ocasiones, como con todo buen escritor, estos hacen algo inesperado, sorprenden o generan cariño, y ahí es cuando Hickman hace magia con su obra.

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