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Lo humano en el El gran dios Pan y en Serial Experiments Lain

¿Qué tienen en común la novela decimonónica El gran dios Pan y el animé Lain? Dos relatos sobre cómo la tecnología modifica nuestra identidad.

Lo humano en el El gran dios Pan y en Serial Experiments Lain
  1. Hay cruces posibles entre Serial Experiments Lain, el animé de Ryutaro Nakamura, Tositoshi Abe y Chiaki Konaka y El gran dios Pan, novela corta de Arthur Machen. Se dan en un juego en el que una realidad trata de ingresar o superponerse a la otra. Si la realidad material, primero de concreto y después de plástico (encarnada en hardwares de todo tipo), se muestra como un decorado racionalizado, los cuerpos de las protagonistas de ambas narraciones se presentan como sus posibilidades de grieta. Estos quiebres vendrían a ser el abismo del mundo espiritual (El gran dios Pan) y el mundo virtual de la Red (La Wired en Serial Experiments Lain).
  2. Poco más de cien años hay entre un relato y el otro. Machen publicó su novela en 1894, en el tramo final de la Inglaterra victoriana. Lain fue emitido, por primera vez en 1998. Ambos son relatos de final de siglo; en ambos, los cambios y modificaciones tecnológicas son el producto de un proceso de transformaciones sociales. Por lo mismo, la experimentación científica detona las narraciones. En El gran dios Pan, el Dr. Raymond dice haber encontrado la puerta hacia el mundo espiritual; aquello donde habita una totalidad irracional, antigua y salvaje. Conectando ciertos puentes neuronales, Raymond ha encontrado la manera en que podemos correr el velo y ver la realidad habitada por el dios Pan. Para ello usa a una mujer llamada Mary, a quien le realiza una incisión en la cabeza, llevándola a ver aquel abismo. En Lain, un científico y desarrollador de nombre Masami Eiri, roba la información de un experimento llamado K.I.D.S., con el cual espera usar la energía mental que, de acuerdo a la narrativa del animé, tienen los seres humanos en su condición de mayor intensidad durante la infancia. Con lo anterior, Eiri crea el Protocolo 7, y con este busca que la realidad física quede atrás, mientras es invadida por la virtual.
Ambos son relatos de final de siglo; en ambos, los cambios y modificaciones tecnológicas son el producto de un proceso de transformaciones sociales.
  1. Del primero de los experimentos nacerá una niña llamada Helen Vaughan; híbrido humano (del lado de Mary, su madre) y de Pan. Helen es la consecuencia de una violación científica. Lain, por su parte, será la creación de Masami Eiri antes de suicidarse. En ella, Eiri dispondrá el Protocolo 7, al tiempo que le proveerá de un cuerpo humano. Ambas son puentes: la primera medio diosa/humana y la segunda medio humana/software. En ambos relatos la experimentación con seres humanos desata fuerzas que pretenden alterar y conflictuar el estado normal de las cosas. El primero de los experimentos se lleva a acabo ad portas del siglo XX, el de la electricidad; el segundo, ad portas del XXI, el de lo digital. Ambos relatos también proponen la cualidad fantasmática de la electricidad. En Lain, por ejemplo, la presencia de los cables y postes de luz es constante. Sugieren voces que la recorren, la presencia constante de una segunda realidad que puede invadir la primera; siempre presente aunque contenida.
