De genio de culto a villano de su propio documental: la fascinante y destructiva historia de Troy Duffy, el director que desafió a Hollywood con The Boondock Saints y terminó devorado por su propio ego. ¿Héroe incomprendido o un fraude total?
The Boondock Saints (1999) empieza en una iglesia. En una de las bancas, resaltan dos tipos facheros e intimidantes con sacos negros y jeans. Mientras rezan y suena música coral podemos oír una voz en off masculina con tonada irlandesa muy marcada que dice:
“Cuando levante mi espada brillante y mi puño se apodere de mi juicio, me vengaré de todos mis enemigos”.
No hay mucho para decir sobre The Boondock Saints (que acá en Argentina se tradujo como El quinto infierno). Es la historia de los hermanos MacManus (Sean Patrick Flanery y Norman Reedus), dos irlandeses católicos que, a través de un llamado espiritual, se vuelven vigilantes que ajustician a las mafias y malhechores de la ciudad de Boston, mientras que un excéntrico detective (Willem Dafoe) los intenta atrapar y descifrar. Es una película bastante incompetente en terminos de dirección, edición y guión, cuya mirada del "vigilantismo" resulta en una ensalada ideológica. Uno pensaría que analizaría la tensión entre catolicismo, vigilantismo, venganza y el pecado de matar, pero a The Boondock Saints le interesa muy poco hacerse preguntas y culmina en “sí, hay que matar a todos los malos. Mientras haya música coral de fondo, todo pelota”.
Lo que sí llama la atención es el hecho de que, si uno se pone a leer el guion (no sé por qué alguien quisiera someterse a eso, a menos que seas yo y lo hagas por cuestiones periodísticas), puede notar una diferencia: la voz en off del comienzo no es la de un hombre sino la de una mujer, Anabelle, madre de los dos protagonistas, y dice algo completamente distinto:
“Nunca fueron como los demás. Desde el momento en que nacieron, del mismo vientre, el mismo día, simplemente tenían su propia manera de ser, mis chicos. Y siempre supe que algún día harían algo de verdadera grandeza. Sólo que nunca esperé que provocaran semejante ajuste de cuentas”.
Esta alteración radical del papel a la pantalla llama mucho la atención porque, quizá de manera inconsciente, dice mucho sobre su director y guionista.
Troy Duffy no es solamente el director y guionista de The Boondock Saints, sino que también es el protagonista de Overnight (2003), documental que registra su breve ascenso y caída en Hollywood.
No es la primera vez que escribo sobre Troy Duffy. Desde que hice clic en su nombre en la entrada de Wikipedia de The Boondock Saints, estuve meses navegando las ruinas digitales de internet para saber todo sobre él. ¿Por qué? Ni idea, pero supongo que ya soy una especie de Duffólogo. En el primer texto, conté su historia en el marco del Hollywood de fines de los noventa, donde la industria cinematográfica se encontraba completamente atravesada por películas como Goodfellas, Clerks y, sobre todo, por Pulp Fiction. Un cine vulgar, violento y jocoso que al mismo tiempo era estilizado y erudito. Los estudios buscaban a su próximo golden boy del cine y, por un momento, Duffy era el candidato.
Los estudios buscaban al próximo golden boy del cine y, por un momento, Duffy era el candidato. Un cine vulgar, violento y jocoso que al mismo tiempo era estilizado y erudito.
De todos modos, hay un aspecto de la figura de Troy Duffy que exploré muy por arriba, su condición de underdog dentro de la industria. ¿Qué es un underdog? En una competencia, es el equipo o persona considerada la más débil, menos notoria y con menos poder. Se espera que tenga más chances de perder que de ganar. Se trata de un relato clásico y eficiente, porque siempre inspira ver triunfar a alguien antes ninguneado, que se esperaba que iba a perder, porque, en algún momento de nuestras vidas, también sentimos lo mismo. “Cuando ven que lo que hago está teniendo éxito, es otra cosa. Se preguntan: ‘este idiota que vi borracho en el bar y vomitando en callejones, ¿está haciendo esto?”, le dice Duffy a la cámara en los primeros minutos del documental.
