Lo humano en el El gran dios Pan y en Serial Experiments Lain
¿Qué tienen en común la novela decimonónica El gran dios Pan y el animé Lain? Dos relatos sobre cómo la tecnología modifica nuestra identidad.
¿Qué tienen en común la novela decimonónica El gran dios Pan y el animé Lain? Dos relatos sobre cómo la tecnología modifica nuestra identidad.
Ambos son relatos de final de siglo; en ambos, los cambios y modificaciones tecnológicas son el producto de un proceso de transformaciones sociales.
Sí. Una pequeña lesión en la sustancia gris, eso es todo; un insignificante reordenamiento de ciertas células, una alteración microscópica que escaparía a la atención de noventa y nueve de cien especialistas. Clarke, no quiero molestarte hablándote de mi oficio; podría darte muchos detalles técnicos que sonarían imponentes, mas tú quedarías tan iluminado como estás ahora. […] Pensarás que esto es sólo lenguaje alegórico, Clarke, pero es tan difícil ser literal. Y, sin embargo, no sé si acaso lo que estoy insinuando no pueda ponerse en términos sencillos y aislados. Por ejemplo, actualmente este mundo nuestro se encuentra completamente conectado con cables y alambres de telégrafo; y con algo menor que la velocidad del pensamiento, cruzan como un relámpago desde el amanecer al atardecer, desde norte a sur, a través de las inundaciones y los desiertos. Supón que un eléctrico de hoy se diera cuenta que él y sus colegas han estado meramente jugando con guijarros, confundiéndolos con las bases del mundo, supón que un hombre como aquél vislumbrara el espacio infinito extendiéndose abierto frente a la corriente, y las voces de los hombres viajando a la velocidad del trueno hacia el sol y más allá del sol, hacia los sistemas más alejados, y el eco de la voz articulada de los hombres en el desolado vacío que confina nuestro pensamiento. En relación a las analogías, ésta es una muy buena analogía de lo que he hecho; puedes entender ahora un poco de lo que sentí aquí una tarde; una tarde de verano como ésta y el valle luciendo como ahora. Yo me encontraba aquí y, frente a mí, vi el abismo inefable e impensable que se abre profundo entre dos mundos, el mundo de la materia y el mundo del espíritu; vi el vacío y gran abismo extenderse mortecino frente a mí, y, en aquel instante, un puente de luz saltó desde la tierra hacia la orilla desconocida, y el abismo fue unido. Puedes mirar en el libro de Brown Faber, si lo deseas, y te darás cuenta que hasta el día de hoy los hombres de ciencia son incapaces de dar cuenta de la presencia, o de especificar, las funciones de un cierto grupo de neuronas del cerebro. Aquel grupo es, así como era, tierra de nadie, sólo una pérdida de espacio para poner teorías imaginativas. Yo no estoy en la posición de Brown Faber ni de los especialistas, yo estoy perfectamente enterado de las posibles funciones de aquellos centros nerviosos en el esquema de las cosas. Con un toque puedo hacerlas entrar en juego, con un toque digo, puedo liberar la corriente, con un toque puedo completar la comunicación entre este mundo de los sentidos y… podremos terminar la oración más tarde. Sí, el cuchillo es necesario; mas imagina lo que ese cuchillo realizará. Nivelará totalmente la sólida muralla de los sentidos y, probablemente, por primera vez desde que el hombre fue creado, un espíritu contemplará un mundo de espíritus. Clarke, ¡Mary verá al dios Pan!
En El gran dios Pan, un mundo antiguo puede irrumpir en el presente; en Lain, un mundo paralelo al presente, desea acelerar este hacia el futuro. Las llaves son dos cuerpos productos de la experimentación-violación.
Repentinamente, mientras vigilaban, percibieron un largo suspiro y, de súbito, el color perdido regresó a las mejillas de la joven y sus ojos se abrieron. Clarke se amilanó ante ellos. Brillaban con una luz impresionante, mirando a la distancia, y un gran asombro se dibujó en su rostro, y sus brazos se estiraron como para asir lo invisible; sin embargo, en un instante el asombro se disolvió y fue reemplazado por el más abominable terror. Los músculos de su rostro se convulsionaron horriblemente, temblando desde la cabeza a los pies; su alma parecía estremecerse y luchar dentro de ese hogar de carne. Fue una visión espantosa, y Clarke se precipitó hacia adelante mientras ella caía al suelo, temblando.