  2. En El gran dios Pan, la electricidad aparece como analogía, en el primero de los capítulos, llamado El Experimento. Allí, el Dr. Raymond habla a Clarke, personaje en el que Machen dispone el punto de vista:
Sí. Una pequeña lesión en la sustancia gris, eso es todo; un insignificante reordenamiento de ciertas células, una alteración microscópica que escaparía a la atención de noventa y nueve de cien especialistas. Clarke, no quiero molestarte hablándote de mi oficio; podría darte muchos detalles técnicos que sonarían imponentes, mas tú quedarías tan iluminado como estás ahora. […] Pensarás que esto es sólo lenguaje alegórico, Clarke, pero es tan difícil ser literal. Y, sin embargo, no sé si acaso lo que estoy insinuando no pueda ponerse en términos sencillos y aislados. Por ejemplo, actualmente este mundo nuestro se encuentra completamente conectado con cables y alambres de telégrafo; y con algo menor que la velocidad del pensamiento, cruzan como un relámpago desde el amanecer al atardecer, desde norte a sur, a través de las inundaciones y los desiertos. Supón que un eléctrico de hoy se diera cuenta que él y sus colegas han estado meramente jugando con guijarros, confundiéndolos con las bases del mundo, supón que un hombre como aquél vislumbrara el espacio infinito extendiéndose abierto frente a la corriente, y las voces de los hombres viajando a la velocidad del trueno hacia el sol y más allá del sol, hacia los sistemas más alejados, y el eco de la voz articulada de los hombres en el desolado vacío que confina nuestro pensamiento. En relación a las analogías, ésta es una muy buena analogía de lo que he hecho; puedes entender ahora un poco de lo que sentí aquí una tarde; una tarde de verano como ésta y el valle luciendo como ahora. Yo me encontraba aquí y, frente a mí, vi el abismo inefable e impensable que se abre profundo entre dos mundos, el mundo de la materia y el mundo del espíritu; vi el vacío y gran abismo extenderse mortecino frente a mí, y, en aquel instante, un puente de luz saltó desde la tierra hacia la orilla desconocida, y el abismo fue unido. Puedes mirar en el libro de Brown Faber, si lo deseas, y te darás cuenta que hasta el día de hoy los hombres de ciencia son incapaces de dar cuenta de la presencia, o de especificar, las funciones de un cierto grupo de neuronas del cerebro. Aquel grupo es, así como era, tierra de nadie, sólo una pérdida de espacio para poner teorías imaginativas. Yo no estoy en la posición de Brown Faber ni de los especialistas, yo estoy perfectamente enterado de las posibles funciones de aquellos centros nerviosos en el esquema de las cosas. Con un toque puedo hacerlas entrar en juego, con un toque digo, puedo liberar la corriente, con un toque puedo completar la comunicación entre este mundo de los sentidos y… podremos terminar la oración más tarde. Sí, el cuchillo es necesario; mas imagina lo que ese cuchillo realizará. Nivelará totalmente la sólida muralla de los sentidos y, probablemente, por primera vez desde que el hombre fue creado, un espíritu contemplará un mundo de espíritus. Clarke, ¡Mary verá al dios Pan!
  1. Helen y Lain comenzarán a ser los cuerpos que alteran todo lo que está a su alrededor; su presencia y contacto llevará a consecuencias varias a quienes les rodean. Helen, por ejemplo, es enviada a Gales por Raymond y en aquel pueblo llevará a la muerte a una niña y un niño que se han hecho amigos suyos. Dirán de ella que se mantenía en el bosque, jugando con una criatura parecida a un Sátiro. A Helen la rodea el misterio, será un personaje narrado por testigos; contraria a Lain, cuyo punto de vista y confusión interna, asume siempre el espectador. Helen crece y se convierte en una mujer hermosa y repulsiva a la vez, mantiene cierta libertad sexual, transgresora y polémica para la moral victoriana. Quienes se relacionan con ella terminarán afectados de por vida; son hombres que terminan suicidándose, y cuyos cuerpos dibujan una mueca horrible de terror, la visión del pánico. Al ser hija de Pan, la existencia de Helen conlleva el caos, pero no por su sexualidad liberada; sino porque representa la visión del dios, salvaje y poco consciente de las, a veces, necesarias restricciones humanas. Lain (13 años), en cambio, es una adolescente retraída y de buenos sentimientos, que descubre otras versiones suyas, con personalidades distintas. La segunda Lain, por ejemplo, tiene una sonrisa socarrona y actúa con cierta maldad, sus acciones en el mundo digital causan muertes y locura en el mundo material. Conforme ingresa cada vez más en la virtualidad (de la que en un principio se muestra apática), en un tránsito que hace pensar en imágenes de una yonki que se encierra a dormir cada vez más en su droga, Lain tendrá más poder sobre la red e incluso podrá modificar los recuerdos de las personas del mundo físico.
  2. Hay una cita de Roger Caillois que me lleva a pensar en la primera idea que llevó a la escritura de estas notas. En El gran dios Pan, un mundo antiguo puede irrumpir en el presente; en Lain, un mundo paralelo al presente, desea acelerar este hacia el futuro. Las llaves son dos cuerpos productos de la experimentación-violación. El primero es puramente irracional, pero el segundo es producto de la razón aplicada. Sin embargo, ambos cuerpos son la grieta del mundo racional. En Lain, la racionalidad aceptada dice que los mundos físicos y virtual no pueden convivir, que el primero es real y el segundo información solamente. Algo de polinización cruzada de un mundo a otro. En la novela de Machen, una realidad quiere irrumpir en otra para llevarla a un estado antiguo y bestial; en el segundo, se proyecta una supuesta evolución, propuesta desde la desaparición del cuerpo, caso contrario de la primera, que es carnal y espiritual, sin división entre alma y cuerpo. Aún así, ambos relatos proponen la realidad invasora como una totalidad. El dios Pan, que etimológicamente es el Todo, deja en quien ve tras el velo la totalidad que supera la simple existencia humana (lo que deviene en locura). Por otro lado, la unión de las conciencias en lo virtual, es el objetivo que pretende el Protocolo 7.