Troy Duffy en Overnight (2003) / Créditos: Black & White Pictures
Como el público se renueva, resumo su historia: Troy Duffy, salido de una familia bien de clase media-alta, abandona todo para irse a vivir a Los Ángeles, California, y pegarla en la música con su banda de Rock Alternativo/Emo, The Brood. Allí, para la olla en un bar donde adopta una identidad neo-white trash: se viste de overol y gorras de camionero, toma alcohol como si fuera agua, fuma cigarrillos como si fueran pochoclos y putea como un marinero. Un día, cuenta Duffy, presencia cómo los paramédicos retiran de la casa de un transa el cadáver de una mujer muerta por sobredosis. Este hecho lo inspira a escribir el guión de The Boondock Saints, una especie de wish fulfillment para él y toda persona que haya presenciado una injusticia de parte de criminales entongados con la incompetente y cómplice ley. El guion, mágicamente, se vuelve uno de los más codiciados en Hollywood. Pasa de mano en mano, de ejecutivo a ejecutivo, hasta caer en el despacho de Harvey Weinstein, en ese entonces presidente de Miramax que ya había encontrado oro con unos jóvenes Quentin Tarantino y Kevin Smith. The Boondock Saints se termina vendiendo a Miramax por 300 mil dólares, y se negocia que el mismo Duffy dirija con “total libertad creativa”. Esto capta la atención de todos los medios de comunicación del país, que lo catalogan como el “próximo Tarantino”. Duffy, ilusionado, aprovecha el hype alrededor de su guion para firmar con una discográfica y grabar el disco debut de su banda, además de armar un colectivo artístico con amigos y hermanos llamado The Syndicate. También le pide a dos amigos que registren en video su ascenso en el mundo del entretenimiento. De ese registro sale Overnight.
Boondock Saints se termina vendiendo a Miramax por 300 mil dólares, y se negocia que el mismo Duffy dirija con “total libertad creativa”. Esto capta la atención de todos los medios de comunicación del país, que lo catalogan como el “próximo Tarantino”.
Overnight no pone a Troy Duffy como víctima de los estudios hollywoodenses, sino que más bien lo pone como victimario. En el documental, Duffy es un tirano, embriagado por el poder, la fama y el clout que le dio un guion que, en el momento de grabación del documental, aún no había sido filmado. El plan de filmar The Boondock Saints tal como se había acordado con Miramax se cancela por razones varias (plata, actores, caída del hype, etc.), pero Overnight pone a la actitud abrasiva y paranoica de Duffy con “el sistema” como factor importante. En una escena, Duffy está tomando un café con su padre y miembros de The Syndicate. Dice que la banda ya es un “puto éxito” sin haber grabado un solo tema para su disco debut; que toda la gente piensa que él y su banda son “fuck ups” (fracasados) excepto la “gente indicada” que ve el “talento” en ellos. Presume ante sus amigos sobre cómo él cae sucio y desprolijo, con resaca y overoles a reuniones con ejecutivos de la industria. “Si nuestra música y este film son aceptados, lograremos algo que nunca nadie ha hecho; ser aceptados a gran escala”, concluye. Su padre no dice una sola palabra, solo se queda mirando.
Troy Duffy en Overnight (2003). Fuente: Black & White Pictures
He aquí lo interesante sobre Overnight y la historia de Troy Duffy. El documental no hace ningún esfuerzo en mostrar a su protagonista como un “underdog”, sino que el mismo Duffy es el que arma el relato/épica. En el documental no hay un solo registro de Duffy siendo menospreciado por la industria y/o los demás, sino que es él quien menciona las veces que fue menospreciado. Finalmente, cuando Miramax deja de devolver sus llamadas y cancela la realización de The Boondock Saints, ese “antagonista” ahora tiene una cara y nombre: Harvey Weinstein. Es el tipo de auto mitificación que lo lleva a hablar mal de actores como Keanu Reeves y Ethan Hawke e incluso a pensar que, tras haber realizado The BoondockSaints con una productora independiente y la mitad del presupuesto que antes, Harvey Weinstein y la industria lo persiguen y lo quieren muerto. Pero, por sobre todas las cosas, y más grave, la idea de ser un “underdog” lo lleva a pelearse con sus amigos por temas de plata. Sobre todo con “Tony” Montana y Mark Brian Smith, quienes están dirigiendo el documental que, años más tarde, sería Overnight, mostrando de manera deliberada una imagen negativa de Duffy. “Con el tiempo lo vimos convertirse en alguien que nos perturbaba mucho y toleramos mucho abuso mental durante ese proceso”, declararon los directores del documental en una entrevista.
¿Qué tan auténtico es lo que vemos en Overnight? Troy Duffy ha estado años tratando de salvar su reputación diciendo que el documental fue una vendetta de parte de dos examigos despechados por cuestiones de guita. “Yo estaba ahí”, cuenta Duffy en una entrevista con Indie Film Hustle Podcast, “sabía lo que realmente pasó y cómo se editó el documental maliciosamente para crear falsas impresiones”. Y sí, la edición tiene el poder de dictar el rumbo de una historia, sea ficción o documental. Y, si somos justos, el gran aliado de Overnight es el montaje, en los momentos que elige para mostrar y qué contextos sin dar ningún lugar a humanizar a su protagonista. Duffy siempre está fumando, chupando, puteando a alguien y jactándose de que su película y su banda van a cambiarlo todo para un grupo de amigos que se da cuenta antes que él de que todo estaba destinado a fracasar. Incluso en escenas donde está hablando con su madre, que deberían mostrarlo de una manera más vulnerable, el montaje lo muestra como un pendejo caprichoso. Hay definitivamente una bronca y un despecho en Montana y Smith para con Duffy, quien, siendo justos también, se regala al hacer tantas barrabasadas sabiendo muy bien que tiene cámaras filmándolo a toda hora. Overnight es, entonces, el producto de mala comunicación, egos fuera de control e inocencia ante una industria caníbal.
