/ juegos

Videojuegos argentinos: Pungo reinventa el clásico de Atari con tiernos gatitos

¿Qué pasaría si agarramos el clásico Pong de Atari y le agregamos michis? Pungo intenta responder esta pregunta milenaria con mucha ternura.

Videojuegos argentinos: Pungo reinventa el clásico de Atari con tiernos gatitos

Después de bondis que existen por fuera de nuestra realidad, juegos de cartas opresivos que no perdonan un paso en falso y un viaje extraño y un tanto perturbador a los viejos videoclubes de barrio, no viene mal experimentar algo un poco más adorable. Si me venís leyendo desde el comienzo de esta columna, ya sabés que suelo tener una preferencia por el género del terror y obras que me dejen recalculando. Sin embargo, ¿cómo decirle que no a Pungo y a sus hermosos gatitos?

Lanzado en diciembre de 2025, Pungo es la creación de White Eyes Studio, formado por Vale ZumZum y Fede Nessi. La pregunta que se hicieron estas personas fue simple: ¿qué pasaría si al mítico Pong (Atari, 1972) le agregamos gatitos? En vez de las clásicas paletas o barreras, controlamos gatos animados en dos dimensiones. Dichos felinos siempre están flotando, como si estuvieran parados en dos patas, lo que instantáneamente da una imagen aún más tierna de la que podría ser.

Suelo tener una preferencia por el género del terror y obras que me dejen recalculando. Sin embargo, ¿cómo decirle que no a Pungo y a sus hermosos gatitos?

Frenemos un poco. Si bien el público promedio de 421 probablemente sabrá qué es Pong y hasta lo habrá jugado, no está de más dedicarle unas líneas. La creación de Atari suele ser, erróneamente, considerada el primer videojuego, aunque este sea un título que le corresponde más a Tennis for Two (Higginbotham, 1958), OXO (Douglas, 1952) o al Tennis de la Magnavox Odyssey, lanzado apenas dos meses antes del Pong. Lo que sí corresponde afirmar sobre el gigante de Atari es que se lo considera el primer videojuego comercial exitoso y, para muchos entendidos en este arte y entretenimiento, el gran puntapié inicial de nuestra historia. 

Pungo.
Pungo.

Pong es una recreación del tenis de mesa o ping-pong (técnicamente son dos deportes distintos, pero esencialmente el mismo), donde manejamos una línea vertical de arriba a abajo y viceversa, ubicada a un costado de la pantalla. Rebotamos una pequeña pelota con solo tocarla y tenemos que lograr que nuestro rival, ubicado en el costado opuesto, no logre devolverla. Es una auténtica batalla de habilidad, reflejos y cálculos. Originalmente se jugaba hasta que alguien llegaba a once puntos, aunque también había configuraciones que ponían la meta en quince.

Décadas de relanzamientos y transformaciones de este mito cultural nos llevaron a lo que nos compete hoy: un Pong de gatitos. El objetivo es el mismo (que la pelota pase por detrás de nuestro contrincante), pero los modos y las formas varían. Cada gato tiene su diseño particular, que varía desde michis que podemos asociar a los nuestros hasta otros más espectaculares, como el Gatonauta y Cathulu, con sus obvias referencias literarias. No cambia solo lo estético, ya que encontraremos gatitos que se mueven más o menos rápido, varían un poco en su tamaño, o tienen un beneficio extra con el que empiezan (una barrera, un proyectil extra, etc.)

En Pungo no solo movemos a los felinos verticalmente, sino que también podemos pegarle a la pelota con una parte de sus cuerpos, ya sea cabeza, pancita o pies (cada una con su respectivo botón). Si lo hacemos justo antes de tocar la pelota, la misma saldrá eyectada con más fuerza, dificultando más a nuestro enemigo devolverla. También hay algunos power-ups, como los ya mencionados iniciales de cada personaje, u otros que podemos tomar cuando aparecen en pantalla si les pegamos, como volver más grande a nuestro michi o encoger al adversario. 

Pungo.
Pungo.

La simpleza, claridad y satisfacción inmediata de Pong lo hicieron lo que fue, y estas son máximas de cualquier clásico de arcade. Es lógico que Pungo le agregue ternura y picante a la fórmula, sin romper mucho. Me divertí jugando contra mi pareja en la misma PC, calculando cada rebote, practicando cada golpe enfocado hasta que salieran naturales, y pensando cuándo arrojar una bola de pelos que dejara inútil a su gatito en el tiempo justo. También tuve sonrisas mientras competía solo contra la IA, aunque esta tuviera una dificultad irregular (a veces atrapaba todo, otras se quedaba estacionada mientras la pelota le pasaba por al lado, como si hubiera dejado de funcionar). Hay 25 gatitos para desbloquear, cada uno con sus colores y marcas distintivas, y también con una simpática biografía, que a veces viene acompañada de una foto (y nuestra alegría) del gato real en el que está basado. 

Cada gato tiene su diseño particular, que varía desde michis que podemos asociar a los nuestros hasta otros más espectaculares, como el Gatonauta y Cathulu.

Al mismo tiempo, siento que había lugar para ir un poco más a fondo con la propuesta. Hay muchos gatitos que se sienten iguales a otros, algunos que ni siquiera tienen una mejora inicial con respecto a otros, lo que te hace pensar por qué alguien los elegiría, más allá de su diseño (aunque entendería perfectamente el tener una preferencia estética, además de que los felinos despojados se sienten "más hardcore"). El apenas puñado de power-ups se queda corto también. 

Quizás lo que más me dejó recalculando es la longitud de los enfrentamientos. Tanto en su modo individual como en el de dos jugadores, existen solo dos tipos de partidas: Match Point y a tres puntos. En la primera, hay que lograr una diferencia de dos, por lo que si arrancás embocando dos pelotas seguidas, ya ganaste. En la segunda, como su nombre lo indica, gana el primero que logre despistar al rival tres veces, sin importar la diferencia. Me extraña que no haya una opción como el Pong original de jugar hasta once puntos o variaciones similares. Supongo que esto se testeó y daba como resultado partidas demasiado extensas, cuando la intención es más bien ofrecer una experiencia breve y concisa. No obstante, la siento demasiado breve. A lo sumo pensaría en tener más opciones disponibles (incluso poder configurar el límite libremente) y que el partido dure lo que tenga que durar. 

Pungo.
Pungo.

No obstante, Pungo no deja de ser un simpático experimento con una puerta de acceso amable en habilidades y dinero (sale menos de una Coca-Cola de dos litros en Argentina). Aunque no soporta juego online nativamente, se puede usar la opción Remote Play Together de Steam para simularlo. Nunca está de más volver un tiempo a los juegos clásicos, recordar de dónde venimos, pensar si necesitamos todo lo que nos ofrece la actualidad e interesarnos por las formas en que nuestros desarrolladores y desarrolladoras de hoy intentan homenajear nuestra historia.

Podés encontrar a Pungo en su página de Steam y seguir a Vale ZumZum y a Fede Nessi en sus redes sociales.

Si tenés un videojuego hecho en Argentina y querés que escribamos sobre él, entrá y completá este formulario

Sumate a 421 →