En El gran dios Pan, un mundo antiguo puede irrumpir en el presente; en Lain, un mundo paralelo al presente, desea acelerar este hacia el futuro. Las llaves son dos cuerpos productos de la experimentación-violación.
  1. La cita de Caillois es del prólogo a su Antología del cuento fantástico y propone una definición: (Lo fantástico): pone de manifiesto un escándalo, una ruptura, una irrupción insólita, casi insoportable en el mundo real […]. [Trata sobre] lo que no puede suceder y a pesar de todo sucede, en un punto y en un instante preciso, en medio de un universo perfectamente conocido y de donde se creía definitivamente desalojado el misterio.
  2. Hacia el final de la novela, el Dr. Raymond dice lo siguiente: Me olvidé de que ningún ojo humano puede contemplar impunemente semejante visión. […] Jugué con fuerzas que no comprendía. Hay algo de Viktor Frankenstein en Raymond. La queja, es decir, la confesión de haber caído en hybris, hermanan a Frankenstein con Raymond y ello deviene en aquel lamento gótico (y, por qué no, moral y propio de una mirada sospechosa y romántica frente a la ciencia). En Lain, aquello está más desdibujado. Su estética cyberpunk hace que lo que allí ocurre se observe con menos negatividad. Aunque, por otro lado, el científico del proyecto K.I.D.S., mostrará, a su vez, cierto arrepentimiento. Lain le dirá que no debió experimentar con niños.
  3. En Lo raro y lo espeluznante, Mark Fisher habla de lo raro como de una perturbación; es la existencia errónea de lo que no debería existir, al menos, aquí. En Freud, lo siniestro se da cuando se desvanecen los límites entre fantasía y realidad; cuando lo que habíamos tenido por fantástico aparece ante nosotros como real; cuando un símbolo asume el lugar y la importancia de lo simbolizado. En Lain, el límite comienza a romperse conforme Lain se hace consciente de su presencia en la red y se entera de que su vida física es una mentira, cuando se da cuenta de que su padre es un trabajador de la compañía que lideró el proyecto K.I.D.S. Lain es una niña a quien le fueron injertados los recuerdos de un falso pasado familiar. Ello da pie a que el animé proporcione una sensación de confusión y de una narrativa compleja, que se debe al trastorno de personalidad de la protagonista; que no sabe quién es y cuál de sus personalidades es la verdadera o en cuál de las dos realidades habita, como tal. Lo siniestro se expresa en los suicidios de Chisa, al principio del animé; pero también del chico que se pega un tiro en Cyberia, el bar cyberpunk que es escenario recurrente. Con Helen, en cambio, ese límite que se difumina no se percibe tanto ya que, como dije antes, es un personaje narrado por testigos. Se suele repetir que uno de los aciertos narrativos de Machen fue no describir, directamente, las acciones o las escenas en las que Helen aparece. Mucho más importante, no narrar los momentos en que mueren, o se suicidan, los hombres a su alrededor. Ese límite, por lo tanto, está signado en los cadáveres de quienes son encontrados después de estar con ella; en su expresión de miedo y desconcierto: de pánico entre los ojos y la boca. El límite se anuncia desde el primer capítulo, en la descripción que Clarke hace de las expresiones y de los ojos de Mary, justo después de ver la otra realidad:
Repentinamente, mientras vigilaban, percibieron un largo suspiro y, de súbito, el color perdido regresó a las mejillas de la joven y sus ojos se abrieron. Clarke se amilanó ante ellos. Brillaban con una luz impresionante, mirando a la distancia, y un gran asombro se dibujó en su rostro, y sus brazos se estiraron como para asir lo invisible; sin embargo, en un instante el asombro se disolvió y fue reemplazado por el más abominable terror. Los músculos de su rostro se convulsionaron horriblemente, temblando desde la cabeza a los pies; su alma parecía estremecerse y luchar dentro de ese hogar de carne. Fue una visión espantosa, y Clarke se precipitó hacia adelante mientras ella caía al suelo, temblando.