Miramax felicitando a Duffy por hacer The Boondock Saints sin ellos.
Entonces, ¿es válido darle la etiqueta de “underdog” a Troy Duffy o se trata de un relato que él creó sobre sí mismo? A pesar de que su fracaso en Hollywood se debe a una actitud autodestructiva, siento que, en cierta medida, sí.Es difícil de definir, sobre todo porque, como ya mencioné, previo a Duffy ya habían logrado pegarla en Hollywood tipos como Tarantino y Kevin Smith que se reivindicaban como gordos cine. Supongo que en algún momento Duffy se sintió ninguneado por los demás, tal como le ha pasado a todo el mundo, quizá por su forma de ser, quizá por algo que le pasó de chico que lo llevó a tener cierto rencor con los demás y que su encuentro con la industria cinematográfica impulsó ese relato.
Volvemos, entonces, al inicio de The Boondock Saints, donde la voz en off de la madre es reemplazada por una voz masculina que jura “vengarse de todos sus enemigos”. No es una locura pensar que esa alteración del guion a la pantalla simboliza una vendetta hacia Hollywood y Harvey Weinstein (muchísimos años antes de la explosión del #MeToo).
¿Qué pasó con Duffy después del fiasco con Miramax? The Boondock Saints estrenó en 1999 en nada más que cinco salas de cine al no conseguir distribución en festivales y por preocupación de que el contenido de la película inspirara tiroteos escolares post-masacre de Columbine. Las críticas tampoco fueron muy favorables.
Si bien la buena recepción y circulación que tuvo Overnight en festivales en 2003 debería haber significado que Duffy ya era un hombre muerto en la industria (se ganó una puteada del mismísimo Roger Ebert), The Boondock Saints dio el batacazo y se convirtió en un éxito en ventas en DVD, obteniendo un estatus de película de culto y un fandom que esperaba con ansias la secuela, y así fue: Duffy logró filmar The Boondock Saints II: All Saints Day (2009), que no le gustó a nadie. En 2011, apareció en otro documental, Off the Boulevard, que protagoniza junto con otros músicos y cineastas. Busqué por todos lados para poder echarle un vistazo pero no hubo caso. De acuerdo a la sinopsis de IMDB, el documental es “una historia de arte y corazón; y la dedicación que se necesita para lograr tus sueños”. Una reseña de Off the Boulevard cuenta que Duffy, en su arco argumental, lucha “a capa y espada para que su película de culto sea filmada”, y que aún sigue luchando “contra los estereotipos sobre su persona que quedaron plasmados en el documental Overnight”. En este documental, Troy Duffy es retratado de una manera más positiva y empática. Adivinen quién lo produjo y de quién es amigo su director. En 2020 fue co-guionista de la comedia Guest House, protagonizada por Pauly Shore. Después no hizo mucho más, una entrevista por ahí y otra por allá.
The Boondock Saints dio el batacazo y se convirtió en un éxito en ventas en DVD, obteniendo un estatus de película de culto y un fandom que esperaba con ansias la secuela.
¿Vieron que acá cuando un famoso quiere volver a ganar relevancia se pone a conducir un programa de streaming? Bueno, en Estados Unidos hacen lo mismo pero con podcasts. Troy Duffy hizo justamente eso: a inicios del 2025, inauguró The BoonDoctor Podcast, donde habla sobre secretos de la industria y cosas azarosas como aliens, birra, y neonazis. Por supuesto, también habla del detrás de escena de The Boondock Saints (hace poco publicó como e-book una novela que sirve como precuela de la película). El episodio más interesante de su podcast es aquel en el que, nuevamente, busca refutar a Overnight. Es interesante no por el contenido, sino porque muestra que Troy Duffy sigue en busca de reivindicarse a sí mismo como “underdog”, como alguien que fue injustamente rechazado por el sistema, y ahí está el problema.
Troy Duffy no es figura de culto, The Boondock Saints sí. Lo que sí se reivindica verdaderamente como “underdog” es ese proyecto por el que nunca paró hasta hacerlo realidad. Y no me malentiendan, la película es una bosta, no sirve, y lo más probable es que su estatus de culto sea el mismo estatus que tienen películas como The Room y Un buen día, pero sí hay que admitir que hay algo entrañable en esa voluntad quijotesca de finalmente ganarle en algo al sistema hollywoodense, quizá no triunfar, pero sí decir “lo hice sin ustedes”.
Periodista cultural y videoensayista. Escribo y hablo sobre cine, música, literatura y sucesos culturales que me obsesionen. Escribo en el newsletter sonata, buenos aires; que ahora tiene su spin-off audiovisual en YouTube.
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