Tres días después Raymond condujo a Clarke junto al lecho de Mary. Ella se encontraba completamente despierta, moviendo su cabeza de lado a lado y gesticulando inexpresivamente.
11. Helen terminará suicidándose y Lain, a su manera, también. En la primera, los motivos son difíciles de desentrañar, pero en la segunda es claro que Lain elimina su cuerpo físico, junto con los recuerdos de la humanidad (en un reseteo para que no vivan con los hechos del relato), para vivir en la red, aislada. Ambos cuerpos, al final de las narraciones, dejan de habitar el mundo físico. Pareciera que son expulsados o que la racionalidad, el estado normativo de las cosas, termina imponiéndose. Hacia el final de ambos relatos, lo mórbido entra en escena. Resulta curioso cómo ambos relatos, con poco más de cien años de distancia, proponen clímax en los que el cuerpo pierde su forma natural y se transforman en amalgamas viscosas. Hacia el final de El gran dios Pan, Matheson, otro científico, presencia la muerte de Helen, descrita de la siguiente manera:
A pesar que dentro de mí surgieron el horror y la náusea, y un hedor de podredumbre sofocó mi respiración, me mantuve firme. Fui entonces privilegiado o maldito, no me atrevo a decir cuál de las dos, de ver aquello que se encontraba sobre la cama, yaciendo negro como la tinta, transformándose frente a mis ojos. La piel, la carne, los músculos, los huesos y la firme estructura del cuerpo humano que yo había creído invariable y permanente como el diamante, comenzó a derretirse y disolverse.
Sé que el cuerpo puede ser dividido en sus elementos por agentes externos, pero me hubiera negado a creer lo que vi. Porque allí había alguna fuerza interna, de la cual nada sé, que causaba la disolución y el cambio.
Aquí también se encontraba todo el trabajo través del cual fue creado el hombre, recreado frente a mis ojos Vi aquella forma oscilando de sexo a sexo, dividiéndose a sí mismo de sí mismo, y luego nuevamente reunido. Luego vi el cuerpo descender hacia las bestias desde donde ascendió, y aquello que estaba en las alturas bajar a las profundidades, incluso hasta el abismo de todo ser. El principio de la vida, que crea al organismo, se mantuvo siempre mientras la forma exterior cambiaba.
Miré y al final no vi nada más que una sustancia gelatinosa. Luego ascendió nuevamente el escalafón… [aquí el manuscrito se hace ilegible]… por un momento vi una Forma, perfilada frente a mí en la oscuridad, la cual no describiré en detalle. Sin embargo, el símbolo de esta forma puede ser vista en antiguas esculturas y en las pinturas que sobrevivieron a la lava, demasiado obscenas para ser nombradas… como una horrible e indescriptible figura, ni hombre ni bestia, fue cambiando hasta tomar forma humana, cuando finalmente llegó la muerte.
Ambos cuerpos, al final de las narraciones, dejan de habitar el mundo físico. Pareciera que son expulsados o que la racionalidad, el estado normativo de las cosas, termina imponiéndose.
12. Aquella sustancia gelatinosa hace pensar en La verdad del caso del señor Valdemar, de Poe, o en El color que cayó del cielo, de Lovecraft quien, además, consideraba a Arthur Machen como padre precursor del horror cósmico. En Lain, lo mórbido aparece en todo su esplendor hacia el penúltimo capítulo de la serie, el 12. Masami Eiri, que guardó su personalidad e información en la red antes de suicidarse, aparece en su versión digital, llamándose a sí mismo Dios. Esto lo sustenta en que tiene millones de seguidores en el mundo físico, que son aquellos seguidores de su planteo de mudar el mundo material hacia el digital. Sin embargo, Lain le dice que no puede ser un Dios, ya que no tiene presencia en el mundo físico, pues no tiene cuerpo. Esto lleva a que Eiri se moleste y trate de demostrarle que sí lo tiene, que tiene influjo en la realidad física. Eiri, como simulando a un fantasma que toma forma, se transmuta en un ser de muchos ojos y bocas, una criatura horrenda y tentacular que termina destruyéndose a sí misma. En este sentido, resalta y creo que merece mayor atención y desarrollo, esa relación existente entre el cyberpunk y el horror corporal japonés. Sucede en Akira, como en Ghost in the shell o Evangelion. La tecnología deviene en cuerpos propios del terror; el impacto de lo digital tiene un mayor efecto visual al tomar la forma final del cuerpo mórbido.
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