Tres días después Raymond condujo a Clarke junto al lecho de Mary. Ella se encontraba completamente despierta, moviendo su cabeza de lado a lado y gesticulando inexpresivamente.

11. Helen terminará suicidándose y Lain, a su manera, también. En la primera, los motivos son difíciles de desentrañar, pero en la segunda es claro que Lain elimina su cuerpo físico, junto con los recuerdos de la humanidad (en un reseteo para que no vivan con los hechos del relato), para vivir en la red, aislada. Ambos cuerpos, al final de las narraciones, dejan de habitar el mundo físico. Pareciera que son expulsados o que la racionalidad, el estado normativo de las cosas, termina imponiéndose. Hacia el final de ambos relatos, lo mórbido entra en escena. Resulta curioso cómo ambos relatos, con poco más de cien años de distancia, proponen clímax en los que el cuerpo pierde su forma natural y se transforman en amalgamas viscosas. Hacia el final de El gran dios Pan, Matheson, otro científico, presencia la muerte de Helen, descrita de la siguiente manera:

A pesar que dentro de mí surgieron el horror y la náusea, y un hedor de podredumbre sofocó mi respiración, me mantuve firme. Fui entonces privilegiado o maldito, no me atrevo a decir cuál de las dos, de ver aquello que se encontraba sobre la cama, yaciendo negro como la tinta, transformándose frente a mis ojos. La piel, la carne, los músculos, los huesos y la firme estructura del cuerpo humano que yo había creído invariable y permanente como el diamante, comenzó a derretirse y disolverse.
Sé que el cuerpo puede ser dividido en sus elementos por agentes externos, pero me hubiera negado a creer lo que vi. Porque allí había alguna fuerza interna, de la cual nada sé, que causaba la disolución y el cambio.
Aquí también se encontraba todo el trabajo través del cual fue creado el hombre, recreado frente a mis ojos Vi aquella forma oscilando de sexo a sexo, dividiéndose a sí mismo de sí mismo, y luego nuevamente reunido. Luego vi el cuerpo descender hacia las bestias desde donde ascendió, y aquello que estaba en las alturas bajar a las profundidades, incluso hasta el abismo de todo ser. El principio de la vida, que crea al organismo, se mantuvo siempre mientras la forma exterior cambiaba.
Miré y al final no vi nada más que una sustancia gelatinosa. Luego ascendió nuevamente el escalafón… [aquí el manuscrito se hace ilegible]… por un momento vi una Forma, perfilada frente a mí en la oscuridad, la cual no describiré en detalle. Sin embargo, el símbolo de esta forma puede ser vista en antiguas esculturas y en las pinturas que sobrevivieron a la lava, demasiado obscenas para ser nombradas… como una horrible e indescriptible figura, ni hombre ni bestia, fue cambiando hasta tomar forma humana, cuando finalmente llegó la muerte.
Ambos cuerpos, al final de las narraciones, dejan de habitar el mundo físico. Pareciera que son expulsados o que la racionalidad, el estado normativo de las cosas, termina imponiéndose.

12. Aquella sustancia gelatinosa hace pensar en La verdad del caso del señor Valdemar, de Poe, o en El color que cayó del cielo, de Lovecraft quien, además, consideraba a Arthur Machen como padre precursor del horror cósmico. En Lain, lo mórbido aparece en todo su esplendor hacia el penúltimo capítulo de la serie, el 12. Masami Eiri, que guardó su personalidad e información en la red antes de suicidarse, aparece en su versión digital, llamándose a sí mismo Dios. Esto lo sustenta en que tiene millones de seguidores en el mundo físico, que son aquellos seguidores de su planteo de mudar el mundo material hacia el digital. Sin embargo, Lain le dice que no puede ser un Dios, ya que no tiene presencia en el mundo físico, pues no tiene cuerpo. Esto lleva a que Eiri se moleste y trate de demostrarle que sí lo tiene, que tiene influjo en la realidad física. Eiri, como simulando a un fantasma que toma forma, se transmuta en un ser de muchos ojos y bocas, una criatura horrenda y tentacular que termina destruyéndose a sí misma. En este sentido, resalta y creo que merece mayor atención y desarrollo, esa relación existente entre el cyberpunk y el horror corporal japonés. Sucede en Akira, como en Ghost in the shell o Evangelion. La tecnología deviene en cuerpos propios del terror; el impacto de lo digital tiene un mayor efecto visual al tomar la forma final del cuerpo mórbido.

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